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EL MéTODO H.A.B.L.A

Alvaro Gordoa

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Fragmento

INTRODUCCIÓN

BIENVENIDO AL VIAJE DEL H.A.B.L.A.

USTED DEBERÍA SER ORADOR

Orador es aquel que dice lo que piensa y siente lo que dice.

WILLIAM J. BRYAN (1860 – 1925)

Treinta y dos. Sí, treinta y dos hubiera sido una respuesta sincera. La realidad es que no sé con exactitud cuántos libros sobre hablar en público he leído en mi vida, pero en este momento en el librero de mi oficina estoy contando treinta y uno, más Retórica de Aristóteles, que está en el buró de mi cama, suman treinta y dos. Por eso es que treinta y dos hubiera sido una respuesta sincera… aunque en realidad el de Public Speaking for Dummies me lo regaló una alumna en tono de broma y nunca lo leí, nada más lo hojeé. En fin, el chiste es que cuando me hicieron la pregunta contesté: "¡Muchísimos!, hay cientos de libros para hablar en público que pueden ayudarte.”

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Como Consultor en Imagen Pública, tengo el placer de dar muchas conferencias al año, y hace un tiempo, después de impartir una sobre Imagen política, en Washington D.C., se me acercó una colombiana y me dijo: "Señor, habla usted muy bien en público, debería dedicarse a ser orador”, Mmmm, interesante… Lo primero que hizo mi mente fue imaginarme como el idolatrado predicador de algún culto religioso al que una gran masa arrepentida acudía semanalmente a comer de su mano y dejar sus quincenas; después, me visualicé vestido con un horrible traje café y portando un micrófono de diadema, dando charlas motivacionales en el descuidado salón de eventos de un hotel ejecutivo e incitando a la audiencia a comprar mis audiolibros al compás de la canción "Color esperanza”, de Diego Torres. Finalmente, sólo me limité a sonreír y responderle: "Muchas gracias, no se me había ocurrido, lo tomaré muy en cuenta.” Y después vino la dichosa pregunta: "Se ve que ha estudiado mucho sobre hablar en público, ¿cómo cuántos libros sobre el tema ha leído?” Treinta y dos hubiera sido una respuesta sincera.

La realidad es que todos somos oradores. Todos somos comunicadores. Todos tenemos ideas en la cabeza que transmitimos por medio de las palabras para lograr nuestros objetivos. Y es que la comunicación satisface tres necesidades básicas del ser humano: la de informar e informarnos, la de lograr objetivos en común y la de establecer relaciones interpersonales (Mata, ٢٠٠٤). Por lo tanto, mientras mayores niveles de comunicación tengas, mejor informarás, lograrás mejor tus objetivos, incluso mejorarán tus relaciones interpersonales. Cada vez que abres la boca te conviertes en un orador.

De seguro has escuchado muchísimas veces la famosa frase "la práctica hace al maestro”, pues para hablar en público aplica de maravilla. Hablar en público es un oficio. Es una profesión constante que se moldea mediante hábitos. Lo que sucede es que nadie nos enseña a hablar en público, aprendemos como el burro que tocó la flauta, por eso es que muchos de los hábitos que adquirimos podríamos considerarlos malos hábitos; haciendo que la natural experiencia de hablar en público se convierta en algo tormentoso y complicado.

Winston Churchill alguna vez declaró: "Hablar en público es la cosa que más disfruto…”, no por algo es considerado uno de los mejores oradores de la historia; pero la declaración no terminó ahí, la remató diciendo: "Hablar en público es la cosa que más disfruto... de las cosas que menos disfruto.” Por lo que de una vez te lo digo: enfrentarnos a una audiencia y hacer presentaciones extraordinarias no es tarea sencilla. Se necesita de mucha práctica y de conocimientos sofisticados. Conocimientos que estás a punto de adquirir con la lectura de este libro, pues su objetivo es desarrollar un método que facilite el proceso de hablar en público en fondo y forma.

La verdad no podría decirte con certeza cómo aprendí a hablar en público, de hecho, nunca pensé que como Consultor en Imagen Pública iba a especializarme en los terrenos del uso de la palabra oral. Para cuando me di cuenta ya era maestro de Imagen Verbal en la Maestría en Ingeniería en Imagen Pública, había hecho un doctorado para el cual centré mi tesis en el uso de la palabra, viajaba por el mundo ayudando a las personas a ser comunicadoras eficaces y había desarrollado un método de manera empírica que en ocho horas garantizaba resultados sorprendentes a todos aquellos que desearan impresionar con sus ponencias. Al día de hoy he capacitado a más de dos mil personas en el uso de la palabra oral, dentro de las que se encuentran presidentes latinoamericanos o directivos de empresas que figuran en el Fortune ٥٠٠, y soy asesor de diversos personajes públicos en las áreas de debate y creación de discurso.

¿Aprendí de los treinta y dos libros sobre el tema he que leído? ¡Por supuesto! Te confieso que a partir del tercer libro que leí sobre hablar en público, me di cuenta de que la gran mayoría versaba sobre lo mismo, y peor aún, pude detectar que varias veces lo que un autor decía que era lo correcto, el siguiente especialista te decía que era lo peor que podías hacer ante una audiencia. También detecté que las bibliografías de esos textos eran muchas veces las mismas y casi todos tenían como origen la misma fuente inicial: la Retórica de Aristóteles.

Entonces, ¿por qué seguí y seguiré leyendo más libros sobre el tema? Porque también noté que en cada uno de ellos encontraba algún tip útil o algún ejemplo que me ayudaba a ser mejor presentador, lo que hacía que ese breve párrafo de conocimiento compensara la lectura de cientos de páginas de más y más de lo mismo. Y mira cómo es la vida, ahora soy el autor número treinta y tres de esa colección de mi librero.

Este libro no pretende encontrar el hilo negro, muchas de las cosas que expongo son tan antiguas como el lenguaje. Lo mismo descubrirás conocimiento que está basado en lo que dijo Aristóteles hace 2 300 años, que en lo que hizo Barack Obama durante sus discursos de campaña. Te compartiré conocimiento que he aprendido en cursos sobre diversos temas, desde debate y argumentación formal, hasta logopedia y expresión corporal teatral, pasando por muchas otras investigaciones, semillas de este texto. Te transmitiré lo que he estudiado, visto y comprobado que funciona para ganarte a una audiencia cada vez que abres la boca. No obstante, debo confesarte que muchas de mis recomendaciones e investigaciones estarán inspiradas en lo que hacen personajes cinematográficos, literarios o de series de televisión.

No sé si haga mal en revelártelo, pero cuando me invitó una dependencia de gobierno a dar una conferencia sobre "La imagen de México”, en el marco de las fiestas del Bicentenario de la Independencia de mi país, mi discurso estuvo basado e inspirado nada más y nada menos que… ¡en Batman!

Resulta que unos días antes de la presentación, estaba en casa viendo la película The Dark Knight (2008), de Christopher Nolan, cuando unas palabras de Bruce Wayne llamaron mi atención. La escena sucede en la fiesta de recaudación de fondos para la campaña de Harvey Dent, en la que Bruce Wayne llega en un helicóptero y de manera desfachatada empieza a dar un discurso burlándose del eslogan de campaña: "I Believe in Harvey Dent”, después le dio un vuelco emocional a sus palabras y dejó un mensaje con total seriedad que impactaba al corazón. ¡Tuve que ponerle pausa y regresar la película! ¡Batman acababa de darme la línea de mi próximo discurso!

Días después me presenté ante la audiencia, inicié burlándome de manera desfachatada del eslogan: "Felicidades, cumples 200 años de ser orgullosamente mexicano”, luego sacudí las emociones de mi audiencia y la dejé reflexionando. Desafortunada (o afortunadamente, pues podría ser demandado por plagio por la Warner Bros), no hay ningún video de esa ponencia, ¡pero les juro que era idéntica! Así es el arte de aprender a hablar en público.

Te digo que no sé con certeza cómo aprendí hablar en público. Sí, mucho me lo han dado los libros y los cursos, pero creo firmemente que lo más importante ha sido la experiencia y las "mañas” que adquirí con los años de observación y, sobre todo, de práctica. ¡La única forma para aprender a hablar en público es hablando! Y esas mañas han sido las que al día de hoy hacen que algunos me califiquen como buen orador. Esas mismas mañas hago adquirir a mis clientes en pocas horas, con la gran responsabilidad de que después ellos deben practicarlas. Esas mañas te las transmitiré en este libro, por medio de puntuales recomendaciones a través de un método específico.

No pretendo hacer de ti un orador ¡porque ya eres uno! Al día dices un promedio de quince mil palabras ante públicos diversos (Brizendine, 2006). Les transmites ideas a tus familiares, entretienes a tus amigos, colaboras con tus compañeros de trabajo y haces de la palabra oral tu principal herramienta para lograr tus objetivos. Por eso no pretendo hacer de ti un orador, ¡pretendo hacerte mañoso! Desmitificaremos la falsa seriedad que muchas veces le damos a hacer presentaciones y te darás cuenta de que, si bien hablar en público no es sencillo, sí es sencillo adquirir los conocimientos para hacerlo cada día mejor. No tiene gran ciencia y desmitificaremos la falsa seriedad que muchas veces le damos al tema de hacer presentaciones en público.

EL REFLEJO DE LA IMAGEN VERBAL

No hay espejo que mejor refleje la imagen
del hombre que sus palabras.

JUAN LUIS VIVES (1492-1540)

La temática de este libro se engloba dentro de los terrenos de la imagen verbal. Antes de adentrarnos en ella quiero dejar en claro que, aunque la palabra escrita es de extrema importancia, no es motivo de este texto. El método que propongo te ayudará a potenciar tu imagen personal abordando el tema de la imagen verbal desde el flanco de la palabra oral, dándote consejos muy puntuales sobre todo lo que necesitas saber para generar una buena percepción cada vez que abras la boca; aunque, sin duda, muchas de las recomendaciones podrás aplicarlas también a la expresión escrita. Dicho esto, crucemos el espejo como la Alicia de Carroll y entremos al maravilloso mundo de la imagen verbal.

La imagen es el sabor de boca con el que se queda la audiencia. Es la percepción general con la que te quedarás tanto del orador como de su presentación. Es lo que te hará identificar la experiencia como buena o mala, traduciéndola en expresiones como: "Me gustó” o "no me gustó”, con todos los grises intermedios. Son todos los adjetivos calificativos que podrías poner después de las frases: "El orador es…” o "La presentación fue…”. Para que lo entiendas mejor, echémonos un clavado al fascinante mundo de la imagen.

Imagen es percepción, así de sencillo se define. La manera en que los demás nos perciben va a configurar nuestra imagen. Esta imagen mental se juntará con opiniones convirtiéndose en nuestra identidad y en la realidad de quien nos percibe. Esto quiere decir que ¡nosotros no somos dueños de nuestra imagen!, pues nuestra imagen vive en la cabeza de los demás. Esto no quiere decir que no seamos responsables de la misma, ¡somos totalmente responsables de nuestra imagen!, ya que la percepción es una consecuencia de algo más: los estímulos; que son todas las cosas que hacemos que impactarán los sentidos de quien nos percibe.

Por lo tanto, podemos afirmar que imagen es percepción, que se convierte en identidad y que se produce por estímulos. Entonces podemos concluir que si controlamos los estímulos, controlamos la percepción; y si controlamos la percepción, controlamos nuestra imagen.

Al entender el concepto de imagen, podemos comprender que el proceso de control de la percepción es muy complejo y delicado, pues existe una gran cantidad de estímulos que hay que poner en armonía y coherencia para lograr ser identificados de la mejor manera, y lograr así nuestros objetivos. Es por eso que existe todo un sistema de catalogación y subcatalogación de estímulos que dan como resultado diferentes tipos de imágenes, expuestas en el libro El poder de la imagen pública (Gordoa, 1999) y que, a continuación, resumo.

La primera catalogación es sencilla: se puede crear la imagen de una persona o la de una institución. La siguiente clasificación es la de las imágenes subordinadas, que agrupan y dividen los estímulos en dif ...