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LA RAPSODIA DEL CRIMEN. TRUJILLO VS. CASTILLO ARMAS

Tony Raful

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Fragmento

DEDICATORIA

A la memoria del general dominicano Miguel Ángel Ramírez Alcántara, parte de cuya familia fue diezmada por Trujillo. Fiero combatiente contra la tiranía trujillista; participó en Cayo Confites (1947) y en la expedición armada de Luperón (1949); héroe de la Revolución de los cafetales que llevó al poder a José Figueres en Costa Rica (1948). Apresado en Guatemala por su labor como asesor militar del gobierno izquierdista de Árbenz, Trujillo solicitó su extradición a Castillo Armas sin éxito, y fue puesto en libertad, lo que el dictador dominicano jamás perdonó.

A Jorge Hazim (Yoyó), que cual prestidigitador, me presentó como salida de un cuento de hadas a Gloria Bolaños.

A doña Gloria Bolaños, un personaje, casi un misterio, anticomunista ferviente, por abrirme las puertas de su casa y ofrecerme el testimonio sobre la muerte del presidente Carlos Castillo Armas, y su experiencia con el dictador dominicano Rafael Trujillo y el coronel Johnny Abbes García. A pesar de que este texto difiere esencialmente de muchas de sus convicciones sobre la responsabilidad del hecho histórico del 26 de julio de 1957, entre ellas la no participación de Trujillo en la consumación del crimen, agradezco su flexibilidad de criterios y consideración brindada en términos personales. Y no puedo ocultar mi admiración por su fuerte y decidida personalidad.

Recibe antes que nadie historias como ésta

A Eduardo Bolaños, dirigente estudiantil guatemalteco de los años cincuenta del siglo pasado, que tanto me ha ayudado para obtener información sobre el asesinato de Castillo Armas.

A Jacobo Simón que no dejó un día de procurar esta obra en su sensible imaginación y en su búsqueda de la historia.

A Leonte Brea González, uno de los intelectuales más brillantes de mi generación.

A mi hermano Pedro Raful, por su insistencia de que no dejara de narrar el magnicidio de Castillo Armas y ademas por su viejo amor por la historia.

LIMINAR

Tony Raful Tejada, parlamentario nacional y centroamericano, historiador, poeta, escritor y promotor de la cultura nos lleva a recordar que cuando la Revolución del 20 de octubre de 1944 rompió la cadena de dictaduras feudales en Guatemala nos abrió los ojos de niño a la realidad política, y que al celebrarse las primeras elecciones democráticas del siglo XX ya repartíamos volantes a favor de Juan José Arévalo, primer presidente constitucional que asumió en 1945.

La internacional de los espadones, imperante en muchos países de Centroamérica y el Caribe, nunca cesó en sus conspiraciones para desestabilizar la naciente democracia, por lo que para combatirlos Juan José Arévalo apoyó la Legión del Caribe integrada por exilados residentes en Guatemala. Más adelante los dictadores, apadrinados por las empresas bananeras y el propio gobierno de Estados Unidos, agitaron con el fantasma del “comunismo” contra el segundo mandatario revolucionario democrático, Jacobo Árbenz Guzmán. El clan Trujillo-Somoza y sus cómplices armaron y entrenaron a militares y políticos como el coronel Carlos Castillo Armas, e iniciaron desde Honduras, en junio de 1954, la invasión de Guatemala, que fue detenida al principio por el ejército leal, pero la amenaza de bombardear el país si Árbenz no renunciaba, obligó a la caída de su gobierno, dado el aplastante poder de la intervención norteamericana. Los gobiernos de Trujillo y Somoza se distinguieron en esta “gloriosa victoria” como quedó plasmada en el mural de Rina Lazo y Diego Rivera. Miles de guatemaltecos salimos al exilio, mientras se fusilaba a numerosos campesinos y dirigentes sindicales a partir de julio de 1954, y se creaba la temida Dirección de Seguridad y los grupos paramilitares quemaban libros y saqueaban las sedes de los partidos democráticos y centrales obreras y campesinas, que apoyaron a Arévalo y Árbenz.

Pero la teoría del “cisne negro” que Tony Raful desarrolla en su libro De Trujillo a Fernández Domínguez y Caamaño. El azar como categoría histórica (1930-1965) se cumplió en este caso, puesto que agotada la furia “anticomunista” el propio líder y mandatario Castillo Armas desafía a sus financistas y auspiciantes del terror, al negarse a condecorar y recibir como un héroe al Generalísimo Rafael Leónidas Trujillo. Castillo Armas realiza cambios cosméticos pero no suprime la mayoría de las instituciones de la revolución democrática, como la seguridad social y el código de trabajo; parcela las fincas nacionales y otras tierras a favor de los campesinos, especialmente de la costa sur, de donde él era oriundo, desatando la ira de sus partidarios más conservadores, lo que pudo haber sido una de las causas de su asesinato.

Tony Raful ha recorrido las instituciones de Guatemala, investigado en hemerotecas y bibliotecas y entrevistado dentro y fuera del país a los pocos sobrevivientes de esos años que aportaron sus impresiones sobre el asesinato, el 26 de julio de 1957, del coronel Carlos Castillo Armas.

En ese momento, yo estaba en el sur de Costa Rica, luego de ser expulsado hacia Honduras, junto a preclaros guatemaltecos, el 25 de junio de 1956, después de estar secuestrados, junto a varias decenas de dirigentes estudiantiles y personalidades como el escritor Mario Monteforte Toledo. Llegamos a tierras costarricenses gracias a la solidaridad del presidente José Figueres quien nos dio asilo, ¡por telégrafo!, cuando estábamos concentrados en Santa Rosa de Copán, Honduras, donde tuvimos apoyo de amigos y de dirigentes del Partido Liberal. Ese 26 de julio, un vecino de San Isidro de El General, Costa Rica, don Rafael Ureña me encontró en la calle camino del colegio a dar clases y me dio la noticia: mataron a Castillo Armas.

Sé el esfuerzo que costó esta obra, desplegado infatigablemente por su autor y deseo que contribuya a esclarecer la verdadera historia de este magnicidio y sus implicaciones en el Caribe trágico y violento de aquellos años.

EDUARDO BOLAÑOS SANTOS,
Periodista, Guatemala,
febrero de 2017

Hay un cuadro de Klee que se titula Angelus Novus. Se ve en él un ángel al parecer en el momento de alejarse de algo sobre lo cual clava la mirada. Tiene los ojos desencajados, la boca abierta y las alas tendidas. El ángel de la historia debe tener ese aspecto. Su cara está vuelta hacia el pasado. En lo que para nosotros aparece como una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única, que acumula sin cesar ruina sobre ruina y se las arroja a sus pies. El ángel quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero una tormenta desciende del Paraíso y se arremolina en sus alas y es tan fuerte que el ángel no puede plegarlas. Esa tempestad lo arrastra irresistiblemente hacia el futuro, al cual vuelve las espaldas, mientras el cúmulo de ruinas sube ante él hacia el cielo. Tal tempestad es lo que llamamos progreso.

Tesis sobre la filosofía de la historia
WALTER BENJAMIN

A MODO DE INTRODUCCIÓN

LA UÑA DE GLORIA EN LA NARIZ DEL HERMANO DE TRUJILLO

Durante los primeros días de noviembre de 1958, dieciséis meses después del magnicidio del presidente de Guatemala Carlos Castillo Armas, un militar esperaba a Gloria Bolaños a la salida la Iglesia de La Altagracia, en la ciudad colonial de Santo Domingo de Guzmán, entonces llamada Ciudad Trujillo. Situada en la calle Hostos, esquina calle de Las Mercedes, en una estrecha bocacalle adoquinada, Gloria había asistido a una misa en sufragio del alma del presidente asesinado. La ciudadana guatemalteca había escapado de la persecución desatada en su contra a raíz del asesinato de Castillo Armas, gracias a la intervención del coronel dominicano Johnny Abbes García, quien se había desempeñado como agregado militar de República Dominicana en Guatemala, luego de haber ocupado funciones diplomáticas en México. Gloria Bolaños era requerida por las autoridades guatemaltecas en las investigaciones sobre el magnicidio, y pretendían involucrarla en la trama del asesinato de Castillo Armas.

El militar la llamó por su nombre y le dijo que el presidente de la República, Héctor Bienvenido Trujillo Molina requería su presencia en el Palacio Nacional. El oficial, un mayor del ejército de modales correctos y respetuosos, la invitó abordar el automóvil especial, donde un conductor aguardaba. La señora Bolaños, sorprendida por la invitación, preguntó acerca del motivo, a lo cual el oficial respondió que lo desconocía y simplemente había recibido órdenes. Gloria accedió, subió al auto y unos minutos después estaba en el despacho del hermano del dictador Rafael Trujillo.

En la pequeña Ciudad Trujillo era del conocimiento público el asedio del presidente a Gloria Bolaños, a quien enviaba flores y regalos con el fin de conquistarla. Héctor Bienvenido (Negro), también tenía fama de ser muy enamorado; a pesar de su edad era un solterón empedernido, aunque se había comprometido con Alma MacLaughin, con quien contraería matrimonio meses después. Esta señora era hija de un alto mando de la armada norteamericana, quien había participado en la ocupación del territorio dominicano durante la intervención militar de 1916 a 1924, y se había quedado a vivir en el país ocupando el cargo de director de la Compañía Dominicana de Aviación Civil. La mala reputación de Héctor Bienvenido se había extendido bastante entre la población, que le atribuía el placer morboso de seducir mujeres y la costumbre de escuchar conversaciones privadas desde su propio despacho de la sede de gobierno. Entre los corrillos antitrujillistas de la época se decía en broma que su trabajo consistía en deshacer matrimonios y acostarse con damas casadas.

Cuando Gloria Bolaños entró al despacho, Héctor Bienvenido tenía la cabeza baja mientras firmaba algunos documentos. Ella dijo “Buenos días”, sin recibir respuesta. Casi de inmediato, el presidente levantó el rostro con una amplia sonrisa y luego de invitarla a sentarse le preguntó cómo se sentía; la señora Bolaños, con toda cortesía protocolar, quiso saber a qué se debía el honor. En lugar de responderle, Héctor Trujillo, sin ningún respeto, le extendió un cheque en blanco, diciéndole al mismo tiempo que pusiera la cantidad que decidiera, pues él la quería como amante.

Esta forma de proceder era típica de quien ejercía el poder absoluto y pensaba que nadie podía resistirse a este tipo de oferta emanada de una dictadura tan feroz e implacable. Además, el emplazamiento por parte de Héctor Trujillo a la señora Bolaños —una joven de apenas 23 o 24 años, bella y deseada ex miss Guatemala— revistió un carácter burdo y grosero al suponer que por su condición de refugiada y haber tenido una relación amorosa con el asesinado presidente de Guatemala, Carlos Castillo Armas, sería una presa fácil.

La señora Bolaños no pudo contenerse. Se abalanzó sobre el presidente, separado de ella sólo por el escritorio, y le lanzó una bofetada. Negro Trujillo apenas pudo retroceder para evitar el impacto, pero Gloria, quien tenía las uñas bastante largas (las sigue teniendo ahora), logró incrustar una de ellas en uno de los orificios de su nariz, ocasionándole de inmediato un brote de sangre que manchó su camisa blanca. “¡Yo no soy prostituta, usted se equivocó, señor presidente!”, gritaba indignada la señora Bolaños, mientras el presidente tocaba un botón, debajo del escritorio, para llamar a sus guardias, quienes entraron en tropel al despacho. El presidente, con voz alterada, ordenó su detención, alegando que Gloria Bolaños lo había agredido.

Desde entonces, Gloria Bolaños ha sido un misterio fascinante y sumamente complejo. Este incidente –el encuentro con el presidente Héctor Trujillo, hermano del dictador, y sus violentos pormenores— me fue comunicado por la propia protagonista cuando la entrevisté en Miami, Florida, en 2013.

Johnny Abbes García salió de Guatemala algunas semanas antes del atentado contra Castillo Armas, confirmándole al Generalísimo Rafael Trujillo, con precisión matemática, la hora y el día en que sería ejecutado el presidente guatemalteco. Regresó a los funerales oficiales en una delegación diplomática designada por Trujillo el día 28 de julio de 1957 mediante el decreto No. 2987. A mediados de agosto de 1957, Abbes retornaba a Guatemala amparado en el decreto No. 3042, que lo designaba agregado militar a las Embajadas de la República acreditadas en Centroamérica. En menos de un mes, Abbes había sido incluido en dos decretos del gobierno dominicano. El último de ellos lo elevaba de categoría en cuanto le daba jurisdicción diplomática en todas las naciones de Centroamérica, pero en realidad se circunscribió a Guatemala.

El teniente coronel Johnny Abbes García le había advertido a la señora Bolaños que tuviera cuidado con el señor Héctor Trujillo, pero ésta no imaginó los alcances de las pretensiones del hermano del dictador. Abbes, que era como el ángel guardián de Gloria, temía por ella. El cuidado y protección que Abbes ofreció a Gloria, antes y después del incidente con Bienvenido Trujillo, podrían explicarse porque quizá él la deseaba o la había conquistado.

¿Quién es Gloria Bolaños? ¿Participa en el atentado contra el presidente Castillo Armas? ¿Por qué Abbes, sin la autorización expresa de Trujillo, la saca ilegalmente de Guatemala y la lleva a Ciudad Trujillo, en medio de la persecución de que era objeto? ¿A qué le temía Abbes García en caso de que la señora Bolaños hubiese caído presa? ¿Había información sobre la muerte del presidente Castillo Armas que la señora Bolaños poseía e involucraba a Abbes García? ¿ ...