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LOS ALIMENTOS DEL METABOLISMO ACELERADO (COLECCIóN VITAL)

Haylie Pomroy / Eve Adamson

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Fragmento

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Introducción

La preparación de una encantadora del cuerpo

Nunca sabes qué tan fuerte eres hasta que ser fuerte es la única opción que tienes.

Atribuido a BOB MARLEY

Cada vez que comes un alimento provocas cambios internos en tu metabolismo. Tan sólo los actos físicos de comer, oler y probar los alimentos activan las secuencias metabólicas que encienden la expresión genética. También dan la señal al cuerpo para que distribuya azúcares, estimule la secreción de hormonas y regule procesos cruciales, como el estado de ánimo, el sueño y la energía. Cuando comes, el contenido nutricional de los alimentos tiene un efecto directo en cómo te sientes, cómo te ves y qué tan sano o no estás. Es mucho poder en un solo plato y, sin embargo, para muchos de nosotros aprender a utilizar ese poder no se vuelve crucial hasta que nos damos cuenta de que no estamos bien o no tenemos el cuerpo, la energía, la inmunidad o la química sanguínea que deseamos.

Recibe antes que nadie historias como ésta

No importa con qué estés luchando hoy, tus elecciones alimentarias favorecen esos problemas; sin embargo, también pueden contribuir a la solución. No estás destinado a deteriorarte —perder energía, salud, condición, funciones y vitalidad—. Es justamente lo opuesto. Tienes el poder de resolver tus problemas de salud. Todos comemos, y mi mayor deseo es mostrarte qué tan poderoso puede ser ese acto.

En mis prescripciones utilizo la comida como medicina y he pasado toda mi carrera aprendiendo qué alimentos sirven específicamente para cuáles sistemas corporales y problemas de salud. Si quieres cambiar algo de tu cuerpo, energía o salud, para eso estoy yo. No soy médico alópata y no doy recetas para medicamentos; soy nutricionista y mis prescripciones de alimentos inducen cambios clínicos reales.

Mientras estuve escribiendo este libro medité mucho sobre por qué decidí salir de mi zona de confort en el mundo clínico y entrar al mundo de los libros, las páginas web y los boletines digitales. Había estado compartiendo, cara a cara, mis conocimientos sobre el cuerpo y su bienestar con personas que estaban padeciendo una gran variedad de problemas de salud, a puerta cerrada, pero yo sentía que no abarcaba lo suficiente. Siempre he dicho que entré a esta industria por mi propia crisis de salud, pero creo que otra de las razones importantes para salir de mi clínica y hacer público todo lo que sé fue construir también una salud para ti. He tenido el privilegio de acompañar a mis clientes a través de sus crisis de salud, y he aprendido tanto que me siento obligada a compartir lo que sé contigo. Los alimentos son una medicina poderosa. No sólo lo creo, sino que sé que la comida, la comida correcta, puede sanar verdaderamente el cuerpo.

Sin embargo, sí empezó conmigo y con mis problemas de salud, ya que mucho antes de convertirme en una profesional de la salud nutricional, fue algo con lo que me obsesioné para poder encontrar mi propio equilibrio. Tuve que aprender lo que la comida podía hacer por mí antes de aprender lo que podía hacer por los demás. Fue una cuestión de vida o muerte.

Mi viaje del granero a la clínica

Cursaba la carrera de veterinaria cuando tuve que tomar una licencia médica, que me obligó a aprender quién era y qué quería hacer tanto personal como profesionalmente. Cuando me propuse escribir mi primer libro, La dieta del metabolismo acelerado, supe que mis lectores querrían saber algo sobre mí antes de tomar en cuenta mis consejos para perder peso. Muchos habían visto a mis clientes desfilar por la alfombra roja y, por ello, sabían la calidad de mi trabajo como escultora. Sin embargo, yo sentía que necesitaban saber más sobre mí: quién soy y cómo aprendí a hacer esto. Les conté a mis lectores sobre mi entrenamiento en la industria de la agricultura y la ciencia animal, y cómo estudié después varios campos para extraer lo que funciona mejor en diferentes tradiciones.

Cuando escribí mi libro de cocina lo llevé un paso más allá. Quería que los lectores supieran de mi experiencia culinaria; específicamente, que en mi familia hay un chef personalizado: yo. Soy mamá y preparo las comidas para mis hijos todo el día. Cuando escribí Quémalo le di un enfoque un poco diferente a mi relato personal. Quería que los lectores comprendieran que muchos de mis clientes no sólo son celebridades aparentemente perfectas, quienes ya están en forma y sólo necesitan un retoque. Quería que la gente comprendiera que en mi clínica, a lo largo de más de 20 años de experiencia, he sido testigo de cómo aun si los cuerpos de las personas no son iguales tienen algo en común, una tendencia a estancarse, y que buscar el porqué y hacer una microrreparación puede encender el armamento del metabolismo.

Ahora, en este libro tengo una historia diferente que contar, debido a lo que estoy a punto de pedirte que hagas y por el lugar al que voy a pedirte que vayas, pues requieren algo más que sólo información sobre mi entrenamiento, mi experiencia clínica o incluso mi vida familiar. Ahora necesitas saber que, en lo referente a mis problemas de salud, me ha pasado, y continúo peleando todos los días. Mi vida es un delicado balance entre salud y problemas de salud, y sin los alimentos adecuados para mantenerme en equilibrio, en lo que podría ser un subibaja potencialmente letal, estaría perdida.

Dado que éste es mi cuarto libro —nuestro cuarto libro, para quienes han estado conmigo desde el principio—, siento que hemos logrado tanto autoconocimiento juntos, que ya eres un cliente o un amigo. (¡Bienvenidos también los nuevos amigos!) Todos estamos en un viaje de autoexploración, autoconocimiento y autocuración. Hemos compartido el pan y hemos trabajado en curar algunas relaciones dañinas con la comida. Asumir que eres mi amigo me permitirá ser un poco más cálida contigo y más directa de lo que he sido en cualquiera de mis otros libros. Así que déjame inhalar profundamente, para darte una pequeña introducción de dónde vengo y por qué creo con tal fuerza en el poder medicinal de la comida.

Nací con alergias alimentarias, de contacto y aerotransportadas, muy locas. También tengo una enfermedad autoinmune llamada púrpura trombocitopénica idiopática (PTI). Esto significa que tiendo a tener un conteo muy bajo de plaquetas porque mi sistema inmunitario ataca por error a mis propias plaquetas. El resultado es que mi sangre no coagula muy bien, lo que puede provocar que me salgan moretones fácilmente y tenga sangrados descontrolados. Algunas veces esta enfermedad no es tan grave. Algunos niños a veces la presentan, pero luego desaparece. En mi caso es crónica y viviré con ella por el resto de mis días. Cuando sangro es una emergencia, como la vez que se me reventó un quiste ovárico. Me enteré de que padecía esta enfermedad a los 17 años, cuando tuve una hemorragia durante una amigdalectomía.

Mi mamá dice que nací corriendo. Incluso de niña nunca dejé que los problemas de salud se interpusieran en mi camino. Solía desarrollar lesiones de eczema sistémico en párpados, dedos y manos, así que compraba cajas de curitas y cubría todos mis dedos, luego usaba guantes de algodón blanco encima o mis guantes de montar. El granero era el único lugar en el que parecía perfectamente normal que una niña usara guantes todo el día. Cuando llegaba a casa de noche remojaba mis manos en agua caliente con Betadine porque la sangre y el sudor hacían que los curitas se pegaran a mis manos. También tenía eczemas horrendos en los pliegues de los codos y atrás de las rodillas. Cuando íbamos a la playa, la sal y la arena lo agravaban, lo que me causaba un dolor terrible. Yo lloraba y lloraba durante todo el camino de vuelta a casa, pero siempre le rogaba a mi mamá que fuéramos otra vez, cuando el dolor disminuía unos días después. Ésa era mi vida con un desorden autoinmune, al menos hasta que aprendí a usar los alimentos para mantener todo bajo control.

A los 25 años tuve un accidente automovilístico terrible, casi fatal. Debido al traumatismo craneoencefálico que sufrí fui paciente ambulatoria del centro de rehabilitación de lesiones cerebrales durante tres años, y además tuvieron que reconstruir por completo mi hombro izquierdo. Estuve enyesada desde la cadera hasta el pulgar —con el pulgar arriba, como si pidiera aventón— durante nueve semanas, y luego con el brazo amarrado sobre la cintura durante otras ocho semanas. El accidente me dejó con un desorden de dolor del sistema nervioso central llamado síndrome de distrofia simpática refleja. Cometí el error de leer mi expediente, en el que el médico había escrito: “Uno de los peores casos de este síndrome que he visto. Probabilidad de suicidio”. ¿Te imaginas lo que es leer la nota de tu médico diciendo que experimentarás tanto dolor en tu vida que probablemente te vas a matar? Déjame decirte que no es nada divertido. Pero esto me inspiró para investigar realmente y estudiar a profundidad lo que me estaba pasando, el porqué. ¿Cuáles eran las secuencias metabólicas involucradas en un desorden del sistema nervioso? Fue entonces que en verdad consideré los alimentos y las terapias alternativas para calmar el dolor y proteger mi psique.

Podría haber devuelto mi cuerpo a la agencia por defectos de fábrica porque también me enteré, después de que dos miembros de la familia y yo perdiéramos a nuestros bebés con sólo semanas de diferencia, que las tres éramos homocigóticas de una mutación del gen MTHFR (metilentetrahidrofolato reductasa). Ésta es una enfermedad genética que básicamente se traduce en la incapacidad de asimilar eficientemente el ácido fólico.

Como todos sabemos —dado el gran trabajo y la publicidad que la organización March of Dimes ha hecho en Estados Unidos durante años—, el ácido fólico es esencial para prevenir ciertos tipos de defectos de nacimiento y también para aminorar el riesgo de aborto espontáneo. El eslogan de March of Dimes es: “Cada mujer, cada día”, que básicamente significa que toda mujer debería tomar un suplemento diario de ácido fólico. En mi caso no sería beneficioso porque mi genética me impide utilizar la forma tradicional de ácido fólico, lo que me puso en un alto riesgo de aborto y en un riesgo aún mayor de tener un bebé con un defecto en la espina dorsal.

Por si eso no fuera suficiente, también me enteré de que tengo algo llamado síndrome de X frágil, que es una enfermedad hereditaria en la que el cromosoma X es más vulnerable a daños, especialmente de la deficiencia de ácido fólico. En casos extremos, esto puede llevar a severas disfunciones o discapacidades cognitivas, incluyendo autismo. En mi caso, ha resultado en un caso extremo de dislexia y trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH), que en este momento de mi vida agradezco, pues me ha ayudado a establecer prioridades y a cumplir mi propósito, ya que creé una comunidad de apoyo. Todo esto fue una batalla real cuando era más joven, pero ahora he aprendido a manejarlo y también funge como un recordatorio de por qué estoy aquí.

Aquí necesito hacer otra inhalación profunda, porque no suelo compartir todas estas cosas. ¿Cómo sobreviví con todos estos problemas de salud? Me parece que una mejor pregunta sería: ¿cómo he podido no sólo sobrevivir, sino prosperar con ellos? El otro día que estuve con el hematólogo (tengo que verlo regularmente por mi PTI) me dijo: “¿Sabes?, en realidad estás demasiado sana como para estar aquí. No lo entiendo. Tus análisis son hermosos y sin embargo tienes un desorden genético de sangrado irreversible”.

“Genial —le dije—. ¡Entonces ya no tengo que volver!”

“Te veré en cuatro meses —me contestó con una sonrisa—. Pero no lo entiendo.”

Esta clase de visita al médico siempre me recuerda que debo ser agradecida. Hoy mis análisis son hermosos y debo agradecer a los alimentos por ello. No he tenido que tomar prednisona desde los 21 años y debo agradecer a los alimentos por ello. Soy madre de dos hermosos y sanos hijos y debo agradecer a los alimentos por ellos. Controlo mi síndrome de distrofia simpática refleja sin medicamentos y debo agradecer a los alimentos por ello. Escribí tres bestsellers del New York Times a pesar de mi discapacidad para aprender. Tengo una carrera en ascenso. Me siento bien, aquí y ahora. Y debo agradecer a los alimentos por ello.

Creo que no pasé por todo esto sólo para que yo pudiera estar sana. Sé que fue para poder ayudarte. Quiero que tú también agradezcas lo bien que te sientes, lo bien que se han resuelto tus problemas de salud y lo mucho que eres capaz de apreciar y vivir tu vida. Quiero que tengas la misma clase de éxitos y triunfos que yo he tenido. Todos tenemos días malos, pero puede haber muchos buenos. Muchos, muchos más.

Afortunadamente para mí —y para ti también—, sé cómo usar la comida para manipular mi propia química corporal para sobrellevar estos retos genéticos, y de cualquier clase. No he logrado cambiar mi composición genética, pero sí he conducido la expresión de mi destino genético. Mis problemas de salud no tienen un efecto en mi vida como el que “deberían”, de acuerdo con la medicina moderna. No se los permito. Yo no elijo aceptar que son mi destino. Soy una prueba viviente de que puedo estar sana, y tú también puedes.

No quiero seguir hablando y hablando de esto. Hay suficientes libros en el mundo para decirte qué terrible es todo eso. Yo prefiero tener soluciones. Éste no es un libro en el que nos quejemos del estado de los alimentos en el mundo o de las estadísticas de obesidad o de la prevalencia de las enfermedades cardiacas, ni siquiera de nuestros propios problemas de salud. Ya hay suficientes personas haciendo eso, y no necesitamos otro libro así. Tu tiempo es valioso y preciado para mí, y yo tengo un trabajo que atender, niños que criar y caballos que montar. No tomo tu tiempo ni el mío a la ligera, y especialmente no tomo a la ligera el tiempo que elegimos pasar juntos. Es por ello que este libro no se basa en teorías o estadísticas, o en el miedo de lo que podría pasar. Éste es un libro basado en soluciones alimentarias. Sé que no tengo tiempo para sentarme a pensar qué tan mal está todo para mí. Mi expediente médico es suficiente para espantarme. Si me lo permito, podría morir de preocupación cada vez que pongo algo en mi boca, pero estoy demasiado concentrada en mantener mis niveles de sangre estables hoy, puedo hacer el trabajo que necesito hacer hoy.

Me rehúso a vivir con miedo. Nuestro tiempo en este planeta es demasiado limitado para eso. Prefiero vivir mi vida con alegría, y la realidad es que estoy enamorada de la comida. La adoro, y tú también lo harás cuando veas lo que la comida puede hacer por ti. Debo decir que estoy agradecida con todos los médicos, científicos y gurús que han venido antes que yo y han clarificado lo que no necesitamos en nuestra vida: los alimentos que nos están matando, nos engordan y nos hacen adictos. Sin embargo, no es práctico enfocarme en eso. Yo necesito respuestas, no más cosas a qué temerles. Este libro es sobre recurrir a los alimentos para obtener resultados reales, y no para eliminarlos por miedo a que sean “malos”. Asumo que si estás leyendo este libro este tipo de pensamiento no es práctico para ti tampoco. Las respuestas son prácticas. Las soluciones son prácticas. Los alimentos son prácticos, y en mi mundo son la mejor medicina, la más segura y la más increíblemente efectiva. No se deben temer; se deben apreciar.

Esto es lo que quiero hacer por ti: sentarme contigo y descubrir qué te gustaría mejorar de tu salud cuando tu cuerpo te ha fallado. ¿Estás preocupado por un problema crónico de salud? Tal vez tienes indigestión crónica o fatiga constante; tal vez, problemas hormonales, colesterol alto o depresión, o quizá tienes incluso un diagnóstico de prediabetes, diabetes o alguna enfermedad autoinmune. Cada una de estas condiciones de salud es relativa a un tipo específico de disfunción metabólica, a secuencias metabólicas dañadas; por lo tanto, los alimentos y las terapias naturales pueden sentar los cimientos para reconstruir la salud perdida. Los alimentos son la respuesta si quieres darle a tu cuerpo lo que necesita para estar bien otra vez.

Si eres como mis clientes, y me refiero a que eres un ser humano dinámico, viviendo en un mundo biodiverso, con múltiples experiencias positivas y no tan positivas en tu salud (y pienso que lo eres), probablemente necesitas información en más de uno de estos puntos, así que escribí este libro para ti. Vamos a sentarnos juntos y me vas a contar tu historia; te he contado, de manera honesta, la mía y ahora me gustaría saber la tuya. Luego te voy a dar un plan. Empezaré por el principio, lo que todas las personas sanas deberían estar haciendo la mayor parte del tiempo, y luego vamos a ver qué puedes hacer específicamente para atender tus problemas y mejorarlos. También estoy comprometida a crear una comunidad activa en internet, donde puedas acudir por apoyo e información adicional sobre todas las cuestiones que estás tratando, incluyendo cientos de recetas adicionales para las prescripciones nutricionales en este libro. Encuéntranos en www.hayliepomroy.com. Te esperamos.

Nuestro cuerpo es más fuerte y más resiliente de lo que nos imaginamos. En mi cuerpo y en el cuerpo de mis miles de clientes a lo largo de los últimos 20 años he visto cosas que deberían ser imposibles. He visto tragedias que parecían fuera de control y personas destinadas a un declive físico, pero que han revertido y han encontrado un remedio para sus problemas.

Antes de una cátedra, mi esposo siempre dice: “¡Al grano, cariño! No vienen a escucharte hablar. Vienen porque necesitan tu ayuda”. Eso mismo pienso de ti. La formalidad de un libro puede entrometerse en nuestra relación y en tu búsqueda por encontrar el camino de vuelta a la salud que necesitas, así que haré lo que siempre hago por todos mis queridos clientes. Te daré lo que tengo y luego lo esculpiremos y moldearemos para personalizarlo hasta terminar las adaptaciones disfuncionales que estén sucediendo en tu cuerpo ahora. Después restauraremos lo perfecto que eres cuando tu cuerpo tiene el apoyo que necesita.

Éste es el poder de la alimentación y del conocimiento sobre lo que los alimentos pueden lograr. Éste es el poder de Los alimentos del metabolismo acelerado. Mi propio cuerpo, mis clientes y nuestra comunidad han sido los mejores maestros. No sólo es hora de comer, sino es hora de comer para sanar.

PRIMERA PARTE

Una prescripción
revolucionaria

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Capítulo 1

A + B = C, la ecuación de la salud

Mi salud es importante, así que aprendo todo lo que puedo sobre nutrición.

LOUISE HAY

¿Cuándo fue la última vez que te comiste un jitomate? Tal vez fue hace una semana, o tal vez fue hoy. Quizá no te gustan los jitomates y no tienes el menor interés en comerlos, pero resulta que la ciencia está interesada en los jitomates. Específicamente, la ciencia está interesada en descomponer el jitomate en todas sus partes, aislando las que parezcan tener un beneficio para la salud humana, y luego probar si es así o no. Es un proceso fascinante, pero ¿se traduce en algo que te ayudará a decidir si incluir un jitomate en tu ensalada o no?

Una de las cosas que la ciencia ha descubierto sobre los jitomates es que contienen un fitonutriente llamado licopeno, el cual les da su color rojo. La ciencia también ha demostrado que el licopeno en particular parece tener beneficios cardioprotectores. Interesante, ¿no? De hecho, recientemente, en un estudio de 2014, publicado en Advanced Nutrition, se comparó el consumo de jitomates con el de suplementos de licopeno (licopeno extraído, aislado y encapsulado) para ver cuál tenía un mayor efecto beneficioso en los rangos de enfermedad cardiovascular.1¿Y adivina cuál ganó? ¡El jitomate! El estudio concluyó que los jitomates tienen un impacto más positivo en la salud humana que los suplementos.

Esto es muy emocionante, y son buenas noticias. Siempre me ha encantado leer sobre un nuevo estudio que apoya la noción de que los alimentos pueden influir en la salud. Sin embargo, ¿qué tiene que ver contigo esta información? El estudio no te dice qué hacer con los jitomates. Los científicos no van a tu casa y consideran tu vida, y te aconsejan sobre el consumo de jitomates. ¿Se supone que debes acomodar los jitomates sobre tu pecho toda la noche y esperar a que hagan su magia? ¿Se supone que debes comerlos en cada comida durante el resto de tu vida para asegurar que no tengas nunca un ataque cardiaco? ¿O comer ocasionalmente un jitomate es suficiente para beneficiarte? ¿Cuál es la dosis adecuada de jitomates? ¿Y cuáles son los beneficios específicos que tendrás? Y aún más, ¿realmente puedes saber si los jitomates harán alguna diferencia en un individuo único con una bioquímica sin igual?

Lo que sucede en un laboratorio no predice (y no puede por su propia naturaleza) lo que sucederá cuando tú, con tu cuerpo, tu metabolismo y tus circunstancias únicas, comas un jitomate u otro alimento. ¿Acaso eres propenso a tener enfermedad cardiaca? Si lo eres, ¿tu cuerpo es capaz de extraer el licopeno del jitomate y enviarlo adonde necesita ir? ¿Puedes tomar esos elementos cardioprotectores del jitomate de la misma forma en que otra persona cualquiera que encuentres en la calle podría, o no?

Los alimentos pueden hacer cambios profundos en ti, pero debes tener el cuerpo que pueda usarlos adecuadamente para promulgar esa protección y sus compuestos curativos. Debes tener un cuerpo que esté listo para crear salud por medio de la comida. Debes tener un metabolismo que funcione. Puedes entregar una pila de tablas a una construcción, y pueden ser de la mejor calidad, del roble más denso y resistente disponible, pero si los trabajadores no aparecen o no han sido entrenados para construir una casa, esa madera se quedará ahí y se pudrirá. La calidad no importa si la casa no puede construirse. ¿O qué tal si se trata de una cabaña de madera y el único material que se entrega son vigas de acero? Eso tampoco ayudará a construir una cabaña.

Pasa exactamente lo mismo con “el poder de los alimentos”. Debes tener un cuerpo que pueda tomar esos materiales y en realidad hacer su magia. La salud es una ecuación, no es tan simple como comer jitomate o tomar una pastilla o salir a caminar, o cualquier otra cosa por sí sola; pero tampoco es tan complicado que no podamos entenderlo.

Entonces, ¿con qué estás luchando ahora? ¿Es poca energía, síndrome premenstrual o síntomas de menopausia, síndrome de intestino irritable, indigestión, colesterol alto o incluso una enfermedad crónica, como diabetes o algún desorden autoinmune? Sin importar lo que sea, probablemente ya sabes que necesitas hacer algo diferente. Tal vez ya viste a un médico o tal vez quieres intentar tener una mejor salud por tu cuenta, pero de cualquier forma, necesitas una prescripción. No estoy hablando de una receta para medicamentos. Estoy hablando de una prescripción alimentaria, una que pueda tener un efecto restaurador mucho más grande y más duradero que cualquier cosa que hayas hecho por ti mismo.

El término que algunos médicos y farmacéuticos utilizan para prescripción es Rx, pero lo que en realidad quiere decir es la palabra en latín recipere, que significa “receta”. Una prescripción alimentaria es una receta para la salud. Los alimentos que eliges y cuándo los comes pueden cambiar todo sobre tu nivel de energía, tus cambios de ánimo, la forma de tu cuerpo, las cifras en tus análisis, como presión sanguínea y colesterol, e incluso el curso de enfermedades crónicas que puedan ya tener el control de tu sistema.

¿Cómo puede ser tan poderosa la comida? Porque se integra con tu cuerpo para crear salud en una forma muy poderosa. Me gusta explicar esto usando una ecuación tan simple que al principio parece significar menos de lo que en realidad implica:

A + B = C

Y esto es lo que significa:

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•A es lo que comes, cuánto ejercicio haces y el medio ambiente en el que vives, respiras, te mueves y piensas. Tanto comer como hacer ejercicio crean tu ambiente interno, pero A también es tu ambiente externo, influido por todo lo que te rodea, desde tu familia y amigos, hasta tu trabajo, lo que haces en tu tiempo libre, incluso por el clima. A es todo lo que introduces en tu cuerpo, todo lo que haces con tu cuerpo y todo lo que rodea a tu cuerpo.

•B es tu metabolismo, o la velocidad en la que conviertes la comida en energía. Incluye también tus secuencias metabólicas, que son los múltiples caminos posibles sobre los que los nutrientes (de lo que comes) viajan. Finalmente, B en la ecuación también te incluye a ti como individuo, a tu composición genética, tu sistema de creencias, tus experiencias de vida. Es cómo funciona tu cuerpo individualmente y lo que está haciendo en cualquier momento. Tus secuencias metabólicas son el resultado de las decisiones bioquímicas en tu cuerpo y lo que hacen. Por ejemplo, tienes una secuencia metabólica que controla lo que tu cuerpo hace con el azúcar. Tienes una que controla lo que tu cuerpo hace con las hormonas. Tienes otra que controla cómo tu cuerpo procesa las toxinas, desde sustancias y medicamentos, hasta la contaminación. Incluso tienes una que traduce tus pensamientos en reacciones físicas y hace que los tejidos secreten hormonas. Todas ellas influyen a B y hacen que seas tú. B es lo que sucede dentro de ti.

•C es salud. La salud no siempre significa que estés libre de enfermedad. En cambio, significa que tu cuerpo ha creado homeostasis, o un equilibrio interno. Significa que estás viviendo en armonía con un cuerpo que está naturalmente en un constante estado de adaptación sana, o fluyendo. Es el resultado final de cómo combinas A y B. Es cómo te sientes ahora mismo y qué tan bien funciona tu cuerpo. Maximizar C es lo que todos esperamos y buscamos, y lo que lograremos con la información contenida en este libro.

Esta ecuación, A + B = C, te aplica y trabaja para (o en contra de) ti todo el tiempo, desde tu primer día hasta los últimos en este mundo. Lo que la ciencia sabe con certeza, aun cuando este conocimiento no siempre logra filtrarse en el campo de la práctica clínica, es que lo que comes y haces (tu ambiente), combinado con tu metabolismo individual y qué tan bien funcionan tus secuencias metabólicas (el “yo”), determinan tu estado de salud, la habilidad de tu cuerpo de conservar la homeostasis y tu estado armónico en el tiempo presente.

Aunque estemos hablando de ecuaciones, no pretendo crear una dinámica maestro-estudiante. Estamos juntos en este viaje. Ahora el enfoque está en tu autodescubrimiento. Exploraremos juntos lo que esta ecuación significa en tu vida, pues la fórmula contiene la clave para influir en cómo te sientes, cómo te ves, lo que tus análisis indican y qué tan sano estás hoy y en tu progreso. Tu salud depende de dos cosas: A y B. Lo que le haces a tu cuerpo (comer, hacer ejercicio y el ambiente que creas) y lo que tu cuerpo está haciendo para dirigir todo (metabolismo y secuencias metabólicas) y ser quien es (“yo”) crea lo bien que eres capaz de vivir (salud). Tus ambientes interno y externo, combinados con tu constitución individual y la forma en que tu cuerpo dirige todo, son resultado directo de la calidad de tu salud. A + B = C.

Cuando comprendas las implicaciones de A + B = C entenderás que tienes el poder de cambiar cómo funciona tu cuerpo, cómo se siente, cómo se ve y cómo funciona. Depende de qué problema tengas ahora (fatiga aplastante, problemas hormonales o digestivos, síndrome metabólico o diabetes, o autoinmunidad), pero puedes usar prescripciones de alimentos específicas para cambiar tu ambiente interno y por ende alterar tu metabolismo de forma que atienda el problema (te llene de energía, equilibre tus hormonas, sane tu digestión, equilibre tu glucosa y tu insulina, o incluso calme tu respuesta inmunitaria exagerada). Dado que todos tienen una B distinta (metabolismo, secuencias metabólicas, “yo”), ninguna A (dieta, ejercicio, ambiente) es correcta para todos, para que puedan crear salud (homeostasis y armonía). No hay dos metabolismos que funcionen exactamente de la misma forma para crear un cuerpo sano, y no hay dos cuerpos iguales. Es por esto que por sí sola la alimentación no crea la salud.

Sin embargo, lo que comes influye profundamente en tu metabolismo, que es por lo que una intervención al metabolismo solamente (como con medicamentos) no puede crear una verdadera salud. Necesitas ambas variables funcionando al unísono. La industria de las dietas no ha aceptado esta fórmula todavía, aunque la salud de muchas personas podría cambiar positivamente. En cambio, te dirán que A = C. Es decir, comer = salud, o incluso peor, te dirán “come menos y haz más ejercicio”, y que ése será el boleto hacia la salud. Promueven el concepto de que una dieta en particular (por lo general una que elimina un grupo alimenticio, como los carbohidratos o la carne, o que reduce las calorías) compondrá el problema de todos. Que por alguna loca razón hacer menos resultará en salud (o por lo menos en pérdida de peso).

Escuchamos un montón de rumores locos sobre la salud. Quizá has escuchado que no hay nada más sano que comer una manzana todos los días. Que si comes chía y cacao crudo y respiras alternando tus fosas nasales puedes curar cualquier enfermedad que hayas tenido. Pueden tener efectos válidos, pero hasta que repares tus secuencias metabólicas usando los alimentos estratégicamente estas estrategias de salud no van a hacer mucho por ti. (Aunque sí debo admitir que el cacao crudo ¡me hace feliz!) ¿De qué sirve la energía en una manzana si no puedes metabolizar el azúcar? ¿De qué sirven los nutrientes de la chía o del cacao crudo si no puedes absorberlos? ¿De qué sirve el poder reductor de estrés de la respiración alterna si tu cuerpo no reconoce la respuesta de la relajación? Arregla las secuencias primero. Luego podrás realmente sacar un beneficio de esa manzana y de los muchos otros “superalimentos” y estrategias que la ciencia dice que pueden influir en tu riesgo de enfermedad cardiaca, cáncer, Alzheimer, envejecimiento avanzado y otras enfermedades crónicas.

Muchos médicos, y sobre todo las compañías farmacéuticas, seguramente ven la fórmula de esta manera: B = C. Es decir, el metabolismo, o lo que tu cuerpo hace o no hace, determina tu salud. Tus análisis dicen que tu cuerpo está atascando de colesterol tu sangre y tu lipoproteína de baja densidad (LDL, por sus siglas en inglés) sale alta; esto significa que no estás metabolizando el colesterol, por lo que muchos médicos dirán que para cambiar esas cifras necesitas un medicamento de estatinas. Muchos médicos pueden incluso creer que no tiene nada que ver con lo que comes. Los médicos suelen decir (incluso a mí) que cierto problema de salud no está relacionado de ninguna manera con la dieta, que es un problema relacionado con la genética o la edad. ¿Alguna vez te han dicho (o has creído) que te dará diabetes, que probablemente tendrás enfermedad cardiaca porque hay muchos casos en tu familia, que tendrás una menopausia prematura porque tu madre la tuvo, o que vienes de una larga línea de personas con depresión y por tanto es tu destino? Puedes tener esos genes, pero es la alteración en las secuencias metabólicas lo que estimula su expresión. He tenido debates muy sanos con muchos médicos que me dicen que el problema de algún cliente en particular no tiene nada que ver con la comida. Me sorprenden siempre. Lo que tu metabolismo hace se ve directamente afectado por los alimentos que comes, cuándo y cómo los comes, y en qué combinación de nutrientes. ¿Por qué esto no es obvio para todos? A no puede ser igual que C, y B no puede ser igual que C. Necesitas ambos, A y B, para alcanzar la salud. A + B = C.

En mi práctica fomento un alto grado de autoestudio. Autodescubrimiento si gustas. Quiero que te quedes absorto con lo que tu metabolismo está haciendo al notar cómo te sientes y reaccionas a los alimentos que comes. No te preocupes. Estás conmigo ahora y te exploraremos juntos. Veamos las cosas que haces comúnmente, incluso los pensamientos que tienes, el sueño que tienes o no, y los deseos profundos que tienes de estar sano. Quiero que veamos tu actual A (comer, ambiente, ejercicio) y lo que podemos definir sobre tu B (metabolismo) para que podamos reconocer cómo afectan tu C. Necesito que te vuelvas un poco egocéntrico para tu beneficio; pero no te preocupes, yo estaré junto a ti evaluando tu reflejo en el espejo.

Esto puede ir en contra de lo que piensas que debes hacer y ser. Puede que te sientas egoísta, pero confía en mí, esta clase de autoanálisis es la base de la salud y la clave fundamental para estar ahí para todos los demás. Sólo imagina que estoy sentada en el escritorio frente a ti diciendo: “Bienvenido a mi oficina. Estoy muy contenta de conocerte. Cuéntame de ti. ¿Cómo te sientes? ¿Qué ha cambiado últimamente? ¿Qué te está molestando? ¿Qué está haciendo tu cuerpo? ¿Cómo deseas sentirte? ¿Qué tal está tu química? ¿Cómo son tus evacuaciones, tu libido, tu energía y tu sueño? ¿Cómo está tu sistema inmune? ¿Tu glucosa? ¿Qué estás haciendo a y para tu cuerpo?”, y por supuesto: “¿Qué se te antoja? ¿Qué estás comiendo?”

Tus respuestas a estas preguntas son pistas para conocer tu metabolismo y tus secuencias metabólicas, y cómo interactúan con lo que comes. La salud no está contenida en una lista general, unitalla, de alimentos buenos y alimentos malos, o alimentos que añadir o eliminar. La gente no es genérica, unitalla ni copias al carbón de cada uno. Gracias a Dios. (Bostezo.) ¿Qué tan aburrido sería eso? Los alimentos (y todo lo demás que haces) son A, pero para cambiar tu salud, la naturaleza de lo que ocurre cuando comes depende de la acción de tu metabolismo individual.

Entonces ¿quién eres? ¿Cómo te sientes? ¿Qué está haciendo tu metabolismo hoy? ¿Qué te está revelando tu cuerpo sobre tu metabolismo único que pueda darte pistas para saber qué comer? Sólo cuando vemos quién eres, dónde has estado, adónde quieres ir y qué deseas para tu salud —en otras palabras, lo que está haciendo tu metabolismo—, puedes ir al supermercado y saber qué comprar para crear un cambio significativo en tu salud. Sólo entonces puedes saber qué preparar de cenar para obtener energía o equilibrar tus hormonas o hacerte sentir más feliz hoy, o también ayudar a metabolizar el colesterol, equilibrar la glucosa y controlar tu enfermedad autoinmune. La clave real para la salud es ser capaz de empoderar al cuerpo y manipular con un propósito lo que tu cuerpo único hace con los alimentos específicos que comes. Cuando puedas hacer eso, de pronto tendrás todo el poder justo ahí, en tu plato.

Comer

Todos tenemos que comer. ¿No sería increíble entonces que esto que debemos hacer todos los días pudiera crear una abundancia de salud? A es sobre comer alimentos, ejercitar tu cuerpo y manipular tu ambiente, pero se controla mucho mejor con tus elecciones alimentarias.

Para causar cualquier clase de cambio metabólico —tomar control de la forma en que tu cuerpo se adapta a su ambiente, reparar las secuencias rotas, acelerar las secuencias perezosas y reabrir las que se han cerrado— debes cambiar lo que estás haciendo. Mi forma favorita para lograrlo es con alimentos o con tu “dieta”, que para mí no significa otra cosa más que: “¿Comí hoy?” La pregunta más importante que debes hacerte es: “¿Comí hoy?” Para mí, esta “dieta” no tiene nada que ver con no hacer algo. No tiene nada que ver con privarte de algo.

•¿Comí hoy para tener más energía?

•¿Comí hoy para sentirme bien todo el día?

•¿Comí hoy para equilibrar mis hormonas?

•¿Comí hoy para tener mejor piel, cabello y uñas?

•¿Comí hoy para estimular mi libido?

•¿Comí hoy para recoger el colesterol de mi sangre?

•¿Comí hoy para bajar mis triglicéridos?

•¿Comí hoy para sentirme más contento?

•¿Comí hoy para revertir mi enfermedad autoinmune?

•¿Comí hoy para resolver mis problemas de glucosa?

Cualquiera que sea tu meta, lo que quieras para tu cuerpo y tu salud, pregúntate: ¿comiste hoy para lograr esa meta? La comida es esencial para la reparación metabólica. Para lograr los resultados que quieres, la energía que necesitas, el cuerpo que deseas y la salud que sueñas, no puedes temerle a la comida. No puedes evitar la comida. Debes aceptarla. Debes tener una relación amorosa con la comida por todo lo que puede ofrecerte. Debes preguntarte continuamente: ¿comí hoy? Y juntos vamos a descubrir y definir cómo comer para reparar la adaptación metabólica que está haciendo tu cuerpo y crear una ecuación perfecta para tu salud.

Mi respuesta a tus problemas de salud nunca será: “Debes comer menos”. No hay un signo de menos en A + B = C. Incluso si la pérdida de peso es tu meta y necesitas perder 50 kilos, comer menos nunca será la respuesta. La comida —no la falta de éste— siempre será la forma de atender el metabolismo que se está adaptando a tu ambiente actual de una forma que no te gusta. Pero debes añadir alimentos a tu metabolismo para obtener un resultado.

Qué, cómo y cuándo comes serán únicos para tus circunstancias y los cambios que intentas evocar. Esto es usar los alimentos como medicina. Comerás alimentos que invoquen las soluciones metabólicas para tus problemas. Pero antes de llegar a B y lo que se trata, e incluso antes de darte una sola prescripción alimentaria, lo que quiero que comprendas es que los alimentos deben ser una prioridad. No alimentarte nunca resolverá tu problema.

En mi familia la comida es muy importante. Y lo digo en serio. El otro día una amiga iba a llevar a mis hijos a la escuela, y cuando volví a la cocina justo después de que se fueran vi que el desayuno todavía estaba sobre la mesa. Inmediatamente llamé a mi hijo.

“Regrésate y cómete el desayuno”, le dije.

“Pero, mamá, ¡llegaré tarde!”, me contestó.

“No me importa.”

“¡Si llego tarde me castigarán el sábado!”

“No me importa. Date la vuelta y vuelve aquí, y cómete el desayuno”, le dije.

Y eso fue todo.

Una de mis clientas tiene 43 años y múltiples problemas de salud que estamos trabajando. El aumento de peso fue uno de los resultados de que su metabolismo y sus secuencias metabólicas se desequilibraran. Desde que hemos estado trabajando juntas ha perdido 21 kilos y le faltan otros 17. Cuando empezó, siempre estaba pensando en la meta final. Me dijo que nunca olvidará cómo, la primera vez que llegó a mi oficina, se la pasó intentando abordar el tema de cómo llegar a su peso meta y yo no quería hablar de ello. Le dije: “Hablaremos sobre tu peso meta después. Ahora vamos a curarte. Quitemos de la lista de pendientes los problemas de salud como una prioridad, y lo del peso vendrá solo”. Recuerda que mencionó: “¿Pero cuál va a ser el peso meta?”, y yo sólo le dije: “Negociaremos eso, pero veamos primero qué nos dice tu cuerpo”.

Dijo que fue ahí cuando se dio cuenta de que, en realidad, lo que yo estaba intentando hacer por ella no era que perdiera peso, sino crear una relación diferente con la alimentación y finalmente volverse saludable. Me dijo que este concepto era completamente ajeno a ella. Había estado en una modalidad de privación, pero nunca pensó realmente sob ...