Loading...

SóLO ASí: POR UNA AGENDA CIUDADANA INDEPENDIENTE

Jorge G. Castañeda

4


Fragmento

Una nota explicativa

Este opúsculo tiene una breve historia. Siempre he pensado que el papel de los llamados “intelectuales” en las gestas políticas consiste en proponer ideas para armar un programa. Lo hice con Vicente Fox, trabajando directamente en su campaña; en 2004 con un libro para mi propia campaña; entre 2009 y 2012, con Héctor Aguilar Camín al publicar tres textos cortos de corte programático, dirigidos a quien se pusiera el saco. Lo hago ahora de nuevo, en parte con Aguilar Camín, a quien agradezco la autorización de reproducir largas citas de sus diversos ensayos, su meticulosa lectura y sus múltiples y pertinentes sugerencias. Extiendo también mi agradecimiento a Joel Ortega por sus comentarios, críticas y su insistencia en ponerle más sabor al caldo, y a Patricio Navia por la suya en la esperanza.

La estructura es sencilla. Comienza con un corte de caja sobre la primera mitad del sexenio de Enrique Peña Nieto. Enseguida se presentan tres capítulos: el primero dedicado a algunos ingredientes adicionales al saldo que contabilizó Aguilar Camín en un ensayo en Nexos, el segundo a una agenda ciudadana para 2018, y el tercero a la necesidad y viabilidad de una candidatura independiente en esta sucesión presidencial. Las tres secciones —balance, programa, expresión electoral— se engarzan. De cada una se deriva la siguiente.

Recibe antes que nadie historias como ésta

La mancuerna mortal de corrupción y violaciones a los derechos humanos, unida por el pecado mayor de la impunidad, hundió al sexenio de Peña Nieto. Sus reformas —muchas de ellas necesarias, virtuosas, productivas a mediano plazo— quedaron teñidas por la casa blanca, Malinalco, el tren chino, más lo que se acumule, y por Tlatlaya, Ayotzinapa, Apatzingán, Tanhuato y lo que sigue. A la amnistía peñista —tácita y amplia— a Calderón, y formal y completa a los responsables de la corrupción en su propio gobierno, se aunaron factores producto de errores y de casualidades. Los conocemos: un mediocre crecimiento económico —otra vez—; una incapacidad de ejecución —otra vez—; una insensibilidad notable ante la opinión pública y publicada. Como resultado de todo, presenciamos un vehemente rechazo y desprecio de la sociedad mexicana por la clase política y por el derroche de los partidos y las cámaras, repudio nunca visto desde que existen mediciones al respecto.

Por eso, la elaboración de la agenda ciudadana —término ambiguo, pero útil, para establecer una diferencia entre ésta y la típica y necesaria agenda partidista— fluye fácil y directamente de este diagnóstico. Se centra en la impunidad y sus dos retoños: la corrupción y las violaciones a los derechos humanos, en las reformas del sistema de partidos y de representación, y la defensa de minorías y de la desdichada mayoría compuesta por los consumidores mexicanos. Agenda ciudadana y volcada sobre estos temas por una sencilla razón: a diferencia de metas fundamentales como crecer, reducir la desigualdad y abatir la pobreza y la violencia, ubicar a México y un mundo cada vez más convulso y cercano, que los partidos asumen y procuran alcanzar, sólo una candidatura apartidista puede hacer suyas estas otras demandas, y concentrarse en lograrlas. Por supuesto que las exigencias económicas, sociales y de seguridad de la ciudadanía son esenciales; pero existen programas al respecto, los partidos los enarbolan, y yo mismo he insistido en ellos. Aquí hago hincapié en lo que no se menciona tanto, o en lo que se dice pero no se hace, y no se hará, si todo queda en manos de los partidos.

Aclaro que buena parte de los componentes de esta agenda son concreciones o “aterrizajes” de esa noción etérea cuya acepción se equipara a la pornografía, a saber, el estado de derecho. Nadie sabe definirlo, pero lo reconocemos cuando lo vemos. Impunidad, corrupción, violaciones a los derechos humanos, sistema electoral viciado, consumidores expoliados, minorías desamparadas: todos padecen las consecuencias de un estado de derecho cojo, manco y decapitado. Se puede intentar proceder al revés: construir ese estado de derecho, y todo lo demás caerá por ...