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LA TIERRA INCIERTA Y OTROS CUENTOS

Mónica Lavín

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Fragmento

Resulta curioso que siendo la alimentación la actividad humana más antigua que ha acompañado al hombre durante toda su existencia, recién en estas últimas décadas se le esté dando la importancia que merece en nuestra cultura occidental. Por el contrario, civilizaciones antiguas como la hindú, la maya, la azteca o la inca ya conocían el arte de la correcta combinación de los alimentos. En el caso de las proteínas, ellos aprendieron a combinar proteínas incompletas —contenidas en el arroz, las legumbres, el maíz y el trigo— para formar proteínas completas —que son las presentes en los animales— y de esa manera lograr prescindir del consumo de carnes.

Los conocimientos científicos actuales señalan claramente que la alimentación es importantísima no solo para el buen desarrollo y el crecimiento de nuestros hijos, sino también para mejorar nuestra calidad y cantidad de vida. Hoy sabemos que el 80 por ciento de las enfermedades invalidantes que afectan al adulto —donde destacan ciertos cánceres y afecciones cardiovasculares— guardan una relación con los alimentos que una persona ha ingerido durante su vida.

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Es más, hasta hace unos pocos años se creía que no era tan necesario preocuparse de lo que los niños y adolescentes comían, mientras estuviesen «bien alimentados». El interés por lo que se come, desde un punto de vista preventivo, debe iniciarse, según la tradición, una vez que se cumplen los cuarenta años, porque después de esa edad suelen aparecer con mayor frecuencia algunas de las enfermedades relacionadas con una alimentación poco saludable. Sin embargo, la mayoría de los estudios recientes respecto a la obesidad señalan que los daños en las diferentes estructuras del cuerpo se inician a una edad mucho más temprana de lo que se pensaba.

Publicaciones científicas actuales han demostrado que lesiones como la aterosclerosis no son atributo exclusivo de un adulto. Esta se encuentra ya en los niños obesos de apenas nueve años de edad. Por otro lado, cuando se hace el diagnóstico de diabetes, hoy sabemos que los daños en el cuerpo comenzaron diez a doce años atrás y no desde el momento en que a uno le dicen «eres diabético».

La peor consecuencia de una mala alimentación es la obesidad en sí misma, que ha sido catalogada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la principal epidemia que azota a la humanidad.

Por primera vez en la historia se está dando este singular proceso:

1. El problema de la obesidad sobrepasa al de la desnutrición.

2. Se están dando condiciones en las cuales los hijos pueden morir antes que los padres, debido a las enfermedades cardiometabólicas que aparecen cada vez a menor edad.

Debemos entonces tomar en cuenta que la obesidad ha dejado de ser un problema estético para convertirse en uno nutricional que afecta a más de trescientos millones de personas en el mundo. Y si sumamos a la población con sobrepeso, la cifra se empina sobre los mil millones. Y sigue en aumento. Es, por lo tanto, imprescindible hacer todo lo necesario para evitar la obesidad en las distintas etapas: niñez, adolescencia y adultez. Son numerosos los padres y madres de niños delgados que les permiten «darse gustos a diario» con la comida, como si esto fuera una expresión de afecto. Están convencidos de que sus hijos, al no presentar problemas evidentes con el peso en el presente, pueden comer lo que quieran. Pero como profesionales somos testigos de que un mal hábito es difícil de cambiar y, si no se les enseña a comer en forma saludable a los niños (delgados o gordos) desde temprana edad, cuando sean adolescentes costará m ...