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90 RESPUESTAS A 90 PREGUNTAS

Martha Alicia Chávez  

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Fragmento

Introducción

Sin lugar a dudas, a lo largo de nuestra vida todos pasamos por una diversidad de situaciones y experiencias que nos ayudan a aprender y crecer. Algunas son fáciles y agradables y otras nos resultan difíciles de sobrellevar. Sea como sea, las experiencias son generadoras de toda clase de cuestionamientos y dudas, y éstas, a su vez, son la fuente de la búsqueda y del encuentro. El encuentro es liberador y gratificante y, más aún, es la solución… la respuesta.

A lo largo de mis 20 años de carrera profesional como psicoterapeuta he atendido a toda clase de personas que pasan por innumerables tipos de experiencias, las cuales las llevan a la mencionada búsqueda y encuentro. Su búsqueda toma muchas formas; una de ellas es la necesidad de responder a las preguntas que en cualquier nivel de su Ser se plantean, referentes a un sinnúmero de asuntos de la vida. Si bien sería imposible enumerarlas todas, en este libro menciono y respondo a las que en mi opinión son las que comúnmente, y a la mayoría, nos inquietan.

Estas 90 respuestas no pretenden ser las únicas ni tampoco las mejores. Mi propuesta ante cada una de las preguntas que conforman esta obra no es LA RESPUESTA; es un aporte de información, una perspectiva, una posibilidad que puede resultarte útil a ti, lector, y motivarte para iniciar tu propia y —por qué no— más profunda búsqueda… si así lo deseas.

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¿Por qué muchos hombres
se evaden ante los
problemas?

Con mucha frecuencia, las mujeres nos sentimos lastimadas y enojadas cuando ante los problemas familiares nuestro hombre parece desinteresado y evasivo. “¿Será que no le importa?…”, nos cuestionamos.

Ayer escuché la breve conversación de dos mujeres mientras hacía fila en el banco: una le comentaba a la otra que “el problema” con su hija seguía igual.

—¿Y qué dice tu marido acerca de eso?

—Ya ni siquiera le cuento nada… De todas maneras no le importa; es como si hablara con la pared. No tiene caso gastar mi tiempo y mi saliva… —respondió la mujer con un tono de voz cargado de frustración. Se quedó en silencio unos segundos y luego, con más frustración todavía, añadió—: ¡Te juro que es como hablar con un sordo, ciego y mudo!…

—¡Ufff!… ¡Ya sé lo que es eso! —contestó la amiga… y acto seguido, mejor cambiaron de tema.

En mi práctica profesional he trabajado con cientos de mujeres en psicoterapia, cursos y talleres, y con gran frecuencia he escuchado comentarios como ésos, llenos de frustración, impotencia, coraje y dolor. Esa conversación de las mujeres en el banco bien podría haber sido sostenida por cualquier otro par de amigas.

Éstas son algunas de las muchas quejas que he escuchado:

Mi hijo en el hospital y mi esposo se fue de viaje de negocios.

El día de mi cirugía trabajó más horas de lo normal en lugar de no haber ido a trabajar.

Cuando le estaba platicando a mi esposo que nuestra hija tenía bulimia, me interrumpió diciendo que ya se le había hecho muy tarde y se tenía que ir… ¡y se fue!

Nuestra bebé en terapia intensiva y él buscando pretextos para salirse del hospital: al banco, a ponerle gasolina al coche, a comprar el periódico, a buscar algo de comer.

Siempre que toco el tema de un problema con nuestros hijos, sin importar la hora que sea, se queda dormido.

¿Es cierto que generalmente los hombres tienden a evadirse ante ciertos problemas familiares, o es sólo una falsa acusación inventada por feministas resentidas? La respuesta es: sí, muchos hombres tienden a evadirse ante los problemas que conllevan fuertes cargas emocionales. Si bien es cierto que esto puede suceder también a las mujeres y que no necesariamente TODOS los hombres reaccionan así, es un hecho que con gran frecuencia encontramos en el género masculino.

Casi siempre, las mujeres interpretamos estas reacciones de nuestro hombre como falta de amor, de interés y de apoyo; pero créeme, no tienen nada que ver con eso.

¿Y por qué lo hacen entonces?

Resulta que en casi todas las culturas, desde que los hombres son pequeños se les prohíbe expresar o, peor aún, siquiera experimentar sentimientos de miedo, dolor, impotencia y preocupación. De los hombres se espera que SIEMPRE puedan, que SIEMPRE sepan, que SIEMPRE sean fuertes, y esto les hace extremadamente difícil entrar en contacto con los sentimientos antes mencionados, así como aceptar el hecho real de que a veces no pueden y a veces no saben.

En nuestra cultura, las mujeres tenemos permiso de llorar, de hacer drama, de no poder, de no saber, de mostrar nuestra debilidad; pero los hombres no. Entonces, cuando experimentan sentimientos de miedo, preocupación, dolor e impotencia en un alto grado, su inconsciente dispara ese mecanismo de evasión para poder soportarlos; para “sobrevivir” emocionalmente.

Así también, en parte por naturaleza y en parte por cultura, los hombres son “solucionadores de problemas”, y cuando no está en sus manos resolver alguno, sienten altos niveles de impotencia, angustia y frustración.

No se trata entonces de que no nos amen y que no les importemos. ¡Al contrario! Nos aman tanto, les importamos tanto, están tan preocupados, que sus sentimientos los rebasan y se evaden, simplemente porque les es muy difícil manejarlos. No significa que sean débiles o inadecuados; es sólo que, al no permitírseles sentirse así, no aprenden a lidiar con eso. Y vale la pena que recordemos que las mujeres, las madres, somos en parte las que los educamos y contribuimos a ello.

Es importante que las mujeres entendamos esto, pero no para adoptar una actitud maternal de “¡pobrecitos!”, y justificar o permitir esa conducta de nuestro hombre, sino para que al comprender lo que hay detrás de la misma, dejemos de malinterpretarla como falta de amor y de interés, agregando así más dolor a la ya de por sí difícil situación por la que estemos pasando. No te digo que no le pidas ayuda o que no lo “empujes” a reaccionar y ponerse las pilas, sino que —independientemente de las medidas que decidas tomar— comprendas el porqué de esa actitud.

Así, pues, ojalá que la próxima vez que tu hombre presente una de esas reacciones evasivas seas capaz de ver “más allá” para que puedas percibir el interés, la preocupación

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