Loading...

ABRAZAR EL éXITO

Adriana Macías  

0


Fragmento

UNA RESPUESTA PARA SIEMPRE

Con frecuencia la gente me pregunta: “Adriana, ¿alguna vez te ha deprimido tu discapacidad?” Y casi siempre les respondo lo que ahora voy a compartir…

Cuando tuve conciencia de mi discapacidad, y de lo que implicaba ser profesionista, mujer, pareja, y mamá con discapacidad, ¡en verdad me aterroricé! Pensé que no podría lograr nada, que siempre dependería de mis padres, que mi única realidad se limitaría a vivir de los sueños de los demás.

Durante varias semanas, no hubo un día sin que me asediaran preguntas cargadas de exigencias que me lastimaban todavía más: ¿Por qué yo?, ¿por qué me faltan los brazos?, ¿qué ocasionó mi discapacidad?, ¿algún día seré capaz de superarla para darle más importancia a lo que dicen que realmente vale? Para mí no había respuestas. Sentí que mis papás eran los únicos que podrían dármelas pero, ¿cómo preguntar sin herirlos? Me faltaba valor. Ellos me habían regalado una niñez hermosa, espléndida, y mi mayor temor era demostrarles lo contrario. Más de un día me la pasé encerrada en casa tratando de ordenar mi vida, pero con el paso de las horas mis esfuerzos resultaban vanos. Acepté que sola no limpiaría esas telarañas, quise hallar las palabras correctas para acercarme a mis papás, sin embargo, encontré el sentimiento correcto: la sinceridad.

Una mañana le caí como paracaidista a mi mamá en la cama. Sin pensar en nada más que aclarar mis dudas, le pregunté sin titubear: “Mami, ¿por qué soy así?” Se me quedó mirando desconcertada, y a su vez me preguntó: “¿Cómo así?”; “pues así, sin brazos, mamá.” Con mucha paciencia me fue explicando que cuando nací, la tecnología de la época no estaba tan desarrollada como para atender con éxito un caso como el mío; que había muy poca información al respecto y que por lo mismo ningún doctor tenía los elementos para dar cuenta de mi discapacidad. “Sí, pero, ¿qué pasó? ¿Cómo reaccionaron ustedes cuando se enteraron? ¿Cómo les dijeron los doctores que yo había nacido sin brazos?” Mi mamá respiró profundamente y empezó a contarme la historia:

El día que naciste fue el primer día de trabajo de tu papá en Telmex, le pedí que por ningún motivo faltara, pues iba a conocer a su jefe; además, allí nadie estaba al tanto de que sería papá. Tus abuelos estarían al pendiente de mí y de ti. Pronto llegamos al hospital y cuando por fin naciste, los doctores me dijeron: “Su bebé tiene un problema.” “¿Cuál es el problema?” Sin decir palabra, los doctores te levantaron y te vi por primera vez. Me sentí muy mal, muy preocupada. De inmediato corrieron por mi mente todas las esperanzas y los sueños que una madre tiene para sus hijos. Al verte tan indefensa ante el mundo, pensé que no serías feliz, creí que sin tus brazos nunca podrías hacer nada y que todas las oportunidades que se te presentaran serían para ti sólo deseos inalcanzables, y eso me dolió mucho. Fue como una catarata de sentimientos encontrados: estaba feliz de tenerte, pero

Recibe antes que nadie historias como ésta