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BESOS ROJOS (CHASING RED 2)

Isabelle Ronin  

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Fragmento

1

Veronica

Volvimos a la playa. Estaba desierta, como si llevase todo el día esperándonos a nosotros.

Como si hubiese aguardado ese momento.

Estábamos tumbados en la arena, sobre la misma manta que Caleb había llevado cuando fuimos allí por primera vez. Me daba la sensación de que había pasado mucho tiempo. En aquel entonces, él me habría cogido de la mano y habría entrelazado sus dedos con los míos.

Pero esta vez no.

Lo miré. Tenía los ojos cerrados. La brisa hizo que un mechón de su pelo color bronce le cayera sobre la frente, y quise apartárselo desesperadamente, tal como solía hacer.

—Te echo de menos, Caleb.

No me contestó. Seguía con los ojos cerrados, pero supe que me había oído, porque su pecho se quedó levantado durante unos segundos más de la cuenta al respirar.

Le había hecho mucho daño, y probablemente seguía enfadado conmigo. Aunque debía de odiarme, lo cierto era que yo prefería su odio a su indiferencia.

Necesitaba explicarme, necesitaba expresar qué sentía de verdad. Respiré hondo, aunando todo el coraje que tenía.

—Durante toda mi vida, he tenido que trabajar muy duro para conseguir mis objetivos, y llegar a donde quería estar, donde necesitaba estar. He tenido que ser fuerte, más fuerte que la mayoría de la gente. No me quedaba otro remedio. Y me aislé, me cerré en banda. ¿Qué otra cosa podía hacer?

Levanté la vista hacia el cielo oscuro y aterciopelado, cubierto de estrellas y una luna creciente que brillaban como diamantes. Era una imagen tan bella, tan tranquila, acompañada con el chapoteo de las olas... Pero en mi interior se estaba formando una tormenta.

—La gente es egoísta —continué—. Siempre quiere algo de ti, y cuando lo consigue, se marcha. Así que nunca me abría a nadie. Pero entonces... te conocí a ti. Tú lograste que volviese a sentir. Hiciste que deseara cosas que nunca antes me había permitido desear. Y eso me asustó, me asustó muchísimo. Así que no confié en ti, no me lo permití. Cada vez que me sentía tentada de confiar en ti, que sentía que podía hacerlo, me alejaba.

—¿Por qué? —preguntó en voz baja y grave.

—Porque... porque desear lo imposible es doloroso. ¿Cómo alguien como tú va a querer conocer a alguien como yo? Lo único que puedo ofrecerte es un corazón roto y una maleta llena de historias tristes. He levantado unos muros tan altos como imposibles, y no dejo que nadie los derrumbe. No dejo entrar a nadie. Pero contigo... Sentí tu calor colándose entre las grietas. ¿Cómo es posible que sepas dónde encontrarme? —Me interrumpí, con la voz rota—. Nadie lo había conseguido nunca, Caleb. Nadie se había quedado el tiempo suficiente para intentarlo siquiera... —Una lágrima se deslizó por mi mejilla—. Hasta que llegaste tú.

Me incorporé un poco, me llevé las piernas hacia el pecho y enterré la cara entre los brazos. Sentí que se movía para acercarse más a mí.

—Me costaba creer que lo que sentías por mí era verdadero. Estaba asustada. No hacía más que esperar a que me decepcionases, tal como me ha pasado siempre con todo el mundo. Y creo que... que... que, de algún modo, dentro de mí hay algo que está roto. Que me falta algo. Que yo no soy suficiente para hacer que te quedes conmigo, que algún día te aburrirás de mí y me dejarás —sollocé—. Mi padre siempre me decía que todo era por mi culpa, que yo tenía la culpa de todo lo malo que pasaba. —Tragué saliva. No quería hablar de él. Ni siquiera sabía por qué lo había mencionado.

—Ojalá lo tuviera aquí delante para devolverle el daño que te hizo...

Pude oír la ira en su voz. Hizo una pausa durante un instante, y lo oí respirar de forma lenta y acompasada para intentar tranquilizarse. Cuando volvió a hablar, su voz se había suavizado.

—Red... —susurró—, ¿tienes idea de cómo me sentí cuando me dejaste?

Levanté la vista y lo miré a los ojos. Estaban llenos de emoción; me miraban con intensidad, y me sentí desbordada por una oleada de ternura.

—Me sentí destruido. Me destruiste. Siento rabia, pero cada vez que te veo esa rabia se evapora. Y también siento dolor. Pero ¿qué es el amor sin dolor? Porque, Red, cada vez que me rompes, vuelves a reconstruir los pedazos. Y el resultado siempre es mejor; siempre soy mejor que antes. Así que... —tomó mi cara entre sus manos y me acarició la mejilla con el pulgar— destrúyeme.

Se me escapó un sollozo, y me mordí el labio para detener los que venían detrás. Cuando abrió los brazos, me lancé a ellos y las lágrimas empezaron a fluir libremente. Me acercó más a él hasta que quedé sentada en su regazo, con los brazos alrededor de su cuerpo y las piernas enrolladas en su cintura. Sus brazos me estrechaban con tanta fuerza que apenas podía respirar.

—Perdóname por haberte hecho daño. No sentía ninguna de aquellas cosas horribles que te dije. Solo las dije para protegerme; fui una egoísta y una cobarde. Tenía miedo de que me hicieses daño, pero me lo hice yo sola, haciéndotelo a ti, y a nosotros. No confié en ti lo suficiente —sollocé, mientras mis lágrimas le empapaban la camiseta—. Lo siento mucho, Caleb.

—No pasa nada, Red. Si pudiese cambiar lo que sucedió aquella noche, nunca te habría dejado sola en mi apartamento. Siento mucho haberlo hecho.

—Solo te estabas comportando como un buen amigo, y ella...

—Calla. Quiero explicártelo.

Exhalé un suspiro y lo abracé con más fuerza. Sentí que él tomaba aire mientras me acariciaba la espalda para consolarme, y también para consolarse él.

—Ya te he contado qué pasó aquella noche, pero dejé que te marcharas antes de contártelo todo. Ahí fue donde te fallé, y lo siento. Aquella noche me quedé dormido, y en mis sueños te estaba besando a ti, pero entonces me desperté y... —Hizo una pausa. Sentí que todo su cuerpo se tensaba—. Beatrice estaba encima de mí y se había quitado la camiseta.

Cogí aire de golpe.

—Me la quité de encima. Para mí, ella era solo una amiga. Yo solo te deseo a ti, Red.

Me dio un beso en el pelo y descansé la mejilla sobre su hombro, instándolo en silencio a que continuase.

—Entonces me fui y volví a casa contigo. La confianza es muy importante para mí —dijo—. Mis padres no confiaban el uno en el otro, al menos no lo suficiente para que su relación fuese duradera. No quería que a nosotros nos pasara lo mismo. Así que, cuando te pregunté si confiabas en mí, tu respuesta para mí era muy importante. Y, sin embargo, tú me dijiste que no.

—Caleb...

—Chist. Escúchame, nena. —Esperó a que me relajase antes de continuar—. Me dejé llevar por el dolor y el orgullo. He malgastado muchísimo tiempo, jamás debí marcharme. Pero quería que luchases por mí, así que esperé. No sabes cuántas veces he deseado desesperadamente suplicarte que volvieses conmigo. Pensé que me volvería loco. Pero quería... quería que te dieses cuenta de lo que significo para ti. Ya no quiero solo los retazos. Lo quiero todo. Es imposible que no te hayas dado cuenta, imposible. Eres la persona más importante que hay en mi vida; tienes que saberlo. Mírame —me rogó—. Cuando me dejaste... Nunca me había sentido tan vacío, ni tan perdido. Me sentí como si hubieses cortado un pedazo de mi corazón y te lo hubieses llevado. Te echo tanto de menos que me duele al respirar. Echo de menos todo de ti: el calor de tu cuerpo pegado al mío,

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