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CON LA LUNA DE TESTIGO

Ana María Lomelí  

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Fragmento

ÍNDICE

Portadilla

Índice

Dedicatoria

Introducción

Maty

La Roca, Barcelona

El hombre casi perfecto

Haití, caos y vida

Vanesa, Oriol y

Ciudad de México-Puerto Príncipe.

En el hoyo

Tamara, Oriol y Vanesa, Barcelona

La vida después de otra vida

Epílogo

Créditos

Grupo Santillana

A Elik, por su amor a prueba de todo.
A Etush, Itzik y Taly,
por su inquebrantable comprensión.
A los cuatro, por deslumbrar
mi corazón y hacerme un mejor ser humano.

AGRADECIMIENTOS:

A cada uno de ustedes, protagonistas de la historia que construyo momento a momento.

Gracias por ser parte de los días con sol y sobre todo por llenar de luz los espacios nublados.

Gracias primordialmente a TvAzteca y a Círculo Editorial Azteca por compartir esta aventura y darme los elementos para vivirla.

Muy en especial a un héroe anónimo de este episodio de mi vida, mi querido jefe, José Ignacio Suárez, director general de Azteca Noticias y Deportes.

Nacho, tu fe en mí ha sido cardinal en mi desempeño profesional.

INTRODUCCIÓN

Las letras han estado presentes en mi vida. Prudentes y pacientes, excelentes compañeras, vuelvo a ellas cuando más las necesito.

Las palabras son capaces de explicarlo todo. ¿Qué sería del amor o el odio, la pasión, la vida o el cosmos si no pudiéramos nombrarles?

Un día, no hace mucho, me costó trabajo ponerme de pie. Estaba abatida. La tristeza me había nublado el corazón y también el juicio. Casi sin pensarlo, comencé a escribir para consolar mi alma.

Así surgió este libro. Fue una terapia, un antídoto contra la devastación de la que fui testigo.

Escribo porque hay situaciones que nos desgarran y yo experimenté una de ellas. Escribo para buscarme, para entender el mundo, escribo por necesidad, sobre todo, para no olvidar.

Maty Vélez.

CAPÍTULO I

MATY

Sobre un futón a ras de suelo, Maty despertó aquella mañana y permaneció por largos minutos deslumbrada. La claridad del día se filtraba sin que una sola cortina la contuviera. Observó detenidamente aquel lugar, “decorado” con cojines desperdigados sobre el piso de duela y un par de mesas bajas. Contempló también varias plantas de sombra y un librero repleto de libros y revistas. El único detalle familiar era un cuadro de corcho adherido a una pared, lleno de fotografías de una familia perfecta. Los protagonistas eran una niña, una joven y Maty junto a un hombre guapo y elegante, acaso unos años mayor que ella. La estancia del departamento daba hacia una terraza con varias macetas en las que crecían tomates. A un lado, un telescopio apuntaba hacia los edificios vecinos. En esta nueva casa no abundaban los muebles, todo parecía improvisado, aunque era un sitio agradable gracias a la luz que se colaba por todas partes y a las copas de los árboles que se asomaban aquí y allá. Maty miraba hacia la calle a través de los grandes ventanales y a veces se le perdía la mirada en algún punto. En ese espacio, se sentía como una adolescente sin la presencia entrometida de sus padres. Es decir, libre, por lo menos, a ratos.

De reojo, entre las sábanas, Maty miró su reloj, lo único que llevaba puesto en su cuerpo desnudo junto con la alianza matrimonial. Se levantó dispuesta a iniciar su jornada de trabajo. Al recorrer la distancia hasta el baño

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