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¿DóNDE ESTáS, BERNADETTE?

Maria Semple  

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Fragmento

LUNES, 15 DE NOVIEMBRE

La escuela Galer Street es un lugar donde la compasión, los estudios y la conectitud global se aúnan para formar ciudadanos con valores cívicos en un planeta diverso y sostenible.

Alumno/a: Bee Branch

Curso: Octavo

Profesor/a: Levy

LEYENDA

SSupera la Excelencia

AAlcanza la Excelencia

PProgresa hacia la Excelencia

Geometría

S

Biología

S

Religión en el mundo

S

Mundo moderno

S

Creación literaria

S

Cerámica

S

Lengua

S

Recibe antes que nadie historias como ésta

Movimiento expresivo

S

COMENTARIOS: Bee es una auténtica delicia. Su pasión por aprender resulta contagiosa, al igual que su bondad y su humor. No le da miedo hacer preguntas. Siempre se propone entender a fondo un tema determinado, no solo sacar buena nota. Los otros alumnos le piden ayuda con sus estudios, y ella siempre responde solícita con una sonrisa. Bee demuestra tener una extraordinaria capacidad de concentración cuando trabaja sola; en grupo, se revela como una líder tranquila y segura de sí misma. Cabe destacar que Bee sigue siendo una flautista de gran talento. Aún no ha pasado más que un trimestre del curso, pero pienso ya con tristeza en el día en que Bee termine sus estudios en Galer Street y salga al mundo. Tengo entendido que ha presentado su solicitud de ingreso en varios internados de la Costa Este. Envidio a los profesores que tengan la oportunidad de conocer a una joven como ella, y de descubrir por sí mismos lo encantadora que es.

* * *

Aquella noche, durante la cena, me dediqué a escuchar a mamá y papá, con sus «Qué orgullosos estamos de ti» y «Hay que ver qué lista es», hasta que se produjo una pausa.

–Ya sabéis lo que significa –dije–. Implica algo grande.

Mamá y papá cruzaron una mirada interrogante con el ceño fruncido.

–¿No os acordáis? –pregunté–. Cuando entré en Galer Street me dijisteis que si sacaba unas notas impecables de principio a fin, me regalaríais lo que quisiera cuando me graduara.

–Claro que me acuerdo –respondió mamá–. Lo dijimos para que dejaras de insistir con lo del poni.

–Eso era lo que quería de niña –repuse–. Pero ahora quiero otra cosa. ¿No tenéis curiosidad por saber qué es?

–No estoy seguro –dijo papá–. ¿Queremos saberlo?

–¡Un viaje en familia a la Antártida! –Saqué el folleto sobre el que llevaba sentada toda la cena. Era de una agencia de viajes de aventuras que ofrecía cruceros a destinos exóticos. Lo abrí por la página de la Antártida y lo puse encima de la mesa–. Si vamos, tiene que ser para Navidad.

–¿Para esta Navidad? –dijo mamá–. ¿Dentro de poco más de un mes?

Se levantó y comenzó a meter los envases vacíos de comida preparada en las bolsas donde la habían traído.

Papá estaba enfrascado ya en la lectura del folleto.

–Allí es verano –dijo–. Es el único momento del año en que se puede ir.

–Con lo monos que son los ponis. –Mamá hizo un nudo con las asas.

–¿Qué dices? –Papá alzó la vista hacia mamá.

–¿Es que no te va mal por el trabajo? –le preguntó ella.

–En clase estamos estudiando la Antártida –expliqué–. He leído los diarios de todos los exploradores, y mi presentación irá sobre Shackleton. –Comencé a removerme en la silla–. No puedo creer que ninguno de los dos haya dicho que no.

–Yo esperaba que lo dijeras tú –le comentó papá a mamá–. No te gusta nada viajar…

–Y yo que lo dijeras tú –le contestó mamá–. Tienes que trabajar…

–¡Qué fuerte! ¡Eso es un sí! –exclamé, dando un respingo en el asiento–. ¡Eso es un sí!

Mi alegría era tan contagiosa que Helado se despertó y comenzó a ladrar y dar vueltas triunfales alrededor de la mesa de la cocina.

–¿Eso es un sí? –le preguntó papá a mamá, alzando la voz por encima del ruido que hicieron los envases de plástico al ser embutidos en la basura.

–Eso es un sí –respondió mamá.

* * *

MARTES, 16 DE NOVIEMBRE

De: Bernadette Fox

Para: Manjula Kapoor

Manjula:

Ha surgido un imprevisto y me vendría genial que pudieras hacer horas extra. Para mí, este período de prueba ha sido una salvación. Espero que resulte conveniente para ti también. En tal caso, dímelo lo antes posible porque necesito que hagas valer tu magia india para un proyecto ingente.

Está bien, voy a dejarme de rodeos.

Como sabes, tengo una hija, Bee. (Es para ella para quien pides los medicamentos y libras valientes batallas con la compañía de seguros.) Por lo visto, mi marido y yo le prometimos que le regalaríamos lo que quisiera si conseguía acabar el colegio con sobresaliente en todo. Pues resulta que lo ha logrado, o debería decir más bien que ha «superado la excelencia», ya que Galer Street es una de esas escuelas liberales en las que piensan que las notas debilitan la autoestima (espero que no tengáis centros como estos en la India), y ¿sabes qué quiere Bee? ¡Un viaje en familia a la Antártida!

Entre las miles de razones por las que no quiero ir a la Antártida, la principal es que me veré obligada a salir de casa, algo que no me gusta mucho, como habrás supuesto ya a estas alturas. Pero no puedo discutir con Bee. Es una buena chica, y tiene más carácter que Elgie, yo y diez más juntos. Además, quiere ir a estudiar a un internado en otoño, lo que conseguirá sin problemas después de sacar tantos sobresalientes. ¡Ay! De superar la excelencia en todo, quería decir. Así que sería de muy mal gusto negarle a Buzzy lo que pide.

La única forma de llegar a la Antártida es en transatlántico. Hasta el más pequeño lleva a bordo ciento cincuenta pasajeros, lo que significa que me veré atrapada con ciento cuarenta y nueve personas más que no harán más que incordiarme con su mala educación, sus preguntas inútiles y estúpidas, sus quejas incesantes, sus repulsivos pedidos de comida, sus charlas aburridas, etcétera. O lo que sería aún peor, que sientan curiosidad por mí y esperen a cambio un trato cortés por mi parte. Solo de pensarlo me da un ataque de ansiedad. Un poco de fobia social no hace daño a nadie, ¿no?

Si te paso la información, ¿podrías encargarte del papeleo, los visados, los billetes de avión y todo lo necesario para que vayamos los tres de Seattle al continente blanco? ¿Tienes tiempo para hacerlo?

Dime que sí,

Bernadette

¡Ah! Para pagar los billetes de avión, el viaje y todo lo demás, ya tienes los datos de la tarjeta de crédito. En cuanto a tu sueldo, me gustaría que te lo cobraras directamente de mi cuenta personal. Cuando Elgie vio el cargo en la Visa por tu trabajo el mes pasado –aunque no fuera mucho dinero–, no le hizo ninguna gracia que hubiera contratado a una ayudante virtual de la India. Le dije que no volvería a recurrir a tus servicios. Así que, si podemos, Manjula, será mejor que mantengamos nuestro romance en secreto.

* * *

De: Manjula Kapoor

Para: Bernadette Fox

Querida señora Fox:

Sería una placer ayudarla con los preparativos para su viaje familiar a la Antártida. Le adjunto el contrato para pasar a un régimen de jornada completa. Tenga la amabilidad de incluir donde se indica el número de ruta del banco. Espero que nuestra colaboración no se vea interrumpida.

Un cordial saludo,

Manjula

* * *

Factura del Servicio Internacional de Ayudantes Virtuales de Delhi

Número de factura: BFB39382

Asociado/a: Manjula Kapoor

40 horas semanales a 0,75 dólares

(estadounidenses) por hora

TOTAL30,00 $

El pago completo deberá efectuarse al recibir la factura

MIÉRCOLES, 17 DE NOVIEMBRE

Carta de Ollie Ordway («Ollie-O»)

CONFIDENCIAL:

PARA LA ASOCIACIÓN DE PADRES DE LA ESCUELA GALER STREET

Apreciados padres:

Fue estupendo conoceros la semana pasada. Me hace mucha ilusión que se me haya contratado como asesor de la fantástica escuela Galer Street. La directora del centro, la señora Goodyear, me aseguró que erais una Asociación de padres motivados, y no me habéis decepcionado.

Hablemos claro: dentro de tres años se os acaba el contrato de arrendamiento en la actual ubicación del colegio. Nuestro objetivo consiste en lanzar una campaña por todo lo alto para que podáis adquirir un recinto más grande y apropiado. Para aquellos que no pudisteis asistir a la reunión, detallo a continuación los pormenores de la misma:

He organizado un encuentro informal con veinticinco padres de la zona de Seattle que cuentan con una renta anual de doscientos mil dólares y cuyos hijos están en edad de entrar al parvulario. El resumen es que Galer Street está considerada una escuela de segunda categoría, la alternativa que les queda a aquellos que no consiguen plaza en el centro que eligen como primera opción.

Nuestro objetivo es que Galer Street suba de nivel y llegue a estar dentro del Grupo de Primera Opción (GPO) para la élite de Seattle. ¿Cómo vamos a lograrlo? ¿Cuál es la fórmula mágica?

Según la declaración de principios de vuestra escuela, Galer Street se basa en la «conectitud» global. (¡Vosotros no solo os salís de los esquemas, sino también del diccionario!) Habéis recibido una impresionante cobertura de los grandes medios por las vacas que comprasteis para los guatemaltecos y las cocinas solares que enviasteis a los aldeanos africanos. Y si bien recaudar pequeñas sumas de dinero para gente que ni siquiera conocéis es encomiable, tenéis que empezar a recaudar grandes sumas de dinero para el colegio privado de vuestros propios hijos. Para ello, debéis emanciparos de lo que yo llamo mentalidad de Padres Subaru y comenzar a pensar más como Padres Mercedes. ¿Cómo piensan los Padres Mercedes? A continuación, expongo las conclusiones de mi investigación:

1. La elección de los colegios privados se basa tanto en el miedo como en la ambición. Los Padres Mercedes temen que sus hijos no reciban «la mejor educación posible», lo que no tiene nada que ver con la educación propiamente dicha y sí todo que ver con cuántos Padres Mercedes más hay en una escuela determinada.

2. Cuando apuntan a sus hijos al parvulario, los Padres Mercedes tienen la mira puesta en el premio. Y ese premio es la escuela de Lakeside, alma mater de Bill Gates, Paul Allen et al. Lakeside se considera la escuela nodriza por antonomasia de la Ivy League. Hablando en plata: la primera parada de este tren desbocado es el Cruce del Parvulario, y nadie se baja hasta que llega a la Estación de Harvard.

La señora Goodyear me enseñó el recinto donde se encuentra actualmente vuestra escuela, en el polígono industrial. Por lo visto, a los Padres Subaru no les importa llevar a sus hijos a un colegio situado junto a un distribuidor de marisco al por mayor. Os aseguro que a los Padres Mercedes sí que les importa.

Todo apunta a la necesidad de recaudar dinero para adquirir un nuevo recinto. La mejor manera de lograrlo es llenar el futuro parvulario con hijos de Padres Mercedes.

Echad mano de los crampones porque nos espera una dura escalada. Pero no temáis, que aquí vengo yo al rescate. Partiendo de vuestro presupuesto, he concebido un plan de acción sobre dos flancos.

La primera medida de acción consiste en rediseñar el logo de Galer Street. Por mucho que me gusten las ilustraciones hechas con huellas de mano pintadas de colores, hay que buscar una imagen que plasme mejor la idea del éxito. Un escudo de armas dividido en cuatro, donde se vea representada la Space Needle, una calculadora, un lago (como en el logo de Lakeside) y algo más, como una pelota, quizá. Solo lanzo ideas; no hay nada decidido en firme.

La segunda medida de acción consiste en organizar un Almuerzo para Futuros Padres (AFP), con el propósito de que asista básicamente la élite de Seattle, o los Padres Mercedes, como me gusta llamarlos a mí. Audrey Griffin, una de las madres de Galer Street, ha tenido la generosidad de ofrecer su preciosa casa para celebrar dicho encuentro. (Es mejor que los futuros padres no vean la industria pesquera que hay al lado de la escuela.)

Os adjunto una hoja de cálculo donde figuran los Padres Mercedes de Seattle. Es imprescindible que reviséis bien dicha lista y me digáis a quién podéis traer al AFP. Nos interesa atraer al mayor número de asistentes posible, para que luego estos arrastren a otros Padres Mercedes. Cuando se vean todos juntos, se disiparán sus temores ante la visión de Galer Street como una escuela de segunda categoría y lloverán las solicitudes.

Mientras tanto, aquí un servidor se encargará de la invitación. Pasadme los nombres lo antes posible. Tenemos que hacer ese almuerzo en casa de los Griffin antes de Navidad. La fecha que tengo en mente es el sábado 11 de diciembre. Esta aventurilla tiene todos los ingredientes para convertirse en una hazaña que cambiará las reglas del juego.

Saludos,

Ollie-O

* * *

Nota de Audrey Griffin a un especialista en el control de zarzas

Tom:

Resulta que estaba en el jardín, podando las plantas perennes y plantando otras de las que dan flor en invierno para que haya un poco de colorido ahí fuera, en vista de que vamos a celebrar un almuerzo para padres el próximo 11 de diciembre. Total, que cuando he ido a remover el compost, me he visto atacada por unas zarzas.

Me sorprende ver que han vuelto a invadir no solo la pila del compost, sino también los arriates donde tengo matas de hortalizas ya crecidas, el invernadero e incluso el cubo de los gusanos. Comprenderás mi frustración, sobre todo teniendo en cuenta que hace tres semanas me cobraste una pequeña fortuna por eliminarlas. (Puede que 235 dólares no sea mucho dinero para ti, pero para nosotros sí lo es.)

En tu folleto publicitario garantizabas la eficacia de tu trabajo. Así que te pido que pases por casa antes del 11 para quitar todas las zarzas, de una vez por todas.

Gracias, y ya cogerás unas cuantas acelgas.

Audrey

* * *

Nota de Tom, el especialista en el control de zarzas

Audrey:

Yo quité como era debido las zarzas de tu propiedad. Las zarzas de las que hablas son de la casa que hay en lo alto de la colina. Son las zarzas de tu vecino las que se cuelan por debajo de tu valla e invaden tu jardín.

Para frenarlas, podríamos cavar una zanja en los límites de tu finca y rellenarla con una barrera de hormigón, pero debería ser de un metro y medio de profundidad, y eso saldría caro. También puedes mantenerlas a raya con un herbicida, lo que no creo que te convenza por los gusanos y las hortalizas.

En realidad, es el vecino que vive en lo alto de la colina quien tiene que acabar con ellas. Nunca he visto tantas zarzas creciendo a sus anchas en la ciudad de Seattle, y menos en la colina de Queen Anne, al precio que están las viviendas por ahí. En la isla de Vashon vi una casa con los cimientos enteros agrietados por arbustos como esos.

Dado que la maleza del vecino se encuentra en una ladera empinada, necesitarán una máquina especial. La mejor es la CXJ, una desbrozadora de monte con brazo lateral. Yo no la tengo.

Otra opción, mejor en mi opinión, es recurrir a unos cerdos grandes. Si alquilas un par, verás cómo en cuestión de una semana te arrancan de raíz esas zarzas y más aún. Además, son una monada.

¿Quieres que hable con tu vecino? Puedo ir a hacerle una visita, aunque parece que allí no vive nadie.

Ya me dirás algo.

Tom

* * *

De: Soo-Lin Lee-Segal

Para: Audrey Griffin

Audrey:

Como ya te conté, ahora voy al trabajo en el autobús de la empresa. Pues adivina a quién me he encontrado allí esta mañana. A Elgin Branch, el marido de Bernadette. (Yo tengo mis motivos para ahorrarme un dinero cogiendo el Connector de Microsoft, pero ¿Elgin Branch?) Al principio no estaba segura de que fuera él, con lo poco que lo vemos por la escuela.

Esto te va a encantar. Resulta que solo quedaba un asiento libre, al lado de Elgin Branch, entre la ventana y él.

–Disculpe –le he dicho yo.

Él estaba aporreando el teclado de su portátil. Y, sin levantar la vista, ha echado las rodillas a un lado. Ya sé que es vicepresidente corporativo del Nivel 80, y yo no soy más que una simple asistente. Pero la mayoría de los caballeros se pondrían de pie para dejar pasar a una mujer. Pues he pasado como he podido y me he sentado.

–Parece que al final va a salir el solecito –le he dicho.

–Eso estaría genial.

–Qué ganas tengo de que llegue el Día de la Celebración Mundial –he comentado. Él parecía un poco asustado, como si no tuviera ni idea de quién era yo–. Soy la madre de Lincoln. De Galer Street.

–¡Claro! –ha dicho–. Me encantaría hablar contigo, pero tengo que enviar este e-mail.

Entonces se ha puesto unos auriculares que llevaba al cuello y ha vuelto a concentrarse en su portátil. Y no te lo pierdas… ¡ni siquiera tenía los auriculares enchufados! ¡Eran de esos que aíslan del ruido! No me ha vuelto a dirigir la palabra en todo el trayecto a Redmond.

Fíjate tú, Audrey, llevamos cinco años pensando que la rara era Bernadette ¡y ahora resulta que su marido es tan maleducado y antisocial como ella! Me ha sentado tan mal que, cuando he llegado al trabajo, he buscado a Bernadette Fox en Google. (Algo que me extraña que no haya hecho antes, ¡teniendo en cuenta nuestra malsana obsesión con ella! Todo el mundo sabe que Elgin Branch es jefe de equipo de Samantha 2 en Microsoft. Pero al buscarla a ella, no ha aparecido nada. La única Bernadette Fox que hay es una arquitecta de California. He probado con todas las combinaciones posibles de su nombre: Bernadette Branch, Bernadette Fox-Branch. Pero nuestra Bernadette, la madre de Bee, no existe en internet, lo cual ya es todo un logro hoy día.

Cambiando de tema, ¿no estás encantada con Ollie-O? Me quedé planchada cuando Microsoft lo despidió el año pasado por reducción de plantilla. Pero si eso no hubiera ocurrido, nunca podríamos haberlo contratado para darle una nueva imagen a nuestra pequeña escuela.

Y, volviendo a Microsoft, SteveB acaba de convocar una asamblea general para el lunes siguiente a Acción de Gracias. Los rumores se han disparado. Mi jefe de proyectos me ha pedido que reserve una sala de reuniones justo para las horas previas a la asamblea, y no sabes lo que me está costando dar con una. Eso solo puede significar una cosa: otra tanda de despidos. (¡Felices vacaciones!) A nuestro jefe de equipo le llegaron voces de que iban a cancelarnos el proyecto, así que buscó entre sus e-mails el correo con el mayor número posible de destinatarios, escribió «Microsoft es un dinosaurio cuyas acciones no van a valer nada» y le dio a responder a todos. En mala hora. Ahora tengo miedo de que vayan a castigar a toda la organización y yo salga mal parada. ¡Eso si no salgo directamente por la puerta! ¿Y si esa sala de reuniones que he reservado es para echarme a la calle a mí?

Ay, Audrey, te ruego que nos tengas presentes a Alexandra, Lincoln y a mí en tus plegarias. No sé qué haría si me despidieran. Aquí las pensiones son «chapadas en oro». Si aún conservo mi empleo después de las vacaciones, pagaré con mucho gusto una parte de lo que cueste el almuerzo para futuros padres.

Soo-Lin

JUEVES, 18 DE NOVIEMBRE

Nota de Audrey Griffin al especialista en el control de zarzas

Tom:

Es normal que pienses que el caserón embrujado de ahí arriba está deshabitado, a juzgar por el aspecto del jardín. Pero no lo está. La hija de los dueños, Bee, va a la clase de Kyle en Galer Street. Me encantaría comentar el tema de las zarzas con su madre cuando vaya a recogerla hoy a la escuela.

¿Cerdos? No. Nada de cerdos. Insisto en lo de las acelgas.

Audrey

* * *

De: Bernadette Fox

Para: Manjula Kapoor

¡¡¡Qué contenta estoy de que hayas dicho que sí!!! Lo he firmado y escaneado todo. En cuanto al viaje a la Antártida, iremos los tres, así que reserva dos habitaciones. Como Elgie tiene un montón de millas acumuladas con American, estaría bien comprar los tres billetes con dicha compañía. Tenemos vacaciones desde el 23 de diciembre hasta el 5 de enero. Si es necesario que Bee pierda unos días de clase, no pasa nada. ¡Y la perra! Tenemos que encontrar algún sitio donde admitan a un chucho de sesenta kilos que siempre anda mojado. Huy, se me hace tarde para ir a recoger a Bee a la escuela. Una vez más, GRACIAS.

VIERNES, 19 DE NOVIEMBRE

Nota de la señora Goodyear enviada a casa

en nuestras carpetas de fin de semana

Apreciados padres:

Se ha corrido la voz del incidente ocurrido ayer a la hora de recogida. Por suerte, nadie resultó herido. Pero nos brinda la oportunidad de pararnos a consultar de nuevo las normas recogidas en el manual de Galer Street. (La cursiva la he añadido yo.)

Sección 2ª. Artículo ii. Hay dos maneras de recoger a los estudiantes.

En coche: Acceder a la entrada de la escuela con el vehículo. Hay que evitar bloquear la zona de carga de la empresa Sound Seafood International.

A pie: estacionar en el aparcamiento norte y recoger a los estudiantes en el camino del canal. En aras de la seguridad y la eficiencia, se ruega a los padres que vayan a pie que no se acerquen a la zona de acceso para vehículos.

Siempre me sirve de estímulo pensar en la fantástica comunidad de padres que tenemos, tan comprometidos unos con otros. Sin embargo, la seguridad de nuestros estudiantes debe ser en todo momento una prioridad absoluta. Así pues, tomémonos lo sucedido a Audrey Griffin como una lección y tengamos presente que la entrada para coches no es el lugar más indicado para pararse a hablar.

Atentamente,

Gwen Goodyear

Directora de la escuela

* * *

Factura del servicio de urgencias que Audrey Griffin

me ha dado para que se la pase a mamá

Nombre del/de la paciente: Audrey Griffin

Médico asistente: C. Cassella

Tarifa de visita a urgencias

900,00

Rayos X (opcional, sin cobertura)

425,83

Tratamiento: Vicodina 10mg

 

(15 comprimidos, sin renovación)

95,70

Alquiler de muletas (opcional, sin cobertura)

173,00

Depósito por muletas

75,00

TOTAL

1.669,53

Notas: tras un reconocimiento visual y neurológico básico, se ha comprobado que la paciente no presentaba lesiones. En un ataque de angustia emocional, ha pedido rayos X, Vicodina y muletas.

* * *

De: Soo-Lin Lee-Segal

Para: Audrey Griffin

¡Me he enterado de que Bernadette ha intentado atropellarte a la salida de la escuela! ¿Estás bien? ¿Quieres que me pase a llevarte la cena? ¿QUÉ HA OCURRIDO?

* * *

De: Audrey Griffin

Para: Soo-Lin Lee-Segal

Así es. Tenía que hablar con Bernadette sobre las zarzas de su propiedad, que se extienden desde lo alto de la colina hasta mi valla y me invaden el jardín. Me he visto obligada a contratar a un especialista, que me ha dicho que las zarzas de Bernadette van a destruir los cimientos de mi casa.

Naturalmente, yo quería tener una charla amistosa con ella. Así que me acerqué a su coche mientras hacía cola para recoger a su hija. Mea culpa! Pero ¿cómo sino puede una cruzar dos palabras con esa mujer? Es como Franklin Delano Roosevelt. Solo se deja ver de cintura para arriba mientras pasa de largo en su coche. Creo que no se ha dignado acompañar a pie a Bee hasta la puerta de la escuela ni una sola vez.

Intenté hablar con ella, pero tenía las ventanillas subidas y fingió no verme. Ni que fuera la primera dama de Francia, con su pañuelo de seda puesto de aquella manera y sus enormes gafas de sol. Le di unos toques en el parabrisas, pero se fue.

¡Pasando por encima de mi pie! Acudí a urgencias y me atendió un médico inepto que se negó a admitir que tenía algo.

En serio, no sé con quién estoy más furiosa, si con Bernadette Fox o con Gwen Goodyear, por referirse personalmente a mí en la carpeta del viernes. ¡Ni que yo hubiera hecho algo malo! ¡Y mencionar mi nombre, y no el de Bernadette! Yo, que creé el Consejo para la Diversidad, que fui la impulsora de «Donuts para papás», que redacté la declaración de principios de Galer Street, por la que esa empresa tan importante de Portland pretendía cobrarnos diez mil dólares.

Puede que a Galer Street ya le vaya bien estar en medio de un polígono industrial. Puede que no le atraiga la estabilidad de contar con un recinto nuevo. Puede que Gwen Goodyear quiera que cancele el Almuerzo para Futuros Padres. Ahora mismo la llamo. No estoy nada contenta.

Está sonando el teléfono. Es ella.

LUNES, 22 DE NOVIEMBRE

Nota de la señora Goodyear enviada a casa

a través del Messenger del lunes

Apreciados padres:

Os escribo para aclarar que era Bernadette Fox, la madre de Bee Branch, quien conducía el vehículo que pasó por encima del pie de la otra madre. Espero que hayáis pasado todos un fin de semana estupendo a pesar de la lluvia.

Atentamente,

Gwen Goodyear

Directora de la escuela

* * *

Si alguien me hubiera preguntado, podría haberles explicado lo que pasó a la salida de la escuela. Tardé un rato en subir al coche porque mamá siempre trae a Helado y la deja sentarse delante. Una vez que se apoltrona ahí, ya no quiere cambiar de sitio. Total, que Helado estaba haciendo lo que siempre hace cuando se empeña en salirse con la suya, que es ponerse totalmente rígida, con la vista clavada al frente.

–¡Mamá! –le dije–. No deberías dejar que se pusiera delante…

–Se acaba de subir.

Mamá tiró de ella cogiéndola del collar mientras yo le empujaba el culo y, después de mucho gruñir, Helado acabó pasando atrás. Pero en lugar de sentarse en el asiento como haría cualquier perro, se quedó en el suelo, metida en el hueco que quedaba detrás del asiento delantero, con esa expresión abatida, como diciendo: «¿Veis lo que me obligáis a hacer?».

–Bah, no seas tan teatrera –le dijo mamá.

Subí al coche y me abroché el cinturón. De repente, vi que Audrey Griffin venía corriendo hacia nosotras, toda tiesa y desacompasada. Se diría que era la primera vez que corría en diez años.

–¡Vaya! –exclamó mamá–. ¿Y ahora qué?

Audrey Griffin, con esa sonrisa de oreja a oreja habitual en ella y una mirada de loca, agitaba un papel en el aire. El pelo cano se le escapaba de la coleta, iba con zuecos y bajo el chaleco de plumas se veían sobresalir los pliegues de los vaqueros que llevaba puestos. Costaba no mirarla.

La señora Flores, encargada de vigilar el tráfico, nos dio la señal para que siguiéramos avanzando, ya que había una cola de coches enorme y el de la empresa de marisco estaba grabando en vídeo el atasco. Audrey nos indicó con un gesto que nos hiciéramos a un lado y paráramos.

Mamá iba con gafas de sol, como siempre; no deja de llevarlas ni cuando llueve.

–Será posible –refunfuñó mamá–, no veo a esa moscardona.

Nos fuimos y punto. Me consta que no pasamos por encima del pie de nadie. A mí me encanta el coche de mamá, pero viajar en esa cosa es como el cuento «La princesa y el guisante». Si mamá hubiera pasado por encima de algo tan grande como un pie humano, los airbags se habrían disparado.

* * *

MARTES, 23 DE NOVIEMBRE

De: Bernadette Fox

Para: Manjula Kapoor

Te adjunto escaneada una factura de urgencias que supongo que debería pagar. Una de las moscardonas de Galer Street asegura que le pasé la rueda del coche por encima del pie a la salida de la escuela. Me tomaría a risa todo el asunto, pero ya me aburre. Por eso las llamo las moscardonas, porque son unas pesadas, pero no tanto como para que quiera malgastar mi valiosa energía en ellas. Esas moscardonas han hecho de todo en estos últimos nueve años para provocarme… ¡La de historias que podría contarte! Ahora que Bee está a punto de terminar el colegio y ya veo la luz al final del túnel, no vale la pena que me pelee con una moscardona. ¿Puedes revisar las pólizas de seguro que tenemos para ver si alguna lo cubre? Pensándolo bien, será mejor pagar la factura y zanjar el tema. A Elgie no le haría ninguna gracia que nos subieran las tarifas por una nimiedad como esta. Él nunca ha entendido mi antipatía hacia las moscardonas.

¡Todo esto del viaje a la Antártida es increíble! Reserva dos habitaciones dobles Clase B. Estoy escaneando los pasaportes, donde encontrarás nuestras fechas de nacimiento, nombres completos y todos esos datos tan necesarios. He incluido los permisos de conducir y los números de la seguridad social por si acaso. En el pasaporte de Bee verás que su nombre legal es Balakrishna Branch. (Digamos que en aquella época estaba muy estresada y me pareció una buena idea llamarla así.) Entiendo que en su billete de avión debe constar como «Bala Krishna», pero en todo lo relacionado con el barco –etiqueta de identificación, lista de pasajeros, etcétera– te ruego que remuevas cielo y tierra para asegurarte de que la divina criatura figura como «Bee».

Veo que hay una lista de equipaje. ¿Por qué no te encargas de comprar todo lo necesario para los tres? Yo tengo una talla mediana de mujer y Elgie una XL de hombre, no porque esté gordo sino porque mide metro noventa, pero no tiene ni un gramo de grasa, por suerte para él. Bee es pequeña para su edad, así que lo mejor es cogerle la ropa que le iría bien a una niña de diez años. Si tienes dudas sobre tallas y estilos, envíanos varias prendas para que nos las probemos, siempre y cuando cualquier devolución no me suponga más esfuerzo que dejar una caja en la puerta de casa para que se la lleve el mensajero de UPS. Asimismo, encárgate de comprar todos los libros recomendados, que Elgie y Bee devorarán y yo me lo propondré.

También me gustaría conseguir un chaleco de pesca, uno de esos repletos de bolsillos con cremallera. Una vez conocí en un avión –te hablo de cuando me lo pasaba bien fuera de casa– a un ecologista que dedicaba la vida a recorrer el planeta, de aquí para allá. Iba con un chaleco de pesca en el que llevaba el pasaporte, el dinero, las gafas y los carretes de fotos… Sí, carretes, fíjate si hace tiempo. La genialidad de semejante prenda es que lo llevas todo en un sitio, es práctica, va con cremallera y además te la puedes quitar rápidamente para dejarla en la cinta de rayos X. Siempre me he dicho: la próxima vez que viaje, me haré con uno de esos chalecos. Pues ha llegado el momento. Mejor compra dos.

Mándalo todo a casa del pastor. ¡Eres la mejor!

* * *

De: Manjula Kapoor

Para: Bernadette Fox

Querida señora Fox:

He recibido sus instrucciones en relación con la lista de equipaje y procederé según lo indicado. ¿A qué se refiere con la casa del pastor? En mis archivos no me consta.

Un cordial saludo,

Manjula

* * *

De: Bernadette Fox

Para: Manjula Kapoor

¿Sabes esa sensación que tienes cuando vas a Ikea y te maravilla lo barato que es todo, y aunque no necesites un centenar de velas de té, acabas picando porque la bolsa entera vale solo noventa y nueve centavos? ¿O los cojines, que seguro que llevan un relleno blando hecho con algo tóxico, pero son tan llamativos y te venden tres por cinco dólares que antes de que te des cuenta te has dejado quinientos pavos, no porque necesitaras ninguna de esas chuminadas, sino porque estaban tiradísimas de precio?

Claro que no sabes a qué me refiero, pero, si lo supieras, entenderías cómo veía yo el panorama inmobiliario en Seattle.

Digamos que vine a vivir aquí por capricho, más o menos. Antes estábamos en Los Ángeles, hasta que el Gran Hermano compró la empresa de animación de Elgie. ¡Huy! ¿He dicho Gran Hermano? Quería decir Microsoft. Por esa misma época a mí me había ocurrido una Cosa Tremendamente Espantosa (sobre lo que no cabe entrar en detalles). Basta con decir que fue tan tremendo y espantoso que me hizo huir para siempre de Los Ángeles.

Aunque Elgie no tenía por qué trasladarse a Seattle, el Gran Hermano se lo recomendó encarecidamente. Yo estaba encantada de que eso me sirviera de excusa para largarme de la ciudad de las estrellas.

La primera vez que vine aquí, a Seattle, el agente inmobiliario vino a recogerme al aeropuerto para ir a mirar casas. Las que visitamos por la mañana eran todas de estilo Craftsman; es lo único que tienen aquí, sin contar con esos edificios de apartamentos que surgen como setas en lugares inexplicables, tapando las vistas, como si el jefe de zonificación se hubiera quedado dormido en su despacho durante los años sesenta y setenta y se hubiera recurrido al modelo de diseño arquitectónico soviético.

Todo lo demás es de estilo Craftsman. Estilo Craftsman de finales del siglo XIX, estilo Craftsman maravillosamente restaurado, reinterpretación del estilo Craftsman, estilo Craftsman necesitado de amor, visión moderna del estilo Craftsman. Es como si un hipnotizador hubiera sumido a toda la población de Seattle en un trance colectivo. «Tenéis mucho sueño; cuando despertéis, querréis vivir en una casa de estilo Craftsman. Os dará igual de qué año sea; lo único importante será que las paredes sean gruesas, las ventanas diminutas, las habitaciones oscuras, los techos bajos y que esté mal situada dentro de la parcela.»

Lo principal de esta abundancia de viviendas de estilo Craftsman era que, en comparación con Los Ángeles, ¡eran tan baratas como los productos de Ikea!

Ryan, el agente inmobiliario, me llevó a comer a un Tom Douglas del centro con sabor mediterráneo. Tom Douglas es un chef de la ciudad que tiene media docena de restaurantes, a cual mejor. Comer en Lola –¡aquella tarta de nata y coco, aquella mantequilla de ajo!– me hizo creer que podría ser feliz montándome la vida en este sumidero pegado a Canadá que llaman la Ciudad Esmeralda. ¡Tú tienes la culpa, Tom Douglas!

Después de comer, cogimos el coche de Ryan para hacer las visitas de la tarde. El centro se hallaba a los pies de una colina abarrotada de, ¿lo adivinas?, casas de estilo Craftsman. En la cima, a la izquierda, divisé un edificio de ladrillo con un jardín enorme que daba a la bahía de Elliott.

–¿Qué es eso? –le pregunté a Ryan.

–Straight Gate –contestó–. Era una escuela católica para niñas rebeldes. Fue construida a finales del siglo XIX.

–¿Y ahora qué es? –quise saber.

–Lleva años cerrada. De vez en cuando alguna promotora intenta convertirla en varios complejos de apartamentos.

–¿Así que está en venta?

–En teoría, iban a transformarla en nada más y nada menos que ocho complejos de apartamentos –explicó Ryan. Entonces los ojos comenzaron a hacerle chiribitas al olerse una posible venta–. La parcela ocupa doce mil metros cuadrados, la mayoría en terreno plano. Además, incluye toda la ladera, en la que no se puede edificar, pero que garantiza la intimidad. Gatehouse, o Casa de la Puerta, como la rebautizaron las promotoras por lo homófobo que sonaba lo de Straight Gate, o Puerta de la Rectitud, tiene una superficie de más de mil cien metros cuadrados y muchísimo encanto. Se ha descuidado un tanto su mantenimiento, pero estamos hablando de la joya de la corona.

–¿Cuánto piden?

Ryan hizo una pausa dramática.

–Cuatrocientos mil.

Observó con satisfacción mi cara de asombro. Las otras casas que habíamos visto valían lo mismo, y estaban en parcelas diminutas.

Resulta que el enorme jardín se había cedido como espacio abierto al público por motivos fiscales, y la Asociación de Vecinos de Queen Anne había declarado Straight Gate monumento histórico, lo que imposibilitaba tocar un solo ladrillo de las paredes exteriores o interiores. De ahí que la escuela para niñas Straight Gate permaneciera estancada en un limbo fruto de la ley del suelo.

–Pero se halla en una zona destinada a residencias unifamiliares –comenté.

–Vamos a echar un vistazo. –Ryan me metió en su coche.

En cuanto a distribución, era fenomenal. El sótano, donde por lo visto encerraban a las niñas, a juzgar por la puerta de mazmorra que se cerraba desde fuera, ...