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EL BESO MáS PEQUEñO

Mathias Malzieu  

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Fragmento

LA CHICA QUE DESAPARECE AL BESARLA

El beso más pequeño nunca visto. Una milésima de segundo, pulpa y plumón incluidos. Apenas un roce, un ejercicio de papiroflexia. Un esbozo de cortocircuito. De un grado de humedad increíblemente próximo a cero, cercano al polvo de sombra. El beso más pequeño nunca visto.

No nos miramos de verdad. No nos tocamos de verdad, apenas nos dijimos nada. Sus ojos demasiado grandes en la piel de porcelana, y esa manera extraña de pedir perdón por sonreír. Sus labios, que revoloteaban como un copo de nieve perdido en una playa estival, y yo, que trataba de cazarlo con mi nevera demasiado grande. Un cataclismo disfrazado de beso en miniatura. Más poderoso que un ejército de rayos. El beso más pequeño nunca visto. Impacto de luz y luego ya nada.

Desaparecida.

En un visto y no visto pasó de la aparición a la desaparición. Como si su boca fuese un interruptor corporal mágico, capaz de volatilizarla. No quedó más que la melodía asmática en re menor que habían silbado sus pequeños pulmones.

Luego oí cómo se alejaban sus pasos, y después el silencio. Pero no había desaparecido, ¡se había vuelto invisible! Nos habíamos dado el beso más pequeño nunca visto y de repente se volvió invisible, tajante como un apagón.

Tenía que encontrarla. Aunque solo fuese para completar mi colección, que hasta el momento se limitaba a un solo ejemplar de beso más pequeño nunca visto.

GASPAR NIEVE

–Las mujeres invisibles son muy difíciles de encontrar, incluso cuando huelen demasiado bien –me explicó el detective retirado que me recomendó Luisa, mi farmacéutica.

Me dijo que parecía un oso polar con gafas, con unas pequeñas nubes de algodón en lugar de cabellos y barba. «¡Es un especialista de lo extraordinario porque él mismo es extraordinario!» Tenía razón.

–Con las técnicas de investigación clásicas nunca dará con ella. Habrá que inventarse algo para atraerla. Una especie de trampa mágica.

–Ella se peina como quien monta claras a punto de nieve –precisé.

–Necesitará usted la paciencia de un pescador de sirenas –dijo, sumido de repente en sus pensamientos–. Y si por ventura reapareciese, absténgase de b

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