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EL BUSCALOCOS

Jorge Cuevas  

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Fragmento

Los Buscalocos

Estoy tomando mi café. Es uno de los momentos más importantes de mi día, porque si no me lo tomo, no me despierto. También me gusta leer el periódico en la mañana.

Echo primero una vista al titular de las internacionales:

Después de ver este encabezado, le echo una hojeada a todo el periódico:

Veo el vapor saliendo de mi café recién hecho, respiro el aroma, le doy un trago. Me doy cuenta de que admiro a los periodistas. Es una de las profesiones más trascendentes que conozco, mi sueño sería convertirme en uno de ellos.

Hoy en día, los diarios se dedican a denunciar todo lo bueno que sucede en el mundo y ésa es una misión muy importante, porque se ha descubierto que gracias a las noticias que todos los días se publican en primera plana y en otras secciones, las personas se mantienen en una alta frecuencia. Cuando la gente escucha lo que se está haciendo bien tiende a repetir esos comportamientos, además se han hecho investigaciones en las que se ha revelado que, leyendo uno o dos periódicos al día, los hipertensos bajan sus niveles de presión, el colesterol se reduce y el estrés se nivela, la ansiedad baja y se disminuye un noventa por ciento el riesgo de padecer depresión.

Desde luego, aún hay una pequeña sección en todos los periódicos donde se habla de las cosas negativas que suceden, bajo el argumento de que siempre debe haber equilibrio, pero algunos diarios han cancelado totalmente las malas noticias porque, al igual que los países donde ya no hay ejércitos ni policía, en México está comprobado que los índices de delincuencia bajaron desde que se dejó de hablar de los criminales.

En estos tiempos es fácil decir lo benéfico que resultan los periódicos y lo mucho que se venden con sus buenas noticias.

Pero no siempre fue así; hace muchos años las cosas eran diferentes; dicen que en las primeras planas de los diarios sólo había noticias de secuestros, narcos (si el lector ignora qué es un narco, eran las personas que distribuían las drogas sin pagar impuestos), crisis, chismes, grilla y hasta campañas electorales llenas de descalificaciones con generosos intercambios de mierda. De todas esas noticias se alimentaba el ego y se generaba el miedo y el pánico. Eso era como un mecanismo de control con el que la creatividad, el amor y la esperanza estaban secuestrados.

Pero en México, justo en nuestro país, empezó a surgir una corriente de periodistas rebeldes a los que llamaron Los Buscalocos. Ellos investigaban las cosas extraordinarias que se hacían, escarbaban entre las malas noticias hasta encontrar gente común (bueno, no tan común) que, a pesar de las dificultades ecológicas, sociales y económicas de aquellos tiempos, hiciera cosas fuera de serie. En aquel entonces, la gente normal vivía aterrorizada, y a los que tenían esperanza les decían locos. Por eso Los Buscalocos investigaban gente que, desde la pobreza, había llegado a generar abundancia en la vida; buscaban gente entusiasta que no se dejaba contaminar por el ambiente tóxico que se vivía. Pero cuando estos periodistas empezaron a publicar sus locuras en primera plana, los corrieron de sus trabajos. En aquel entonces, los directivos de los medios de comunicación consideraban que las buenas noticias no vendían; dicen que ponían en sus primeras planas puras tragedias sin darse cuenta de que estimulaban lo que cre&ia

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