Loading...

EL CIELO ESTá INCOMPLETO

Irmgard Emmelhainz  

0


Fragmento

El cielo está incompleto: Cuadernos de viaje en Palestina es una recopilación de notas, cartas y reflexiones que escribí durante mi estadía y mis visitas a Ramallah en los Territorios Ocupados (Cisjordania), Palestina, entre 2007 y 2016. En un inicio, iba tras los rastros que habrían quedado de la solidaridad occidental y tricontinental con las luchas tercermundistas durante los años sesenta y setenta. En esa época, artistas, militantes, cineastas y escritores visitaron revoluciones en países como Cuba, Argelia, Palestina, Mozambique, Chad, la China Maoísta, Chile, etcétera, para darles voz y apoyarles desde la perspectiva antiimperialista. Una vez que se dio por sentado que las revoluciones para tomar el poder e instaurar regímenes socialistas fracasaron, se estableció un nuevo marco de relación con los conflictos y las catástrofes ajenos: el humanitarista. Este marco presupone que los habitantes de las zonas marginales y periféricas, zonas de guerra o de desastre, necesitan ayuda para autodeterminarse políticamente e infraestructura para proporcionar servicios básicos a la población. Por esa razón, la premisa del humanitarismo —que sustenta las acciones de organizaciones no gubernamentales (ONG) subsidiadas por gobiernos, organizaciones mundiales o corporaciones— es que las víctimas de la opresión y la guerra demandan restitución y ayuda material y ­psicológica, ya que como víctimas no pueden proporcionárselas ellas mismas. Mi inquietud por conocer a los palestinos e israelíes implicaba ir más allá de una dinámica de ayuda humanitaria, periodismo de investigación, intercambio cultural o de los espacios que existen para expresar activamente la solidaridad como el ISM (Movimiento de Solidaridad Internacional) o la miríada de ONG que allí operan. Sin ser árabe ni judía, todo el tiempo consciente de las trampas de la antropología, el orientalismo y la colonización, me esforzaba por trascender mi punto de vista como extranjera, de otra, e ir más allá del impacto que me causaba lo duro y lacerante de aquella situación. Me encontré viviendo en carne propia formas de poder sumamente complejas, efectivas y dolorosas, al igual que la actual crisis de organización política a nivel global. Al mismo tiempo me preguntaba, ¿Qué significa ser radical hoy en día? ¿Ir al extremo, a la raíz del problema de la injusticia? ¿Qué lleva a alguien a ser radical? ¿Quiénes son los más radicales en el conflicto israelí-palestino; los islamistas, los sionistas o los activistas seculares?

Para plasmar el conflicto, experimento con varios ángulos de visión combinando historias contadas, la actualidad y la Historia escrita. El objetivo de este compendio de textos es proporcionarles a mis lectores un dibujo de cómo se vive bajo uno de los conflictos políticos más urgentes hoy en día. Narro mi experiencia en los Territorios Ocupados a través de reflexiones, cartas, textos experimentales, ensayos críticos, ficciones, crítica de arte, descripciones del paisaje y encuentros con amigos, discusiones intelectuales, vivencias en las que la ocupación se hace presente (o no). Una vez allá, comencé rápidamente a habitar los puentes que unen las culturas árabe y latina. Sintiéndome rápido en casa, encontré interlocutores que se convirtieron en amigos entrañables: escritores, poetas, maestros, cineastas, estudiantes, amas de casa, artistas y niños.

Además de hurgar los rastros que quedaban de la solidaridad antiimperialista con la lucha palestina de los años sesenta y setenta, me interesaba pensar el conflicto cuestionando el lugar discursivo que le habían conferido la instauración del “Imperio” y las teorías liberales que sustentan la tolerancia y el antagonismo como bases de la democracia. Para los noventa, los palestinos habían logrado un espacio —condicionado, relativo, provisional y precario, como lo describo más abajo— y una voz para articular su lucha bajo la utopía multicultural que trajo la globalización. La teoría poscolonial surgió en los países que comenzaron a independizarse de las potencias europeas a partir de la segunda mitad del siglo XX, como la India y Sudáfrica, y consistió en luchar para abrir posiciones discursivas revindicando las voces de los oprimidos y condenados de la Tierra. Esta apertura de lugares discursivos, principalmente en el mundo anglosajón, dio lugar a una cacofonía de voces e imágenes multiculturales de oprimidos que contaron y reescribieron sus historias, los testigos denunciaron sus calvarios. De este modo, los “otros” de occidente se liberaron de las narrativas del colonizador y pudieron comenzar a escribir las propias. Durante los años gloriosos de esta utopía liberal de multiculturalismo global, se le dio a todo el mundo voz para hablar a partir de su punto de vista ya fuera étnico, religioso histórico, nacional o de género.

El año 2001 marca, sin embargo, el fin del potencial radical de este espacio discursivo y, por lo tanto, de esta era: es el culmen y el decaimiento de la utopía multicultural global enterrada definitivamente con la ola de neofascismos emergentes en Europa y Norteamérica luego de la crisis financiera de 2008-2009. Otro evento histórico significativo en este contexto ocurre en marzo de 2001, cuando siete años después de haberle declarado la guerra al Estado mexicano, el movimiento guerrillero zapatista emprendió una marcha a la Ciudad de México en una campaña de cabildeo y diálogo para enmendar la Constitución del país y lograr autonomía formal para la población indígena de la nación. En vez de fugarse o esconderse como cuando las tropas de Emiliano Zapata entraron en la capital en 1915, la clase política mexicana recibió con los brazos abiertos a los insurgentes, invitándolos a la Cámara de Diputados a pronunciar sus discursos. El entonces presidente Vicente Fox les había garantizado el salvoconducto a la capital e hizo concesiones a los zapatistas declarando su apoyo ante sus propuestas de reformas constitucionales para garantizarles autonomía. Bajo el marco de la democracia participativa, se hizo una alianza política de los zapatistas con la derecha del país: el poder les concedió —nominalmente— apoyo a su exigencia de autonomía y derecho a la libre determinación. A 16 años de los hechos, se hace aparente que las garantías que el gobierno mexicano concedió a los grupos étnicos, basadas en su especificidad cultural, sucumbirían ante el nuevo sistema de opresión y destrucción necrocapitalista de los gobiernos neoliberales y extractivistas que han perseguido, desplazado y reprimido a las comunidades indígenas no sólo en México, sino en todo el mundo. Si la entrada del Ejército Zapatista a la Ciudad de México fue permitida en el momento en que el poder les garantizaba visibilidad y autonomía cultural en nombre de la tolerancia e inclusividad, en paralelo al logro de los palestinos de alcanzar visibilidad en el campo político global como pueblo oprimido, los atentados del 11 de septiembre al World Trade Center en Nueva York implicaron el fin de dicha tolerancia y de la coexistencia antagonista de visibilidades oprimidas con las hegemónicas. Los atentados en Nueva York intensificaron la xenofobia, propagaron la intolerancia y el fundamentalismo religioso en los tres monoteísmos. Al mismo tiempo, se empezó a gestar una nueva división del mundo propiciada por la predominancia del capitalismo financiero que trajo un nuevo acomodo de privilegios al dividir a la población mundial entre el 1% y el 99%; al mismo tiempo, se comenzaron a gestar nuevas formas de esclavitud, de opresión, de control y de vigilancia, y las guerras de apropiación y en defensa de los comunes. Y aquí es cuando la relevancia de la luc

Recibe antes que nadie historias como ésta