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EL DERRUMBE

Martín Moreno  

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Fragmento

AGRADECIMIENTOS

Un libro de esta dimensión no se realiza por sólo una persona. Cierto: son dos manos las que escriben, pero fueron varios colegas, especialistas, analistas e investigadores quienes, de una u otra forma, participaron, de manera directa o indirecta, en este trabajo periodístico, y son identificados plenamente en el texto. A todos ellos, gracias por su labor. También mi enorme gratitud a quienes me proporcionaron información y no puedo revelar sus nombres: aprecio profundamente su aportación.

Particularmente, agradezco la colaboración de Alicia Carlos –invaluable–, Luis Rubio, Luis Serra, Samuel García, Sergio O. Saldaña Zorrilla, Ricardo Martínez Chávez, Mariana Meza, Rita Varela, Félix Fuentes, Javier Martínez Staines, Mael Vallejo, Frida Guerrera (Verónica Villalbazo), Miguel García Tinoco, Adán García, Rolando Aguilar y Mishel Garay; a los integrantes del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) del caso Ayotzinapa: Alejandro Valencia, Francisco Cox, Ángela Buitrago, Claudia Paz y Carlos Beristain; a José Contreras y Arturo Rueda.

Recibe antes que nadie historias como ésta

Mi reconocimiento a la madurez editorial, valentía profesional y compromiso social de Roberto Banchik, Ricardo Cayuela, Patricia Mazón, César Ramos, Andrea Salcedo y Sandra Montoya, cabeza y corazones de Penguin Random House Grupo Editorial México.

Gracias especialmente a ti, lector, por la confianza depositada en este libro.

MARTÍN MORENO

Ciudad de México, julio de 2016.

PRESENTACIÓN

Un gobierno que arrancó con altas expectativas y que hoy se derrumba.

Al régimen de Enrique Peña Nieto lo derrumbó la corrupción, la ineficacia, La Casa Blanca, Ayotzinapa, la mala economía y los negocios con empresarios amigos. Los gobernadores priístas, la soberbia, la mentira y la opacidad. Un derrumbe entre la frustración y la furia de millones de mexicanos.

Vivimos en un país donde la economía crece a cuentagotas, con reformas atoradas, desinfladas –como es el caso de la reforma energética– y erigidas –reforma hacendaria– como obstáculo para el desarrollo, descarrilando empresas y crucificando a los contribuyentes que, al meterse la mano al bolsillo, solamente encuentran el agujero de su propia desgracia financiera. ¿Dónde quedaron los beneficios de las reformas estructurales que nos prometían bonanza y gracia? Extraviados en la torpeza operacional, vulnerados por la incompetencia, en reposo para mejores días y mejores políticos. La crisis económica –con sus altibajos– es una pesadilla permanente, inextinguible para los mexicanos.

Vivimos en un país con un presidente millonario, que posee nueve propiedades, millones sobre millones de pesos guardados en la bóveda de la opacidad. ¿De dónde salieron tantas casas, tanta ostentación, tanto lujo?, se preguntan a diario millones de mexicanos mal pagados mientras la Primera dama viaja por todo el mundo con séquito familiar, personal y aparece sonriente, muy sonriente, en las portadas de la revista ¡Hola! ¿De qué se ríe el poder en México con sus millones de pobres, con sus legiones de desempleados, con su desesperanza crónica: pueblo pobre, gobierno rico?

Vivimos en un país donde los grandes negocios son para los amigos de Los Pinos y para la élite gobernante. No se genera riqueza para impulsar a la pequeña y mediana empresa y con eso detonar un crecimiento generalizado, parejo. No. Esa riqueza es para el empresario amigo del poder que nos gobierna. Para el socio de negocios del grupo gobernante, bajo un esquema vulgar e innegable: te doy contratos pero me financias mi mansión. Tal es el precio. Ése es el trueque. Como nunca antes –desnudos, impunes– los favores del poder al servicio de particulares. Las puertas y los contratos abiertos en la casa presidencial. Lo único que cambia entre los grupos Higa y OHL son sus siglas. Y nada más. Reciben el mismo trato preferencial, favorecedor.

Vivimos en un país con, hasta ahora, durante el gobierno de Peña Nieto, más de 90 mil homicidios violentos. Nada cambió. Decían los priístas que era “la guerra de Calderón”. Muy bien. Pues ahora es “la guerra de Peña Nieto”: sin estrategia, sin eficacia, sin resultados. Es la desesperanza de levantarse cada mañana con la angustia de no saber si habrá vida al regresar a casa. Si serás asaltado, secuestrado, asesinado. Si vas a vivir al día siguiente.

Vivimos en un país donde los estudiantes de Ayotzinapa son masacrados por criminales y con un gobierno que pretende manipular los hechos –su verdad histórica insostenible y débil, débil por insostenible. Ciudadanos en Oaxaca abatidos por las balas de la sinrazón y con armas policiales, por el fracaso de la política, la intolerancia gubernamental que confundió firmeza con represión. El salvajismo por encima del diálogo. Para eso se disparan las balas: para acallar la protesta, silenciar los reclamos. Qué pena.

Vivimos en un país con aliados del poder político que fomentan y solapan el abuso, garantizan el silencio cómplice y el disimulo vergonzante. De políticos en una jefatura capitalina supeditada, lacaya del poder presidencial, entregada a los brazos de la conchabanza y cada vez más alejada del bienestar de sus gobernados. De periodistas que reciben dinero del gobierno, mano a mano, y que prestan su pluma para difundir lo que le interesa al poderoso, cancelando la investigación periodística o la corroboración de hechos. Un país con la censura como punta de lanza degollando a las voces críticas, a las plumas incómodas, al periodismo que no aplaude. No es casualidad que comunicadores críticos del gobierno se hayan quedado sin columnas en diarios o sin micrófonos en estaciones radiofónicas. Se ordena, se obedece y se manda silenciar la libertad, la crítica, el cuestionamiento.

Vivimos en un país con gobernadores que manejan de manera feudal los estados que malgobiernan, endeudándolos con cifras estratosféricas, sin rendir cuentas a nadie, abusando del erario público y fomentando negocios familiares, en una postal congelada e inmune al paso del tiempo: la política, desde antaño, es para enriquecerse, no para servir al ciudadano. ¿Quién lo dice? ¿Quién nos obliga a gobernar bien? Nadie.

Vivimos en un país, hoy por hoy, fallido.

Tiene el lector entre sus manos un corte de caja del México actual. Qué se ha hecho, qué no se ha logrado, cómo nos han gobernado tras el regreso del PRI al poder presidencial. Un balance sustentado y respaldado por el rigor de la investigación periodística, apuntalada a su vez con documentos oficiales, hechos, cifras, testimonios válidos, voces autorizadas, entrevistas a personajes calificados, información confiable que nos aclara varios puntos nebulosos:

Cómo se ha enriquecido el presidente.

Por qué la economía no avanza.

Por qué las reformas se han descarrilado.

Por qué la Reforma Energética se desinfló.

Por qué la Reforma Hacendaria no funcionó.

Cómo se han manejado los negocios con grupos empresariales consentidos de Los Pinos.

A dónde se llevaron a gran parte de los estudiantes de Ayotzinapa, y no se ha investigado.

Por qué ha fracasado la estrategia de seguridad y se ha disparado el número de muertes.

Cómo se ha ejercido la censura contra periodistas.

Por qué México es un país fallido.

“No se está gobernando”, resume en una frase dura, lapidaria, el prestigiado analista Luis Rubio, en las páginas de este libro. En tres palabras se encierra uno de los problemas más graves del México actual: sus malos gobiernos.

“Les vamos a romper la madre”, amenaza el secretario de Hacienda a directivos de un periódico crítico del gobierno, en una estampa fiel, rotunda, de la soberbia con la que se manejan los hombres del presidente.

Revisemos juntos, de manera rigurosa, lo que se ha hecho y lo que no se ha hecho, bajo una óptica imprescindible: la crítica y el cuestionamiento a la manera como se ejerce el poder en México. Y juntos también tomemos mejores decisiones a futuro, castigando a los malos gobernantes en las urnas, protestando contra la corrupción y el abuso del poder político. Salgamos a las calles, sin miedo, porque cuando salimos a esas calles, es miedo lo que sienten nuestros gobernantes. Elijamos mejores gobiernos con un voto razonado, maduro. Hagamos, como ciudadanos, lo que nos toca hacer para tener un mejor país.

Hoy, vivimos en un México que no merecemos. En un México que ya no es viable. En un México de sombras.

Un México, sin duda, fallido hasta ahora.

Ciudad de México, julio de 2016

EL SEÑOR PEÑA

Nunca abuses del poder humillando a tus semejantes,

porque el poder termina y el recuerdo perdura.

BENITO JUÁREZ

El priísta Rodrigo Medina fue una desgracia para el industrializado y pujante estado de Nuevo León: no solamente le heredó una deuda demencial de... ¡61 mil 179.6 millones de pesos! (la recibió, en 2009, de 27 mil millones de pesos, de acuerdo con información de la Secretaría de Hacienda), sino que, entre otras calamidades (como el repunte brutal de la violencia: en algunas zonas de Monterrey, a partir de las ocho de la noche, las familias se encerraban en sus casas por miedo a ataques del crimen organizado, cuyos sicarios desfilaban campantes en camionetas negras, asomadas las boquillas de las metralletas por las ventanillas a medio cerrar, ausente la presencia y protección de las policías), dejó una estela de corrupción denunciada de manera pública.

Un botón de muestra indigna, aturde:

Humberto Medina Ainslie, padre del gobernador, es dueño de siete propiedades en el municipio de San Pedro, con un valor aproximado de 300 millones de pesos, las cuales habría adquirido durante la administración de su hijo, según denuncias del Partido Acción Nacional (PAN) y jamás desmentidas por la familia Medina. La pregunta es: ¿De dónde sacó 300 millones de pesos papá Medina para comprar tantos inmuebles? La respuesta todavía nos la debe el exmandatario estatal.

¿Más?

A principios de mayo de 2015, se hizo pública la información de que Rodrigo Medina adquirió una propiedad con valor de 13 millones 300 mil pesos en el exclusivo sector de Hacienda Las Misiones, en el municipio de Santiago, Nuevo León. “El hecho de comprar una casa no sería relevante, a no ser porque el ingreso total de Medina de la Cruz como gobernador es de poco más de 8 millones de pesos, ya con la inflación”, reportó el diario digital Sin Embargo (3/X/2015). Otra vez, como en el caso de su padre, la pregunta se impone: ¿De dónde sacó 13 millones 300 mil pesos el mandatario para comprarse su mansión o, siendo menos suspicaces, de dónde salieron los 5 millones de pesos que le faltaban, suponiendo que fuera un político muy ahorrativo, que no gastara ni un peso en comidas, educación para sus hijos, salud, ga ...