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EL SECRETO DE ADáN (TRILOGíA DE LA LUZ 1)

Guillermo Ferrara

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Fragmento



Índice

Portadilla

Índice

Dedicatoria

Agradecimientos

Nota del autor

Introducción

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Recibe antes que nadie historias como ésta

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Epílogo

Cómo programar un cuarzo

Créditos

Grupo Santillana

Para mi madre, María del Carmen Fritz,

quien me cobijó nueve meses dentro de su cuerpo.

En honor a la diosa que hay en ti y en todas las mujeres.

Y a mi padre, Julio Ferrara, generosa sangre italiana,

y a nuestros ancestros.

Agradecimientos

Antes que todo, a Laura Lara, mi editora en jefe, por tu enorme aportación creativa y literaria a la novela. No sería la obra que es ahora sin tu visión, tus valiosos toques femeninos y tu experiencia; tu aporte ha sido vital en el resultado final.

A Jorge Solís Arenazas, mi editor, por leer en tres días el manuscrito original y sentir el alma del libro. Y por tu gran tarea de corregir ideas, quitando lo que sobraba para que pudiera brillar el diamante.

A Alexandra Karam, por dirigirme a tan prestigiosa editorial, fuiste un puente de conexión. Al doctor Arturo Ornellas, sabio amigo, arqueólogo, paleontólogo, miembro de la ONU, en quien me inspiré para el personaje del arqueólogo Aquiles Vangelis.

A Enrique de Vicente, director de la revista Año Cero de España, por la enorme difusión de las ciencias durante años. A David Barba, amigo literario de sabios consejos. A Heidie Moreno, quien leyó por primera vez el manuscrito y me brindó un primer panorama de visión creativa. A Rafael Palacios, quien incansablemente brega por la difusión de lo que va más allá de lo conocido.

A Simón Ferrara, por compartir los años de espera en la publicación de esta obra escuchando mi entusiasmo. A Mariela D’Amato y María Gabriela Ferrara.

A Rocío Gómez Junco de TV Azteca, por tu sabiduría, tu presencia y tu encanto. A Samantha Hernández, entrañable amiga mexicana. A mis amigos, Ángel Gracia, Lorenzo Gómez y Gustavo Martín, hermanos del camino. A Teresa Colilles, Luisa Moral, Graciela Barron, Paola Castaño, amigas del alma. A David Escandón, el hombre puente que une los destinos de los iguales. A Víctor Ortíz Pelayo, por el delicado arte de la portada y los mapas. A Fernando Malkún, por el enorme trabajo de difusión e investigación sobre los mayas y las ciencias sagradas, desde hace tantos años. A toda la familia Cano, por ser entrañables, cercanos y generosos en el afecto.

Y a Sandra Cano, un regalo de la Vida en mi vida. Por tu gran energía, tu luz, tu amor inteligente, tu compañerismo y tu apertura espiritual.

Y la serpiente dijo a la mujer, ciertamente no moriréis, pues los Elohim saben que el día que comiereis de él vuestros ojos serán abiertos y seréis como dioses, conociendo el bien y el mal.

Génesis 3:22

Dios puso a Adán y Eva en El Jardín del Edén, el Paraíso, y para probar su fidelidad y obediencia les dio el mandato de comer de todos los árboles del huerto, excepto un árbol; llamado Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal —mas no les prohibió comer del Árbol de la Vida—, indicándole a Adán y Eva que si comían los frutos de él, iban a morir. El diablo tentó a Eva con forma de serpiente que se aprovechó de esta única regla, y así tentó y engañó a Eva; la cual comió del fruto prohibido. Eva viendo que era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y realmente un árbol codiciable para alcanzar la sabiduría, le dio también a comer a su marido.

Génesis 3:6

En la época de Cronos, los dioses hicieron a los primeros hombres, la raza de oro, que no estaban sujetos ni a la vejez, ni a la enfermedad, ni al trabajo, porque cogían los frutos de la tierra sin esfuerzo. Todos ellos murieron —no se sabe bien por qué— como si se quedaran dormidos, pero siguieron existiendo en forma de espíritus para proteger a los humanos. A continuación, Zeus y los Olímpicos crearon una raza de plata, que tardó un siglo en madurar; eran arrogantes y violentos y no adoraban a los dioses. Zeus los escondió bajo la tierra, donde también continuaron existiendo como espíritus.

Las tres últimas razas fueron asimismo creación de Zeus. La tercera, la de bronce, descubrió los metales y dio los primeros pasos para construir una civilización, pero acabaron matándose entre sí y pasaron ignominiosamente a los infiernos. A continuación apareció la raza de los héroes, nacidos de madres humanas y padres divinos. Eran mortales valientes de fuerza sobrehumana y al morir iban a las Islas de los Bienaventurados. La quinta raza era la de hierro, los seres humanos modernos, para quienes el mal siempre se mezclaba con el bien y necesitaban trabajar. Esta raza desaparecería cuando los niños nacieran grises y los hombres deshonrasen a sus padres, destruyesen las ciudades y alabasen a los malvados.

Hesíodo, Los trabajos y los días

En el tiempo de nueve mil años antes de la época de Solón, los atenienses detuvieron el avance del Imperio de los Atlantes, habitantes de una gran isla llamada Atlántida, situada frente a las Columnas de Heracles y que, al poco tiempo de la Víctoria Ateniense, desapareció en el mar a causa de un terremoto y de una gran inundación. La isla-continente más grande que Libia y Asia juntas, donde existió una civilización superior que fue abatida por una catástrofe natural. Cuenta la historia que el dios Poseidón tuvo diez hijos, y que a su hijo mayor, Atlas, le entregó el reino que comprendía la montaña rodeada de círculos de agua, dándole, además, autoridad sobre sus hermanos. En honor a Atlas, la isla entera fue llamada Atlántida y el mar que la circundaba, Atlántico. Favorecida por Poseidón, la isla de Atlántida era abundante en recursos. La justicia y la virtud eran propios del gobierno de la Atlántida, pero cuando la naturaleza divina de los reyes descendientes de Poseidón se vio disminuida, la soberbia y las ansias de dominación se volvieron características de los Atlantes. Los dioses decidieron castigar a los atlantes por su soberbia, pero Zeus y los demás dioses se reunieron para determinar la sanción. El castigo fue un gran terremoto, la erupción de un volcán y un diluvio con una subsiguiente inundación que hizo desaparecer la isla en el mar “en un día y una noche terribles”.

Platón, Diálogos

Y las aguas subieron mucho sobre la tierra, y todos los montes altos que había debajo de todos los cielos, fueron cubiertos. Quince codos más alto subieron las aguas, después que fueron cubiertos los montes. Y murió toda carne que se mueve sobre la tierra, así de aves como de ganado y de bestias, y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, y todo hombre. Todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices, todo lo que había en la tierra, murió. Así fue destruido todo ser que vivía sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, los reptiles, y las aves del cielo, y fueron raídos de la tierra, y quedó solamente Noé, y los que con él estaban en el arca.

Génesis 7:19-23

Nuestro mundo de odio y materialismo terminará el 21 de Diciembre del año 2012, para ese día la humanidad deberá escoger entre desaparecer como especie pensante que amenaza con destruir el planeta o evolucionar hacia la integración armónica con todo el universo, comprendiendo que todo está vivo y consciente, que somos parte de ese todo y que podemos existir en una nueva era de luz.

Fernando Malkún, extracto del documental de Infinito,

“Los dueños del tiempo”

Los Guardianes de los Cristales mantendrán los portales abiertos; los Guardianes del Tiempo os ayudarán a moveros a través de ellos. Esto ha sido conocido por los Mayas desde que sus Ancianos escudriñaron por primera vez las calaveras de cristal y supieron que la Tierra, cinco veces renacida, alcanzaría el Sexto Sol a finales del 2012 d.C. y entraría en su fase final de ascensión desde el universo de la materia hacia la cuarta dimensión, allí donde la ilusión del tiempo no existe ya.

Patricia Cori, ¡Basta de secretos!¡Basta de mentiras!

El juego (Lîla) del nacimiento y de la desaparición de los mundos es un acto de poder del Ser, que está mas allá de la substancia (pradhana) y del plan (purusha), de lo manifestado (vyakta), de lo no-manifestado (avyakta) y del tiempo (kala).

El tiempo del Ser no tiene ni principio ni fin. Es por eso que el nacimiento, la duración y la desaparición de los mundos no se detiene nunca. Después de la destrucción ya no existe ni día ni noche, ni espacio, ni tierra, ni oscuridad, ni luz, ni nada que no sea el Ser más allá de las percepciones de los sentidos o del pensamiento.

Vishnú Purana I, cap. 1, 18-23

Al final del Kali Yuga el dios Shiva —la Conciencia— se manifestará para restablecer la vía justa bajo una forma secreta y escondida.

Linga Purana 1.40-12

…y la tierra engalanada con su mejor vestido de luz será elevada y verá otro Sol.

Revelaciones, 21

Las grandes incógnitas del ser humano han sido sobre su identidad y su propósito: ¿Quién soy? ¿Qué hago aquí? Semejantes preguntas afloran en él justo cuando la respuesta está disponible en los planos sutiles de su propia alma, no obstante, podrán pasar centenares de generaciones antes de tener la certeza sobre las respuestas. Llegado el momento, la gran masa ni siquiera se cuestiona tales cosas y no obstante, su proceso de evolución no necesariamente está estancado, si las neuronas están despiertas y tienen claro lo substancial, el cuerpo sigue a la mente, la materia sigue a la luz porque sin ella no tiene sentido. La humanidad es conformada por los individuos que a muy diferentes niveles han alcanzado el estado de conciencia suficiente y necesario en cada nivel de experimentación posible.

G. Hernández B., extraído de una conferencia en Madrid.

Cuando hagáis de los dos uno, y hagáis el interior como el exterior y el exterior como el interior, y lo de arriba como lo de abajo, y cuando establezcáis el varón con la hembra como una sola unidad de tal modo que el hombre no sea masculino ni la mujer femenina… entonces entraréis en el Reino.

Evangelio de Tomás 22

El sexo es un puente para reproducir niños y, cuando no se utiliza como un medio para procrear, puede ser una vía directa para contactarse con el orgasmo cósmico —el Big Bang— y su energía creadora.

Principio tántrico

Adán fue el primer hombre, pero no porque fuese el primero, probablemente antes que él hubo muchos otros; por tanto, la historia no los puede recordar, no tienen ego, sino porque fue el primero en decir «no». Y a mi parecer, ¿cómo va a ser Adán el primer hombre? Seguramente hubo millones de hombres antes que él, pero ninguno de ellos dijo «no». No podían convertirse en hombres, no podían convertirse en egos.

Adán dijo «no». Sufrió por decirlo, por supuesto; fue expulsado del jardín de la felicidad.

Adán es un hombre y todos los hombres son como Adán. La infancia es el Jardín del Edén. Los niños son tan felices como los animales, tan felices como los hombres primitivos, tan felices como los árboles. ¿Habéis observado a un niño correr entre los árboles o en la playa? Todavía no es humano. Sus ojos siguen siendo transparentes pero es inconsciente. Tendrá que salir del Jardín del Edén. Éste es el significado de la expulsión de Adán del Jardín del Edén, ya no forma parte de la felicidad inconsciente. Al comer la fruta del árbol de la sabiduría se ha vuelto consciente. Se ha convertido en un hombre.

No es que Adán fuese expulsado una vez, sino que cada Adán deberá ser expulsado de nuevo. Cada niño deberá ser expulsado del jardín de los dioses; forma parte del aprendizaje. Es el dolor del aprendizaje. Hay que perderlo para volverlo a encontrar, para encontrarlo conscientemente. Ésta es la carga del hombre y su destino, su tormento y su libertad, el problema y a la vez la grandeza del hombre.

Osho, El Libro del Hombre.

Entonces Pablo, puesto de pie en medio del Areópago, dijo:

—Atenienses, en todo observo que sois muy religiosos, porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: “Al Dios no conocido”. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerlo, es a quien yo os anuncio. El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas ni es honrado por manos de hombres, como si necesitara de algo, pues él es quien da a todos vida, aliento y todas las cosas. De una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos y los límites de su habitación, para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarlo, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros, porque en él vivimos, nos movemos y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: “porque linaje suyo somos”.

Carta del apóstol san Pablo a los griegos, Hechos 17-28

Nota del autor

Las profecías mayas han sido estudiadas y analizadas por prestigiosos científicos y arqueólogos de todas las naciones. Es importante saber que seis de siete profecías de los sabios astrónomos y matemáticos mayas ya se han cumplido y la séptima se anuncia como un cambio vital y trascendente para la humanidad en 2012.

Todos los conocimientos volcados en esta novela, tanto del código genético como de la Atlántida, de los antiguos mayas, egipcios, gnósticos, griegos, incluso sobre la sexualidad mística, las ciencias y demás aspectos que aquí se presentan han sido investigados y documentados mediante un profundo estudio y a través de mis viajes.

Las diversas instituciones como el Gobierno Secreto, el Club Bilderberg, The National Press Club de EE.UU, como así también la famosa Área 51, el HAARP, la NOAA, El Proyecto Revelación del doctor Steven Greer, el trabajo premiado de Peter Joseph en los documentales Zeitgeist, la teoría de Rupert Sheldrake, el SDO (Solar Dynamics Observatory) y demás organizaciones que figuran en este libro existen realmente.

Todos los nombres de los personajes de esta novela son ficticios, no así los nombres de arqueólogos, investigadores, organizaciones, personas y hechos históricos. También son reales los monumentos, datos, fechas, símbolos, obras de arte y objetos.

Introducción
 (Aλφα)

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Capítulo 0

Lo que no vemos y lo que hemos olvidado

Nuestro universo (aún a riesgo de que la palabra “nuestro” suene demasiado pretenciosa) es un impresionante, bello y desconocido espacio inconmensurable e infinito. Y al decir, infinito, quiero decir que ni aún yendo hacia arriba, abajo, hacia la derecha o hacia la izquierda, encontraremos un límite.

Alberga miles de millones de estrellas, galaxias, planetas, asteroides, agujeros negros, supernovas… Un sinfín de creaciones de múltiples colores y formas. Si navegáramos por la Vía Láctea, hallaríamos doscientos mil millones de estrellas. Para el ojo humano esto resulta gigantesco, inabarcable. Dimensiones y distancias que se manejan con un parámetro más elevado, con una conciencia superior.

Nuestro Sol, el líder que ilumina a todos los planetas del sistema que danzan a su alrededor, en un juego exacto, se encuentra en la Vía Láctea. A nuestros ojos, el astro rey es un inmenso foco de energía, luz y calor; pero no es más que una estrella pequeña. Hay estrellas cientos y miles de veces más grandes. Si hago esta comparación, es para hacer elástica nuestra imaginación y conciencia, abandonando la visión limitada.

Pequeño o grande, el Sol es la fuente de la vida en Gaia, el planeta que llamamos Tierra (a pesar de que más de la tercera parte esté compuesto por agua), cuyo nombre se remonta a la mitología griega. Los antiguos griegos llamaban Gea o Gaya a la Tierra, considerada como la diosa Madre o la Gran Diosa, la base de la vida tal y como la conocemos en la tercera dimensión.

El sistema solar cuenta con los planetas Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno, y hasta hace pocos años también Plutón, todos con nombres de dioses romanos, recuérdalo. Y dicho sistema pertenece sólo a una galaxia. Hay muchísimas más, incluso hay colisiones de galaxias enteras. Tenemos que saber, sólo para situarnos, que hay 10,000,000,000 de galaxias como la nuestra (es necesario masticar lentamente estas cifras ya que no podemos ni imaginar tanto espacio ni tanta creación).

Todo está moviéndose. Todo tiene sus ciclos. Hay choques de meteoritos, hay nacimientos y muertes de estrellas; en el universo pasan muchas cosas que ignoramos y los astrónomos hacen lo que pueden por averiguar. Estos científicos han descubierto que existen otras constelaciones y planetas a 20, 30 o 100 millones de años luz de distancia. Hasta el año 2007 se habían descubierto 270 planetas extrasolares, casi todos de mayor tamaño que Júpiter.

Tomemos un respiro con calma.

El universo, esa inmensidad “allí afuera”, podríamos pensar… Pero, ¿qué sucedería si los seres humanos fuéramos como una célula dentro del cuerpo que no puede ver lo que hay “afuera” (sólo cuando la sangre sale)?, ¿o igual que un pez que no puede salir del agua para ver que existen otros mundos y otras realidades. Un tiburón, por ejemplo, no puede llegar a saber toda la amplia gama de vida que hay fuera de su hábitat. No sabe nada sobre las palmeras, las montañas, los volcanes… En raras ocasiones, hay casos como el cangrejo, la foca, el cocodrilo o el delfín, que pueden pasar de un mundo al otro, conocer lo terrenal y lo acuático, pasar casi de una dimensión a otra. Así y todo, un cangrejo nunca conocerá por sus propios medios el Aconcagua, el Everest, la Acrópolis o las pirámides de Egipto.

A nosotros nos puede pasar igual que al cangrejo respecto al universo y a otras formas de vida. Ya que, entre los seres humanos, a lo largo de una dilatada historia (mucho más amplia en el tiempo que el que nos han impuesto y hecho creer), hubo personas como los cangrejos, focas o cocodrilos, que han podido tener “vislumbres” de otras realidades; que han podido estar en un elemento y en otro, lo que para nosotros sería pasar de la tercera dimensión a dimensiones superiores. Estos “hombres cangrejo” pudieron asomar su conciencia a realidades diferentes y ver sólo algunas “palmeras” de la playa cercana. Fueron sabios, profetas, videntes.

Por citar unos pocos, Demócrito, el sabio griego, afirmó con razón que la Vía Láctea se trataba de una gran colección de estrellas, tan distantes que se habían fundido entre ellas. Y que nuestra inmensa galaxia no es más que una isla entre las miles y miles de galaxias (o islas) del universo.

En 1543, Nicolás Copérnico dio a conocer un estudio llamado De revolutionibus orbium coelestium, en el que exponía la teoría heliocéntrica tomada del astrónomo griego Aristarco de Samos (siglo III a.C). Sólo se decidió a publicarlo en su lecho de muerte para evitar la ira de la iglesia, pues el estudio afirmaba que los planetas giraban alrededor del Sol.

Los mayas previeron un gran cambio para el 2012 (contando siempre a partir de Jesús, no olvidemos que antes hubo miles de años de vida que normalmente no contamos, o no nos dejaron contar).

Nostradamus escribió más de un millar de profecías que se cumplieron. Por mencionar sólo unas pocas: el derrumbe de las Torres Gemelas; la aparición de “Hister” (errando sólo en una letra al apellido del líder nazi); las plagas y guerras que han sucedido en oriente medio, la caída de reyes; incluso menciona que en estos tiempos habría “arañas en el cielo”. ¿Se referiría a los constantes vuelos de aviones militares —los llamados chemtralis— que dejan residuos químicos a modo de telaraña en el cielo? Estos químicos nocivos esparcidos diariamente a la luz del día en las grandes capitales (en todas menos en China) tienen el fin de alterar el ánimo, influir en la psiquis, impedir a la población el contacto con el Sol y debilitar las defensas inmunológicas de la gente. Los aviones que realizan esto cuentan con el aval de la NOOA (National Oceanic and Atmospheric Administration), de Estados Unidos. Diariamente puedes ver los trazos y estelas blancas si miras el cielo, o ver los videos en youtube.

Y así, la lista de gente con la mirada elevada que predijo cosas es amplia… Edgar Cayce, Helena Blavatsky, Galileo Galilei, Newton, Sócrates, Cristóbal Colón y tantos anónimos visionarios desconocidos. Ellos fueron pioneros, descubrieron cosas que después se constataron.

Más cerca de nosotros, Rupert Sheldrake descubrió y popularizó la teoría de los campos morfogenéticos que puede sintetizarse así: cuando a un porcentaje de la población le entra una misma vibración o idea al inconsciente colectivo, la especie capta la misma sintonía y evoluciona.

El doctor Masaru Emoto descubrió las diferencias que las emociones humanas y las vibraciones generan en el agua y en los líquidos del cuerpo físico.

Y Carl Sagan, el astrofísico, que nos deslumbró con sus nuevas formas de ver el universo.

Incluso hubo otros como Buda, Zarathustra, Jesús, Mahoma o Abraham que hablaron en un lenguaje simbólico que no fue del todo comprendido, incluso, en la mayoría de los casos, fue tergiversado y malinterpretado.

Como salían del común de la masa crítica, se les llamó locos, se les quemó, se les envenenó y asesinó, ignorando el auténtico mensaje que expresaban entre líneas para despertar las conciencias. Pero eran seres con una alta capacidad para comunicarse con el universo y con las diferentes formas de vida que hay en él y no podemos ver.

Por ejemplo, si a Napoleón o a cualquier rey de la antigüedad, en su época, alguien le hubiera dicho que se podía grabar y escuchar música en un disco; o que los seres humanos se podrían enviar mensajes y comunicar mediante una computadora o un aparato llamado teléfono, su respuesta hubiera sido decapitar a quien se lo dijera y tomarlo por loco.

Los sabios y los profetas fueron silenciados. Luego comenzaron a circular mentiras como si fueran verdades absolutas. Hay muchos ejemplos de las mentiras más evidentes; en la actualidad los vemos como ejemplos tontos, pero en su tiempo fueron casi una ley: “El Sol y los planetas giran alrededor de la Tierra, no al revés”; “La Tierra es plana y la sostienen dos elefantes y tres tortugas”; “El sexo es pecado y es la tentación del diablo”; “Los judíos y los negros son inferiores”; “Eva sale de una costilla de Adán”, etcétera. Podemos pensar: “eso ya no existe, es de siglos pasados”. Pero no.

Lo grave es que las mentiras se fueron perfeccionando y se hicieron más sofisticadas a medida que la masa global de la humanidad fue evolucionando. Y muchas que circulan hoy día de manera sutil fueron tomadas peligrosamente como verdades. Una de ellas es creer que en este universo tan vasto y amplio la única forma de vida que existe es la terrestre. ¡Cuánto espacio desperdiciado entonces! Esto se afirma a pesar de tener pruebas de vida de seres de otras dimensiones, sobre todo en el Área 51 de Estados Unidos, la famosa base militar que figura en documentos oficiales de la CIA, situada al sur de Nevada, donde según se cree los gobiernos han ocultado pruebas de seres extraterrestres.

Pero hay una cosa cierta: probablemente somos la única forma de vida en la tercera dimensión. Parecemos tiburones que no pueden salir del agua para ver que hay más cosas. Cosas que se ven sólo con otros ojos, cambiando la visión. Y justo este punto es crítico porque el ADN original del ser humano ha sido alterado, manipulado y se le han cerrado las puertas al uso completo de los 64 codones (sólo están 20 activos), como también a las 12 hebras, ya que sólo 2 están activas. Hay muchas cosas de las que nunca nos enteramos por “no tener tiempo” o no investigar.

El Gobierno Secreto y la iglesia, junto al Club Bilderberg, los francmasones y demás organizaciones vinculadas al manejo dogmático de las masas, son los acusados de censurar y vetar información confidencial sobre nuestro verdadero origen divino.

Se han ocultado hallazgos arqueológicos de más de 12,000 años de antigüedad y hay infinidad de medios de aletargamiento existencial: futbol, play station, programas de TV, vidas de famosos, vuelos químicos, alteración del ADN, manipulación económica, chivos expiatorios, guerras encubiertas, información oculta de seres extraterrestres y tecnología para viajar más allá del tiempo, manipulación sexual y moral, alteración climática y un sinfín de falsas creencias que nos han sido impuestas por la fuerza y sin anestesia. Éstas se imprimen en el alma de un ser humano dormido, gracias a lo cual las mentiras se reproducen.

Es hora de despertar.

Todavía no hemos hecho el cambio de visión, sólo el puñado de personas que hemos llamado “iluminados” han expandido su conciencia quitándole todas las fronteras, para sentirse infinitos como el universo.

La Tierra, con un diámetro de 12,756 kilómetros, gira a 30 kilómetros por segundo alrededor del Sol, tiene una antigüedad de 4,600,000,000 de años y está habitada por 6,500,000,000 personas. Al girar en el espacio infinito del universo, va siguiendo determinados ciclos. No nos olvidemos que la palabra “cosmos” significa orden.

Mientras nosotros vivimos enfrascados en insignificantes problemas, no nos damos cuenta pero nuestro planeta se está moviendo. El giro del Sol alrededor de la galaxia es de 230 kilómetros por segundo, mientras que nuestra galaxia se mueve a 600 kilómetros por segundo. Los astrónomos dicen que este universo es un sitio muy activo, cambiante, violento. Los sabios mayas hacían sus cálculos y profecías observando los cielos. Sin embargo, nosotros creemos que todo está fijo, inmóvil. En realidad, no es todo como lo ven los ojos físicos; aparentemente, las estrellas están quietas arriba de nuestras cabezas, pero no es así. ¡Algunas viajan a 500,000,000 de kilómetros por hora! ¡Todo está en movimiento!

Vivimos buscando la seguridad en todos los sentidos, pero por ejemplo, la Tierra recibió colisiones de asteroides desde hace miles de años, como el cráter Meteoro en Arizona o los que cayeron en Siberia o en Arabia Saudita. De hecho, Júpiter es un escudo protector debido a su gran tamaño, recibe la mayoría de impactos de los asteroides en su superficie, resguardando a la Tierra.

En la actualidad, a través de satélites y telescopios como el Hubble, podemos ver fotografías e imágenes de un universo que asombra los ojos físicos y conmueve el alma con tanta belleza y magnificencia. Gracias a la NASA hemos conocido algunos cálculos matemáticos realizados con sofisticados aparatos. Asimismo, nos alegramos de dar unos cuantos pasos en libertad sobre la Luna, pero seguimos peleando por territorios y trozos de tierra en este planeta.

¿Cómo hicieron las civilizaciones antiguas, sin estas tecnologías, para conocer tantas cosas, hoy día comprobables con exactitud; para descubrir los misterios, profecías, cálculos matemáticos, astronómicos y científicos, incluso nuestra posición dentro del cosmos?

Los mayas fueron una civilización con seres humanos iluminados, sabios y científicos. Ellos dijeron que el universo es un ser vivo. Y que de la misma manera que un cuerpo humano tiene su proceso de inhalar y exhalar a través del movimiento de los pulmones, y el sístole y el díastole del corazón, el universo tiene ciclos, que podríamos llamar respiratorios. Predijeron con exactitud matemática muchas cosas, entre otras que estamos a punto de entrar, con nuestra galaxia, en una nueva etapa de luz y armonía, “el día galáctico”, saliendo de la “noche galáctica”, un periodo de más de 5,125 años, en el que hubo problemas, conflictos, guerras y confusión. Es el momento que se suspende momentáneamente una inhalación para dar paso a una exhalación.

Los científicos, en cambio, hablan del Big Bang y del Big Crunch. La expansión del universo y luego su contracción. El Yin y el Yang, la entropía y la entalpía, lo Femenino y lo Masculino.

Los mayas, hace siglos, dejaron importantes conocimientos y profecías, pero la mayoría no ha escuchado este crucial mensaje, mientras que 38,000 códices fueron quemados por la iglesia cristiana, a manos del fraile Diego de Landa. Tampoco se le siguió prestando atención a los egipcios antiguos, a la enseñanza atlante o a los indios de Australia y de América.

La primera profecía maya afirma que llegaría el “tiempo del no-tiempo”, un periodo de 20 años llamados por ellos un katún. Los últimos 20 años de ese gran ciclo solar de 5,125 años van desde 1992 hasta el año 2012. Los mayas profetizaron que aparecerían manchas de viento solar cada vez más intensas. Desde 1992 la humanidad entraría en un último periodo de grandes aprendizajes.

La segunda profecía afirma que el comportamiento de toda la humanidad cambiaría rápidamente luego del eclipse solar del 11 de agosto de 1999; dijeron que ese día se vería como un anillo de fuego recortado contra el cielo; fue un eclipse sin precedentes en la historia, por la alineación en cruz cósmica con el centro de la Tierra. Casi todos los planetas del sistema solar se posicionaron en los cuatro signos del zodiaco, Leo, Tauro, Escorpio y Acuario, coincidiendo con los signos de los cuatro evangelistas de la Biblia, los cuatro custodios del trono que protagonizan el Apocalipsis —del griego Apokálypsis, que significa lo que se revela, mal comprendido al traducirlo como destrucción—. Los mayas predijeron que en 1999 comenzaría una etapa de cambios rápidos necesarios para renovar los procesos ideológicos sociales y humanos.

La tercera profecía maya dice que una ola de calor aumentaría la temperatura de la Tierra, generando cambios climáticos, geológicos y sociales en una escala sin precedentes, y de una forma vertiginosa. Los mayas dijeron que el aumento de la temperatura se daría por la combinación de varios factores, uno de ellos provocado por el hombre que en su falta de sincronía con la naturaleza sólo puede generar procesos de autodestrucción. Además, otros factores serán producidos por el Sol, que al acelerar su actividad por el aumento de su vibración incrementa la radiación, aumentando la temperatura del planeta.

La cuarta profecía afirma que el aumento de temperatura causado por la conducta antiecológica del hombre y una mayor actividad del Sol provocaría un derretimiento de hielo en los polos. Si el Sol aumenta sus niveles de actividad por encima de lo normal, habría una mayor producción de viento solar, más erupciones masivas desde la corona del astro, un aumento de la irradiación y en la temperatura del planeta.

Como se registra en el códice Dresden, cada 117 giros de Venus, que aparece en su mismo punto de partida, el Sol sufre fuertes alteraciones, aparecen enormes manchas o erupciones de viento solar. Advirtieron que cada 1,872,000 kines o 5,125 años se producen alteraciones aún mayores. Cuando esto ocurre, el hombre debe estar alerta, es el presagio de cambios y destrucción. (Los científicos actuales prevén las llamadas máximas solares o eyecciones de masa coronal CME, durante 2011 y 2012.)

La quinta profecía maya dice que todos los sistemas basados en el miedo, sobre el que está fundamentada nuestra civilización, se transformarán simultáneamente con el planeta y el hombre, para dar paso a una nueva realidad armónica. El hombre ha pensado equivocadamente que el universo existe sólo para él, que la humanidad es la única expresión de vida inteligente, y por eso actúa como un depredador de todo. Los sistemas fallarán para enfrentar al hombre consigo mismo y hacerlo ver la necesidad de reorganizar la sociedad y continuar en el camino de la evolución espiritual que nos llevará a comprender la creación. En estos momentos, prácticamente todas las economías del mundo están en crisis. El hombre deberá entrar al “gran salón de los espejos” para ver su propio rostro.

La sexta profecía maya dice que en los próximos años aparecerá un cometa cuya trayectoria pondrá en peligro la existencia misma del hombre. Los mayas veían a los cometas como agentes de cambio que ponían en movimiento el equilibrio existente para que ciertas estructuras se transformaran permitiendo la evolución de la conciencia colectiva.

La séptima profecía maya nos habla del momento en que el sistema solar, en su giro cíclico, sale de la noche galáctica para entrar al amanecer. Esta profecía vaticina que, en los 13 años que van desde 1999 al 2012, la luz emitida desde el centro de la galaxia sincronizará a todos los seres vivos y les permitirá acceder voluntariamente a una transformación interna que produce nuevas realidades. Menciona que todos los seres humanos tendrán la oportunidad de cambiar y romper sus bloqueos, recibiendo un nuevo sentido, la comunicación a través del pensamiento, los hombres que voluntariamente encuentren su estado de paz interior, elevando su energía vital, llevando su frecuencia de vibración interior del miedo hacia el amor, podrán captar y expresarse a través del pensamiento y con él florecerá el nuevo sentido.

La energía adicional del rayo es transmitida por el Hunab-Kú, considerado por los mayas como el centro consciente de la galaxia, a unos 28,000 años luz de nuestro sistema solar. Desde dicho centro-conciencia superior se activará el código genético, nuestro ADN, para revelar el origen divino en los hombres y mujeres que estén en una frecuencia de vibración alta. Este sentido interno ampliará la conciencia de todos los seres, generando una nueva realidad individual, colectiva y universal. Una de las trasformaciones más grandes a nivel planetario, pues todos los seres conectados entre sí como una unidad, un todo, darán nacimiento a un nuevo ser en el universo. La reintegración de las conciencias individuales de millones de seres humanos despertará una nueva conciencia en la que todos comprenderíamos que somos parte de un mismo organismo gigantesco.

Los mayas también predijeron que se despertaría la capacidad de leer el pensamiento entre los seres. Esto revolucionaría totalmente la civilización, desaparecerían todos los límites, terminaría la mentira para siempre porque nadie podría ocultar nada, y comenzaría una época de transparencia y de luz que no podrá ser opacada por ninguna violencia o emoción negativa. También anunciaron que desaparecerán las leyes y los controles externos como la policía y el ejército, pues cada ser se haría responsable de sus actos, no habría que implementar ningún derecho o deber por la fuerza. Se implementarían tecnologías para manejar la luz y la energía (como los antiguos atlantes) y con ellas se transformaría la materia, produciendo de manera sencilla todo lo necesario. Por ello, se daría una eliminación del miedo y de las enfermedades, al vibrar con otra energía. Así se prolongaría la vida de los hombres. La nueva era sería un comienzo de vida luminosa y armónica con las leyes del universo.

La humanidad actual, en su estado de homo sapiens, progresó tecnológicamente pero involucionó en su conciencia (aunque lo de “tecnológicamente” es discutible si creemos que los egipcios gobernaban la antigravedad…).

El común de la gente de nuestra civilización ha perdido la conexión que los antiguos tenían con La Fuente, el Origen, el Todo. No se ha comprendido con profundidad la magnitud que tales civilizaciones tuvieron. Creemos que eran bárbaros, paganos, incultos porque adoraban al Sol y a las estrellas…

Ahora nos sentimos solos, aislados. Estamos juntos, conectados, comunicados; pero solos. ¿Nos sentimos solos porque hemos perdido el contacto con La Fuente que los antiguos veneraban? Hemos perdido el contacto consciente con el Sol como un ser vivo, a cambio de querer de él que sólo nos deje la piel bronceada.

Alejados de nuestro ser interior y del lenguaje de los cielos, estamos viviendo en una especie de intemperie metafísica.

Curiosamente, la etimología de las palabras (de la que se aprenden muchas cosas) nos regala un juego de fonética en castellano con la palabra “soledad”; ya que si le invertimos el orden nos queda “edad del Sol”, que significa ni más ni menos, momento de luz, intimidad, claridad con uno mismo y con todo lo que nos rodea.

Poca gente conoce esa soledad rica, que nutre, que conecta con La Fuente de la vida.

La física cuántica está haciendo descubrimientos y experimentos respecto a la realidad dependiendo de cómo la veamos.

Es un momento en el que se aproximan grandes cambios.

Hagamos un juego: imaginemos que somos una hormiga y que vemos el proceso del tubo digestivo humano. Ampliando la perspectiva, es como si nosotros viéramos los movimientos de los planetas, las nubes de gas, el nacimiento de nuevas estrellas, el universo alimentándose y desechando materia a través de las supernovas. Nos podemos preguntar, ¿y si estuviésemos dentro de un gran cuerpo vivo y las estrellas del universo fueran lo mismo que las células lo son en nuestro cuerpo? ¿Y si los planetas representaran para el universo lo que son las glándulas endocrinas en nuestro cuerpo? ¿Y si estuviéramos dentro de un gigantesco cuerpo vivo albergando un inmenso potencial, igual que las semillas de mostaza en la parábola de Jesús?

Nuestro mayor valor para descubrir todos los misterios es la conciencia.

De la misma forma que la esencia de una célula de nuestro cuerpo humano es la luz, nuestra conciencia está compuesta de energía luminosa. Es lo único infinito que poseemos. Se ha comprobado científicamente, gracias a la cámara Kirlian, que el miedo hace bajar la luz personal y la energía vital.

Son tiempos de confusión, de miedo, de incertidumbre. Los orientales lo llaman la Era de la Oscuridad, la Era de Kali. No tienes que ir muy lejos para comprobarlo, basta leer los periódicos o ver las noticias, mirar los rostros de la mayoría de las personas. Vivimos hipnotizados, adoctrinados, dormidos. La visión no está ni hacia arriba, hacia el universo; ni hacia adentro, hacia nosotros mismos. La visión está puesta en la supervivencia, o en el futuro, o en la vanidad, o en la ambición, en la nada…

Nuestra visión está nublada. Hemos perdido u olvidado conocimientos importantes. Ni qué hablar de lo más básico, poca gente sabe, por ejemplo, cosas de su propio cuerpo: ¿cuántas vértebras tiene? ¿Cuántos litros de sangre? ¿Cuántas veces respiramos por minuto? ¿Cuántos espermatozoides salen en una eyaculación? ¿Cómo es nuestro mundo emocional?

Los griegos antiguos, en el templo de Apolo en Delfos, grabaron en la piedra: “Hombre, conócete a ti mismo y conocerás al universo y a los dioses”.

Hay más cosas que las que nuestra razón y entendimiento limitado comprenden. El “Eureka” de Arquímedes no vino por la razón, sino por la intuición, el sentido interno.

Muchas cosas escapan a las limitaciones humanas. Sólo hemos podido tener noticias de dimensiones elevadas por seres que se destacan de la muchedumbre para anunciar nuevos descubrimientos o predecir acontecimientos. Pero se les ha tratado de silenciar por todos los medios. La gente que ha tenido el poder en este planeta, siempre trató de que el hombre mirara hacia el suelo.

La mirada de la hormiga.

Una visión limitada genera personas fáciles de dominar. Sin embargo, cuando alguien desarrollaba la mirada del águila, podía ver, a través de su vuelo más alto, que por la vida había paisajes que los comunes mortales ignoraban.

2012. Éste es el año terrestre en que las profecías mayas dicen que la humanidad está a punto de ensayar la mirada del águila, del mismo modo que los egipcios hablaban del ojo de Horus, la expansión de la conciencia. Una visión coincidente con la de los indios Hopi, con los yoguis de la India. Todos mencionan que necesitamos ver con el ojo interior y su poder para comprender que el universo, que parece tan distante y ajeno, en realidad, está en la palma de la mano y responde a una sola Unidad.

Un proverbio dice que la vida del hombre es una línea entre dos puntos: un pasado que no recordamos y un futuro que no sabemos cómo será.

21 de diciembre de 2012, sólo una parte de la humanidad —la que expanda su visión interior y su capacidad de atravesar el gran portal dimensional— tendrá la posibilidad de conocer su origen y volver a mirar desde su interior hacia las estrellas…

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Nueva York, 18 de julio de 2012

Adán Roussos despertó abruptamente con el ring del teléfono junto a su cama. El reloj digital sobre su mesa de noche indicaba que eran las cinco de la mañana en la ciudad de los rascacielos. El sonido del teléfono lo interrumpió justo en su fase R.E.M. (Rapid Eyes Movement), la más profunda de su descanso, en medio de un sueño con playas y arena caliente. Somnoliento y confuso, giró sobre las blancas sábanas de seda su metro noventa de estatura y cogió el auricular con dificultad. Le costó articular las palabras.

—Mmm… hola —pronunció con poco énfasis.

Del otro lado de la línea, lo saludó una VOZ sexagenaria, cargada de entusiasmo.

—¡Adán!, querido amigo, soy yo, Aquiles, te llamo desde Grecia.

—¿Aquiles? —los ojos de Adán brillaron por un instante—. ¿Aquiles Vangelis? ¡Qué gusto oírte…! ¿Sabes qué hora es en este lado del mundo?

—Lo sé, lo sé —repitió el hombre casi con un susurro—, pero créeme que si te llamo ahora es por algo muy importante que no puede esperar. No se trata de una mala noticia, sino todo lo contrario.

Adán hizo una amplia inhalación.

—Comprendo, pero… ¿no podías esperar a que amaneciera? —Adán restregó con su mano derecha sus entrecerrados ojos marrones para comprobar que aquello no era un sueño—. ¿De qué se trata? ¿Qué es eso tan importante?

—No puedo contártelo por teléfono —el tono de Aquiles era agitado—, pero te anticipo que se trata de un descubrimiento que puede cambiar muchas cosas. Adán, por favor, ¡te necesito aquí, en Grecia!

Al escuchar eso, Adán se despertó finalmente.

—Pero…

—Es muy importante que vengas —insistió—. Me urge verte. Tú eres la persona capaz de ayudarme con lo que he descubierto, eres sexólogo y además experto en religiones —argumentó—. Mi descubrimiento tiene que ver con la sexualidad, la iglesia cristiana y los habitantes de la antigua Atlántida —pronunció aquellas palabras con énfasis. Y, sin dar tregua, arremetió—: Si este milagroso hallazgo es lo que presiento, te prometo que lograremos darle un dolor de cabeza al cristianismo y a las demás religiones.

Adán se quedó pensativo.

—Entiendo —su VOZ sonaba más animada—, pero tengo que ver mi agenda, tengo conferencias, pacientes…

—Busca un relevo en tu equipo, Adán —Aquiles lo interrumpió con vehemencia—, eso es rutina para ti, lo que te espera es posiblemente la aventura más importante de tu vida.

Al escuchar aquella petición tan urgente, Adán ya estaba sentado al filo de la espaciosa cama de roble. Trató de organizar con claridad sus pensamientos.

—Veo que se trata de algo trascendente, Aquiles. Veré más tarde de qué manera me organizo.

—Cuento contigo, amigo mío. Lo que he hallado… —hizo una pausa y contuvo un suspiro— te dejará atónito; no sólo a ti sino al mundo entero —tras decir estas palabras, colgó.

Un silencio seco, seguido por un torbellino de pensamientos —similar a un enjambre de abejas—, circuló por la mente de Adán Roussos. Se levantó de la cama y se dirigió a la cocina a prepararse un café.

Por el gran ventanal del dormitorio, tras un cielo plomizo, apenas amanecía en Nueva York. En la mente de Adán surgió el hilo de luz necesario para ponerse en actividad.

Un escalofrío recorrió toda la columna vertebral de Adán cuando sus pies descalzos cambiaron el cálido contacto del parquet del living por el frío mármol de la cocina. Necesitaba ordenar sus ideas. Aquella mañana traería un despertar distinto en su vida.

Un despertar especial en todos los sentidos.

Adán Roussos sabía que su viejo amigo Aquiles Vangelis —un excéntrico y vigoroso hombre de contextura fuerte, aunque delgado— era una persona comprometida, un hombre de palabra. Además de llevar dos décadas como asesor profesional en arqueología científica y paleontología educativa de la Unesco, lo que le daba influencia política y social, había sido por más de veinticinco años un incansable buscador independiente de los restos de la Atlántida. Tenía en su haber más de cincuenta expediciones extraoficiales en busca de indicios sobre la antigua civilización que Platón, el filósofo griego, ya había comentado miles de años atrás, en sus conocidos Diálogos, el Critias y el Timeo.

Con aquellas investigaciones fuera del establishment, el profesor Vangelis ponía en peligro no sólo su vida sino también su carrera como arqueólogo y paleontólogo educativo, ya que era sabido que todo científico que se preciase de serio veía la Atlántida como un mito y una leyenda más que como un hecho real.

Las palabras del sabio y veterano arqueólogo fueron pronunciadas con certeza y poder. Aquiles tenía cierta influencia para pedirle que abandonara todo por seguirlo, ya que Adán le debía el favor de haber conseguido su actual trabajo en el Sexuality Institute of New York. En poco tiempo, con sólo cuarenta y un años de edad, Adán Roussos fue nombrado director de área, un cargo que había conseguido, además de sus buenas facultades profesionales, por gestión personal del profesor Vangelis.

Pensativo, Adán bebió su café mirando una de las esculturas, regalo de un amigo y paciente, colocada bajo los cuadros que decoraban su lujoso y cálido departamento neoyorkino. Hecha de cristal tallado, representaba a un atleta griego. Descansó su pensamiento y sus ojos en aquella inspiradora obra, al tiempo que deslizaba su mano por el cabello, tratando de esclarecer lo que pasaba en su interior. Siempre que necesitaba pensar lo despejaban dos cosas: pasar los dedos entre sus rizos y deslizar el índice por el lomo de su nariz griega.

Adán vivía en la zona del Village, amaba el aura mística y elegante de aquel barrio lleno de artistas, restaurantes, galerías de arte y personajes; prefería la bohemia de aquella zona en vez de Tribeca o del West Side.

No podía estar quieto, se puso de pie y caminó reflexionando mientras la sombra de su estatura se reflejaba en la pared, generando una aureola de misterio al proyectarse por el living. Allí había estatuas de Apolo y Dionisio que se encontraban cara a cara con Afrodita. Como cada mañana antes de ir a trabajar, oprimió el interruptor de la fuente de mármol blanco junto a las obras de arte y comenzó a salir un suave hilo de agua, eso le daba un aire de relajación a la sala principal.

Adán Roussos era conocido en el ambiente de la ciudad como “Dr. Amor”. A menudo lo entrevistaban las cadenas televisivas y las revistas especializadas debido a sus revolucionarios sistemas de sanación sexual. Había agitado al mercado editorial con su libro Misterios metafísicos de la sexualidad humana, que era usado como texto de estudio en algunas universidades.

Los críticos decían de él: “Sus trabajos sobre sexualidad son como una primaveral brisa fresca entre tantos años de encierro invernal”, refiriéndose a los siglos de represión y condenación de todo lo referente a la sexualidad por parte de algunas religiones y sociedades moralistas.

Adán gozaba de excelente reputación, una considerable posición económica y un buen nivel de vida. Se dedicaba con fervor a su vocación obteniendo excelentes resultados dentro de su extensa cartera de pacientes. Por otro lado, su inquieto espíritu aventurero e investigador lo tentaba con el llamado del arqueólogo.

“Aquiles tendrá algo muy poderoso entre manos”, suspiró al recordar su querida Grecia, tierra que había dejado hacía ya una década. Añoraba sus costumbres, sus comidas, su danza, su gente y el Sol. No había vuelto desde que le anunciaron que había muerto su padre, hacía ya algunos años. Antes de aquella pérdida, solía regresar cada verano para visitar a sus padres y sus amigos, y gozaba del Sol mediterráneo en las islas.

Si aceptaba la petición de Aquiles, sólo tendría que adelantar un mes sus vacaciones, que de cualquier forma iba a tomar en agosto. Necesitaba poner en orden lo que sentía y lo que pensaba. En aquel momento su voz interior le hizo tomar conciencia de que deb&# ...