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EL SIRVIENTE DE LOS HUESOS

Anne Rice  

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Fragmento

Título original: Servant of the Bones

Traducción: Camilla Batlles

1.ª edición: marzo, 2014

© 2014 by Anne O’Brien Rice

© Ediciones B, S. A., 2014

Consell de Cent, 425-427 - 08009 Barcelona (España)

www.edicionesb.com

Depósito Legal: B 8274-2014

ISBN DIGITAL: 978-84-9019-857-5

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Este libro está dedicado a DIOS

Contenido

Portadilla

Créditos

Dedicatoria

 

SALM 137

PROEMIO

PRIMERA PARTE

THE BONES OF WOE

1

2

3

4

5

6

7

8

SEGUNDA PARTE

AESTHETIC THEORY

9

10

11

12

13

TERCERA PARTE

HOW KEEP DARK AND PATTERN OFF

14

15

16

17

18

19

20

21

22

23

24

25

CUARTA PARTE

LAMENT

26

Promoción

SALM 137

By the rivers of Babylon, there we sat

down, yea, we wept, when we

remembered Zion.

We hanged our harps upon the willows

in the midst thereof.

For there they that carried us away

captive required of us a song; and they

that wasted us required of us mirth,

saying, Sing us one of the songs of Zion.

How shall we sing the Lord's song in

a strange land?

If I forget thee, O Jerusalem, let my

right hand forget her cunning.

If I do not remember thee, let my

tongue cleave to the roof of my mouth;

if I prefer not Jerusalem above my chief joy.

Remember, O Lord, the children of

Edom in the day of Jerusalem; who said,

Rase it, rase it, even to the foundation

thereof.

O daughter of Babylon, who art to be

destroyed; happy shall he be, that

rewardeth thee as thou hast served us.

Happy shall he be, that taketh and

dasheth thy little ones against the stones.*

* SALMO 137 / A orillas de los ríos de Babilonia / estábamos sentados y llorábamos, / acordándonos de Sión; / En los álamos de la orilla / teníamos colgadas nuestras cítaras. / Allí nos pidieron / nuestros deportadores cánticos, nuestros raptores alegría: / «¡Cantad para nosotros / un cantar de Sión!» / ¿Cómo podríamos cantar / un canto de Yahveh / en una tierra extraña? / ¡Jerusalén, si yo de ti me olvido / que se seque mi diestra! / ¡Mi lengua se me peque al paladar / si de
ti no me acuerdo, / si no alzo a Jerusalén / al colmo de mi gozo! / Acuérdate, Yahveh, / contra los hijos de Edom, / del día de Jerusalén, / cuando ellos decían: ¡Arrasad, / arrasadla hasta sus cimientos! / ¡Hija de Babel, devastadora, / feliz quien te devuelva / el mal que nos hiciste, / feliz quien agarre y estrelle / contra la roca a tus pequeños!

PROEMIO

Asesinada. Tenía el pelo y los ojos de color negro.

Ocurrió en la Quinta Avenida, el asesinato, en una elegante y concurrida tienda de ropa, en medio del trajín de clientes y vendedoras. Unos ataques de histeria cuando cayó al suelo... probablemente.

Lo vi en la silenciosa pantalla del televisor. Esther. La conocía. Sí, Esther Belkin. Había sido alumna en mi clase. Esther. Era rica y guapa.

Su padre presidía un imperio internacional; b

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