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EN LEGíTIMA DEFENSA

Ana Katiria Suárez Castro  

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Fragmento

Presentación

La legítima defensa no es una novedad en la legislación penal mexicana, como tampoco en la jurisprudencia ni en la dogmática penal mexicana. Lo extraordinario es que se logre aplicar con éxito, considerando el actual sistema de justicia en el país, en defensa de una mujer joven, de escasos recursos, en un contexto de criminalización social, teniendo como defensora a otra mujer.

El libro que escribe Ana Katiria es una bitácora de un proceso contracorriente, que lucha contra la inercia patriarcal, clasista e indolente del sistema mexicano de justicia. No se exalta la violencia per se. Se resalta la superación de la cobardía y la sumisión en su expresión de autodefensa.

El camino tortuoso de desmontar la patraña para culpar a Yakiri es un ejemplo de lo inverosímil de la crueldad, de la complicidad y la displicencia. ¿Cómo enfrentar un juicio con perspectiva de género? ¿Cómo enfrentar una institución de hombres para defender a una mujer ultrajada? ¿Cómo exigir justicia en este país de impunidad y montajes? Sin embargo, lo lograron. Por eso es una perla el caso. Por eso fue necesario hacerlo libro, historia y memoria.

Yakiri sale libre por la tenacidad de su abogada y por el coraje de no mantenerse en la cobarde sumisión.

PABLO ROMO,

presidente del Consejo Consultivo del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas

Palabras preliminares

Quizás deba referir que esta carta la hice pensando en mí, como defensora de género y de derechos humanos, pero también como mujer, porque mi carácter de abogada no me excluye del riesgo que corremos todos los días de ser violadas sexualmente, de ser violentadas por cuestiones de género, pero lo más indignante: no nos excluye de ser víctimas de la violencia de la propia autoridad. Como defensora lo vivo al enfrentar a un sistema corrupto, misógino, machista y patriarcal, que siente el derecho de cobrar libertades y condicionar la justicia; viviendo en un sistema donde nuestra voz se merma con la de nuestros atacantes o se anula con una moneda de cambio; un sistema donde la batuta de la autoridad nos revictimiza aun cuando esté en manos de mujeres la impartición de justicia a beneficio jerárquico, desnaturalizadas del dolor que bien podría ser propio.

Así nos convertimos en los defensores y las defensoras que hoy comprometemos nuestras vidas y las de nuestras familias haciendo el trabajo de las instituciones, investigando por nuestros propios medios las realidades de la sociedad y velando por la protección de nuestros derechos, corrigiendo los errores de la autoridad para restaurar el Estado de derecho.

En 2013 decidí defender la libertad de una mujer, Yakiri Rubio, quien fue secuestrada, violada y apuñalada por dos sujetos de apellidos Ramírez Anaya. Ella, en un ejercicio de la legítima defensa y en una lucha instintiva peleó por su vida y, al verse en la posibilidad de salvarla, apuñaló de muerte a uno de sus agresores, mientras que el otro ya había huido del lugar 30 minutos antes para “lavar a una virgencita”. Así comienza

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