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¿ES LO BASTANTE INTELIGENTE COMO PARA TRABAJAR EN GOOGLE?

William Poundstone  

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Fragmento

Un centenar de prisioneros están encerrados cada uno en una habitación con tres piratas, de los cuales uno paseará la tabla por la mañana. Cada prisionero tiene diez botellas de vino, una de las cuales está envenenada; y cada pirata tiene doce monedas, de las cuales una es falsa y puede pesar más o menos que una verdadera. En la habitación hay un solo interruptor, que el prisionero puede dejar tal cual o encender. Antes de que los conduzcan a las habitaciones, a los prisioneros se les obliga a ponerse un sombrero rojo o azul; cada uno puede ver todos los sombreros de los demás menos el suyo. Mientras tanto, una cantidad prima con seis dígitos de monos se reproduce hasta que sus dígitos se invierten, y luego todos tienen que cruzar un río utilizando una canoa que, como mucho, puede llevar a dos monos a la vez. Sin embargo, la mitad de los monos siempre miente y la otra mitad siempre dice la verdad. Suponiendo que el enésimo prisionero sabe que uno de los monos no sabe que un pirata no puede saber el producto de dos números entre 1 y 100 sin saber que el prisionero N+1 ha activado el interruptor de la habitación o bien averiguar qué botella de vino estaba envenenada y de qué color era su sombrero, ¿cuál es la solución del rompecabezas?

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PARODIA DE UNA CUESTIÓN DE ENTREVISTA

QUE CIRCULA EN INTERNET

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Superados en el Googleplex

Qué hay que hacer para que le contrate una empresa hiperselectiva

Jim estaba sentado en el vestíbulo del edificio 44 de Google, Mountain View, California, rodeado por media docena de personas en diversos estados de estupor. Todos veían, enmudecidos, el más adictivo y estúpido espectáculo televisivo. Es el tablero de búsqueda directa de Google, la lista en constante desplazamiento de los términos de búsqueda que introducen las personas que están navegando en Google en ese mismo instante. Mirar el tablero es como abrir la cerradura del diario del mundo y luego desear no haberlo hecho. Por un instante, los deseos y las ansiedades privadas de alguien en Nueva Orleáns, Hyderabad o Edimburgo se emiten para una audiencia selecta de mirones que se encuentra en los vestíbulos de Google, la mayoría, de entre veinte y treinta años, esperando para una entrevista laboral.

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Jim sabía que tenía las probabilidades en su contra. Google recibía un millón de solicitudes de puestos de trabajo al año,1 y se calculaba que solamente 1 de cada 130 lograban obtenerlo. En comparación, 1 de cada 14 estudiantes universitarios que solicitaban una plaza en Harvard eran aceptados. Al igual que en Harvard, los empleados de Google debían superar algunos obstáculos de gran envergadura.

El primer entrevistador de Jim llegó tarde y sudoroso, ya que había acudido al trabajo en bicicleta. Empezó con algunas preguntas formales sobre su expediente laboral. Jim describió con entusiasmo su breve trayectoria. El entrevistador ni le miraba. Tecleaba su portátil, tomando notas.

—La siguiente pregunta que voy a hacerle es un poco inusual —dijo.

? Imagine que le han reducido al tamaño de una moneda2 y lo han arrojado a una batidora. Su masa se ha reducido, pero su densidad es la misma. Las cuchillas empezarán a moverse en sesenta segundos. ¿Qué hace?*

El entrevistador levantó la mirada del portátil y sonrió como un maníaco con un nuevo juguete.

—Cogería las monedas que llevo en el bolsillo y las arrojaría dentro del motor de la batidora para bloquearlo —respondió Jim.

El entrevistador dejó de teclear.

—El interior de una batidora está herméticamente cerrado —señaló, con aires de haber escuchado esa respuesta anteriormente—. Si pudiese introducir monedas dentro del mecanismo, entonces usted también se colaría dentro de él.

—Es cierto… hum… Entonces me quitaría el cinturón y la camisa, rompería la camisa en tiras y haría una cuerda con ella y con el cinturón. Luego ataría los zapatos al extremo de la cuerda y la utilizaría como lazo…

Se oye teclear furiosamente.

—No me refiero a un lazo —corrigió Jim—. ¿Cómo se llaman esas cosas que arrojan los vaqueros de Argentina? Son como un peso al final de una cuerda.

El entrevistador no responde. Jim se da cuenta de que su idea es bastante descabellada, pero está obligado a completarla.

—Arrojaría los pesos por encima de la jarra de la batidora y luego la escalaría.

—Con «pesos» se refiere a sus zapatos —dijo el entrevistador—. ¿Usted cree que soportarían su peso? Usted pesa más que sus zapatos.

Jim no supo qué responder. Aquello no había acabado. El entrevistador se había entusiasmado repentinamente con el tema. Empezó a poner objeciones. No estaba seguro de que la camisa de Jim —tan encogida como él— pudiera servir para hacer una cuerda tan larga como para llegar al borde de la jarra de la batidora. Una vez que Jim escalase hasta el borde —si es que llegaba hasta allí—, ¿cómo lograría bajar? Además, ¿podría fabricar realmente una cuerda en sesenta segundos?

Jim no comprendía cómo la palabra realmente aparecía en semejante contexto. Era como si Google tuviese un rayo reductor y estuviese planeando ponerlo a prueba la semana siguiente.

—Bueno, encantado de conocerle —dijo el entrevistador extendiendo la mano, aún húmeda.

Vivimos en una época de desesperación. Jamás la competencia por las vacantes de un trabajo ha sido tan intensa. Jamás antes las entrevistas de trabajo han sido tan estrictas. Es la fruta amarga de la recuperación sin la creación de empleo y de la naturaleza cambiante del trabajo.

Para algunas personas que buscan trabajo, Google es lo más, ya que es donde las personas más inteligentes hacen las cosas más interesantes. Google se sitúa normalmente entre las primeras de la lista de Fortune de las «cien mejores empresas en las que se puede trabajar». El campus de Google, en Mountain View (el Googleplex), es una cornucopia de instalaciones para sus afortunados empleados. Hay once restaurantes que sirven comida orgánica, con productos locales y completamente gratuitos; paredes para escalar y piscinas; pizarras del tamaño de un mural para compartir los pensamientos espontáneos; mesas de ping-pong, futbolines y mesas de juego; pijoterías como cabinas telefónicas británicas y setos con forma de dinosaurios. Los empleados de Google disponen de un servicio de lavandería gratuito, vacunas contra la gripe sin coste alguno, lecciones de idiomas, lavado y cambio del aceite del automóvil. Un servicio de transporte del trabajo al hogar; un descuento de 5.000 dólares por comprar un híbrido; motos comunales para utilizarlas en el campus. Los padres que acaban de tener un hijo reciben 500 dólares para alimentos preparados y dieciocho semanas de permiso para criar a su hijo. Google abona los impuestos sobre la renta3 de los beneficios de salud para las parejas del mismo sexo. Todos los empleados disfrutan de un viaje anual a una pista de esquí. Las pagas extra no son necesariamente una cuestión de generosidad y, a diferencia de los beneficios laborales de las generaciones anteriores, no han sido negociadas por los sindicatos ni por las personas. Para Google es un buen negocio ofrecer esos beneficios en una industria que depende tanto de la contratación de personas con mucho talento. Los beneficios no solo hacen sentirse felices a los empleados, sino que provocan que las demás personas tengan la nariz pegada al cristal.

Google, sin embargo, no es tan excepcional como puede parecer. El ejército de desempleados que existe en la actualidad ha convertido a todas las empresas en un Google. Las empresas menos seductoras disponen ahora de múltiples candidatos muy bien cualificados para cualquier puesto. Eso es muy beneficioso para las empresas que pueden contratar. Al igual que Google, pueden escoger entre los más preparados en su campo. Sin embargo, no es tan bueno para los candidatos, ya que se ven sometidos a los exámenes previos más duros, estrictos y cruentos que hayan visto nunca.

Eso resulta evidente en las entrevistas. Por supuesto, hay muchos tipos de cuestiones que se han preguntado tradicionalmente en las entrevistas laborales. Entre ellas se incluyen cuestiones «conductuales» que se han convertido casi en clichés, como por ejemplo:

«Dígame una situación en la que no se llevó bien con un miembro del equipo.»

«Describa una ocasión en la que tuvo que tratar con un cliente maleducado.»

«¿Cuál ha sido su mayor fracaso en la vida?»

«¿Alguna vez ha sido incapaz de cumplir con el plazo? ¿Qué hizo?»

«Describa el equipo más diverso que haya dirigido.»

También se incluyen preguntas relacionadas con empresas:

«¿Cómo describiría Whole Foods a una persona de otro país?»

«Dígame cómo compite Target con Walmart y cómo recolocaría nuestra marca para que ganase participación en el mercado.»

«¿Cómo conseguiría más clientes para Wachovia?»

«¿Qué desafíos afrontará Starbucks en los próximos diez años?» «¿Cómo monetizaría Facebook?»

Luego hay un muestreo de trabajo. En lugar de preguntarles a los candidatos qué harían, las empresas esperan que lo demuestren durante la entrevista. Los gerentes de ventas tienen que elaborar un plan de marketing, los abogados redactar un contrato y los ingenieros de software escribir código.

Finalmente, hay unos desafíos mentales sin un desarrollo preestablecido, algo por lo que Google es especialmente conocido. Las preguntas como «ser arrojado a una batidora» son una forma de medir la flexibilidad mental e incluso el potencial empresarial, aspectos muy importantes en Google debido al rápido crecimiento de la empresa. Una persona contratada para un determinado trabajo puede hacer algo muy diferente a los pocos años. El muestreo de trabajo, aunque tiene valor, evalúa solamente una serie de destrezas. Las preguntas excéntricas tratan de evaluar algo que toda empresa desea, pero que muy pocas saben cómo medir: la capacidad de innovación.

Por esa razón, muchas de las preguntas realizadas en una entrevista para Google se han expandido a otras empresas que no pertenecen a Mountain View. La «marca» Google se considera en la actualidad como la más valiosa del mundo, valorada en 86 billones de dólares, según Millward Brown Optimor. El éxito provoca la imitación. Los tipos corporativos prometen «parecerse más a Google» (sea lo que sea lo que eso signifique para la industria de los pisos de cocina). No es de extrañar que eso incluya la contratación.

¿QUÉ NÚMERO VIENE DESPUÉS?

El estilo de entrevista empleado en Google se basa en la antigua tradición de utilizar los rompecabezas lógicos para evaluar a los candidatos en las empresas tecnológicas. Pongamos el siguiente ejemplo. El entrevistador escribe seis números en la pizarra de la sala:

10, 9, 60, 90, 70, 66

La pregunta es ¿cuál es el siguiente número de la serie?

Se han utilizado acertijos similares en los test psicológicos de creatividad. La mayoría de las veces, el candidato se devana los sesos tratando de encontrarle sentido a una serie que, al parecer, carece completamente de sentido. La mayoría de los candidatos terminan por abandonar y solo unos cuantos tienen un destello de perspicacia.

Olvídese de las matemáticas. Escriba los números en inglés como se muestra a continuación:

ten

nine

sixty

ninety

seventy

sixty-six

¡Los números están ordenados por el número de letras!

Ahora observe más cuidadosamente. Ten no es el único número que se puede escribir con tres letras. También están one, two, six. Nine no es el único número de cuatro letras; también están zero, four y five. Esta es la lista de los números mayores que se escriben con un número determinado de letras.

Ahora veamos la solución, ¿qué número viene después? Cualquier número que siga a sixty-six debe tener nueve letras (sin contar el guión) y debe ser el mayor número de nueve letras. Parece que no existe nada por encima de 100 porque eso significaría que empezaría con «one hundred», lo que requiere diez letras o más.

Es posible que se pregunte por qué esa lista no tiene 100 («hundred») en lugar de 70 («seventy»). «Million» y «billion» también tienen siete letras. Una proposición razonable es que utilizan números cardinales escritos en inglés correcto. La forma en que se escribe el número 100 es «one hundred».

En la On-Line Encyclopedia of Integer Sequences4 (Enciclopedia en línea de secuencias integrales) se puede escribir una serie de números y le dirá cuál es el siguiente número. Por supuesto, en esta pregunta de entrevista a usted no se le permite utilizar dicha enciclopedia, pero la respuesta del sitio Web para esa secuencia es 96. En los últimos años, las empresas de todos los ámbitos industriales han adoptado esta pregunta en las entrevistas. Con frecuencia, el entrevistador la plantea con el propósito de hacer sufrir al pobre candidato. En muchas de esas empresas, la única respuesta correcta es 96.

Pero no en Google. En Mountain View, 96 es considerada una respuesta aceptable, pero una mejor sería:

10.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000. 000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000. 000.000.000.000

Es decir, «one googol», un gúgol.

Sin embargo, esa no es la mejor respuesta. La respuesta preferida es:

100.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000. 000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000. 000.000.000.000

«Ten googol», diez gúgoles.

Esa respuesta tiene su origen en 1938 aproximadamente. Milton Sirotta, de nueve años, y su hermano Edwin paseaban con su tío por New Jersey Palisades. Su tío era Edward Kasner, un matemático de la Universidad de Columbia conocido por ser el primer judío en obtener una vacante en el campo de las ciencias en esa institución de la Ivy League. Kasner entretenía a los muchachos hablándoles sobre un tema diseñado para interesar a niños estudiosos de nueve años, en este caso principalmente el número que podía escribirse como un «1» seguido de un centenar de ceros. Kasner les preguntó a sus sobrinos cómo llamarían a ese número. Milton sugirió «gúgol».5

Esa palabra apareció en el libro escrito por Kasner y James Newman en 1940, Matemáticas e imaginación. Igual que el nombre para un número incluso mayor, el «gúgolplex», definido como 10 elevado a un gúgol. Ambas palabras se pusieron de moda y calaron en la cultura popular, apareciendo incluso en Los Simpsons, y posteriormente darían nombre a la herramienta de búsqueda desarrollada por Larry Page y Sergey Brin. Según David Koller, de Stanford:

Sean (Anderson) y Larry (Page) estaban en su oficina,6 escribiendo en la pizarra e intentando encontrar un buen nombre, algo que estuviese relacionado con el índice de una inmensa cantidad de información. Sean sugirió verbalmente la palabra «googolplex» y Larry respondió con la forma abreviada «googol» (ambas palabras se refieren a números específicos grandes). Sean estaba sentado frente a su ordenador, así que llevó a cabo una búsqueda en la base de datos de nombres de dominio registrados en internet para ver si ese nombre aún estaba disponible para su uso y registro. Sean no es una persona infalible a la hora de deletrear; cometió el error de buscar el nombre escrito «google.com» y vio que estaba disponible. A Larry le gustó y, en cuestión de horas, registró el nombre «google.com» para Sergey y para él.

Edward Kasner falleció en 1955 y jamás vio el homónimo de su número. Recientemente, eso se ha convertido en una polémica. En 2004, la sobrina nieta de Kasner, Peri Fleisher, denunció que la empresa de Page y Brin se había lucrado de la palabra sin darle ninguna compensación. Fleisher dijo que estudiaría la posibilidad de emprender una denuncia legal. (El mejor titular decía «Que hablen tus personas Google7 con mis personas Googol».)

El rompecabezas googol de Google tenía tantas capas como una cebolla. Primero, había que darse cuenta de que la forma de escribir los números en inglés era más relevante que sus propiedades matemáticas. Eso ya es bastante difícil. Luego había que conocer, y recordar, el número inventado por Kasner. Una persona normal ya se consideraría inteligente si supiese qué es «un gúgol» y con eso se daría por satisfecha. Luego estaba la última capa. «Diez gúgol» es mayor que «un gúgol» y esa debe ser la respuesta.

IMAGINACIÓN E INVENCIÓN

¿Es esa pregunta demasiado difícil para preguntársela a un candidato a un trabajo? No en Google. Sin embargo, rompecabezas como esos tienen sus desventajas como preguntas de entrevista, ya que la respuesta es una cuestión de perspicacia: se sabe o no se sabe. No hay ningún proceso de deducción y, por tanto, no hay forma de distinguir entre alguien que resuelve el problema y alguien que ya conocía la respuesta. En Google, más que en ningún otro lugar, cualquiera que solicite un puesto de trabajo sabe cómo utilizar una herramienta de búsqueda. Se espera que los candidatos busquen consejos sobre las entrevistas en Google, incluidas las preguntas que se hacen. En consecuencia, Google anima a que los entrevistadores utilicen diferentes tipos de preguntas, más abiertas, sin una «respuesta correcta» definitiva. En la filosofía de Google, las buenas preguntas de una entrevista son como los tests para resolver en casa. El reto consiste en dar con una respuesta que el entrevistador no haya oído anteriormente y que sea mejor que las que haya escuchado anteriormente.

Los entrevistadores de Google «no son personas entrañables ni acogedoras»,8 como me dijo un candidato. Otra palabra que se oye muy frecuentemente es «imperturbables»; es decir, que carecen de afecto emocional. El entrevistador se sienta y mecanografía de manera insulsa en su portátil. Si usted dice algo que considera brillante… no hay la menor reacción. La velocidad a la que teclean no cambia en absoluto.

Se hace así a propósito. Las cuestiones mentales de Google suelen ser crípticas. A los candidatos no se les dice «frío» ni «caliente», ni tan siquiera si su respuesta es correcta o equivocada. Las cuestiones de Google tienen con frecuencia más de una respuesta adecuada. Algunas son considerablemente buenas, otras banales, y algunas brillantes. La persona entrevistada abandona la habitación sin tener la más mínima idea de cómo ha realizado la entrevista. Eso ha provocado una intensa especulación y una paranoia total entre los candidatos. También ha suscitado el curioso fenómeno de que otras empresas adopten las preguntas de las entrevistas de Google sin saber cuál es la respuesta adecuada.

La ventaja por excelencia de Google no es el sashimi ni los masajes, sino el proyecto del 20 por ciento. Los ingenieros de Google pueden disponer de un día a la semana para llevar a cabo un proyecto de su elección. Eso es algo fantástico. No es fácil imaginar a Procter y Gamble concediendo a sus trabajadores un día a la semana para desarrollar un nuevo champú. En Google, sin embargo, eso funciona. Se sabe que más de la mitad de los ingresos obtenidos por Google9 proceden de ideas que empezaron como proyectos del 20 por ciento. Entre ellos cabe destacar Gmail, Google Maps, Google News, Google Sky y Google Voice.

¿Cómo se mide el talento para la invención? Las escuelas empresariales se han hecho esa pregunta durante décadas. Es obvio que muchas personas inteligentes no disponen de ese don extra, sea cual sea. El problema lo planteó muy bien Nicolás Gogol (cuyo nombre suele aparecer erróneamente escrito como «googol» y «Google»). En su cuento titulado El abrigo, Gogol señala «el abismo existente entre los sastres que solo cosen telas y hacen apaños y aquellos que cosen nuevas prendas». Google invierte el 20 por ciento de los costes de ingeniería con el fin de diferenciar a los competentes sastres de software de aquellos que son capaces de crear aplicaciones innovadoras de un simple trozo de tela.

La adivinanza de la batidora condensa el proceso de inventar un nuevo producto. Se empieza por una lluvia de ideas. Existen muchas respuestas posibles, pero nadie se debe contentar con la primera idea que parezca «suficientemente buena». Encontrar una respuesta mejor exige escuchar atentamente el enunciado de la pregunta. «La imaginación es más importante que los conocimientos»,10 dijo Einstein. Uno no tiene que ser Einstein para responder correctamente la pregunta, pero se necesita la imaginación para conectar la pregunta con los conocimientos adquiridos hace mucho tiempo.

Para la mayoría, una respuesta instintiva es una respuesta graciosa. (Una persona, mencionándolo en un blog, dijo: «Se debe asumir11 que, puesto que la batidora está a punto de encenderse, es porque pronto van a llenarla de comida, así que probablemente pondría el cuello en la cuchilla en lugar de ahogarme en una bebida de mala muerte».) Las dos respuestas más populares y serias suelen ser: (1) tenderse debajo de las cuchillas y (2) alejarse de las cuchillas. Se supone que debe haber el espacio de una moneda entre las cuchillas giratorias y el fondo o los lados de la jarra de la batidora.

Otra respuesta muy común es (3) subirse encima de las cuchillas y colocar su centro de gravedad sobre el eje. Sujetarse con fuerza, ya que la fuerza centrífuga neta será casi cero, lo que le permitirá sostenerse.

Al igual que muchas cuestiones laborales de Google, esta deja mucho sin decir. ¿Quién le ha arrojado dentro de la batidora y por qué motivo? Si existe una persona tan hostil como para licuar a una persona, entonces las probabilidades de supervivencia a largo plazo son muy reducidas, no importa lo que se haga. ¿Se añadirá líquido a la batidora? ¿Tiene tapadera? ¿Cuánto tiempo estarán girando las cuchillas? Si giran durante mucho tiempo, se terminará mareado con la respuesta 3. Eso le haría perder la conciencia y caer.

Esas preguntas son bien aceptadas por el entrevistador. Las respuestas canónicas son: «No se preocupe por las personas hostiles», «no se añadirá ningún líquido», «no tiene tapadera» e «imagine que girarán hasta que usted esté muerto».

Otro enfoque (4) es escalar y salirse de la jarra. El entrevistador le preguntará cómo piensa hacerlo, ya que no dispone de ventosas. Una respuesta brillante es que, con su tamaño, es como una mosca y puede subir por el cristal.

Una respuesta estúpida es (5) utilizar el teléfono para pedir ayuda. Eso depende de que su teléfono, al haberse encogido como usted, p ...