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FAMA, FORTUNA Y AMBICIóN (OSHO LIFE ESSENTIALS)

Osho   

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Fragmento

uno

El éxito a los ojos de quien lo posee

La gente va posponiendo todas las cosas importantes. Ya reirán mañana; hoy, hay que ganar dinero… más dinero, más poder, más cosas, más aparatos. Ya amarán mañana; hoy no hay tiempo. Pero mañana nunca llega, y un día se encuentran a sí mismos hartos de los aparatos, hartos del dinero. Han llegado al peldaño más alto de la escalera y, desde ahí, ya no se puede ir a ninguna parte, excepto saltar a un lago.

Pero ni siquiera pueden decirle a los demás: «No hace falta que vengas, aquí no hay nada», porque eso los haría parecer estúpidos.

Siempre he soñado con ser mundialmente famoso, rico y triunfador. ¿Puedes decirme algo que me ayude a cumplir mi deseo?

No, señor, en absoluto, nunca, porque tu deseo es suicida. Yo no puedo ayudarte a que te suicides.

Puedo ayudarte a crecer y ser, pero no puedo ayudarte a que te suicides, no puedo ayudarte a que te destruyas a ti mismo por nada.

La ambición es veneno. Si quieres ser mejor músico, puedo ayudarte, pero no pienses en términos de hacerte mundialmente famoso. Si quieres ser mejor poeta, puedo ayudarte, pero no pienses en términos de premios Nobel. Si quieres ser un buen pintor, puedo ayudarte, ayudo a la creatividad. Pero la creatividad no tiene nada que ver con el nombre y la fama, el éxito y el dinero.

Y no quiero decir que, si se da el caso, tengas que renunciar a ellos. Si vienen, está bien, disfrútalos. Pero no dejes que sean tu motivación, porque cuando alguien está intentando triunfar, ¿cómo puede ser realmente un poeta? Su energía es política, ¿cómo puede ser poético? Si alguien está intentando ser rico, ¿cómo puede ser un verdadero pintor? Toda su energía está orientada a ser rico. Un pintor necesita enfocar toda la energía en la pintura, y la pintura es aquí y ahora. Y puede que la riqueza llegue en algún momento en el futuro, o puede que no. No es preciso; todo es accidental. El éxito es accidental, la fama es accidental.

Pero la felicidad no es accidental. Puedo ayudarte a ser feliz; puedes pintar y ser feliz. Que la obra llegue a ser famosa o no, que te conviertas en un Picasso o no, esa no es la cuestión. En lo que sí puedo ayudarte es a pintar de tal forma que, mientras pintes, incluso Picasso sentiría envidia de ti. Puedes enfrascarte por completo en tu pintura, y esa es la verdadera dicha. Esos son los momentos de amor y meditación; esos son los momentos divinos. Un momento divino es aquel en el que estás completamente enfrascado, cuando tus fronteras desaparecen, cuando tú no eres y la divinidad es.

Pero a triunfar no te puedo ayudar. No estoy en contra del éxito, déjame que te lo recuerde de nuevo, no estoy diciendo que no triunfes. No tengo nada en contra de eso, es absolutamente correcto. Lo que estoy diciendo es que eso no debe ser lo que te motive, de lo contrario, te perderás la pintura, te perderás la poesía, te perderás la canción que estás cantando ahora mismo; y cuando llegue el éxito, tendrás las manos vacías porque el éxito no puede satisfacer a nadie. El éxito no puede nutrirte; no contiene nutrientes. El éxito no es más que una pompa de jabón.

La otra noche estuve leyendo un libro acerca de Somerset Maugham, Conversaciones con Willie. El libro lo escribió su sobrino, Robin Maugham. Pues bien, Somerset Maugham era una de las personas más famosas y ricas de su tiempo, pero las memorias son reveladoras. Robin Maugham escribe acerca de su famoso y triunfador tío:

Sin duda, era el autor más famoso en su época. Y el más triste… «Verás —me dijo—, muy pronto habré muerto, y no me gusta la idea en absoluto… —y esto lo decía a los noventa y un años—. Soy una fiesta muy vieja —me dijo—. Pero eso no hace que sea más fácil para mí.»

Maugham era rico y mundialmente famoso, y a los noventa y un años todavía seguía amasando una gran fortuna, aunque llevara décadas sin escribir ni una palabra. Los royalties de sus libros, al igual que las cartas de admiradores, llegaban de todo el mundo. El sobrino continúa escribiendo:

«¿Cuál es el recuerdo más feliz de tu vida?», le pregunté. Y él me contestó: «No recuerdo ni uno solo». Eché un vistazo por la sala de dibujo y observé los muebles, cuadros y objetos de arte de incalculable valor que su éxito le había permitido adquirir. Tenía una villa con un maravilloso jardín en un lugar privilegiado en la costa del Mediterráneo valorada en seiscientas mil libras. Tenía a su servicio dieciséis criados, pero no era feliz.

«Verás, cuando me muera —me dijo—, me lo quitarán todo, cada árbol, la casa, y todos y cada uno de los muebles. No me podré llevar conmigo ni una mesa.»

Y estaba muy triste y tembloroso.

Se quedó en silencio durante un rato… luego, dijo: «Toda mi vida ha sido un fracaso. Desearía no haber escrito ni una sola palabra. ¿De qué me ha servido? Toda mi vida ha sido un fracaso, y ya es demasiado tarde para cambiar». Y sus ojos se llenaron de lágrimas.

¿De qué te puede servir el éxito? Así que, este hombre, Somerset Maugham, vivió en vano. Vivió mucho tiempo —noventa y un años—, podría haber sido un hombre muy tranquilo, satisfecho. Pero sólo si el éxito pudiera proporcionarlo; sólo si la riqueza pudiera proporcionarlo; sólo si una gran villa y sirvientes pudieran proporcionarlo.

En el análisis final de la vida, el nombre y la fama son irrelevantes. Lo único que cuenta para el resultado final es cómo has vivido cada momento de tu vida. ¿Fue una gozada, una celebración? ¿Fuiste feliz en las pequeñas cosas? Tomando un baño, sorbiendo té, fregando el suelo, paseando por el jardín, plantando árboles, hablando con un amigo, sentado en silencio con tu amada o amado, mirando a la luna o simplemente escuchando a los pájaros, ¿fuiste feliz en todos esos momentos? ¿Fue cada momento luminoso, feliz y de radiante alegría? Eso es lo que importa.

Me preguntas si puedo ayudarte a cump

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