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HIJOS INVISIBLES

Martha Alicia Chávez  

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Fragmento

Preámbulo

Bebés, niños, adolescentes y adultos invisibles… pasan de largo por la vida sin ser vistos. Si están o no están lo mismo da. Para ellos no fluye espontáneamente la fuerza de amor y vida de los que llevan su sangre; por eso la tienen que extraer, obligar.

Ser invisible significa, en mayor o menor grado, estar fuera del mundo, no sentirse parte de él ni integrado con quienes lo habitan. La energía de los seres invisibles no se hace presente, como si no ocuparan un lugar en el espacio y el tiempo. Algunos son conscientes de esa sensación de desintegración; afirman sentirse así y lo expresan usando justamente esa palabra. Otros, en cambio, sólo experimentan una sensación de vacío, de no ser parte de nada, de que algo les falta. Lo que les falta es, precisamente, ser vistos.

La invisibilidad es uno de los más dolorosos estados que un ser humano puede experimentar. Ser invisible es como estar muerto, aunque se esté vivo; como no existir, aunque se exista; como ser nadie, aunque se sea alguien. Es justamente esta dicotomía la que acrecienta el dolor, la confusión de saber que es, que está, que el corazón palpita, pero no hay puntos de referencia externos que lo validen y le den certidumbre.

Si la invisibilidad es tan dolorosa, si ser invisible entorpece el desarrollo pleno de la persona, ¿qué hacen los seres invisibles para volverse visibles?

Acompáñame a adentrarnos en las páginas de este libro para comprenderlo y, mejor aún, para aprender cómo otorgar a nuestros hijos –de cualquier edad– uno de los más grandes regalos de amor: “ser vistos”.

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