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INICIA TU PROPIA CORPORACIóN

Garret Sutton  

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Fragmento

Prólogo
POR ROBERT KIYOSAKI

A los 10 años, cuando estaba en quinto grado, empecé a leer sobre los grandes exploradores como Colón, Magallanes, Cortés, Da Gama y Cook. Soñaba con viajar algún día por todo el mundo en un barco de madera y buscar tesoros en tierras desconocidas. Leí todos los libros que pude respecto a la vida y las aventuras de estos hombres. En ese entonces solía obtener las mejores calificaciones en mis exámenes y cuestionarios sobre el tema.

—Leíste sobre los exploradores que tuvieron éxito —me dijo padre rico—, ¿pero qué hay de los que fracasaron? —padre rico me estaba ayudando a prepararme para mi examen final de quinto grado.

—¿Los que fracasaron? —le pregunté.

—Sí, los que no lo lograron —insistió—. En la escuela te enseñan sobre los exploradores exitosos o célebres, pero hay muchos que no lograron su objetivo y que no conocemos. Gente de la que nunca hemos oído hablar ni oiremos.

—¿Por qué es importante estudiar a los exploradores que fracasaron? —le pregunté a padre rico.

—Porque necesitas saber cómo se protegieron los propietarios y los inversionistas de esos viajes para evitar las repercusiones del fracaso —me explicó.

—¿Repercusiones? —pregunté—, ¿qué tipo de repercusiones?

—Como perder la vida —me dijo—. Los propietarios e inversionistas necesitaron protegerse a sí mismos y sus fortunas de las familias de los exploradores y de las tripulaciones en caso de que alguien perdiera la vida durante el viaje.

—¿Quieres decir que los hombres en los barcos arriesgaron su vida y a veces la perdieron, pero a los propietarios y a los inversionistas en tierra sólo les interesaba protegerse para no perder dinero? ¿Son ésas las repercusiones de las que me estás hablando?

Padre rico asintió y empezó a hablarme de las Compañías de las Indias Orientales: la holandesa y la inglesa. Estas dos compañías fueron dos de las organizaciones más poderosas y famosas involucradas en esas exploraciones. Algunas de estas corporaciones incluso tenían sus propios ejércitos y fuerzas armadas para controlar el acceso de su nación a la riqueza en el extranjero. Me contó que las compañías se apoderaron de muchas maneras de regiones y países enteros como Nueva Zelanda, Hawái, Australia, Malasia, Indonesia, Sudáfrica y otros lugares del mundo. Una de esas regiones se convertiría algún día en Estados Unidos de América. Padre rico me explicó que la bandera de nuestro país fue originalmente la bandera de la Compañía Inglesa de las Indias Orientales y que, de acuerdo con la información que se tiene, fue modificada por Betsy Ross. Si bien Inglaterra perdió el control sobre sus colonias, la compañía simplemente cambió su denominación, es decir, adoptó otro nombre, y continuó realizando actividades comerciales.

Entre más me contaba padre rico sobre las empresas que apoyaron a estos grandes exploradores y la manera en que moldearon la historia mundial, más me interesaba en los negocios internacionales y en la posibilidad de realizarlos a través de una corporación. Cuando cumplí 16 años empecé a solicitar al Congreso un puesto oficial para formar parte de la Academia de la Marina Mercante de Estados Unidos, es decir, la escuela militar federal que entrena a los jóvenes para que naveguen en los buques de la marina. Kings Point, otro de los nombres con que se conoce a esta escuela, continúa entrenando gente para que reemplace a los grandes exploradores marinos. Cada año, esta poco conocida escuela federal abre sus puertas a solamente dos estudiantes de Hawái, y es por ello que me sentí tan afortunado de que me aceptaran tras aprobar sus rigurosos exámenes y entrevistas. A los 18 años empecé a navegar como estudiante en los buques que transportaban carga a través de las mismas rutas que establecieron Fernando de Magallanes y el capitán James Cook. Poco después me di cuenta de que a pesar de que dichos exploradores habían muerto mucho tiempo atrás, algunas de las empresas de las que me habló padre rico seguían existiendo, y de que el gobierno de Estados Unidos financiaba la educación de sus líderes. Así empecé a entender lo que padre rico me había dicho tantos años antes: “No sólo estudies al explorador y sus barcos, estudia también la fuerza de las empresas que los apoyaron”.

El 747 reemplaza a los buques de carga

Hoy en día, en lugar de viajar en buques cargueros, lo hago en el 747. Aunque la forma de transporte cambió, yo aún sigo los consejos de padre rico y he aprendido bien mis lecciones. La diferencia es que, ahora que debo viajar como representante de varias corporaciones, puedo controlar estas entidades en lugar de sólo trabajar para ellas.

Tal como lo afirmé en Padre Rico, Padre Pobre, mi padre pobre pensaba que ser un empleado diligente e ir subiendo por el escalafón corporativo era una gran idea, en tanto que padre rico me decía: “En lugar de subir por el escalafón corporativo, ¿por qué no mejor ser dueño del mismo?” o “El problema de subir por el escalafón es que cuando miras hacia arriba, sólo ves el gordo trasero de quien está encima de ti”. Ya hablando más en serio, también me decía: “Las dos razones principales por las que necesitas iniciar tu propia corporación es porque debes protegerte contra las demandas y contra los impuestos excesivos. Sin em

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