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JUDY MOODY Y STINK. LA LOCA, LOCA BúSQUEDA DEL TESORO (COLECCIóN JUDY MOODY)

Megan McDonald  

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Fragmento

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Desde el día en que el primer barco surcó los mares, existen los piratas. Y desde que existen los piratas, Stink Moody ha deseado navegar en un barco hasta una isla. Una isla del tesoro.

Un ferry no era exactamente un barco pirata, pero de todos modos Stink se llevó su equipo de supervivencia: brújula, linterna, cuaderno, un ejemplar de La isla del tesoro, una bandera pirata, las reglas del buen pirata y… ¡Un catalejo!

Desde la cubierta superior del ferry, Stink observó con un ojo a través de su catalejo. El ojo no tapado por el parche, claro.

Lo único que fue capaz de ver era azul, azul, azul. El cielo azul. El agua azul. Y azul… ¿una camiseta? Su hermana Judy se había plantado en medio.

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—¡Oye, Judy, la carne de burro no es transparente!

Cuando Judy se apartó Stink enfocó su catalejo hacia el horizonte.

—Creo que ya la veo —dijo Stink—. ¡Isla Vegetal! Quiero decir, isla Alcachofa.

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—Querrás decir isla Ocracoke —le corrigió Judy.

—Bueno, como se llame —dijo Stink—. Yo lo que quiero es ver piratas y encontrar un barco hundido y ver oro de verdad y descubrir un tesoro.

—Sí, bueno. Sólo estaremos en Carolina del Norte unos pocos días.

A través de su catalejo, Stink vio a su padre y a su madre en la cubierta de abajo.

—¡Eh! Vosotros. Los de la cubierta de popa —llamó.

—¿Cuál es la cubierta de popa? ¿Qué sabes tú de eso? ¡Déjame ver! —Judy le quitó el catalejo a Stink.

Stink alzó los brazos y cantó como un pirata:

«Quince hombres muertos en un arcón
¡qué divertido! ¡No piden ron…!»

—Oye, Stink, hay un chico en la cubierta de popa que te está mirando. Ese alto que lleva una camiseta con una tortuga. Al lado de esa chica con gafas. Parece simpática. Y también ella te está mirando.

Skink dio un tajo al aire con su espada invisible:

«Quince arcones y un hombre muerto.
¡Era el pirata del ojo tuerto!»

Stink hizo como si caminara por la pasarela fatal en la cubierta superior. El barco atravesó un remolino de olas y dio un bandazo. Judy se aferró a la barandilla. Stink se cayó de bruces sobre la cubierta y se agarró el estómago poniendo caras raras.

—¿Qué te pasa? —preguntó Judy—. ¿Vas a vomitar?

—¡Calla…! No digas la palabra «vomitar» cuando un pirata está a punto de idem.

Judy trató de pensar en algo… algo que distrajera a Stink. ¡Otra palabra!

—Stink, ¿cómo dices que un pirata «devuelve»?

—¡Te dije que no dijeras vomitar!

—¡No he dicho vomitar! He dicho devolver, que es más fino.

—Un pirata no devuelve, es valiente y vuelve una vez más al combate.

—Bueno, entonces ¿cómo dices que un pirata ha vaciado su estómago por la boca?

—¡No digo nada! Es una ordinariez.

—¡Se dice que ha «devuelto» la comida! ¡Vaya pirata ladrón que devuelve en vez de robar!— Judy se reía a carcajadas.

—Me pican los pies —Stink se rascó los pies como loco—. Y me duelen los dientes. ¿Me han salido manchas rojas? ¿Se me van a caer los dientes?

—Stink, saca la lengua y di Ahhh… —ordenó la doctora Judy—. Stink, te faltan dos dientes y tienes la cara abrasada.

—Dolor de estómago. Picor en los pies. Dientes caídos. Cara enrojecida. ¡Me voy a morir!

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—Eso tengo que decirlo yo, que soy la doctora.

—¡Lo tengo! ¡Es que lo tengo!

—¿Tienes qué?

—¡Escorbuto! ¡Soy hombre muerto! —dijo Stink.

—¡Escorbuto! —exclamó Judy—. Lo único que te pasa es que estás un poco mareado. Cierra los ojos un minuto y pon la cabeza entre las rodillas. Así, mamá siempre me daba galletas saladas cuando me sentía con el estómago revuelto y parecía que iba a… bueno, a eso que no se puede decir delante de un pirata.

Stink permaneció tranquilo durante un momento masticando las galletas. Por fin, cuando el barco dejó de balancearse, se puso de pie ...