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LA CLAVE ESTá EN LA TIROIDES (COLECCIóN VITAL)

Amy Myers  

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Fragmento

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Introducción

Hola.

Puede que estés leyendo este libro porque crees tener un problema tiroideo o porque sabes que lo tienes. De cualquier forma, probablemente tienes la sensación de que tu médico está pasando algo por alto porque insiste en que estás bien, mientras tú sabes que “bien” es lo que menos estás.

Quizá has subido de peso, aun cuando te apegas fielmente a tu dieta. Quizá comes y haces ejercicio de la misma forma que siempre —bien, mal o sin prestarle mucha atención—, pero solías tener un peso estable y ahora los kilos se están acumulando.

Tal vez tu problema es el opuesto: tu peso está cayendo rápidamente, aunque comes más de lo usual y sigues con hambre incluso después de terminar una comida sustanciosa. Quizá lidies con un corazón acelerado o con palpitaciones repentinas. Puede ser que estés en un estado crónico de alerta, con una ligera ansiedad que te mantiene al límite constantemente.

Recibe antes que nadie historias como ésta

Es probable que tengas demasiados achaques y sólo estés en tus 20, o quizá tengas 60, pero sabes que tu cerebro debería trabajar mejor. Tal vez te sientes cansado todo el tiempo, apático o deprimido. Es posible que tus hormonas estén brincando por todas partes; que no puedas embarazarte, aunque lo hayas estado intentando durante un tiempo, o que tu libido esté desaparecida. Tal vez tengas otro molesto síntoma: indigestión, constipación, diarrea. Quizá tu ansiedad empieza a convertirse en devastadores ataques de pánico que suceden sin una razón aparente. Es posible que tu problema sean dolores en las articulaciones, manos temblorosas, músculos débiles, piel flácida. Tal vez siempre tienes frío o, lo que puede ser más perturbador, se te está cayendo el cabello.

Cualquiera de estos síntomas puede indicar un problema tiroideo, ya sea una tiroides funcionando de menos o de más (aunque los síntomas son diferentes, pueden traslaparse), y si tu médico te asegura que no tienes un problema tiroideo, que tus análisis son normales y ya te está dando la dosis correcta de suplemento hormonal, que tus problemas son causados por hormonas femeninas (si eres mujer) o baja testosterona (si eres hombre), depresión, estrés, ansiedad o por no ser lo suficientemente disciplinado con tu dieta, pues déjame decirte que, si bien parte de esto puede ser verdad, es posible que tengas un problema de tiroides de todas maneras.

Así es. Tristemente, es posible que los análisis que te estés haciendo no sean los adecuados, que tu médico esté malinterpretando los resultados, te esté medicando poco, tomes el medicamento equivocado o sufras de una mezcla de estos factores. Mientras tanto, te sientes mal, exhausto, viejo antes de tiempo y, dado que tu médico no quiere creerte, probablemente loco. Así que respira hondo y prepárate para sentirte mejor porque con este libro te darás cuenta de que tenías razón desde el principio. Algo anda mal contigo. Sí tienes una disfunción tiroidea, sí puede tratarse y tan pronto como lo hagas te sentirás renovado.

Haz tu propia conexión con la tiroides

Es sorprendente la cantidad de síntomas —chicos, medianos y grandes— que están vinculados a tu tiroides. De hecho, casi cualquier aspecto de tu cuerpo depende del funcionamiento de la tiroides, y si tu tiroides no está trabajando como debe, tú tampoco. Sanar y atender tu tiroides es una de las formas más importantes de conectarte con tu cuerpo y una de las mejores para lograr una salud óptima.

En este libro aprenderás todo sobre tu tiroides: cómo funciona, por qué puede hacerte sentir tan miserable y qué puedes hacer para tener un diagnóstico más acertado. Aprenderás qué análisis debes realizar y qué opciones de tratamiento puedes explorar. También descubrirás cómo transformar tu salud por medio de la dieta y el estilo de vida correctos: sanar tu intestino, obtener los nutrientes necesarios para tu tiroides, evitar alimentos inflamatorios, liberar a tu cuerpo de su carga tóxica, tratar las infecciones y practicar una reducción efectiva de estrés. Hacia este fin, aprenderás qué tanto ejercicio es bueno para tu tiroides; dado que hacer mucho ejercicio o demasiado intenso en realidad puede interrumpir el funcionamiento tiroideo.

Lo mejor de todo es que descubrirás cómo deshacerte de esos síntomas, cómo disipar la niebla, cómo calmar la ansiedad y la depresión, cómo curar esas articulaciones dolorosas y las hormonas rampantes, cómo recuperar tu vida sexual, cómo perder esos kilos de más y nunca volverlos a recuperar, y sí, cómo hacer que tu cabello crezca de nuevo grueso y sano, mejor de lo que nunca lo has visto, y tener una piel brillante y un montón de energía para gastar.

Esto es lo que quiero para ti, una salud radiante por completo, y nada menos. Eso es lo que puedes esperar cuando tu tiroides funciona óptimamente y sigues la dieta y el estilo de vida que promueve una salud excelente. Sé que puedes hacerlo porque miles de pacientes lo han logrado. Si ellos pudieron llegar a su meta, tú también.

Toma el control de tu salud

Hay dos aspectos esenciales en la salud tiroidea, y el más importante depende de ti. Si sigues el plan de conexión con la tiroides del método Myers, el protocolo para una salud tiroidea completa que detallo en este libro, verás una mejoría dramática en tu salud, en tu vitalidad y en tu bienestar. Después de 10 años de usar este protocolo, tanto en mi práctica clínica como en mí misma, puedo prometerte que nada —y en verdad, nada— te hace sentir tan bien como darle a tu cuerpo lo que necesita.

El segundo aspecto de la salud tiroidea involucra trabajar en equipo con tu médico. En este libro aprenderás todo lo que necesitas saber para ello y para que puedas estar cien por ciento seguro de que estás recibiendo el diagnóstico correcto y el tratamiento más efectivo para ti. ¡Y vaya que te sentirás mejor cuando eso suceda!

¿Cómo lo sé? Porque antes de convertirme en una doctora especializada en tiroides fui una paciente de tiroides. Sé qué tan miserable puede volverse tu vida cuando tu tiroides no funciona. Especialmente sé qué tan devastador es pensar que no tienes más opciones, creer que no hay nada que puedas hacer más que resignarte a una vida de cambios de estado de ánimo, aumento de peso, ansiedad, depresión, niebla mental, fatiga y pérdida de cabello.

Lo sé porque lo viví. Cuando tenía 32 años tuve que lidiar con mi propia tiroides. Tenía un desorden espantoso que me hacía sentir como si mi cuerpo ya no fuera mío y mi mente se estuviera saliendo de control. Y aun siendo una estudiante de segundo año de medicina, capaz de comprender mejor que muchos la anatomía básica, mi propio doctor se rehusaba a creerme. “Oh —decía—, es sólo estrés. Además de que los estudiantes de medicina siempre piensan que tienen cada problema del que leen en sus libros.”

No. Tenía un desorden tiroideo genuino que mi médico se rehusó a tratar inicialmente, e incluso después de que insistí en hacerme una revisión general y recibir mi diagnóstico, los tratamientos que me ofrecía la medicina convencional muchas veces fueron peores que la enfermedad misma. Es triste, pero la mayoría de los médicos tradicionales —no todos, pero la mayoría— hace un pésimo trabajo en lo que respecta a la disfunción tiroidea. Simplemente no le atinan.

Así que compartiré contigo mi propia conexión tiroidea porque es lo que me ha inspirado a lo largo de mi carrera médica para escuchar a mis pacientes, comprender lo que está sucediendo realmente y buscar los mejores tratamientos posibles, los que se apoyan en la habilidad natural de tu cuerpo para alcanzar una salud óptima. La medicina convencional me falló, no hay otra forma de ponerlo. Es mi misión no dejar que te falle a ti también.

Cuando tu médico no quiere creerte…

Como millones de otros pacientes antes y después de mí, he escuchado la negación de un problema tiroideo y se me ha roto el corazón. Siempre había sido fuerte y sana, sabía cómo trabajar duro y pocas cosas me gustaban tanto como los retos, ya fueran mis dos años en el Cuerpo de Paz o el primer año en la escuela de medicina. Incluso a lo largo de esos terribles y largos meses de la batalla de mi madre contra el cáncer y su muerte temprana, me di cuenta de que podía estar a la altura de las circunstancias. Después de su muerte empecé a trabajar en un laboratorio de investigación donde estudiaba y patentaba un compuesto natural que pudiera evitar que otros murieran como ella.

Pero de pronto, de la nada, mi cuerpo estaba completamente fuera de control. Cada día luchaba con la ansiedad que a veces se convertía en ataques de pánico, con el cuadro entero: pulso acelerado, respiración agitada, una sensación creciente de fatalismo. En las noches estaba acostada despierta, escuchando mi latido sincronizarse con el segundero de mi reloj, incapaz de calmarme lo suficiente para dormir.

También estaba perdiendo peso de una forma alarmante. Si no comía dos rebanadas de pan Ezekiel untadas con mucha mantequilla justo antes de acostarme, despertaba pesando un kilo menos al día siguiente. Y si eso te suena como el plan de pérdida de peso ideal, déjame decirte que era todo lo contrario. Estaba demacrada, cansada y frágil, con músculos que me temblaban tanto cuando bajaba las escaleras, que tenía que abrazar el barandal para cuidar mi vida. Siempre tenía hambre, incluso después de comer. Esto empeoró a tal grado que, sentada en un salón inmenso en la escuela, no podía siquiera tomar notas correctamente, pues mis manos desarrollaron un temblor tan pronunciado que mis dedos no podían controlar la pluma.

Los amigos de cualquiera se habrían preocupado. Mis amigos eran estudiantes de medicina que observaban mis síntomas de primera mano. “Amy, ve a ver a un médico”, insistían. Así que fui, sólo para escuchar a la doctora decir que tenía el “síndrome del estudiante de medicina”, creer que tenía cada síntoma del que aprendía en la escuela.

“No”, insistía ahora yo. Conocía mi cuerpo, y algo terrible estaba pasando. “Tal vez sea sólo estrés”, sugirió la doctora, ya preparándose para recibir a su siguiente paciente. “Después de todo, el segundo año de medicina es uno de los más difíciles.”

¿Estrés? Había ayudado a cuidar a mi madre moribunda y había superado su funeral. Había pasado más de dos años en el Cuerpo de Paz, en un pueblo tan pequeño de Paraguay que ni siquiera aparecía en el mapa, sin agua corriente y a ocho horas de distancia del teléfono más cercano. Había terminado exitosamente mi primer año de medicina. Eso era estrés, pero mi cuerpo nunca había respondido con pérdida de peso, insomnio, pánico y temblores, nada ni remotamente similar.

No fue fácil escuchar mi propio autoconocimiento en lugar de los pronunciamientos autoritarios de mi doctora, especialmente estando tan enferma que a duras penas podía funcionar. Pero siempre he sido una mujer fuerte de Luisiana —así me crió mi madre— y no podía hacer caso de un diagnóstico que sabía que estaba tan fuera de lugar.

“Por favor —insistí—, necesito una revisión completa.” De alguna manera logré que me hiciera caso y, a regañadientes, ordenó una serie completa de análisis de sangre. Una semana después estaba pasando el fin de semana en casa de mi tía, en la costa, cuando me llamó la doctora. No estoy segura de que se haya disculpado realmente, pero sí me dijo que tenía un serio desorden tiroideo.

Como podrás ver más adelante en este libro, hay dos formas en las que tu tiroides puede desequilibrarse. La más común es el hipotiroidismo, cuando tu tiroides funciona de menos. Las condiciones del hipotiroidismo pueden o no ser autoinmunes, pero la versión que sí lo es se llama enfermedad de Hashimoto, la forma más común actualmente de una tiroides hipoactiva. Por otra parte, puedes tener hipertiroidismo, es decir, una tiroides hiperactiva. Yo tenía esa condición menos común, y también puede ser autoinmune o no. Yo tenía la clase autoinmune, llamada enfermedad de Graves.

Cuando tienes una enfermedad autoinmune de cualquier clase, tu cuerpo básicamente se está atacando a sí mismo. La gran mayoría de los desórdenes tiroideos es de naturaleza autoinmune, por lo que tu sistema inmunológico empieza a atacar tu tiroides. Para llegar a la raíz del problema necesitas atender tanto la glándula tiroides como el sistema inmunológico, pero tristemente la mayoría de los médicos convencionales sólo ignora el sistema inmunológico y se enfoca en tratar la tiroides. Después descubrí que ésta es una forma incompleta de tratar tanto la enfermedad de Hashimoto como la de Graves.

Más adelante también aprendí que pude haber tratado mi problema por medio de una combinación de dieta, suplementos de alta calidad y cambios en mi estilo de vida, el mismo protocolo que se ha convertido en mi plan de conexión con la tiroides del método Myers. Pero entonces no sabía lo que ahora, así que al referirme con un endocrinólogo —el médico especialista en desórdenes hormonales, incluyendo la disfunción tiroidea— estaba supeditada de cierta manera a lo que él indicara.

“Tienes tres opciones —me dijo—. La primera, tomar un medicamento conocido como propiltiouracilo, o PTU, que apagará tu tiroides y evitará que trabaje de más. La segunda, usar yodo radiactivo —I-131— para ‘volar tu tiroides’.” (Como Hiroshima, pensé temblando.) “O la tercera, que un cirujano quite toda o parte de tu tiroides.”

De hecho, ninguna de esas opciones me agradaba. Mis padres habían utilizado medicina holística y china. Yo crecí con comidas caseras preparadas con alimentos orgánicos. Mi mamá cultivaba jitomates y hojas verdes orgánicos, y nos daba pan de trigo entero horneado en casa, así como yogur natural casero. Hasta que me mudé fuera, no supe que el arroz se daba en cualquier otro color que no fuera café. A los 14 años me volví vegetariana. Incluso cuando entré a la escuela de medicina, pensé en volverme una clase de médico holístico, alguien que se apoya en las propiedades curativas de los alimentos buenos y contempla el cuerpo como un todo, aunque en ese tiempo no tenía idea de cómo lograrlo.

Por supuesto, ahora sé que los lácteos, el gluten, los granos, las leguminosas y las solanáceas (jitomates, pimientos, berenjenas y papas) pueden causar inflamación —una respuesta del sistema inmunológico que es el centro de los padecimientos autoinmunes, de la disfunción tiroidea y de muchos otros problemas de salud crónicos—. También sé que mi cuerpo necesita los nutrientes que se encuentran en las proteínas de animales orgánicos para apoyar la salud inmunológica y tiroidea, así como otras funciones corporales. Irónicamente, mi vegetarianismo y los “alimentos sanos” de mi mamá eran parte de lo que me enfermaba. Pero eso fue algo que aprendí con el tiempo.

Mientras tanto, estaba en lo correcto de desconfiar de esas tres opciones convencionales de tratamiento. ¿Fuertes medicamentos con efectos secundarios devastadores? ¿Atacar mi tiroides con veneno radiactivo? ¿Cirugía? Ninguna de las tres se asemejaba a como yo quería tratar a mi cuerpo.

Así que probé otra cosa y trabajé con una doctora de medicina china que tenía sus propias hierbas y protocolos de dieta. Me llenó de alimentos fermentados, granos germinados, polvos asquerosos, tés y tinturas. Los alimentos fermentados pueden ser buenos para tu salud, pero no cuando tu sistema está tan alterado como estaba el mío, y el resto sólo me hizo sentir peor.

Así que, de vuelta con el endocrinólogo, mis síntomas ya eran realmente malos para este punto. El insomnio era una locura; tenía suerte si lograba dormir tres horas cada noche. Mi corazón latía tan rápido que sentía como si se me saliera del pecho, y sí, estaba tomando betabloqueadores, un medicamento para bajar mi ritmo cardiaco, lo que contribuía a la niebla mental. Tenía el mal presentimiento de que el doctor me iba a medicar para cualquier síntoma que mencionara en la consulta. Entonces tendría que lidiar con mi disfunción tiroidea y con todos los efectos secundarios. Gracias a toda esa falta de sueño me costaba mucho trabajo llegar a clase, pero no podía darme el lujo de reprobar medicina. Así que, aun a disgusto, empecé una serie larga, desgastante y descorazonante de tratamientos médicos.

Primero intenté con el PTU porque parecía la elección menos invasiva. Tal vez lo era, pero de todas maneras era bastante brutal. El medicamento secaba mi boca y mi nariz a un extremo agonizante, y encima de todo, las medicinas volvieron mi tiroides hiperactiva en hipoactiva, así que le di la bienvenida a toda una nueva serie de síntomas: fatiga, frío constante, piel reseca y una caída de cabello por mechones.

Después de algunas semanas de sentirme fatal, regresé con el endocrinólogo. Estaba mucho más preocupado por mi fatiga crónica que por cualquier otro síntoma, así que me pidió algunos análisis de sangre. Más tarde ese mismo día, me dijo que el PTU estaba empezando a destruir mi hígado, una condición llamada hepatitis tóxica. Era un riesgo de uno en un millón, pero me había pasado a mí, y si no eliminaba el medicamento de inmediato, eventualmente podía morir de una falla hepática fulminante. Me ordenó permanecer en cama hasta que mi hígado se recuperara, lo que podía tardar semanas o incluso meses.

De acuerdo, en lugar de estas tres opciones convencionales, me quedaban sólo dos: cirugía o la destrucción de mi tiroides con yodo radiactivo. Aunque la opción nuclear me agradaba muy poco, la cirugía parecía un prospecto aún más atemorizante. Estaba tan debilitada y desmoralizada que, si algo salía mal en la cirugía, realmente dudaba de mi capacidad de luchar para vivir. Me pasé un día tras otro buscando tratamientos alternativos, pero no encontré ninguno, así que elegí reducir —o destruir— mi tiroides con yodo radiactivo.

Si uno sigue por este camino, la glándula tiroides puede liberar una gran cantidad de hormonas tiroideas en el torrente sanguíneo mientras se está destruyendo. Eventualmente, no habrá tiroides y será necesario tomar suplementos hormonales tiroideos de por vida. Pero antes de que pudiera llegar a eso, los repentinos aumentos masivos de hormonas me hacían tener ataques de pánico todavía más severos, los cuales eran mucho más perturbadores porque podían ocurrir en cualquier momento. Tuve que añadir Xanax a mi farmacia personal porque literalmente nunca sabía dónde entraría en pánico, en el parque, en el supermercado, en la iglesia… Empecé a evitar salir de mi casa por cualquier razón; el miedo de tener que sufrir un ataque de pánico en público era demasiado.

Más adelante, como si estuviera atrapada en un juego médico, mi sistema rebotó hacia la otra dirección, una tiroides baja. De nuevo estaba exhausta y tenía frío constantemente. Subí cinco kilos rápidamente, y sí, de nuevo estaba perdiendo cabello. Lo peor de todo es que desarrollé síndrome de intestino irritable.

Dado que mi tiroides había sido destruida intencionalmente, ahora necesitaba tomar suplementos hormonales tiroideos, así que mi médico me recetó Synthroid, pero mis síntomas continuaron. Lo irónico es que, aun cuando me sentía morir, mis análisis de tiroides eran normales. Describía mis síntomas al médico y qué tan mal me sentía, pero él veía mis análisis y no podía creerlo, lo que era patear al caído.

Pero yo te creo

Sé que mi historia es un poco más extrema que la de muchos, pero aun si tu historia es similar o de cierta manera diferente, es probable que estés sufriendo por la misma causa: una tiroides disfuncional, quizá también un desorden del sistema inmunológico y un cuerpo que lucha con un intestino dañado, una carga tóxica, una infección subyacente o una sobrecarga de estrés.

¡Lamento que estés pasando por esto! Mereces sentirte increíble, y la información en este libro puede llevarte a ello. ¿Cómo puedo estar tan segura? Porque he tratado a miles de pacientes de tiroides a lo largo de los últimos 10 años y créeme, he escuchado de todo. He tratado a personas cuyos síntomas eran tan sutiles y cuyos análisis parecían tan normales, que casi no podían creer que tuvieran una disfunción tiroidea, fuera de la niebla mental periódica, la falta de energía, la leve depresión y el sobrepeso que simplemente no desaparecía. He tratado a mujeres que no podían embarazarse y a hombres que sentían que su deseo sexual había desaparecido completamente, y he trabajado con pacientes que, al igual que yo, tenían la enfermedad de Graves, y los ayudé a revertir completamente sus síntomas, dejar los medicamentos y devolver sus hormonas a niveles normales sin usar ninguno de los medicamentos y los tratamientos extremos que a mí me ofrecieron.

Cada una de estas historias tiene detalles únicos y ciertamente la tuya también, pero lo que todas tienen en común es una persona cuya vida está viéndose afectada porque su tiroides no trabaja de la forma que debe.

Además, mis pacientes me cuentan qué tan displicentes eran sus médicos anteriores y lo poco que los habían ayudado, cómo estos médicos insistían en que el problema real era depresión, hormonas sexuales, estrés, ansiedad o incluso que los problemas estaban “sólo en su cabeza”. ¡Qué insultante!

Es indignante, pero cierto. La forma en que la medicina convencional observa la tiroides garantiza virtualmente que muchos casos —tal vez la mayoría— se diagnostiquen o se traten mal, y varias veces, ambos. Muchos médicos convencionales no piden suficientes análisis, no los interpretan correctamente, no ofrecen suficientes opciones de tratamiento y no apoyan esos tratamientos con una dieta y un estilo de vida que puedan restaurar la salud de la tiroides. Que es por lo que yo me sentí inmensamente aliviada cuando finalmente descubrí otra forma —una mejor— lejos de la medicina convencional. Se llama medicina funcional, y transformó mi vida.

Encontrar una mejor forma

Descubrí la medicina funcional en una cátedra sobre salud integral, y fue como ver una luz brillante iluminar mi oscuridad. Me senté en el auditorio, escuchando a un médico explicar las causas reales de las enfermedades crónicas y pensé: “Claro, ésta es la explicación que he estado buscando”.

Por primera vez comprendí el papel que tienen la dieta, la salud intestinal, las toxinas, las infecciones y el estrés en mi salud. Descubrí que los alimentos que siempre había considerado saludables estaban afectando mi intestino, mi sistema inmunológico y mi tiroides, especialmente el gluten, los granos y las leguminosas que habían sido lo principal en mi dieta.

Aprendí sobre una condición llamada intestino permeable, en la que el intestino literalmente deja pasar alimentos parcialmente digeridos al cuerpo, comprometiendo al sistema inmunológico y atacando el cuerpo con toxinas. Descubrí muchas otras formas en que las toxinas habían afectado mi salud. Me di cuenta de que lo que parecían infecciones menores estaba debilitando mi sistema inmunológico y que el estrés psicológico era de hecho una contribución primaria a mi enfermedad autoinmune.

Mi vida nunca sería la misma. Después de esa conferencia tomé mi salud en mis propias manos: eliminé los alimentos tóxicos e inflamatorios de mi dieta, y añadí los suplementos de alta calidad que necesitaba para tener un funcionamiento tiroideo óptimo; sané mi intestino; desintoxiqué mi sistema; traté las infecciones subyacentes, y liberé mi estrés. En cuestión de semanas empecé a sentirme sana… por primera vez en siete años.

¡Qué diferencia hacía este nuevo protocolo! Mi ansiedad y mis ataques de pánico se evaporaron, mi energía regresó con creces, mi cabello y mi piel se veían magníficos, y lo mejor de todo fue esa sensación de bienestar que sólo se tiene cuando uno le da al cuerpo exactamente lo que necesita. ¡Bienvenida, salud óptima!

Dejé de ver a los médicos convencionales que querían ignorar todo lo demás y busqué un médico de medicina funcional. También me inscribí en el programa de certificación en el Instituto de Medicina Funcional; quería aprender todo lo que pudiera sobre este nuevo acercamiento a la medicina y la salud para volverme la clase de médico que me había ayudado a mí a obtener resultados tan extraordinarios.

Si hubiera sabido sobre medicina funcional cuando me diagnosticaron enfermedad de Graves, es probable que no hubiera tenido que sufrir los medicamentos ni destruir mi tiroides. Pude haber tratado mi tiroides hiperactiva con hierbas mientras eliminaba los alimentos inflamatorios, sanaba mi intestino y libraba a mi cuerpo de las toxinas, las infecciones y el estrés, que eran la raíz de mi enfermedad. Es impresionante que la dieta y el estilo de vida puedan conquistar enfermedades que la medicina convencional a veces sólo puede controlar. Lamenté no haber descubierto la medicina funcional antes, pero al menos pude compartir esta extraordinaria curación con otros.

Eventualmente dejé mi puesto como médico de urgencias y abrí mi propia práctica de medicina funcional en Austin, Texas. Ahí he tratado a una amplia gama de pacientes, enfocándome en intestino permeable, inflamación, condiciones autoinmunes y disfunción tiroidea. Desarrollé el método Myers, mi propio protocolo de curación, que ha ayudado a miles de personas. Escribí mi primer libro, The Autoimmune Solution, que rápidamente se volvió un bestseller del New York Times, y ahora escribo este libro porque quiero que te beneficies de todo lo que he aprendido.

Un mundo nuevo

Cuando encontré la medicina funcional se abrió un mundo enteramente nuevo para mí, un mundo donde los doctores en realidad escuchaban a sus pacientes, donde cada paciente era tratado como un individuo, con un tipo de medicina personalizada que podía hacer toda la diferencia entre arrastrarse por la vida —no enfermo, pero tampoco necesariamente bien— y pasear por ella sintiéndose absolutamente de maravilla. Es un mundo donde la disfunción tiroidea no se malinterpreta como depresión, ansiedad, obesidad o problemas hormonales, sino que se diagnostica y se trata correctamente con la clase adecuada de suplementos hormonales o medicamentos, además de la dieta y el estilo de vida que tu tiroides y tu sistema inmunológico necesitan. Es un mundo donde el cuerpo tiene el apoyo de los alimentos adecuados, el ejercicio, el sueño y la correcta liberación de estrés para lograr una salud óptima completa.

La medicina funcional me ha permitido ayudar a miles de pacientes y, magníficamente, a curarme a mí misma. Ahora es tu turno, así que voy a ayudarte a comprender qué está sucediendo en tu cuerpo, incluyendo lo que están haciendo tu tiroides, tu sistema inmunológico y tu intestino. Si quieres encontrar un practicante de medicina funcional, te daré los recursos para ello, pero si quieres continuar con tu mismo médico convencional, te ayudaré a trabajar más eficientemente con él para que puedas tener los análisis, el diagnóstico y el tratamiento que necesitas y mereces.

En este libro aprenderás qué análisis de sangre se piden regularmente y lo que significan esas cifras. Descubrirás qué otros análisis debes pedir para que tu médico y tú puedan tener una imagen mucho más clara de lo que está sucediendo. (Sí, la mayoría de los médicos convencionales no solicita suficientes análisis, pero muchos de los análisis que te comento son básicos y pueden hacerse en cualquier laboratorio.)

También te explicaré qué tipos de suplementos hormonales tiroideos se prescriben usualmente y qué otras opciones tienes. La mayoría de los doctores prescribe una forma sintética de suplemento conocido como levotiroxina (las marcas comunes son Synthroid, Levoxyl y Tirosint). Esta forma de suplemento hormonal presenta a su vez beneficios y problemas, y te ayudaré a comprender exactamente cuáles son. También sabrás qué beneficios y problemas presenta la tiroides porcina disecada (las marcas populares son Armour, Nature-Throid y Westhroid), una alternativa natural que funciona mejor para muchas personas, así como otras opciones, incluyendo compuestos especiales de suplementos hormonales tiroideos creados para tu precisa biología.

En un estilo real de medicina funcional, te ayudaré a desarrollar un plan de salud personalizado que pueda ayudar a tu tiroides, a tu sistema inmunológico y a tu intestino. En la quinta parte también podrás descubrir si sufres de los problemas intestinales más comunes, como crecimiento de levaduras, sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado y parásitos, así como disfunción suprarrenal, y te sugeriré remedios específicos para cada condición.

Por último, aunque no menos importante, te daré una guía completa del plan de conexión con la tiroides del método Myers. Los planes de comida, las recetas, los suplementos y las recomendaciones de estilo de vida que reiniciarán tu función tiroidea, ayudarán a tu sistema inmunológico y sanarán tu intestino, haciéndote sentir más sano en general. Si tu disfunción tiroidea es resultado de una condición autoinmune, el método Myers es aún más importante para ti, pues las personas que ya tienen una condición autoinmune son tres veces más propensas a desarrollar una segunda. Seguir el método Myers puede ayudarte a revitalizar tu sistema inmunológico y eliminar tus síntomas mientras previenes otros desórdenes y enfermedades adicionales.

No quiero que sufras un día más porque tu médico no te ofrece el diagnóstico o el tratamiento correctos, no quiero que tengas que hacer lo que yo, tomar medicamentos tóxicos o sufrir un procedimiento médico que no puede revertirse, y no quiero que te preocupes por no poder perder peso. El conocimiento es poder —es un cliché, pero es cierto—, y en este libro encontrarás todo el conocimiento que necesitas para unirte a tu médico y tomar el control de tu salud. Estoy muy emocionada por ti porque sé que puedes sentirte de maravilla: ligero, lleno de energía y fuerte. Así que cambia la página y empecemos. Te espera todo un mundo nuevo.

PRIMERA PARTE

La nueva epidemia tiroidea

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Capítulo 1

La crisis de la tiroides

Hay una nueva epidemia arrasando en el mundo y probablemente tu médico no lo sabe. Esta epidemia puede causar que de pronto subas de peso y no puedas volver a bajar, o puede causar que pierdas peso a un ritmo alarmante, incluso si comes y tienes hambre constantemente.

Una versión de esta epidemia te deja sintiéndote cansado y fatigado, drenado de energía y motivación. Otra llena tu vida con ansiedad y temor, los cuales emergen frecuentemente en ataques de pánico fulminantes.

Algunas personas con esta epidemia sufren de niebla mental (pérdida de claridad y enfoque, lapsos frustrantes de memoria, “momentos de vejez”), otros luchan con depresión; la pérdida de cabello es otro síntoma, lo mismo que dolores de articulaciones y musculares, un corazón acelerado, temblores en las manos, músculos débiles, sentirse viejo antes de tiempo —incluso si estás en tus 20—, dificultad para quedarse dormido y dificultad para permanecer dormido.

En las mujeres, esta epidemia podría aumentar su probabilidad de abortar, o de entrada evitar que queden embarazadas. Puede aniquilar el deseo sexual o hacer que sea difícil tener un buen desempeño sexual, tanto en hombres (disfunción eréctil) como en mujeres (resequedad vaginal). Puede incluso ponerte en un riesgo elevado de desarrollar una enfermedad autoinmune.

La peor parte es que la medicina convencional frecuentemente la diagnostica mal. Tu médico convencional puede decir: “Tus análisis son normales. Esos síntomas que tienes son lo que sucede cuando uno envejece”, “Tus resultados están en el rango, así que, si no te sientes bien, probablemente sea sólo estrés”, o si eres mujer, “Tus análisis de sangre se ven bien. Si te sientes cansada, es normal al acercarse la menopausia”.

Si tu médico falla en su diagnóstico, puede prescribir incorrectamente un antidepresivo o un ansiolítico. Es posible que te recete pastillas anticonceptivas para regular el ciclo menstrual o un tratamiento de remplazo hormonal (TRH) para tratar los cambios de estado de ánimo. También puede ser que tu médico sólo diga: “Descansa un poco, no trabajes tanto. ¿Qué tal unas vacaciones?”

Esta epidemia afecta unos 200 millones de personas en el mundo, pero millones más no han sido diagnosticados. Aunque es más común en las mujeres mayores de 40 años, esta epidemia puede atacar a cualquiera, donde sea; de hecho, mis colegas y yo hemos visto un aumento considerable de casos, especialmente entre mujeres de 20 o 30 años.

La epidemia se llama disfunción tiroidea, y si no se trata adecuadamente, puede destruir tu vida.

Cuando tienes muy poca hormona tiroidea…

imagesSueles sentir frío y es posible que no sudes.

imagesPuedes estar constipado.

imagesSubes de peso o no puedes perder peso.

imagesDesarrollas niebla mental: lapsos de memoria, dificultad para concentrarte.

imagesPuedes sentirte desmotivado y apático.

imagesLuchas contra la fatiga.

imagesDuermes mucho más de lo usual.

imagesPuedes deprimirte o tener cambios de estado de ánimo.

imagesSe te cae el cabello.

imagesTu piel se siente reseca y sin vida.

imagesSufres de irregularidades hormonales.

imagesSe te diagnosticó infertilidad o tienes abortos.

imagesPuedes ver un bocio en tu cuello o experimentar inflamación en el cuello.

imagesTe sientes mal, como si no fueras tú mismo.

imagesTienes un ritmo cardiaco lento.

imagesSe te diagnosticó colesterol alto.

Cuando tienes demasiada hormona tiroidea…

imagesSueles sentir calor o tener un aumento de transpiración.

imagesTe sientes ansioso, nervioso, y tienes cambios de estado de ánimo.

imagesLuchas con el insomnio.

imagesPuedes desarrollar ataques de pánico.

imagesTu corazón se acelera y puedes desarrollar palpitaciones.

imagesSufres de evacuaciones sueltas o diarrea.

imagesPuedes desarrollar temblores.

imagesPierdes peso sin proponértelo.

imagesPuedes desarrollar debilidad muscular.

imagesTus ojos parecen salir de sus cuencas.

imagesPuedes ver un bocio en tu cuello o experimentar inflamación en el cuello.

imagesPuedes tener periodos menstruales irregulares o infertilidad.

imagesPuedes tener erupciones o un engrosamiento de la piel en las espinillas.

imagesSe te puede caer el cabello.

imagesPuedes sufrir de urticaria crónica.

Cuando tienes una disfunción tiroidea también puedes tener síntomas de ambas listas al mismo tiempo, o alternar entre una y otra. Puedes sentirte cansado y nervioso, exhausto e incapaz de dormir, ansioso y deprimido. He tenido pacientes cuya respuesta a una tiroides hipoactiva es la pérdida de peso en lugar del aumento porque sus glándulas suprarrenales sobrecompensan el problema tiroideo al producir más hormonas de estrés. El sistema de señalización de la tiroides es muy complejo y hay muchas formas en las que puede fallar. Es por ello que hacer un perfil tiroideo completo de análisis es tan importante para poder examinar los síntomas a veces confusos, y hacer un diagnóstico confiable.

La epidemia tiroidea

Muy bien, lo que sucede es esto: en Estados Unidos, por ejemplo, la Asociación Americana de Tiroides dice que, en el transcurso de una vida, al menos 12% de la población sufrirá de disfunción tiroidea. Eso es una de cada ocho personas, y las mujeres tienen de cinco a ocho veces más probabilidad de verse afectadas que los hombres. De acuerdo con la asociación, hasta 60% de las personas con disfunción tiroidea ni siquiera se han dado cuenta de que tienen un problema.

Con tantas personas sufriendo, uno pensaría que la medicina convencional haría sonar la alarma. Uno esperaría que los médicos convencionales mantuvieran a raya la disfunción tiroidea, haciendo análisis con regularidad, dando la cantidad correcta y el tipo de medicamento o suplemento hormonal tiroideo adecuado, asegurándose de que el paciente tenga la clase de dieta, suplementos, sueño y descanso correctos para mantener la tiroides en óptimas condiciones, pero no, y ni cerca de hacerlo. En cambio, los médicos convencionales nos están fallando de tantas maneras en lo que respecta a la disfunción tiroidea, que es difícil listarlas todas. Éste es un intento:

imagesIncluso cuando presentas síntomas tiroideos, muchos médicos no hacen los análisis para desórdenes tiroideos y diagnostican mal la condición; especialmente si tienes menos de 40 años o si eres hombre.

imagesCuando sí te piden análisis, muchas veces no son todos los que necesitas.

imagesCuando ya te diagnosticaron y trataron, si eres hipotiroideo (tienes una tiroides hipoactiva), no sueles tomar la cantidad correcta de suplemento hormonal tiroideo, o en la forma correcta.

imagesSi eres hipertiroideo (tienes una tiroides hiperactiva), tus opciones de medicina convencional pueden provocar efectos secundarios severos, algunas veces incapacitantes, o un daño irreversible, y no se te dice sobre tratamientos naturales herbarios que pueden ser igualmente efectivos y evitarte otros problemas.

imagesNunca te enteras de los extraordinarios efectos que puedes provocar al hacer ciertos cambios en tu dieta y estilo de vida: consumir los nutrientes que tu tiroides necesita, evitar alimentos que promuevan la inflamación (una respuesta del sistema inmunológico que puede traer muchos problemas), sanar tu intestino, deshacerte de tu sobrecarga tóxica, tratar las infecciones subyacentes, evitar hacer ejercicio de más, dormir bien y liberar el estrés.

imagesNo encuentras cómo revertir las condiciones autoinmunes y apoyar tu sistema inmunológico, una necesidad crucial, pues la gran mayoría de las disfunciones tiroideas se debe a la autoinmunidad.

Los tratamientos que se supone deben funcionar, no lo hacen o no lo suficientemente bien, o te dejan luchando contra los efectos secundarios. Los síntomas empeoran más y más y más, mientras tu médico los descarta e insiste en que estás recibiendo el tratamiento adecuado.

Todo esto ya es bastante malo, pero lo que realmente me molesta es que nos han engañado a todos. Nos han dicho que la depresión, la niebla mental y el aumento de peso son una parte inevitable del envejecimiento; que la pérdida de deseo sexual, la falta de energía y los problemas de memoria son algo con lo que debes aprender a vivir. Nos han engañado diciendo que incluso a los 20 o 30 años debemos esperar sentirnos estresados, desgastados y miserables. El ideal de una salud y un funcionamiento óptimos para cada aspecto de nuestro cuerpo —y de nuestra vida— acaba pareciendo alguna clase de sueño imposible, una fantasía New Age, en lugar de una meta médica totalmente posible, que cada uno de nosotros debería poder alcanzar.

Bien, pues estoy aquí para decirte que una salud radiante y espléndida no es una fantasía. Mis pacientes lo logran todos los días, y tú también puedes hacerlo. Cuando finalmente tu tiroides esté equilibrada, no podrás creer qué tan fabuloso te sientes.

Así que bienvenido a La clave está en la tiroides, el libro que te hará dar un giro para ayudarte a mejorar.

¿Por qué es tan importante tu tiroides?

Cuando tu funcionamiento tiroideo es malo, te sientes pésimo. Cuando es óptimo, te sientes fantástico: revitalizado, lleno de energía, optimista. ¿Cómo puede una pequeña glándula tener efectos tan diversos? ¿Qué le da a tu tiroides tanto poder? De hecho, tu tiroides es absolutamente crítica para cada célula de tu cuerpo. Las células tienen un receptor de hormona tiroidea, lo que significa que ninguna célula puede funcionar sin ella. La hormona tiroidea es como la gasolina para tu auto; necesitas un flujo constante para alimentar cada célula.

Sin embargo, no es suficiente tener “algo” de hormona tiroidea. Cada célula necesita exactamente la cantidad correcta; ni mucha ni poca. ¿Tú crees que Ricitos de Oro era maniática? No tienes idea de lo frenéticas que se pueden poner tus células sin la cantidad óptima de hormona tiroidea. Muy poca, y tu metabolismo se vuelve lento: tienes frío; estás depresivo y constipado; tienes una niebla mental que aturde tu pensamiento y una apatía que mina tu energía; subes de peso por cualquier cosa, y tus hormonas sexuales pueden volverse un desastre. Demasiada hormona tiroidea y tu metabolismo va a la velocidad de la luz: te vuelves nervioso, ansioso; quedas plagado de evacuaciones constantes, incluso diarrea; pierdes peso aun si comes constantemente; tus músculos se sienten débiles, y tus manos empiezan a temblar.

Éstos son extremos dramáticos, pero aun si las cosas no están tan fuera de control, la cantidad equivocada de hormona tiroidea puede volver tu vida una miseria. Es como un saboteador sutil debilitando tu buena salud y tu bienestar gota a gota.

No sólo tu tiroides está involucrada: la glándula tiroides está en el centro de la compleja red de comunicaciones que incluye tu hipotálamo, tu hipófisis, tu tiroides y finalmente cada una de tus células. Este sistema involucra múltiples ciclos de comunicación, creando un flujo constante de información para que, de nuevo, cada una de tus células reciba exactamente la cantidad correcta de hormona tiroidea. La red se llama sistema de señalización de la tiroides, y es tan detallado e intrincado, que opaca al internet.

Este sistema interactúa con todas tus demás hormonas, incluyendo las hormonas de estrés, las sexuales y todas las que permiten a tu cerebro procesar pensamientos y emociones. Cuando tu tiroides está mal, no procesas el estrés adecuadamente; tu desempeño sexual puede verse mermado de muchas formas distintas: deseo sexual disminuido, desempeño sexual perjudicado, irregularidades menstruales, dificultades para embarazarse o conservar un embarazo; tu cerebro también se ve afectado: la disfunción tiroidea tiene un impacto en tus niveles de ansiedad y depresión, así como en tu habilidad para pensar, recordar y concentrarte.

Muy bien, lograr un funcionamiento tiroideo óptimo es ahora tu meta número uno. ¿Cómo lo logras? En la mayoría de los casos debes seguir dos acercamientos al mismo tiempo: necesitas tener una dieta y un estilo de vida sanos —el plan de conexión con la tiroides del método Myers—, pero también es posible que necesites el tratamiento médico adecuado.

El plan de conexión con la tiroides

imagesConsume los nutrientes que tu cuerpo necesita para un funcionamiento tiroideo óptimo: yodo, proteína (para proveerte de tirosina, un aminoácido), selenio, zinc, hierro, vitamina D, vitamina A, ácidos grasos omega-3 y una variedad de vitaminas B.

imagesEvita los alimentos inflamatorios, especialmente gluten y lácteos.

imagesPara condiciones autoinmunes, también evita todos los granos y las leguminosas.

imagesSana tu intestino.

imagesLibera a tu cuerpo de su carga tóxica:

imagesEvita la exposición a las toxinas.

imagesApoya la habilidad natural de tu cuerpo para desintoxicarse.

imagesCura cualquier infección residual que puedas tener, incluyendo las más sutiles, de las que puedes no estar al tanto.

imagesLibera el estrés:

imagesPractica la relajación: respiración pausada, neurorretroalimentación, tanques de flotación, acupuntura, yoga, meditación, sauna, pasa tiempo en la naturaleza, haz algo divertido y placentero, lo que sea que disminuya tu estrés. Haz el ejercicio correcto, nada que sea demasiado extremo o intenso para tu cuerpo.

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