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LA DIOSA Y LA SERPIENTE (TRILOGíA DE LA INDEPENDENCIA 2)

Juan Miguel Zunzunegui  

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Fragmento



PRESAGIOS

Costas mayas. Año Uno Caña

Amanecía en las costas de Levante del inmenso territorio de la Liga del Mayapán, el “lugar que no es para todos”. El sol comenzaba su eterno periplo por la bóveda celeste para hundirse en su ocaso como cada día y luchar arduamente contra las tinieblas para poder emerger nuevamente; para ello, desde luego, necesitaba poder, y éste sólo podía obtenerse de la sangre, lo único que los seres humanos poseían con una pizca de divinidad.

No era ésa la enseñanza que Serpiente Emplumada había tratado de introducir entre sus seguidores toltecas o sus anfitriones itzáes. Se negaba a todo sacrificio humano; por eso mismo se había enfrentado a Tezcatlipoca y había resultado derrotado en la antigua Tollán, donde pregonó la misma paz que infundió entre su nuevo pueblo. Había creado la Liga de Mayapán para mantener la paz entre Uxmal, Mayapán y Chichén,

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