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LA MAGIA DE LA PERSUASIóN

Pamela Jean Zetina  

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Fragmento

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PERSUASIÓN VS.
MANIPULACIÓN: MAGIA
BLANCA Y MAGIA NEGRA


—Pam, ¿nos vas a enseñar a manipular a la gente? —es la pregunta con la que me topo más frecuentemente cuando estoy por empezar un curso.

—Mmm, nop. Sería una pérdida de tiempo, porque mira, manipular es algo que ya sabes hacer desde que eras bebé. De hecho, los seres humanos solamente sabemos conseguir lo que queremos ya sea manipulando o persuadiendo, y mientras no sepas persuadir, lo que harás será manipular —suelo responderles.

Me gusta comparar la manipulación con la magia negra… Imagínate. Tienes un objetivo al cual quieres llegar a costa de cualquier persona o situación, supongamos que ese objetivo es enamorar a alguna “víctima”. Pero no tienes habilidades porque no has leído los libros sobre seducción del “Efecto Leopi”, entonces decides que te vale un cacahuate si a la otra persona le interesa o le conviene estar contigo, tú decidiste que ese ser humano tiene que rendirse a tus pies, y ante tu desesperación acudes a un mercado, por ejemplo el famoso Mercado de Sonora en la Ciudad de México. Ahí te encuentras a alguna bruja vendiendo magia negra, y te ofrece toloache, amarres, té de amor y hasta un muñequito de vudú.

“¡Así seguro cae!, va a perderse de amor por ti y no va a saber cómo ni a qué hora ni por qué; tú confía, marchantito”, te dice la bruja.

Entonces la magia surte efecto, tu víctima cae en tus garras, pero tarde o temprano se da cuenta de que no eres el tipo de persona que necesita a su lado, que no eres lo que quiere, desea, anhela… porque tú eres una farsa; se siente engañada, algo no le vibra y se queda con un profundo sentimiento de odio, pero a la vez confía en que las leyes del karma hagan lo suyo, porque “el que la hace, la paga”, y cuando le hacemos daño a alguien ese mal se nos regresa multiplicado siete veces siete. Ésos son los efectos y consecuencias de la magia negra.

Ahora imagina que eres un vendedor. Vas a la casa de una posible clienta, le presentas tu producto exagerando sus bondades, sin interesarte en sus necesidades reales, la engañas diciendo que ese producto podrá ayudarla a resolver lo que ella desee; está a punto de creerte pero te pide tiempo para hablarlo con su marido, tú la chantajeas emocionalmente y la presionas diciendo que la promoción del 50% será efectiva únicamente si toma la decisión ¡ya! Así que ella cede ante la presión, lo compra, tú te vas feliz sintiendo que lograste tu cometido y que te saliste con la tuya, incluso a pesar de ella, la manipulaste a tu gusto, pero no importa porque tienes cuentas que pagar y de que lloren en tu familia a que lloren en la suya… Pasan los días y ella se da cuenta de que lo que compró no era lo que necesitaba, ¡no le sirve de nada! En lugar de una inversión, se trató de un gasto absurdo en el que perdió tiempo y dinero. Le da coraje, se enoja y, desde luego, asocia ese sentimiento tan desagradable contigo. Habla mal de ti y de tu producto con al menos siete personas (karma instantáneo). Y como según la hipótesis de los “seis grados de separación”, propuesta inicialmente por el húngaro Frig

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