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LAS MARAVILLAS DEL MUNDO ANTIGUO

ValerioMassimo Manfredi  

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Fragmento

Las siete maravillas

Son las obras más extraordinarias e impresionantes del mundo antiguo, el orgullo de todas las grandes civilizaciones: jardines colgantes sobre el paisaje de Babilonia, construidos por un gran monarca para la esposa que sentía nostalgia de las frondosas montañas del Elam; una pirámide de granito, resplandeciente como un diamante bajo el sol de Egipto, tumba hiperbólica para un solo hombre; una estatua de bronce de treinta y dos metros de altura, el desafío de un discípulo a su inalcanzable maestro; un dios con carne de marfil y ropajes de oro sentado en su trono en el interior de un templo, tan grande que si se hubiera puesto de pie habría atravesado el techo; una torre luminosa en el centro de una isla que, durante la noche, proyectaba un haz de luz a cuarenta kilómetros mar adentro para señalar un puerto seguro a los navegantes desorientados; y otra tumba, un espectacular sepulcro con columnata perteneciente a un pequeño soberano presuntuoso, el templo más grande jamás construido, erigido para la madre de todas las madres.

De todas estas maravillas solo queda en pie la más antigua y sólida, dañada únicamente por el afán destructor de los hombres: la gran pirámide de Guiza.

Estas obras nacieron del convencimiento de que por primera vez existía un mundo ideal que nunca más volvería a repetirse. Todas ellas, un verdadero reto a lo imposible, abarcan un espacio de tiempo de más de veinticinco siglos. Solo ha sobrevivido una, la gran pirámide de Guiza, y el hecho de que todavía perdura indica que únicamente un dios, o un hombre considerado como tal, tuvo la autoridad

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