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LAS SIETE LEYES ESPIRITUALES DE LOS SUPERHéROES

Deepak Chopra  

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Fragmento

PREFACIO

Leí mi primer Cómic o libro de historietas cuando tenía cerca de seis años de edad. Mi padre me lo dio junto con la siguiente instrucción: “Ten, lee esto. Contar grandes historias será lo más importante que aprenderás en la vida.”

A pesar de lo que puede parecer obvio si se tiene en cuenta mi nombre, el cómic que me regaló no era Batman (Gautam, Gotama o el anglicismo Gotham, son el nombre original de Buda; no tengo idea de cómo se llegó al nombre de Gotham City[1]), y soy testigo de que sólo muy recientemente mi padre se convirtió en fanático del Caballero de la noche. En realidad, ese primer cómic era una historia sobre el Señor Krishna, uno de los dioses más venerados de la India.

Me fascinó.

Durante años, fui reuniendo más y más cómics viejos de la India. Aprovechaba cada viaje que mi familia hacía a la tierra de nuestros ancestros para visitar a los abuelos, quienes vivían ahí. Había cientos de esos cómics que narraban todas las grandes historias de dioses y diosas indios, reyes y reinas, invasores y libertadores, guerreros y sabios. Mis primos y yo los coleccionábamos todos. Después, al llegar a la adolescencia, también fui atrapado por la moda de los cómics occidentales: Batman, Supermán, El Hombre Araña, los X-Men y todos los demás. Estudié a Alan Moore, Stan Lee y otros pensadores visionarios que habían trabajado en el relativamente oscuro mundo de esos relatos. Hace muchos años, llegué incluso a fundar una compañía de cómics con un buen amigo, montándonos en una nueva oleada donde incontables personajes se pusieron sus capas y trajes de malla para apoderarse de Hollywood en un dos por tres.

Recibe antes que nadie historias como ésta

Entretanto, mi padre lideraba un movimiento que trataba de llevar el Oriente a Occidente, procurando que disciplinas como el yoga y el chai, e ideas como el karma y los mantras, formaran parte de la vida cotidiana. Claro que me daba cuenta de ello. ¿Cómo no hacerlo? Aparecía en el programa de Oprah. Elizabeth Taylor y Michael Jackson cenaron en nuestra casa. Sus bestsellers pagaron mi educación universitaria.

Pero entonces nuestros mundos comenzaron a cruzarse. En una clase universitaria de cine, volví a ver La guerra de las galaxias. “Usa la fuerza, Luke...”, algo me hizo reparar en esa frase. También me sucedió con Morpheus, en Matrix: “El mundo es una ilusión.”

Más recientemente, Héroes, Lost, Batman: El caballero de la noche y muchísimos otros programas icónicos de la televisión y el cine, retomaban varias de las ideas entretejidas en los libros de mi padre durante los últimos veinte años. Y se trata de una avenida de doble circulación. Hace un par de años, en la Convención del Cómic de San Diego, facilité un diálogo entre mi padre y el icono de los cómics, Grant Morrison; un miembro de la audiencia planteó entonces a mi padre una pregunta sobre la “conciencia cuántica”. Él me miró con los ojos grandes como platos y sonrió. Sabía lo que él pensaba: estaba entre los suyos.

En relación con eso, me encontraba hace poco con mi padre (siendo yo mismo papá ahora) y discutíamos sobre la percha tambaleante en que nuestro planeta parece estar equilibrado. Recordé que él me había iniciado en el mundo de los cómics, diciéndome que tendrían un papel central como parte de lo más importante que aprendería en la vida.

Esta vez no me iba a perder la oportunidad de descubrir a qué se refería.

Gotham Chopra

Introducción

Cuando mis hijos Mallika y Gotham estaban creciendo, teníamos un ritual que realizábamos cada noche antes de dormir. Les contaba una historia casi siempre relacionada con algún relato mítico en que el bien se enfrentaba al mal, un relato sobre las fuerzas de la naturaleza o fábulas con animales parlantes. En el momento climático de la historia, cuando el personaje central debía confrontar a sus enemigos, librar algún reto de consideración o tomar una decisión crítica, detenía mi narración. Les pedía que soñaran el final por la noche, haciendo hincapié en que debía ser tan dramático como fuera posible. Gracias a estas instrucciones, se iban a dormir con un espíritu de aventura. Por la mañana, cuando despertaban y se metían a nuestra cama, les pedía que me hablaran de sus sueños. Escuchaba pacientemente mientras narraban las odiseas que habían generado. Me llamaba la atención lo fértil que eran sus imaginaciones y también me maravillaba ante los magníficos viajes que tenían lugar durante sus horas nocturnas. Con frecuencia, sus relatos me recordaban los grandes mitos de la humanidad —esas historias épicas en que el bien enfrenta al mal, con romances y drama, con traición, lealtad, conflicto, conquista, virtud, vicio y muchas otras emociones y experiencias que ellos no habían experimentado aún en su joven vida. ¿Abrevaban sus mentes inocentes en la honda reserva del imaginario colectivo?

El gran psicólogo suizo Carl Jung nos puso al tanto del inconsciente colectivo y de sus símbolos arquetípicos. Los mitos existen en este “campo akásico”, un plano no local de la existencia en que la información, y en este caso la imaginación colectiva, es conservada para recrearse generación tras generación. Los mitos constituyen nuestra máxima aproximación posible a la conceptualización de lo no conceptual: el infinito. Son la más alta expresión de lo finito, de la lucha por articular el infinito. Estos relatos son tan primordiales que capturan lo trascendente y luego lo disimulan en el principio, la mitad y el final de las historias. Las narraciones suelen ser semejantes, pero adquieren máscaras y disfraces modernos. Tienen una trama simple y personajes atractivos, y suelen representar la eterna lucha entre el bien y el mal, lo sagrado y lo profano, lo divino y lo diabólico. Los buenos siguen ganando, pero nunca ganan del todo. Los malos siempre pierden, pero ocasionalmente dan la impresión de haber ganado. En realidad, ninguno de los bandos gana o pierde, y la historia jamás llega a su fin. Esta es la danza de la creatividad y la inercia, de la evolución y la entropía.

Luego, conforme los chicos crecían, cuando viajaba a mi ancestral tierra natal en la India, les traía maletas llenas de cómics locales que contaban, una vez más, las grandes épicas de nuestra herencia india. Por supuesto que esto estimuló nuestra imaginación todavía más, dado que las grandes historias de incontables dioses y diosas, emperadores y conquistadores, eran vivamente retratados en las páginas de estos cómics. Me gusta pensar que todo esto desempeñó un papel muy importante en el hecho de que, tanto Mallika como Gotham, crecieron para convertirse en grandes contadores de historias.

Cuando estaba en la preparatoria, Gotham nunca fue de los alumnos con notas más altas, pero su creatividad era notoria; esta tendencia continuó durante sus estudios universitarios, realizados en la Universidad de Columbia, en la ciudad de Nueva York. Como siempre, elegí concentrar mi apoyo en esas áreas que a él le interesaban en lugar de preocuparme por las calificaciones que obtenía en materias que, aparentemente, no le interesaban. Alenté sus exploraciones académicas en los temas de religión comparada, literatura y cine. Tras graduarse, él y su amigo Sharad Devarajan tuvieron la idea de reimaginar algunas historias indias relatadas en aquellos viejos cómics, para traerlos de vuelta al mundo.

Comenzaron a reclutar jóvenes escritores y artistas en la India; uno de ellos se llama Jeevan Kang, autor de las ilustraciones artísticas originales realizadas para este libro. Al igual que Jeevan, estos rebeldes eran, en casi todos los casos, jóvenes que de otro modo hubieran terminado colaborando externamente para los grandes conglomerados de estudios occidentales. En lugar de ello, les emocionaba la idea de poner a trabajar su músculo creativo y soñar con nuevos personajes e historias. Pronto Gotham y Sharad se acercaron a sir Richard Branson en busca de apoyo financiero, y juntos conformaron una compañía editora de cómics llamada Virgin Cómics. Después de años invertidos en construir la compañía con el grupo Virgin, Gotham y Sharad son accionistas mayoritarios de lo que ahora se llama Liquid Cómics (www.liquidcomics.com). Gotham, Sharad y los creadores que han organizado, producen grandes mitos modernos y están desarrollando sus historias más allá de la página, en los dominios digitales, por medio de largometrajes, juegos de video y otros más. Algunos de sus proyectos han sido realizados en colaboración con cineastas como John Woo, Guy Ritchie, Shekhar Kapur, Wes Craven y otros.

Este libro es una evolución, una culminación, la amalgama de todo lo anterior. En más de un sentido, es para mí la suma de muchos años de pensamiento, exploración, comprensión de la conciencia y de la generación de mitos, fundiéndose con las exploraciones de Gotham y de una nueva generación de creadores y narradores. Me enorgullece pensar que, una vez más, al igual que muchos años atrás, comencé historias llenas de elementos arquetípicos y personajes y, ahora, soy testigo de cómo mi hijo y sus socios las llevan a ...