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LAS VOCALES MALDITAS

Óscar de la Borbolla

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Fragmento

Cantata a Satanás

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Abraham amaba a Sara cada mañana clara: pasaba la manaza, arañaba la lana, arrancaba la bata, la abrazaba; clavaba las garras hasta matarla. Sara atarantada callaba harta, Abraham la cansaba. “Ya nada habrá —mascaba tras la sábana—, ama a la mala: ataca, aplasta, brama”.

Abraham acababa, apartaba la cara, jamás apagaba la flama a Sara, gran dama avasallada; daba palmadas a la santa, la llamaba “alma”; mas jamás la agradaba. Fracasaba la casa blanca, la sagrada paz. Sara maltrataba a Abraham: “¿Habrá raza más mala para la cama?”, ladraba. Abraham agarraba la garganta a la casta casada, la arrastraba a la sala. Sara sacaba las palabras más bravas, las dagas pasmaban la faz al papanatas. La batalla avanzaba hasta alarmar a Satanás. “¡Sarna! ¡Alacrán fatal!”, bramaba Abraham.

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“¡Can! ¡Patán anal!”, balaba Sara. Más avanzada la mañana, para hallar más armas arrasaban la casa; a la par lanzaban lámparas, tazas, navajas hasta sangrar. Para acabar la tanda, las almas atajaban las bravatas, tragaban carcajadas amargas, ataban máscaras aplacadas a la cara.

“Anda, haragán, a trabajar para ganar la plata”, cantaba avara Sara, amarrada a la más vana maldad: mandar para calmar la falta, agachar al canalla, calar más.

Abraham, fantasmal facha, agarra la pala, zafa la aldaba, baja a la calzada, pasa la barranca hasta hallar la cabaña. Allá pagaban tan mal; mas Abraham cargaba las trancas más anchas, alzaba las bard ...