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LECCIONES DE LA MANADA

César Millán   Melissa Jo Peltier  

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Fragmento

INTRODUCCIÓN

Conoce a tus nuevos maestros

Cierra tus ojos conmigo, sólo por un instante. Cierra tus ojos e imagina un día como éste:

Amanece y las aves matinales trinan afuera de tu ventana mientras tú te despiertas naturalmente, sin necesidad de que una alarma te indique a qué hora debes comenzar tu día. En cuanto la luz solar llega a tus ojos, te embarga una mezcla de emoción, alegría y expectación. Llevas a cabo tu rutina de yoga sin interrupciones; estiras y relajas todos los músculos de tu cuerpo antes de salir apresuradamente a hacer tu ejercicio de la mañana.

Mientras caminas por el vecindario y disfrutas enormemente de tu buena salud, aprovechas cada instante para inhalar el aire fresco, y el aroma de las flores, el pasto y los árboles que te rodean. A pesar de que es el mismo paseo que realizas todas las mañanas, hoy lo aprecias como si lo estuvieras viviendo por primera vez. Ves a tus amigos y a tus vecinos, y te detienes a saludarlos con entusiasmo, de la misma manera que ellos lo hacen contigo. También están emocionados por el día que tienen por delante.

Cuando regresas a casa para desayunar, encuentras a tu familia esperándote. Saludas a todos con un amor ilimitado y aún con más gozo que a tus vecinos. Los abrazas, los besas y les haces saber cuánto los adoras y los aprecias, y luego todos salen corriendo al patio y celebran que estarán juntos un día más. Ésta es tu rutina matinal de todos los días porque, ¿para qué es la vida sino para compartir esta increíble sensación de asombro y gratitud que te embarga, con la gente que más amas?

Llega la hora de ir a trabajar. Llegas un poco antes ¡porque adoras lo que haces para ganarte la vida! Es algo que te da una gran sensación de orgullo y autoestima. Saludas con calidez a cada uno de tus colegas. A pesar de que por fuera son sumamente distintos a ti —tienen pesos y medidas diferentes; son de diversos colores, razas y religiones—, todos comparten la noción de que pertenecen a una sola especie y de que tienen un propósito común. Respetas a toda la gente con la que trabajas, desde quienes hacen los trabajos de intendencia hasta el director ejecutivo, que también tiene esta actitud de aceptación. La filosofía de tu empresa dicta que cada uno tiene un papel fundamental en la labor que desempeña, y que las ganancias y beneficios deben distribuirse de manera justa entre todos.

De vez en cuando llegas a tener diferencias con alguien del trabajo. Tal vez porque tiene algo que tú deseas o porque hace algo con lo que no estás de acuerdo. Sin embargo, en tu empresa la gente no se apuñala por la espalda; no hay conspiraciones silenciosas ni cuchicheos junto al dispensador de agua. No, para nada. Cuando tú y un colega tienen diferencias, hablas directamente con él o con ella, incluso si eso implica una breve disputa. Ésta terminará en unos cuantos minutos, la situación se resolverá y todos continuarán co

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