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LOS BRUJOS DEL PODER 3 (LOS BRUJOS DEL PODER 3)

José Gil Olmos  

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Fragmento

INTRODUCCIÓN

Desde que la política se volvió el espacio donde se ejerce el poder, es decir, cuando concentró su ejercicio en manos de un grupo determinado de personas, quienes ostentaron el monopolio del poder buscaron el apoyo de lo divino. La relación entre políticos y brujos se remonta así hasta el origen mismo de las sociedades. Es la sacralización de lo político, el paso de lo divino a lo terrenal, donde lo terrenal se justifica, apoya y sustenta por lo divino. En todo el mundo, y México no es una excepción, los políticos se han acercado a brujos y astrólogos, a videntes y hechiceros, a chamanes y espiritistas. Pero las razones originales se han ido deformando con el paso del tiempo: mientras las sociedades se alejan de las religiones, el sentido de lo divino se trastoca para permanecer. Ya no se comparte ni se justifica el poder, sino que se apoya a éste, se le recomiendan acciones a los políticos, se les predice el futuro. Hoy los políticos sólo ambicionan poseer un oráculo. Quieren ver el futuro, alejar las envidias, “trabajar” a sus opositores. Quieren obtener un mayor poder, volverse intocables durante el ejercicio del poder público. No desean ser legitimados, que eso lo hace la democracia, quieren ser invencibles.

La fila de gobernantes proclives al susurro de la magia es larga y ancha. Reyes y reinas, príncipes y princesas, emperadores, zares, dictadores, señores feudales, presidentes y jefes de Estado, mandos militares y gobernadores, ediles, líderes de organizaciones sociales, presidentes municipales y hasta políticos partidistas de menor importancia acuden a pedir ayuda y protección. Todos consultan y mantienen cerca a algún personaje vinculado con lo sobrenatural, que a su vez y a su manera ejerce una expresión singular del poder. Incluso ha habido políticos que, influidos por el poder que se les presenta ante los ojos, han pretendido practicar sortilegios.

Aunque ningún pueblo se salva de políticos o personajes poderosos afines a estas prácticas, quienes han tenido gobernantes de espíritu imperialista son, quizá, los que más han padecido el influjo de aquellos que podemos llamar los brujos de la política o los brujos del poder, atendiendo la incidencia que éstos tienen en el ejercicio del poder desde hace varios miles de años: desde que, en el antiguo Imperio persa, surgió el término magia con el objetivo de denominar al grupo de sacerdotes que cultivaban “el arte de influir en el curso de los acontecimientos por medios sobrenaturales”.

Los emperadores del Viejo Mundo —egipcios, griegos y romanos— tenían la creencia de que el porvenir se podía ver a través de actos religiosos, que en muchas ocasiones implicaban sacrificios. Los griegos, precursores de la política moderna, de la lógica y la razón, también

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