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LOS MISTERIOS DEL AMOR Y EL SEXO

Silvia Olmedo  

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Fragmento

plecacorniza

Amor

¿es lo mismo

que enamoramiento?

Quien no se ha enamorado nunca, es que no ha vivido. ¿Es esto cierto? ¿Puede alguien morir por amor?

En diciembre de 1936, Eduardo VIII abdicó al trono de Inglaterra para casarse con su amante, Wallis Simpson, una mujer que, como era divorciada, no podía ser candidata al trono. El amor fue más poderoso que la Corona de Inglaterra: Eduardo VIII no lo dudó, y dejó el trono por amor. Pero, ¿qué es el enamoramiento? ¿Qué es lo que nos hace sentir completamente obsesionados por una persona? ¿Acaso eso es amor?

Definitivamente, el amor mueve al mundo y, en ocasiones, la falta de él o el rechazo, lo destruye. Los crímenes pasionales, cuyo motivo es el rechazo de la pareja o el abandono por estar con otra persona, confirman el famoso dicho “La maté porque era mía”. Hasta hace poco, en muchos países (y todavía en algunos) no era delito matar a una mujer si le era infiel a su pareja. Más de un tercio de los feminicidios están relacionados con un rechazo amoroso. En estos casos, el amor se transforma en odio.

Hay muchos tipos de amor: el amor filial, el amor a los familiares, a los amigos. Básicamente, somos seres afectivos; los distintos tipos de amor nos ayudan a crecer o nos hacen sentir las personas más infelices del mundo. La falta de amor por parte de los padres durante la infancia, puede afectar negativamente la autoestima de una persona por el resto de su vida. La intensidad del trauma podría hacer que el individuo desarrollara problemas emocionales y de relación con otras personas, y que éstos perduraran hasta la edad adulta, incluso en su relación de pareja. No hay día en que no llegue un email en el que me dicen: “Silvia, esta vez no me va a pasar lo mismo. Él no me va a dejar como lo hizo mi padre, me va a querer de verdad”. Para esta mujer, cada relación es una prueba de fuego en la que se demuestra a ella misma que merece ser querida, y si la relación no funciona, lo interpreta como una reafirmación de que no merece ser amada por nadie. Desgraciadamente, muchas personas se vuelven dependientes de su pareja, hacen todo con tal de que no las deje, rompen sus propios límites, pierden la dignidad y acaban en una relación de codependencia y, en muchos casos, de maltrato.

Para otros, el abandono es un proceso tan doloroso que deciden no volverse a involucrar emocionalmente con nadie. Es verdad que terminar con una relación de pareja es un proceso parecido al duelo. Si la relación fue muy intensa, la ruptura es comparable con la muerte de un ser querido, con la diferencia de que el proceso de curación y recuperación puede llegar a ser más doloroso cuando pierdes a la pareja. Cuando una persona muere, la despedida es definitiva pero volver a encontrarte con tu ex pareja reaviva la esperanza y tener que lidiar con la idea de que todo terminó lleva al sufrimiento de aceptar perder a la persona amada.

Las emociones relacionadas con la pérdida del amor son más dolorosas que el goce del amor mismo. Un claro ejemplo es la pérdida de un ser querido. En términos emocionales, la alegría de tener un hijo nunca es comparable a la intensidad del dolor de perderlo. El gozo de tener a la persona amada no es tan intenso como la pérdida de la misma. Hablar de amor en ocasiones es hablar de pérdida. Desafortunadamente, la interpretación del término de una relación acarrea todas las ideas culturales que provocan que ese proceso sea aún más doloroso. Es como si nuestra sociedad apretara más el dedo en la herida y no la dejara cicatrizar de una manera natural. El final de una relación se ve como un fracaso, como un trauma, no como el fin de un ciclo con una persona en el que hay que quedarse con lo bueno. No se trata de una cuestión de culpas; en el amor hay muchas cosas que no dependen sólo de nosotros y que no podemos controlar. Hablaremos de estos aspectos a lo largo del libro.

El término amar no se usa de la misma forma en todos los países. En México, por ejemplo, una madre puede decir en público: “Amo a mi hijo”. En otros países, como España, la palabra amar se utiliza para referirse al amor pasional, y si alguien dice: “Amo a mi hijo”, podría interpretarse como un pervertido.

Hay científicos que no aceptan la idea del amor como tal, y lo ven como diferentes sistemas emocionales que trabajan a la vez y que activan la parte más primitiva de nuestro cerebro: el hipotálamo. En él, distintas sustancias como la oxitocina, la norepinefrina, la dopamina y la serotonina, provocan que se modifique la percepción que tenemos de la otra persona, volviéndola mágica y única. Probablemente los científicos tengan razón, pero yo he preferido referirme al amor, o al impulso amoroso que podemos tener en pareja. Espero no confundirte. ¿Estás listo?

plecacorniza

Los tipos

de impulso amoroso

que existen

Como lo he mencionado, hay distintos tipos de amor. Ahora vamos a hablar del que nos interesa, el amor de pareja, y de las clases de impulsos amorosos que la mayoría de nosotros experimentamos a lo largo de la vida. Los tres impulsos amorosos más comunes son el sexual, el romántico (también llamado de enamoramiento) y el de apego (de storge o de relación duradera). Este último es con el que, en teoría, terminan todos los cuentos como el de La Cenicienta: “Y fueron felices para siempre”. Según la antropóloga Helen Fisher, los distintos tipos de impulsos no siempre tienen que estar coordinados perfectamente; es como si se tratara de distintos sistemas que pudieran funcionar en paralelo.

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