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LOS NOMBRES PRESTADOS

Verónica Sukaczer

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Fragmento

Introducción

Los enfermos de diabetes no se curan porque

la medicina tradicional antidiabetes utiliza métodos

empíricos y obsoletos que solo atacan los síntomas.

DOCTOR JACOB SWILLING

Desde los medios nos bombardean con la noticia de que el número de individuos con diabetes crece sin parar en todo el mundo, mientras que llamativamente se sostiene que los tratamientos para la enfermedad están evolucionando. Difícil de comprender cómo se llega a esta ecuación cuando vemos que hay cada vez más diabéticos y están cada vez más enfermos, más gordos, más dependientes de las medicinas farmacológicas y de los gastos que estas implican.

Pero tenemos buenas nuevas para quienes se informan con más cuidado en la selección de noticias. La información nos está cambiando la vida si pertenecemos al grupo de quienes la utilizan a su favor. Hace unos años afirmar que la diabetes era curable era una herejía, hoy en día, quienes nos movemos en los ambientes naturistas, sabemos que hay muchos testimonios que lo atestiguan. Y por supuesto, prevenirla de manera efectiva es una posibilidad accesible para quien decide hacerse cargo de su salud.

Recibe antes que nadie historias como ésta

La realidad es que los métodos alopáticos para tratar la diabetes no están funcionando y hablar de curarla es impensable dentro de la lógica imperante. En cambio, desde la medicina natural hay varios enfoques que sí funcionan mucho mejor y le abren una puerta de esperanza y motivación a millones de diabéticos en el mundo y a sus familias que pueden ilusionarse con ver a sus seres queridos libres de los sufrimientos, las molestias y los gastos que acarrea esta enfermedad.

Lo que tenemos que comprender, y esto es una realidad absolutamente contundente, es que los tratamientos farmacológicos de la corriente oficial no abordan las causas de la enfermedad y apenas lo hacen con los síntomas. Poniéndolo simple: ante un agujero, un parche.

No hay un camino único. La integración entre la ciencia y las diferentes escuelas médicas tradicionales nos permite investigar, integrar, experimentar y compartir como nunca lo habíamos hecho. ¡Y está dando sus frutos! Más y más personas, entre quienes padecen diabetes y otras enfermedades, así como en la creación de salud y bienestar, estamos yendo más allá de los límites que conocíamos y a una velocidad inimaginable. No podemos afirmar que es curable en todos los casos, pero tampoco podemos negarlo ni negarle a nadie la oportunidad de intentarlo; en cualquier caso, si el resultado no fuera el que esperamos, sin ninguna duda toda persona que aplique consistentemente los consejos vertidos en este libro, mejorará el curso de la condición que padece y, además, su estado de salud general.

La nutrición ortomolecular, la medicina biológica y la alimentación consciente nos brindan la posibilidad de sumar alternativas que nos ayudarán a aumentar la producción de insulina, reducir los niveles de glucosa en la sangre, desintoxicar el organismo, proteger los órganos del sistema cardiovascular, renal y nervioso, prevenir efectivamente la diabetes entre quienes están en el grupo de riesgo y, en definitiva, mejorar notablemente nuestra calidad de vida.

Tratándose de personas con diabetes hoy podemos definirlas en dos tipos: aquellas que se informan únicamente por los canales masivos y condicionados por la medicina social promedio, y aquellos que se hacen cargo de su salud y buscan alternativas que mejoren el curso de su enfermedad más allá de los consejos médicos establecidos.

Todas las estrategias que les presentaremos son recetas caseras, utilización inteligente de alimentos comunes, hierbas medicinales y complementos de venta libre o consejos relativos al estilo de vida que no requieren supervisión especial y pueden complementarse con cualquier tratamiento que ya se esté realizando. Eso sí, se trata de herramientas muy efectivas y será necesario que mantenga los controles sugeridos por su médico para regular adecuadamente los niveles de cualquier droga o dosis de insulina que momentáneamente esté tomando... es muy probable que pronto no necesite más de ellos.

Aún hoy, para el diabético, esta enfermedad es una preocupación a largo plazo porque se cree que no tiene remedio y cada vez irá peor con el paso de los años. ¡No es así! Ahora sabemos que tenemos una gran capacidad de control y si se toman los recaudos oportunos, en el mejor de los casos es posible aspirar a una curación, o, eventualmente, transformar la enfermedad en una gran oportunidad para acceder a un nivel de bienestar superior y mantener a raya los deterioros típicos del promedio de los enfermos.

El diabético también sabe que tiene otros problemas. Probablemente esta enfermedad no lo mate, pero pueda acabar con la integridad de su corazón y sus arterias. El riesgo de padecer ataques al corazón o derrames cerebrales son la causa de muerte prematura más corriente a la que se enfrenta esta comunidad; por supuesto, si a esto le sumamos exceso de peso, colesterol elevado, hipertensión, sedentarismo o tabaquismo, la situación se complica. Pero todo diabético mínimamente informado sabe por su médico y por los medios de comunicación, que tiene en sus manos la posibilidad de trabajar para prevenir estas complicaciones en buena medida; pues bien, en este libro brindaremos más recursos para garantizar una óptima calidad de vida. ¡Hacete ilusiones! ¡Llenate de expectativas! ¡Y ponete en acción! Porque si lo hacés, tu vida cambiará radicalmente, ¡para bien!

Y así como hablamos de la amenaza que se yergue sobre el sistema cardiovascular, vemos otras que lo hacen sobre el sistema nervioso o los riñones. También, en estos aspectos hay avances en el conocimiento que si los llevás consistentemente a la práctica te ayudarán a vos y a miles de personas a vivir mejor dependiendo cada vez menos de las drogas farmacológicas o a no depender ya en absoluto.

Las personas que padecen diabetes tipo 2 o predisposición a ella verán resultados asombrosos en su vida; quienes tienen diabetes tipo 1 podrán reducir su dependencia de la insulina o incluso olvidarse de ella para siempre... en tanto se cuiden con un estilo de vida saludable como el que aquí proponemos. ¡Hay que intentarlo! No hay nada que perder con ello, pues, en el peor de los casos, no solo esta enfermedad, sino nuestro bienestar integral mejorará notablemente.

Lo hemos hablado en otros libros y nuestros lectores frecuentes sabrán que estamos convencidos de que la mayoría de las enfermedades se producen esencialmente debido al tóxico estilo de vida que llevamos en la actualidad; lo que determina que unos enfermen de artritis, psoriasis, diabetes o cualquier otra enfermedad se debe a una predisposición determinada en mucho menor medida por los genes u otros aspectos de la biología. El primer paso hay que darlo en el sentido de promover un estilo de vida que favorezca la salud evitando, en la mayor medida posible, el exceso tóxico al que hoy estamos sometidos.

Por sobre todas las cosas, lo que nosotros buscamos es ayudar al organismo a hacer lo que sabe hacer naturalmente y de la mejor manera: crear salud. Y esto es igual para un diabético o para cualquier otra persona como estrategia básica: llevar una dieta natural con el mínimo de alimentos procesados, elegir mayoritariamente alimentos alcalinos, desintoxicar los tejidos, elevar los niveles de energía, desparasitar, recomponer la flora intestinal, controlar las infecciones fúngicas... Luego, por supuesto, dar un paso más con estrategias específicas para la enfermedad, pero que nadie se equivoque, se trata de una cosa y la otra; no es cuestión de tomar una infusión de hierbas, seguir comiendo azúcar y harinas refinadas y esperar que llueva maná.

La alimentación consciente es el primer paso. Debemos retomar el uso de lo que nuestro amigo Néstor Palmetti llama “alimentos fisiológicos”: frutas, verduras y semillas como eje principal de la dieta; luego podemos considerar algunas otras opciones en menor medida como los cereales integrales o las legumbres. Y mantener a raya los alimentos que no son fisiológicos, tales como las carnes, los lácteos, las harinas refinadas, el azúcar y otros engendros artificiales como los aceites hidrogenados, los edulcorantes artificiales o el glutamato monosódico.

Una vez organizada nuestra cocina para una alimentación consciente, también podemos recurrir a una serie de elementos que hemos llamado “medicalimentos y vitanutrientes”, es decir, elementos nutricionales portadores de propiedades extraordinarias que generarán un alto impacto en nuestro bienestar.

Si padecés diabetes, se debe a que el páncreas está dañado o impedido por alguna razón para producir suficiente insulina; asimismo puede ocurrir que las células no puedan metabolizar adecuadamente la glucosa. Las causas pueden ser muchas (carencias nutricionales, estilo de vida inadecuado, saturación toxémica, acidez, parásitos, cándida...) y generalmente concurrentes, por eso debemos abordarlas a todas de manera holística y simultánea.

El soporte esencial de cualquier estrategia es la alimentación. Esta necesariamente debe ser atóxica, alcalina, enzimática y nutritiva. No hay un método estricto, pero sí debemos vigilar estas condiciones para que marquen profundamente nuestro estilo de vida; podemos abrazar enfoques revolucionarios como los que propone el doctor Gabriel Cousens adhiriendo a una dieta basada exclusivamente en alimentos crudos, una de enfoque más amplio que se oriente al higienismo, la macrobiótica o el naturismo clásico, pero siempre teniendo presente que nuestro norte nos indica estar orientados a estos cuatro puntos y alejándonos de la acidez, las toxinas, los alimentos desvitalizados y vacíos de nutrientes.

Una de las cosas que debemos tener claro es que las empresas farmacéuticas y alimentarias están para ganar dinero, nuestra salud no es su prioridad. Un ejemplo es la conspiración, manipulación y bloqueo que vienen haciendo contra la stevia rebaudiana, una hierba que tiene propiedades endulzantes acalóricas y, como si esto fuera poco, capacidad medicinal para mejorar la diabetes y otras enfermedades como la hipertensión o la obesidad.

El doctor John Rengen Virapen, ex ejecutivo de una de las empresas farmacéuticas más grandes del planeta, y el doctor Richard J. Roberts, galardonado con el Premio Nobel de Medicina, son apenas dos de las destacadas figuras del mundo de la ciencia y los negocios que se han animado a exponer que las farmacéuticas bloquean los fármacos que curan porque no son rentables y que la industria alimentaria hace algo similar al ofrecer sistemáticamente alimentos que enferman. Los diabéticos son uno de los colectivos que más alto precio pagan por esta conspiración y es necesario que se informen para sortear las trampas que la sociedad de consumo pone en su camino hacia la búsqueda legítima de la salud integral.

Un diabético o un prediabético debe considerar una estrategia integral que mejore el funcionamiento del páncreas, su estado emocional, los órganos encargados de desintoxicar el organismo y los patrones fisiológicos generales que sostienen su bienestar. ¡Nosotros te brindaremos las piezas para armar este puzzle! Vos tendrás que hacer el esfuerzo personal de organizarlas de tal modo de ir armándolo de acuerdo a tus propias necesidades, gustos y posibilidades; debés ir experimentando cómo reacciona tu organismo, evaluando los resultados e ir dando pasos rítmicos y de manera consistente. En otras palabras: te brindamos las herramientas, vos decidís cómo y cuándo utilizarlas.

Realmente hoy la paleta de recursos es tan amplia y las posibilidades de crear salud tan generosas, que estamos conscientes de que han quedado fuera de este libro muchas alternativas, tanto de los enfoques clásicos como de la vanguardia de la investigación y que bien podrían hacer una diferencia notable en la calidad de vida de los diabéticos y satisfacer las diversas necesidades que puede presentar cada individuo con sus peculiares características; tal vez los temas que quedan pendientes sean la excusa para otro libro que profundice esta reevolución de la salud que está dando la buena batalla contra esta pandemia sin control. La salud es una ecuación que debe dar un resultado determinado y nosotros les hemos brindado una fórmula dietética y algunas alternativas complementarias eficientes; pero, definitivamente, no las únicas. Aun así, este trabajo es un compendio de muchas de las herramientas más poderosas que hoy se pueden disponer y siempre el lector puede ampliar con la lectura de nuestras otras publicaciones que en conjunto suman una quincena de libros con maravillosa información transformadora.

Esperamos buenas noticias relatando tus éxitos con un estilo de vida en armonía con la Ley Natural.

PABLO DE LA IGLESIA

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PABLITO MARTÍN

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¿Qué es la diabetes?

Mi experiencia personal con la diabetes me

dejó muy en claro que prácticamente cada caso

de diabetes tipo 1 y 2 es 100% reversible.

DOCTOR JOSEPH MERCOLA,

médico cirujano certificado

Empezamos la parte formal de este libro con una definición del doctor Joseph Mercola que parte desde una perspectiva completamente diferente a la visión negativa e impotente que nos quiere vender el sistema médico-farmacéutico establecido: “Prácticamente cada caso de diabetes tipo 1 y 2 es 100% reversible”.

¿Nos sumamos con confianza a esta visión y emprendemos el viaje con esperanza hacia una nueva era en la prevención y el tratamiento de la diabetes? Pero primero comprendamos un poco mejor de qué trata esta condición que afecta la calidad de vida de cada vez más personas, llevándose a muchos de ellos de manera prematura.

Si cambiamos nuestros hábitos, rápidamente invertimos la tendencia

La diabetes es una enfermedad cuya incidencia se ha vuelto epidémica en todo el mundo, por ejemplo en EE.UU. el 11% de los habitantes la padecen, y si bien las causas subyacentes a este estado de cosas no paran de multiplicarse debido a nuestra forma tóxica de vivir, como contrapartida las personas informadas tenemos a disposición más conocimientos que nunca para hacerle frente de manera exitosa con la selección de mejores alimentos, intervenciones nutricionales y cambios sencillos en nuestro estilo de vida.

Se trata de una enfermedad en la cual las células no pueden obtener la glucosa que necesitan como combustible; la glucosa que obtenemos de los alimentos efectivamente se encuentra circulando en la sangre pero no puede ser asimilada adecuadamente a nivel celular. Según la Federación Internacional de Diabetes, provoca una muerte cada siete segundos por causas directas o relacionadas con esta condición; la buena noticia que queremos brindarles es que con la información adecuada, cualquier persona con diabetes puede excluirse voluntariamente de estas tristes estadísticas.

La diabetes mellitus es una enfermedad crónica y degenerativa padecida por millones de personas en todo el mundo y cuya incidencia va en aumento debido a la forma en que nos estamos alimentando. Necesitamos urgentemente tomar medidas individuales y colectivas para detener esta epidemia que está causando dolor y sufrimiento, así como quebranto en el sistema sanitario. Además, muchas de las complicaciones de esta condición pueden ser mortales o implican un deterioro definitivo en la calidad de vida: ceguera, amputaciones por mala circulación, enfermedades cardiacas, nefropatías... Si tomamos conciencia, podemos revertir esta situación.

Tradicionalmente, aunque nunca su incidencia y su virulencia han sido tan intensas como hoy en día, ha sido tratada con plantas y dietas naturales hasta la actualidad que se enfatiza cada vez más en fármacos como los agentes productores de insulina química. Sin despreciar su utilidad, con el conocimiento y la estrategia adecuada, muchos diabéticos podrían liberarse de esta condición o al menos mejorarla significativamente evitando en gran medida las inyecciones costosas, dolorosas y de eficacia relativa o cuestionable.

Aunque puede ser diagnosticada a cualquier edad, la diabetes insulinodependiente o tipo 1, comienza habitualmente en la infancia y se debe a que la producción de insulina es insuficiente; la insulina es la hormona que conduce el azúcar (glucosa) al interior de las células, sin ella las membranas impiden su ingreso.

La insulina es producida en el páncreas, un órgano situado detrás del estómago, por células especiales llamadas beta. La insulina se necesita para movilizar el azúcar de la sangre hasta las células donde es necesaria para obtener energía. En la diabetes tipo 1, las células beta no producen insulina o lo hacen en una medida menor a la necesaria. Sin la insulina suficiente, la glucosa se acumula en el torrente sanguíneo en lugar de entrar en las células y el cuerpo es incapaz de usarla para obtener energía. Esto lleva a los síntomas de diabetes tipo 1.

La causa es desconocida, pero se especula que podría deberse a una condición autoinmune, es decir cuando la propia inmunidad se equivoca por alguna razón y destruye los propios tejidos.

Los glóbulos blancos del sistema inmunitario protegen al organismo de sustancias extrañas y dañinas, técnicamente conocidas como antígenos; los antígenos pueden ser bacterias, virus, toxinas, células cancerosas, al igual que sangre o tejidos de otra persona o especie. Cuando nuestra inmunidad reacciona normalmente, produce anticuerpos que neutralizan estas sustancias peligrosas para nuestra integridad.

Cuando el sistema inmunitario no puede establecer la diferencia entre tejido corporal sano y un antígeno, ocurre que nuestro propio sistema de defensas destruye los tejidos corporales propios que están saludables como, por ejemplo, el páncreas.

Luego se presenta la diabetes no insulinodependiente otipo 2. Se trata de una condición que abarca varios trastornos referidos a diferentes causas y grados de severidad. El páncreas de las personas con esta variante de diabetes todavía puede elaborar su insulina pero nuestras células no la pueden utilizar adecuadamente. Con dedicación y buen asesoramiento, mucha gente sobrelleva perfectamente esta condición con una dieta sana, controlando el peso y haciendo actividad física, aunque lamentablemente los consejos convencionales son insuficientes para controlar la mayoría de los casos de forma definitiva, y más rápido o más lento, la enfermedad va avanzando.

Niveles de referencia para la glucosa sanguínea

Hipoglucemia: Niveles de glucosa en sangre inferiores a los niveles normales <55mg/dL en ayunas

Normoglucemia: Niveles normales de glucosa en sangre 70-110 mg/dL en ayunas

Hiperglicemia: Niveles de glucosa en sangre superiores a los normales > 110 mg/dL en ayunas

Si la enfermedad avanza, y esto no tendría que ser necesariamente así si tuviéramos el conocimiento adecuado y lo lleváramos a la práctica, la medicina alopática recomendará fármacos orales o inyecciones de insulina. Aunque se insiste con que se desconocen las causas de la diabetes tipo 2, los factores que nos predisponen son muy claros:

Edad, el riesgo aumenta a partir de los 45 años Tener sobrepeso o ser obeso Antecedentes familiares Haber dado a luz un niño con peso mayor a 4 kilos Origen étnico de ascendencia nativa/indígena, africana, española o asiática Deterioro en la intolerancia a la glucosa.

Y hay otros factores de riesgo no considerados importantes por la corriente alopática que desde nuestra perspectiva tienen importancia capital, tales como el consumo de lácteos, los parásitos y la cándida, el uso de medicamentos, la acidez de los tejidos, entre otros, que desarrollaremos en la segunda parte del libro cuando abordemos consejos prácticos desde la perspectiva de la nutrición ortomolecular, la medicina biológica y la alimentación consciente.

Para ambos tipos de diabetes los síntomas son similares:

Micción frecuente Exceso de apetito y/o sed Pérdida de peso Fatiga Embotamiento Llagas y heridas que cicatrizan lentamente Infecciones recurrentes Respiración dificultosa Vómitos Dolor y entumecimiento de las manos y los pies A mediano y largo plazo hay mayor riesgo de padecer trastornos cardíacos, problemas hepáticos y renales, deterioro neurológico, disfunción eréctil, o desórdenes de la vista.

Exámenes diagnósticos

Si el nivel de azúcar en la sangre supera los 200 mg/dL, el médico recomendará exámenes para verificar o descartar la diabetes:

Los análisis de sangre verificarán el nivel de glucemia en ayunas (si el resultado es mayor a 126 mg/dL en dos oportunidades, se considera que se padece la enfermedad). El nivel de hemoglobina A1c que muestra el nivel promedio de azúcar en la sangre durante tres meses (se considera normal menos de 5,7%, prediabetes entre 5,7% y 6,4% y diabetes cuando da 6,5% o superior.). La prueba de tolerancia a la glucosa oral se realiza para verificar cómo el organismo descompone el azúcar y se diagnostica diabetes si el nivel de glucosa es superior a 200 mg/dl luego de dos horas.

Será el médico especialista quien recomiende estudios para determinar si se ha desarrollado o no la diabetes en los siguientes casos, de acuerdo a la información disponible en la Biblioteca Nacional de Salud de los Estados Unidos:

Niños obesos que tengan otros factores de riesgo de diabetes, comenzando a la edad de 10 años y repitiendo cada dos años. Adultos con sobrepeso que tengan otros factores de riesgo. Adultos de más de 45 años cada tres años.

Más allá de esto, en las visitas periódicas el médico evaluará:

Presión arterial La piel y los huesos en los pies y las piernas Sensibilidad en los pies Parte posterior del ojo con un instrumento especial con luz denominado oftalmoscopio. Niveles de colesterol y triglicéridos Verificar que los riñones estén trabajando bien (microalbuminuria y creatinina en suero) Visitar al oftalmólogo al menos una vez al año o con mayor frecuencia si tiene signos de retinopatía diabética Visitar al odontólogo cada 6 meses para una limpieza y examen dental completos.

En general, nos mostramos críticos con los procedimientos farmacológicos e invasivos de la corriente alopática a la hora de plantear estrategias terapéuticas, razón por la cual aconsejamos recurrir a un médico con formación en medicina biológica que nos brindará más opciones y será más respetuoso de nuestra integridad; sin embargo, los procedimientos diagnósticos, sin obsesionarnos con ellos, son un excelente recurso para monitorear nuestra salud y diseñar su cuidado.

¡En la diabetes todo puede mejorar!

En el año 2006, la Comisión de Médicos para la Práctica de la Medicina Responsable coordinó un estudio en el que se analizan los resultados de una dieta vegetariana en pacientes con diabetes tipo 2; las porciones de verduras, cereales, frutas y legumbres no tenían límites y se comparó al grupo vegetariano con otro que seguía los patrones de las guías de la Asociación Americana de Diabetes (AAD). Los resultados fueron los siguientes:

Un 43% del grupo vegetariano y un 26% del grupo AAD redujeron los fármacos para la diabetes. Entre aquellos que sus medicamentos permanecieron iguales, el grupo vegetariano logró bajar la Hemoglobina A1C que indica el índice de control del azúcar en sangre a largo plazo, por 1,2 puntos, triplicando los beneficios de la dieta AAD. El grupo vegetariano bajó 5,9 kilos y el grupo AAD, 4,8. El grupo vegetariano también logró mejoras superiores en los niveles de colesterol y LDL.

¿Qué es el índice glucémico?

Aunque el tema es clave para la mejor administración de la diabetes, tanto médicos, nutricionistas, así como las acciones educativas de salud pública, no siempre logran comunicar adecuadamente para una fácil comprensión por parte de los pacientes con diabetes esta cuestión del índice glucémico (IG) de los alimentos.

Se trata de la velocidad con la que los alimentos elevan la glucosa en la sangre después de su ingestión. El índice glucémico de las tablas que conocemos se obtiene de una prueba de laboratorio realizada en voluntarios que no tienen diabetes y se obtienen los valores de glucemia cada quince minutos después de la ingesta de un determinado alimento; luego los resultados se comparan con los obtenidos realizando la misma prueba con la misma cantidad en forma de glucosa.

Vale la pena prestar atención a este punto porque el IG no solo es clave para los diabéticos sino también se utiliza para mejorar el rendimiento deportivo, estudiar el efecto de los alimentos sobre el apetito, el metabolismo de las hormonas y los eicosanoides o el bienestar general.

Por ejemplo, es interesante saber que luego de realizar actividad física los alimentos con alto IG producen una elevada carga de glucógeno muscular y los de bajo IG ingeridos antes de realizar ejercicios extenuantes y prolongados, incrementan la resistencia y mantienen una mayor concentración de combustibles plasmáticos hacia el final del ejercicio; estos datos cobran importancia sobre todo cuando el diabético realiza actividad física, lo cual es de gran interés. Y, en especial para los que desean quitarse los kilos de más —absolutamente imprescindible en los diabéticos—, los alimentos con un bajo IG tienden a generar mayor saciedad, por lo tanto menos ansiedad por la comida. Este es un punto con enormes posibilidades para la salud y que la ciencia está comprendiendo en los últimos años; aquí lo esbozamos apenas pero tiene aristas muy potentes para explorar en relación al equilibrio hormonal y de los eicosanoides (las “superhormonas” de las células que controlan todo el metabolismo), el sobrepeso, la inmunidad, entre otras muchas cuestiones.

Aunque el índice glucémico, herramienta creada hace más de treinta años, no es un recurso suficiente para evaluar completamente la calidad y la conveniencia de un alimento para un diabético, constituye un primer dato orientativo que permite sustituir alimentos de alto índice glucémico por otros de índice moderado o bajo. Sin embargo, aún queda mucha investigación pendiente sobre este tema, ya que incluso las diferentes tablas elaboradas dan variaciones significativas entre los mismos alimentos; esto indica que la respuesta fisiológica varía de un individuo a otro e incluso en el mismo individuo cuando incorpora variables en su estilo de vida.

Hasta hace unos años, se pensaba que los alimentos con mayor contenido de azúcares (hidratos de carbono simples o sencillos) son los que elevan más rápidamente la glucemia. Esto era así porque se deducía que al ser moléculas sencillas no necesitan digestión para ser absorbidas en el intestino y pasarían a la sangre con mayor rapidez que aquellos alimentos compuestos por hidratos de carbono complejos como arroz, pasta o harinas en general, los cuales necesitan un proceso de digestión más largo para ser asimilados.

Luego, aprendimos que los alimentos ricos en grasas o en fibra se digieren y asimilan más lentamente, provocando también un menor índice glucémico. Y por supuesto hemos aprendido mucho sobre el metabolismo de los lípidos y hoy sabemos que hay grasas “buenas” y “malas”, y aunque tengan la misma cantidad de calorías, su metabolización es muy diferente, siendo unas saludables para los diabéticos porque afectan positivamente el índice glucémico y otras afectan negativamente porque alteran el metabolismo hormonal cuyo equilibrio facilitaría la prevención y tratamiento de la enfermedad, amén de la mayor predisposición a factores de riesgo asociados como el sobrepeso y las enfermedades cardiovasculares que ya constituyen todo un problema en estos casos.

Además, hoy comprendemos mucho mejor la importancia de conservar la actividad enzimática de los alimentos evitando su cocción en la medida de lo posible, prefiriendo los alimentos crudos o fermentados naturalmente. También se ha observado que las reservas de enzimas en las personas que padecen diabetes están disminuidas y es necesario preservarlas así como aportárselas al organismo a través de los alimentos y los complementos.

Estos factores apenas comienzan a ser considerados por las corrientes oficiales de la medicina aunque forman parte del saber y la praxis de las diferentes corrientes de medicina natural desde hace miles de año ...