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MAñANA O PASADO

Jorge G. Castañeda  

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Fragmento



Índice

Portadilla

Índice

Agradecimientos

Prólogo

Prefacio

Notas del Prefacio

Capítulo 1. De por qué los mexicanos rechazan los rascacielos y son malos para el futbol

Notas del Capítulo 1

Capítulo 2. Por fin: una clase media mexicana

Notas del Capítulo 2

Capítulo 3. Víctimas y enemigos del conflicto y de la competencia

Notas del Capítulo 3

Capítulo 4. Por fin, una democracia mexicana

Notas del Capítulo 4

Capítulo 5. El poder del pasado y el miedo a lo extranjero

Notas del Capítulo 5

Capítulo 6. Por fin: ¿una sociedad abierta, una economía abierta, una mente abierta?

Notas del Capítulo 6

Capítulo 7. Leyes ilusorias y cinismo sin ley

Notas del Capítulo 7

Capítulo 8. ¿El imperio de la ley, o la ley del rey?

Notas del Capítulo 8

Capítulo 9. El futuro en tiempo real

Notas del Capítulo 9

Notas *

Créditos

Grupo Santillana

AGRADECIMIENTOS

Se imponen varios agradecimientos. A mi agente y amigo, Willi Schavelzon, por su paciencia y diligencia; a Fernando Esteves y Patricia Mazón, mis editores en Santillana Ediciones Generales de México, por su aguante; a mis asistentes de investigación: Lourdes Zozaya, Dafne Tovar Muñiz, Andrea Ballesteros, Elisa Estrada y Mariana Celorio, por su seriedad y precisión; a José Alberro, por haber tratado de evitarme errores garrafales en materia estadística; y sobre todo a Emma Vassallo, casi co-autora del libro e investigadora incansable y exacta. Agradezco también a quienes leyeron el manuscrito en su totalidad, lo deshicieron y lo mejoraron: Dudley Ankerson, Cassio Luiselli, Joel Ortega y Federico San Román. Y muy especialmente a Manuel Rodríguez, que lo leyó dos veces y lo revisó con el mismo cuidado como si fuera propio, y a Alan Riding, cuyas correcciones al original en inglés contribuyeron enormemente a que el texto en castellano fuera ligeramente más legible. Y también le agredezco a todos aquellos que leyeron partes del manuscrito, y me ofrecieron consejos, críticas y sugerencias que traté de atender en la medida de mis posibilidades: Claudio Lomnitz, Andrea Oñate, Andrés Rozental, Guillermo Sheridan y Marcela Tovar. Dos últimos agadecimientos: a Ángeles Mastretta, por haber descuidado su acostumbrada sopa de hongos a favor de su igualmente acostumbrada lluvia de ideas perspicaces y haber inspirado el título en castellano, y a Alejandra Zerecero que leyó, revisó, investigó y editó todo lo que humanamente se pudo, y soportó mis múltiples humores y manías.

JORGE G. CASTAÑEDA

PRÓLOGO

Este libro fue escrito originalmente en inglés y traducido al castellano por Valeria Luiselli; después sufrió un proceso de tropicalización que incluyó el injerto de una buena dosis de voz del autor en el texto de la traductora. Las razones de esta secuencia en apariencia contra natura son sencillas: mi editorial en castellano es más generosa que la norteamericana, y el costo de traducir del inglés al español es menor que el precio del camino contrario. Y como escribo igual de mal en inglés que en castellano, concluí que el orden de los idiomas no alteraba el producto de la escritura.

Fue escrito también en un principio pensando más en el lector estadounidense que mexicano o español, también por un simple motivo: abundan los excelentes trabajos en México que se han propuesto explicar en tiempos recientes el misterio de los mexicanos, así como el origen de nuestros retos y frustraciones, de nuestra adversa andanza hacia la modernidad, y las paradojas de nuestro presente y futuro. Pero con la excepción de algunos textos breves y parciales, desde 1985 no ha aparecido en los Estados Unidos un intento totalizante y actualizado de comprensión del enigma del México moderno, atiborrado de potencial y desencanto en la misma proporción. Me parecía que en un momento en que el país se encuentra cada vez más acoplado al acontecer norteamericano —en lo económico, en su seguridad, en lo cultural e internacional— convenía ofrecerle al público del norte una visión mexicana de las vicisitudes nacionales y de las posibles raíces de las mismas. Repito: una visión mexicana, no la visión mexicana, ya que, afortunadamente, el falso consenso del ancien régime ha pasado a mejor vida.

He tratado de adaptar el texto lo más posible para el lector mexicano, desde lo obvio —no explicar quien es Octavio Paz, Carlos Fuentes, Carlos Slim o Lázaro Cárdenas— hasta lo más difícil: tomar en cuenta el conjunto de tesis, opiniones, discusiones y polémicas recientes sobre el país, no tanto sobre el conjunto de planteamientos formulados en el libro. Por definición, una tentativa de está naturaleza nunca puede ser exitosa o exhaustiva, y faltarán infinidad de referencias.

Entre el día que terminé de escribir y la publicación simultánea en México y en Nueva York, en inglés y en español en ambos países, surgieron en México una buena cantidad de documentos que apuntan todos en la misma dirección fundamental por la cual se orienta este libro. Alcancé a tomar en cuenta y citar algunos en el propio texto, pero sin hacerles realmente justicia; otros salieron a la luz después del cierre de ésta obra.

Tienen dos hilos conductores: la emergencia de una sociedad mayoritariamente de clases medias, y el recurso a —o la indagación de— explicaciones culturales del carácter nacional, de los sueños, aspiraciones o valores de los mexicanos para entender lo que sucede en el país. Entre los textos que han enfatizado la dimensión, el crecimiento y las características de la clase media en México destacan “Clasemediero: pobre no más, desarrollado aún no”, de Luis de la Calle y Luis Rubio; “¿En que medida es clase media América Latina?” de la OCDE; el texto publicado en la revista Nexos de mayo de 2010, “Clasemedieros: una mayoría silenciosa”; “México 2010: el juicio del siglo”, de María Amparo Casar y Guadalupe González (eds); en particular los ensayos de Héctor Aguilar Camín y Federico Reyes Heroles. Entre los estudios sobre valores y actitudes de los mexicanos sobresalen el ingenioso libro de Agustín Basave, Mexicanidad y Esquizofrenia; el estudio/encuesta de Manuel Rodríguez Woog en el número de febrero, 2011, de la revista Nexos, “El mexicano ahorita: retrato de un liberal salvaje”; el de CIDAC, “Encuesta Valores: diagnóstico axiológico”, de febrero 2011; y el de la Fundación Este País y Banamex, “Encuesta Nacional de Valores. Lo que une y lo que divide a los mexicanos”, 2010.

Estos esfuerzos, cada uno a su manera, convergen con nuestra idea central: la llegada de México a una cierta modernidad (economía abierta, clase media mayoritaria, democracia representativa) choca contra la permanencia de los principales rasgos del carácter nacional mexicano, identificados por los autores clásicos, medidos y refinados por encuestas e innumerables estudios de terreno a lo largo de los últimos decenios. Ese choque, de acuerdo con los colegas en cuestión, ha desatado una crisis cultural y psicológica en la mente del mexicano. Las creencias, los tabús, los usos y costumbres, la educación y los atavismos mexicanos se desvanecen; nada los suple aún. La historia común, construida como todas las historias, coadyuvó enormemente a construir una nación. Hoy estorba su acceso a una modernidad esquiva, hasta en el uso de la palabra misma. Cada quien saca sus propias conclusiones del enorme acervo de información con el que contamos; pero todos de alguna forma convenimos en la vigencia y fuerza del actual atolladero. Lamento no haber tenido mayor acceso, con más tiempo, a estos hallazgos y obras; me congratulo comprobar que iba por buen camino, bien acompañado.

La tercera y última advertencia que debe quedar en manos del lector se refiere a los datos. Al cerrar la última revisión del manuscrito en inglés fue posible incorporar a este texto algunas cifras de 2010 y varias del Censo del mismo año, pero la gran mayoría de las estadístic

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