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MORELOS

Carlos Herrejón  

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Fragmento

CAPÍTULO I

De Valladolid A Urecho

IMPORTANCIA

La mayor información que hay sobre Morelos se refiere a los cinco años de su acción revolucionaria. Los primeros 45 años de su vida se conocen de forma muy fragmentaria. Excelentes biografías sobre el caudillo son escasas por lo que toca al Morelos labrador, estudiante y sacerdote.

El interés historiográfico de llenar estas lagunas no reside precisamente en valorar los antecedentes personales del prócer como causal adecuado de su actitud y actividad insurgentes, pues al fin y el cabo la gesta de Morelos entra en corrientes más amplias y profundas de la historia, donde la explicación por las individualidades es insuficiente, aunque nunca despreciable. La relevancia de Morelos prerrevolucionario consiste en su valor de modelo, en varios aspectos, para toda una generación que se formó en el mismo ambiente o tuvo experiencias semejantes. En tal sentido, Morelos antes de 1810 ofrece pistas que apuntan hacia una identificación de aquellas corrientes más amplias y profundas.

Poco a poco han ido emergiendo documentos y datos aislados que permiten ensayar un capítulo menos incompleto de Morelos antes de 1810. A ello obedece el intento que aquí voy a presentar.

EN VALLADOLID HASTA LOS CATORCE AÑOS

Durante el reinado de Carlos III, siendo virrey de Nueva España el marqués de Cruillas, nació José María Morelos y Pavón el 30 de septiembre de 1765 en la ciudad de Valladolid de Michoacán, cabeza de obispado que gobernaba entonces Pedro Anselmo Sánchez de Tagle.1

Fueron sus padres el carpintero José Manuel Morelos Robles y Juana María Guadalupe Pérez Pavón y Estrada. Él, originario de la hacienda de Zindurio, al poniente de Valladolid, nació en 1742 y provenía de familias de criollos y mestizos avecindados en Acámbaro, Pátzcuaro, Silao, Valle de Santiago y Zamora. Ella, nacida en Querétaro en 1743, tenía sus raíces criollas en el pueblo de Apaseo y en Celaya. Antes de José María habían procreado a María Guadalupe (1760) y a Juan de Dios Nicolás (1763), y después a María Josefa Eulalia (1770), María Antonia (1771), María Rosalía (1774), José Antonio Venancio (1779) y Juana María Vicenta (1784). De todos ellos, sólo llegaron a edad adulta Juan de Dios Nicolás, José María y María Antonia. Los padrinos de José María, bautizado el 4 de octubre, fueron Lorenzo Cendejas y Cecilia Sagrero. Los abuelos paternos se llamaban Gerónimo Morelos y Luisa de Robles, criollo el primero de la misma hacienda de Zindurio. Los abuelos maternos fueron José Antonio Pérez Pavón, de Apaseo, y Guadalupe de Estrada y Molina, de Querétaro. Es de advertir que los padres de Morelos, considerados generalmente desde el punto de vista étnico-social como españoles, en el bautizo de María Antonia se les registró como mestizos, y el abuelo José Antonio, hijo natural, fue bautizado como mestizo.2 Este mismo cursó algunos años en el colegio y luego fue maestro de primeras letras en Valladolid.

El primer tatarabuelo paterno de José María se llamó Tomás Morelos de Santoyo, mas al parecer trastocó los apellidos, pues debería ser Tomás Santoyo Morelos.3 Los padres de Morelos, casados en 1760, habitaron en varias humildes casas de Valladolid. La primera se ubicaba en la calle que baja del templo del Prendimiento al río Chico, frente al huerto del convento de San Agustín (actual calle Abasolo). Por 1772, la madre de Morelos compra un solar a espaldas del cerco del convento de San Agustín. En 1775 lo vende. De esa fecha a 1787 no sabemos dónde estuvo su vivienda. Hasta 1787, la misma madre de Morelos compra otro solar cercano a donde habían vivido la primera vez.4

Detrás de esas mudanzas había graves desazones familiares entre los esposos, pues el carpintero Manuel adquirió “perversas costumbres”, probablemente el alcoholismo, que lo empujaron a deudas que no cubría y al abandono de su responsabilidad en el hogar. La esposa no se quedó con los brazos cruzados, pues lo denunció a las autoridades. Para alejarse de las ocasiones que le provocaban problemas, por 1774, Manuel Morelos se ausentó del hogar por una temporada, cosa que repetiría después en varias ocasiones, yéndose a San Luis Potosí en compañía de su hijo Nicolás.5Al parecer Manuel se enmendó, pues José María Morelos diría que “su padre era un honrado menestral en oficio de carpintero”.

Mientras, el niño José María terminaba el aprendizaje de las primeras letras en la escuela que en la misma Valladolid había establecido su abuelo materno, José Antonio Pérez Pavón,6 quien moriría en 1776. La penuria obligó a José María a buscar trabajo en lugar de continuar los estudios, como era su deseo, pues se sentía inclinado al estado eclesiástico desde sus primeros años.7

EN UN RANCHO Y EN CAMINOS DE NUEVA ESPAÑA

A los 14 años, en 1779, José María Morelos se fue a trabajar hasta San Rafael Tahuejo, un rancho o hacienda que en la comunidad de Parácuaro, cerca de Apatzingán, tenía arrendado a un tío suyo en segundo grado, Felipe Morelos Ortuño, primo hermano de su papá.8 Ahí vivió José María hasta los 24 años, aprendiendo labores de campo, en particular lo relacionado con los productos de esa región, el añil y el piloncillo. También se familiarizó con menesteres de la construcción y de la ganadería (persiguiendo a un toro se rompió la nariz).9 Y ayudó a su tío, que no sabía escribir, en la contabilidad de la unidad agrícola.10 En temporadas del año mayormente se dedicó al oficio de arriero, comenzando por ser el atajador de una recua que tenía su tío, yendo por delante y disponiendo la comida para los demás arrieros. “En todos los viajes llevaba a su madre lo que había ganado o algunas cosillas de regalo por muestra de su cariño.”11 Una de las rutas pasaba por Acapulco y de ahí a México, lugares en que trasladaba mercancías de Isidro Icaza.12 En los ratos de ocio, José María no quitó el dedo del renglón del estudio. Se consiguió una gramática del llamado Nebrija y de manera autodidacta se inició en el latín.13

Mientras, el padre de Morelos, José Manuel, había retornado al hogar por 1778 y 1784, para volver a irse y retornar por 1795.14 No obstante la insegura situación familiar, José María dejó el rancho y buscó la forma de reanudar el estudio, volviendo a Valladolid en 1790 para inscribirse en las clases de gramática del Colegio de San Nicolás,15 cuyo rector era entonces don Miguel Hidalgo y Costilla. Su ingreso lo hizo en calidad de capense, esto es, no como interno sino externo sólo para tomar las clases. Aparte de la inclinación personal había un incentivo poderoso para regresar en plan de estudiante.

LA PRETENSIÓN DE LA MADRE

Simultáneamente al ingreso escolar, su madre inició diligencias tendentes a que se reconociera a su hijo José María como el beneficiario de una capellanía fundada en Apaseo por Pedro Pérez Pavón, bisabuelo de Morelos.16 En general, una capellanía era una institución consistente en un capital cuyos réditos percibía el beneficiario o capellán con la obligación de celebrar por sí, o por otros, determinadas acciones litúrgicas, en especial misas.

En la capellanía fundada por Pedro Pérez Pavón quedaba un capital de 2 800 pesos, la obligación de decir 28 misas al año y, por voluntad del fundador, el capellán había de ser su hijo natural José Antonio, el abuelo de José María Morelos. Pero si José Antonio no tomaba el estado eclesiástico, había de darse la capellanía a algún descendiente de los hermanos del fundador que sí abrazase el estado clerical. Así, pues, la descendencia del probable primer capellán no se mencionaba como beneficiaria. Y éste era el caso de José María Morelos. Empero, su madre argumentó que por ser bisnieto directo, habían de darle la capellanía. Esta pretensión originó un largo pleito con la propia parentela que disputaba la capellanía, y puso de manifiesto el carácter tesonero de la madre de Morelos.17

LOS ESTUDIOS DEL HIJO

Por su parte, José María hubo de aplicarse con singular empeño a los cursos de gramática latina en 1790 y 1791, con la dirección de José María Alzat y Jacinto Moreno,18 de tal manera que el segundo mentor se expresó de él en términos sumamente elogiosos:

Certifico y juro tacto pectore et in verbo sacerdotis,19 como don Joseph María Morelos ha cursado bajo mi dirección las clases de mínimos y menores [de latinidad] en las que ha procedido con tanto juicio e irreprehensibles costumbres que jamás fue acreedor que usase con él de castigo alguno, y por otra parte desempeñando el cargo de decurión con tal particular aplicación, que por ésta consiguió verse sobreexaltado casi a todos sus demás condiscípulos, que en atención a su aprovechamiento y recto proceder tuve a bien conferirle en consecuencia de todos sus referidos méritos que fuese premiado con última oposición de mérito en la aula general, con la que se observa premiar a los alumnos de esta clase, la que desempeñó con universal aplauso de todos los asistentes.20

A continuación Morelos emprendió los estudios de retórica, que formaban parte del ciclo de latinidad y en que solía seguirse el texto de Pomey. Pasó luego a los cursos de artes o filosofía, pero no ya en San Nicolás, sino en el Seminario Tridentino de la misma ciudad, teniendo de maestro a Vicente Pisa de 1792 a 1794.21 Con éxito arguyó y presentó acto público de esta materia en la iglesia de la Merced de Valladolid en febrero de 1795:

Don José Antonio Castañeda sustentó el día 16 de febrero de este año de 95 en la iglesia de dicho convento un acto de todo el curso; arguyó de banca don José María Morelos, condiscípulo del actuante, capense de este seminario, como también el sustentante.

Don José María Morelos, capense de este seminario; le arguyeron, a más de las réplicas acostumbradas, el licenciado don Francisco Uraga, catedrático de prima de sagrada teología en este dicho colegio, y don José Antonio Castañeda, capense, condiscípulo del actuante.22

Se seguía entonces en el Seminario el texto de Antonio Goudin,23 claro y didáctico, podía estar en manos de los alumnos y evitar los fastidiosos dictados. Mas al mismo tiempo se enseñaban también textos modernos que mostraban alguna apertura a las nuevas corrientes de la filosofía, como el de Jacquier o el del michoacano Gamarra. Su principal modernidad consistía en desplazar la obsoleta física, introduciendo en cambio capítulos de matemáticas, geometría y ciencias naturales. Al final, Morelos obtuvo el primer lugar, y el 28 de abril de 1795 en la Real y Pontificia Universidad de México presentaba examen aprobatorio para obtener el grado de bachiller en artes, ante el jurado formado por fray Miguel Rodríguez, Pedro Foronda y Pedro García Jove.24

Inscrito en los cursos de teología moral y teología escolástica del mismo Seminario Tridentino, sólo prosiguió los primeros a lo largo de 1795, teniendo por maestro a José María Pisa y siguiendo como texto manual el Prontuario de la teología moral de Francisco Lárraga, reformado por Grosin.25 Iniciando con éxito dichos estudios, Morelos solicitó ingresar al estado clerical, para lo cual se recabaron testimonios favorables acerca de su conducta y su familia en Valladolid y en Apatzingán.26 También hizo ejercicios espirituales que certificó su vicerrector, Manuel Ruiz de Chávez.27 Recibió la tonsura y órdenes menores el 13 de diciembre de 1795, y el subdiaconado, el 19 del mismo mes. En esta misma celebración fue ordenado de diácono José María Cos, que venía del obispado de Guadalajara.

DE VALLADOLID A URUAPAN

Al parecer, Manuel Morelos desde hacía unos años había vuelto definitivamente al hogar. La necesidad de contribuir al sostenimiento de éste condujo a José María, desde enero de 1796, a Uruapan, cuyo párroco Nicolás Santiago de Herrera le había ofrecido el oficio remunerado de preceptor de gramática y retórica. A distancia y con el grado de subdiácono tuvo que continuar el estudio de la teología moral, yendo y viniendo de Uruapan a Valladolid.

La muerte de su padre Manuel, ocurrida tal vez por este tiempo, agravó la precaria situación familiar, de modo que José María se apresuró a concluir la carrera eclesiástica, solicitando la promoción al grado siguiente,

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