Loading...

MáS ALLá DE LOS SUEñOS (VISTMOND 2)

La Bala   

0


Fragmento

c1

María corría a toda prisa por el bosque. Nunca había corrido tanto, las piernas ya no le respondían, pero tenía que seguir corriendo. No alcanzaba a ver el final del bosque, y sentía que el tiempo se terminaba.

—Necesito… llegar… —decía jadeando.

Había corrido demasiado, ni siquiera recordaba cuánto. Se detuvo solo un segundo y sintió que se iba a desmayar, así que continuó. De repente, tropezó con una raíz y cayó sobre las hojas secas. En cuanto levantó la vista, los árboles empezaron a inclinarse hacia ella. Extendieron las ramas como si tuvieran dedos y la tomaron de las muñecas. Al mismo tiempo, las raíces se enroscaron alrededor de sus tobillos con fuerza. Pensó que era su fin, pero entonces una luz brilló por encima de las copas de los árboles y la deslumbró. Las ramas y las raíces que la sostenían se aflojaron…

En ese momento abrió los ojos. Estaba tan sorprendida que casi se cayó de la cama. Hacía mucho que no soñaba así, se había sentido tan real… Todavía agitada, miró a la derecha y vio a Fulgor. Estaba exactamente igual que como lo había dejado, pero ahora la piedra del centro brillaba con suavidad. María sintió que la luz la calmaba. ¿Por qué brillaba así? Cuando miró hacia su atrapasueños anterior, vio que este no brillaba. No sabía lo que quería decir, pero tendría que pensarlo después porque aún tenía mucho sueño. Volvió a cerrar los ojos.

Cuando despertó ya era de día. Como todos los días desde la «pelea» (así le decían a lo que había pasado con el oyeonzi Zith), María, Diego, Rafaella y Yael fueron a desayunar al campo de los ikos. Por ser el más lejano al Cuartel Central, no había sufrido tantos daños con la explosión.

Ya casi no había nadie en Vistmond, pero los que quedaban por lo regular estaban en el comedor de Flynn.

—Buenos días, Bella Durmiente —la saludó Diego cuando llegó con su plato de hot cakes y un vaso de jugo.

Junto a Diego estaba sentada Rafaella y frente a ella, Yael. Todos habían terminado de desayunar.

—¿De qué hablas? Como si tú fueras tan madrugador… —contestó María poniendo los ojos en blanco—. ¡Hola, Rafaella! Eh… Hola, Yael.

Rafaella le sonrió ampliamente; Yael apenas la miró y murmuró algo. María, un poco incómoda, se sentó en la silla libre que estaba junto a él.

—¿Cómo estás? —le preguntó Rafaella—. Es cierto que sueles despertarte antes, pensamos que te habías ido directo a la asamblea.

—Bien, bien —dijo María con rapidez y le dio un trago a su jugo—. Es que estaba soñando algo rarísimo…

Cuando dijo eso, Yael levantó la mirada.

—¿Nos quieres contar? —preguntó Diego.

—No hay tiempo —dijo entre bocados y miró

Recibe antes que nadie historias como ésta