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MUERTES DE PERRO

Francisco Ayala  

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Fragmento

Francisco Ayala

MUERTES DE PERRO

ÍNDICE

Hacia Muertes de perro

EPIFANÍAS OSCURAS

José María Merino XIII

LA INVENCIÓN DE MUERTES DE PERRO, DE AYALA

Carolyn Richmond XLIII

Muertes de perro 1

El fondo sociológico en mis novelas 233

Francisco Ayala

ANEXOS

Bibliografía 255 Glosario 261

VII

Epifanías oscuras JOSÉ MARÍA MERINO

Es de sobra conocido que, dentro de la variedad de registros creativos que caracterizaron a Francisco Ayala —ensayista, traductor, memorialista, articulista...—, sus colecciones de cuentos y novelas cortas también presentaron una rica diversidad de matices. Partiendo de una mirada realista, que más adelante no dejó de interesarse por la experimentación, Ayala terminó practicando un realismo que me atrevería a denominar como expresionista.

Muchos aspectos del comportamiento humano estimularon la narrativa de Ayala desde esta perspectiva, algunos relacionados con la guerra civil española, pero donde con especial atención utilizó tal realismo expresionista, a través de un enfoque sardónico, y además, para tratar del poder —turbiamente relacionado con el odio, la impostura, la manipulación, la deslealtad, la frustración, la venganza...— fue en la novela Muertes de perro (1958), que se completaría con El fondo del vaso (1962), dos textos sustantivos para su obra y en los que el autor formaliza, pudiéramos decir, un escenario, el trópico americano, y un tono, el propio de un narrador muy caracterizado por su voz, aunque debe señalarse, como precedente de dicho espacio tro

XIII

JOSÉ MARÍA MERINO pical, aunque en este caso africano, el escenario de la novela corta Historia de macacos (1952), en la que determinado enredo le sirve para mostrar también con profunda causticidad las actitudes y conductas de un grupo humano.

Tanto en Muertes de perro como en El fondo del vaso, Ayala utiliza con vigor su talento literario para describir, mediante la ficción, el ambiente moral y social de los altos responsables y de ciertos burgueses de una época marcada por una dictadura y el tiempo posterior a ella, en un país centroamericano.

1. Las «novelas de dictador»

El referente dictatorial ha propiciado que algunos estudiosos enmarquen Muertes de perro dentro de esa especie de subgénero denominado «novela de dictador», cuya primera referencia sería Tirano Banderas (1926), de Ramón María del Valle-Inclán y la última, por ahora, La Fiesta del Chivo (2000), de Mario Vargas Llosa, y en el que también se enmarcarían El señor presidente (1946), de Miguel Ángel Asturias, Yo el Supremo (1974), de Augusto Roa Bastos, El otoño del patriarca (1975), de Gabriel García Márquez o El recurso del método (1974), de Alejo Carpentier, por citar algunos ejemplos muy conocidos.

Ciertos analistas del fenómeno recuerdan también, acaso por buscarle al fenómeno una raíz netamente americana, Facundo o civilización y barbarie en las pampas argentinas (1845), de Domingo Faustino Sarmiento, pero este libro no se puede enmarcar dentro de la ficción, como todos los anteriormente citados, ya que, aunque la novela de Vargas Llosa se relacione con la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en la República Dominicana, no se trata de un libro de historia ni de ensayo, sino

XIV

Epifanías oscuras claramente de una invención novelesca, lo que no es el libro de Sarmiento, que concierne al caudillo Facundo Quiroga desde un tratamiento que no tiene nada que ver con lo ficticio. Por el prurito de buscar antecedentes no ficticios a las «novelas de dictador» en el espacio americano, tendríamos que remontarnos a todo lo que se escribió sobre Lope de Aguirre, por ejemplo, desde Jornada de Omagua y Dorado (¿1562?), de Francisco Vázquez hasta La expedición de Ursúa y los crímenes de Aguirre (1821), de Robert Southey, pasando por Noticias historiales de la gobernación de Venezuela y la historia del tirano Aguirre (¿1627?), de fray Pedro Simón, por lo menos, e inscribir también en el subgénero La aventura equinoccial de Lope de Aguirre (1964), de Ramón J. Sender... Más adelante me detendré en la relación entre Novela e Historia.

En consecuencia, la verdadera primera «novela de dictador» es, sin lugar a dudas, la citada Tirano Banderas, de Ramón María del Valle-Inclán. Por otra parte, Valle-Inclán tenía experiencia de las dictaduras hispanoamericanas, pues había estado en México en 1892, en plena vigencia del Gobierno de Porfirio Díaz, y volvió a aquel país en 1921, tras la Revolución y bajo el Gobierno de Álvaro Obregón.

Del mismo modo que España ha tenido, a lo largo de los siglos

ndaba el dictador Rafael Carreras, y que durante los años treinta del siglo

XV

XIX y

na dolorosa tradición de guerras civiles, y en el de dictaduras, la franquista especialmente ominosa, Hispanoamérica ha sufrido también durante esos dos siglos una nutrida serie de gobernanzas dictatoriales. A modo de ejemplo, pensemos que, en México, antes de Porfirio Díaz gobernó Antonio López de Santa Anna (1833-1855); que en Guatemala, en los años treinta del siglo

XIX gobernaba el país el dictador Jorge Ubico; que el cruce de ambos siglos conoció en

É MARÍA MER

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