Loading...

MUJERES QUE MATAN

Alberto Barrera Tyszka  

0


Fragmento

(Unas palabras en el agua)

Estaba desnuda, boca arriba. Tenía los ojos abiertos. Sin brillo. Como dos piedras en un vaso de agua. Cuando la encontraron, llevaba más de ocho horas hundida en la tina del baño.

Las mujeres son distintas en todo. Incluso a la hora de morir.

Las cosas ocurrieron más o menos así: la empleada de la limpieza se encontraba pasando la aspiradora en el pasillo. De pronto, sintió el suelo sorpresivamente blando, húmedo. Con la punta de su zapato hizo presión y la alfombra sudó agua. Eran las siete de la mañana. Ella apenas comenzaba su turno. Afuera ya había ruido de bocinas, un barullo de fondo, inquietante. Tal vez, nuevamente, había gente improvisando barricadas y trancando las calles.

Entró a la habitación 701 y, de inmediato, sintió que se le mojaban los pies, el piso estaba empapado. Sin pensarlo demasiado cruzó hacia el baño, sus pasos produjeron un sonido hueco, plástico; se detuvo en el dintel de la puerta. Vio la bañera: una mano de mujer se alzaba con descuido sobre el borde de cerámica. Casi parecía un saludo flotando en el aire. Sólo necesitó dar un paso más para descubrir el cuerpo desnudo, suspendido en medio del líquido. La llave había quedado abierta y el agua se desbordada lentamente. La empleada hubiera preferido no ver nada. Pero lo vio todo.

Los ojos abiertos bajo el agua. Como dos piedras.

Y entonces gritó. Y salió corriendo. Y volvió a gritar. Una, dos, tres, cuatro veces. Su alarido se estiró hasta llegar a la recepción del hotel.

Magaly Jiménez se había registrado el día anterior. Llegó a media tarde, no traía valija. Hizo la reserva por una sola noche y pidió una habitación en un piso alto. En el formulario de ingreso dejó en blanco la información sobre su estado civil y su dirección particular. Sólo anotó su nombre, el número de su documento de identidad y un teléfono que, a la postre, resultó ser el celular de una amiga. Pagó con tarjeta de crédito y subió a la habitación a las cinco de la tarde. No salió nunca del cuarto 701. A las ocho de la noche llamó al servicio a las habitaciones y pidió hielo. Le consultaron si deseaba otra cosa, algo de beber, tal vez algo de comer; le indicaron que el menú se encontraba en un carpeta debajo del televisor, en

Recibe antes que nadie historias como ésta