Loading...

MéXICO NEGRO Y QUERIDO

Varios autores   

0


Fragmento

INTRODUCCIÓN

MÉXICO, D. F. / SOMBRAS NEGRAS

por Paco Ignacio Taibo II

I

Veintiún millones de habitantes. Una ciudad infinita, que en las noches se vuelve un tapete de luces fascinante para los que la pueden ver desde el avión: una especie de árbol de Navidad acostado e inmenso, rojo verde amarillo blanco, el mercurio, el tungsteno, el sodio, el neón. Una ciudad enloquecida por la contaminación, las lluvias, el tráfico, una crisis económica que la golpea desde hace veinticinco años. La ciudad más grande del mundo.

Una ciudad que ha construido una notable fama internacional por las razones más extrañas: ser la selva urbana contrapunto de la selva chiapaneca, tener la más variada colección de chistes sobre la muerte, poseer el récord mundial de manifestaciones políticas por año, poseer dos volcanes invisibles y tener la policía más corrupta del mundo.

Recibe antes que nadie historias como ésta

De México se dice, más en serio que en broma, que aquí los agentes de la ley locales martirizaron a policías torturadores argentinos, que le cobraron mordida a policías corruptos tailandeses, que enseñaron a snifar coca a traficantes colombianos… Los rumores van kilómetros atrás de la realidad. Una tímida Blancanieves dicta al doctor Frankenstein la crónica de sucesos policiacos.

Para ordenar la memoria recordemos: hace algunos años el jefe de la policía metropolitana, el general Durazo, era el encargado de perseguir a los asesinos de una banda de narcotraficantes sudamericanos, que aparecieron masacrados en un colector de aguas negras de la red cloacal de la ciudad. El caso levantó oleadas de tinta de imprenta, la policía señaló que los asesinados podrían haberlo sido en un ajuste de cuentas de guerrilleros centroamericanos. Un par de años más tarde el escándalo se reprodujo y el general Durazo fue juzgado. Entre otros crímenes, se le acusaba de haber mandado asesinar a los narcos colombianos por razones de rivalidad. El asesino, en la magia alquímica de la locura mexicana, era su propio perseguidor legal. Su segundo de a bordo, el jefe de la Policía Judicial, Sahagún Baca, estaba a cargo de perseguir el tráfico de drogas, siendo uno de los más importantes traficantes del país. La paradoja: la puerta del cielo en manos de Lucifer. El mal parece endémico. Todos los años despiden a centenares de agentes de policía, hay intentos de democratizar la ciudad, de México, pero el cáncer se reproduce. La estructura del poder autoritario en México no puede prescindir de la policía, por muy corrupta que esté. Ahora, en nombre de la modernidad, les molesta. No saben qué hacer con ella. Cuando se disolvió la Dirección de Investigaciones Previas, hace unos veinte años, una oleada de asaltos a mano armada y atracos bancarios arrasó el Valle de México. En tan sólo seis meses, sesenta y un asaltos a mano armada. Los ex policías hacían suya una parte de la ciudad. Era una pequeña transición. En su ejercicio normal de agentes de la legalidad habían extorsionado, abusado, robado, violado. De vez en cuando perseguían a un ladrón ajeno al aparato. En su condición de ex policías seguían haciendo lo mismo, quizá estirando los viejos límites un poco más allá.

Si tienes suerte puedes permanecer distante, tocado solamente por historias paralelas, anécdotas de conocidos, que te van cercando. Puedes mantenerte ajeno… Hasta que de repente, sin que quede muy claro por qué, caes en la telaraña. Te toca… ¿Cuáles son las reglas no escritas? ¿Cómo evadirlas?

Encuesta: ¿cuántos ciudadanos conoce usted que cuando son asaltados en la calle llaman a la policía? Pocos, ninguno; quizá a uno de esos policías azules esquineros de la nueva ciudad democrática. ¿A un policía secreto? Ni que estuviera loco. ¿Quién quiere que lo asalten dos veces?

¿Cuántas fuerzas policiacas había en México? Cincuenta y dos, se decía. ¿Cuántas de éstas tienen existencia legal? ¿Cuántos guardaespaldas, paramilitares, grupos de choque asociados a esta o aquella dependencia oficial?

Te despiertas en la mañana con la ingrata certeza de que la ley de probabilidades trabaja contra ti.

II

—Te vas a morir —le dice el tipo al hombre arrodillado, y reitera la frase mostrándole el cañón de la pistola. El hombre arrodillado, que sangra por una pequeña herida sobre el puente de la nariz, no contesta; piensa que sí, que se va a morir.

Horas después, cuando hace la denuncia de los hechos ante un grupo de periodistas somnolientos, piensa que sí, que se murió, un poco se murió.

El hombre es el diputado Leonel Durán, miembro del consejo nacional del PRD. Hacia la mitad de julio pasado, un coche negro se le ha cerrado en la mitad de la noche ante su automóvil. A punta de pistola y metralleta lo han hecho descender. Las amenazas políticas se mezclan con el robo vulgar; lo encierran en la cajuela, lo golpean, le quitan sus tarjetas bancarias, lo hacen recorrer la ciudad de México enclaustrado, le roban el reloj.

Al final lo abandonan en un descampado tras amenazarlo con aplicarle la ley fuga.

Una de sus tarjetas bancarias estaba sobregirada, se la tragó la máquina automática. Esto fue lo que más indignó a los policías.

Aquí, ni siquiera la violencia política es aséptica.

III

A finales de los noventa se produjo en el sur de la ciudad una cadena de violaciones de adolescentes que seguían el mismo esquema: un grupo de hombres armados asaltaba a una pareja de jóvenes que se estaban despidiendo en el automóvil. Tras el robo, la violación de las adolescentes. Generalmente encerraban al acompañante en la cajuela. Todas las violaciones iban acompañadas de continuas amenazas de muerte. El terror se practica sin objetivo; tan sólo la voluntad de ejercer un poder enfermo que llega hasta el derecho a la muerte. En un par de casos las cosas fueron a mayores y a los agresores se les pasó la mano: una muchacha estrangulada, un novio agresivo que recibió un disparo; uno de los encerrados en la cajuela se asfixió.

La mayoría de las violaciones no fue denunciada. Se estaba dentro de la tradición. Pero en uno de los casos la agredida era hija de un importante funcionario público. Se inició una investigación policiaca. Algunas de las adolescentes violadas reconocieron a sus agresores en un álbum fotográfico policiaco.

¿Era un álbum de fotos de conocidos delincuentes? No. Era un álbum de fotos de funcionarios de la ley. La banda de violadores estaba formada por la mayoría de los miembros de la escolta personal del subprocurador de justicia Javier Coello, el asistente del fiscal general de la República a cargo de las operaciones contra el narcotráfico. Tenían mucho tiempo libre esperando en estacionamientos, a la puerta de oficinas, o en casas de políticos. Pasaban el rato…

Algunos de los violadores asesinos fueron juzgados, otros quedaron en libertad. El subprocurador fue relevado de su cargo y trasladado a la Procuraduría de Defensa del Consumidor. A perseguir a los que le aumentan un poco el precio a las videocaseteras.

IV

Mi amigo Víctor Ronquillo me contó hace unos años la historia de un hombre que, desesperado por la crisis económica, quiso asaltar un banco. Era albañil y no sabía cómo hacerlo. Un día descubrió que desde la obra en construcción en la que trabajaba, ahí por la Calzada de la Viga, en el oriente de la ciudad, se podía saltar hacia el techo de una sucursal bancaria, y que en el techo se veía un respiradero. Lo hizo.

Llegar al respiradero fue fácil. Tratar de pasar, también; había una falla en las medidas de seguridad, y rompiendo algunas varillas se podía acceder al banco. ¿Y luego? Descubrió enseguida la caja fuerte. Intentó abrirla con sus instrumentos de albañil. Imposible. Amanecía. Volvió a recorrer el camino hacia el techo, ahora en sentido inverso. Durante todo el día permaneció en el techo del banco. Los automóviles cruzaban las calles. La gente entraba y salía de la oficina bancaria. No comió. En la noche volvió a intentar la experiencia. Nada. Después de horas de estar peleando con la caja fuerte, sólo logró hacerle unos arañazos a la cerradura. Se robó algunas monedas que habían quedado en uno de los mostradores. Al amanecer volvió al techo… Lo detuvieron accidentalmente. El albañil que intentó robar un banco enmudeció en los interrogatorios policiacos; incluso se negó a dar su nombre durante el juicio.

V

¿Será la nube negra de la contaminación que corre de noreste a suroeste utilizando las vías rápidas? ¿Será eso lo que nos enloquece a todos un poco?

Pero hay algo más que locura, hay organización. En Santa Clara, la zona industrial en el extremo norte de la ciudad, un barrio lleno de fango químico y tierra suelta, una patrulla policiaca espera al amanecer a los trabajadores que abandonan el tercer turno de la fábrica de jugos de fruta Del Valle. Una vez por mes, los trabajadores reciben de la empresa una caja de jugos enlatados. Es una mísera conquista sindical en épocas de crisis. La patrulla los detiene a unos pocos metros de la salida de la fábrica y le roba la mitad de la caja de jugos a cada uno. Van colocando los botellines en el asiento trasero hasta que se llena; luego se van con el motor a media velocidad.

Un día vi cómo los obreros que se habían reunido a protestar por la esquilma les tiraban piedras. No se molestaron en detenerse. Simplemente se fueron. ¿Venden los jugos en una tiendita de un barrio vecino? ¿Se los llevan a su familia?

VI

En los últimos años, vientos del cambio han recorrido la ciudad de México; los ciudadanos tienen más poder, protestan, han sacado a la vieja administración a patadas. Pero no han podido derrotar al crimen. Quizá mejorar las relaciones con la policía esquinera.

La locura retorna con nueva variantes. Ahora tenemos a una mataviejitos; a un caníbal que se come a sus novias.

VII

Un motorista de tráfico me detiene. Le falta uno de los espejos a mi motocicleta. No estoy dispuesto a pagar mordida y se lo digo claramente. Nos reímos de mi claridad. Me cuenta que a él le cobran por esa esquina. Su jefe de grupo le pide una cantidad semanal. Si no paga, lo mandarían a una esquina peor, sin tráfico. Además, tiene que pagar los desperfectos de su moto, y lo tiene que hacer en un taller particular, no en el taller de la policía, porque ahí se roban las piezas nuevas de la motocicleta y las cambian por otras. También dice que sale a la calle sólo con medio tanque de gasolina, aunque tiene que firmar un recibo todos los días por el tanque completo. Yo le digo que no voy a pagar mordida. Se niega a darme su nombre. Yo no le doy el mío. Esperamos, comienza a llover. Se aburre de mí. Con un gesto me dice que me vaya. Sonriente. Ni siquiera hay mala fe; rutina tan sólo.

VIII

Paloma, mi esposa, llega indignada y me cuenta la historia de los dos tipos que descubrió leyendo los titulares de una revista enfrente de un puesto de periódicos.

La conversación es como sigue:

Hombre uno: Le pegó cuarenta y dos puñaladas a su esposa. Cuarenta y dos, mano.

Hombre dos: ¿Te fijas?, lo harto que lo debería tener…

Mi mujer se indigna. Añade que además los tipos ni siquiera habían comprado la revista.

IX

Un par de policías vestidos de civil llegan hasta la puerta de tu casa para informarte que han encontrado tu automóvil, pero tú no has denunciado ningún robo. Incluso, no sabes que se han robado tu automóvil. Es más, corres hasta la ventana y te asomas para verificar que es cierto, que tu auto ha desaparecido de donde lo dejaste anoche. Ellos te dicen que vienen a reportar que han descubierto un robo que no has denunciado. Sinuosamente sugieren que han descubierto el coche. ¿Y dónde está?, pregunta inocente. Le dan vueltas. Al fin te dejan claro que quieren el 10% del valor del auto (maravilloso, ya hay tarifas fijas.) Eso si quieres que reaparezca, insinúan, porque si no, a lo mejor se lo llevan fuera de la ciudad y listo. Si tienes el coche asegurado, les dices que vayan y se arreglen con el seguro; si no, has caído en la trampa. Tu coche cuesta noventa mil pesos; hay que poner nueve encima de la mesa. Estás seguro de que estos dos personajes que se han sentado en la sala de tu casa y que aceptan un café, se han robado el coche, han revisado los papeles y han venido a hacer un pequeño negocio a tu costa. Supones que en su rutina se encuentran un par de operaciones diarias de este tipo.

X

Aquí hubo también una cultura mariguanera. Producto nacional. Nombres mexicanos para marcas aún no registradas: Acapulco Gold, Tijuana Blacks, Oaxaca Smalls. Tengo la impresión de que ha desaparecido y que las tradiciones alcohólicas han triunfado. Se fue con la reconversión de los hippies en burócratas y la crisis económica, y sólo de vez en cuando el tufo de “quemar mota” se desprende de la multitud en un concierto de ro ...