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MéXICO, UNA HERENCIA DE SABORES

Susanna Palazuelos  

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Fragmento

¡GRACIAS!

Uno de los placeres de escribir un libro de cocina es la cantidad de gente con la que se trabaja para lograrlo. Sin lugar a dudas el éxito de este libro se debe principalmente al apoyo decidido de toda la gente que no solo estimo, sino que también admiro y reconozco; gente que con cariño y sapiencia me ofreció consejos, recetas y secretos para poder completar este libro y que a lo largo de mi carrera profesional he tenido el gusto y el honor de conocer.

En primer lugar quiero agradecer a mi hijo Eduardo Wichtendahl Palazuelos por compartir conmigo el entusiasmo de este proyecto (y nuestro acendrado amor a México). Te agradezco tu impulso, tu dedicación y tu enorme apoyo en la elaboración de las recetas y la revisión del libro en su totalidad. De mis días más felices fueron los que pasamos juntos cocinando y en la investigación de ingredientes y recetas.

Un especial agradecimiento para mi esposo Mario Wichtendahl, que siempre me ha apoyado a lo largo de todos estos maravillosos años que llevamos de casados y a mi hija Carla Albarrán por sus consejos, cariño, ideas y aliento.

Desde pequeña, mi vida se desarrolló al lado de una familia amante de la cocina mexicana. Crecí en Acapulco, un lugar tropical, rico en ingredientes frescos y fabulosos. En la cocina de mi madre, Margot Rosenzweig, los olores y sabores enamoraban los paladares de las visitas con una cocina que además de rica, era esplendida y variada. Gracias mami por haberme enseñado tu toque maravilloso.

Cuando disfrutamos hacer eso que más nos apasiona el tiempo transcurre de manera distinta y desarrollamos toda nuestra creatividad y por eso doy gracias a los miembros de mi familia, con los que tanto he disfrutado compartir el tiempo en la cocina. Mi hermana Margot Palazuelos, que es una excelente cocinera y que ha sido una enciclopedia de sabores a lo largo de su vida. Mi tía Maria Luisa Rosenzweig a sus 90 años se pasó meses ordenando manuscritos de las recetas que heredó de sus abuelas, para compartirlas conmigo. A mi sobrino Andrés Rosenzweig heredero de todas las recetas de mi tía Feodora y a mi tia Maria Josefa Palazuelos Gómez de Urquiza, ya que sin sus valiosas contribuciones se hubieran quedado fuera recetas antiguas muy valiosas.

Todos los días en este país disfrutamos de platillos ancestrales que compartimos con los demás. Abro la puerta de mi corazón mediante la gratitud a mi talentoso personal que a lo largo de los años me ha apoyado con muestras de solidaridad, trabajo y cariño. Gracias a mi mayora Adelfa Silva por todos los años que ha estado a mi lado y por acompañarme en los festivales de gastronomía mexicana, por ayudarme a probar las recetas y por sus consejos y excelente sazón. Gracias Christine Schoepke por todas las horas y el tiempo que invertiste a mi lado hasta altas horas de la noche y hasta los domingos revisando conmigo, con paciencia todos los escritos.

Gracias también a todo el equipo de colaboradores del restaurante Zibu en Acapulco, que trabajó incansablemente en la preparación de platillos, sobre todo a Hugo Valdez por su entusiasmo y participación dinámica en cada una de las etapas de las preparaciones.

No quiero dejar de mencionar a mi amigo de toda la vida, el Lic. Rodrigo Juárez Ortiz, quién con sabiduría, talento y palabras logró generar la historia de las recetas, plasmando con imaginación los sabores ancestrales y texturas en perfecta armonía de letras.

Asimismo, quiero hacer un agradecimiento especial a Margarita Sotomayor, quien con mucho cariño me ayudó siempre con su apoyo, entusiasmo y amistad.

Para compartir mi querido país a través de sus platillos tuve la gran suerte de contar con la ayuda y el apoyo de varios profesionales, amigos y colegas de la gastronomía mexicana a los cuales agradezco enormemente su contribución. Muchas gracias María Orsini, Martha Ortiz, Martha Chapa, Enrique Olvera, Celso Badillo, Maria Dolores Torres Izabal, Karla Hentschel, Edgar Núñez, Víctor Nava, grandes chefs orgullo de nuestra nación.

El arte de seleccionar, preparar, servir y gozar de un buen platillo es algo que se comparte entre amigos. Quiero agradecer a todas mis amistades que contribuyeron de manera desinteresada con el fin de compartir la cocina y disfrutarla. Muchas gracias a Eduardo Iglesias, Carlota Rosas, Pablo Álvarez, Carmen Ortiz, Vicky Escalante, Sergio Schneider, Roberto Treves, Eugenio Cortez, Leticia Campillo de Albarrán, Luz Maria Iruretagoyena, Sergio Alonso, Iván Trinidad Colón, Alberto Morlet, Mario Hallatt, María del Rosario Rincón Caro, Kay Mendieta, Mary del Carmen de Saynez, Gloria Mitrani, Pilla de Chilapa, Beatriz Nieves, Alejandro Albarrán, Javier Manríquez y Laura Isabel Olivares de Valdés.

Dicen que de la vista nace el amor, y para mí las fotografías son parte muy importante de mis libros de cocina, por eso no dudé en contactar a mi amigo y gran maestro Ignacio Urqu

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