Loading...

ÁNGELES Y EXTRATERRESTRES

Lucy Aspra

0


Fragmento

AGRADECIMIENTOS

Image

Este libro me tomó mucho tiempo de investigación pero siempre conté con el apoyo y comprensión de muchas personas. En primer lugar, quiero agradecer a mis tres adorados hijos: Sabrina, Renata y Rodrigo Herrera Aspra, quienes son mi cimiento. A Rodrigo, además, debo agradecerle su aporte económico para continuar con mi labor; a Renata, por motivarme con su ejemplo de perseverancia en todo lo que realiza; y a Sabrina, porque siempre me alienta y me impulsó mucho para completar el libro cuanto antes. Doy gracias continuas por las bendiciones con las cuales Dios los colma, por la protección que les dispensa san Miguel Arcángel y por el resplandor de los ángeles que corona con éxito todo lo que emprenden y los envuelve a diario con su luz de protección, salud, amor, armonía, tolerancia, humildad y espiritualidad.

Recibe antes que nadie historias como ésta

Doy gracias a mis siete divinos nietos: Renata, Regina, Sabrina, Sebastián, Rodrigo, Paulina y Alonsito, que me llenan de amor e incluso ayuda con ciertos temas; en especial Alonsito, de siete años, quien me asesoró con algunos datos sobre los mensajes subliminales de ciertas caricaturas que a su tierna edad ha sido capaz de captar. Agradezco a Sabrinita, de doce años, quien leyó el manuscrito de esta obra y me dio su aprobación: “Me gusta. Está preciso, conciso y entendible”. Gracias a Águeda, mi querida nuera, por ser también mi amiga, por su apoyo e invaluable ayuda y por ser quien me sugirió que terminara cada capítulo con un mensaje de amor y esperanza.

A Sergio de la Torre por su amor, comprensión y presencia a pesar de mis múltiples ocupaciones. A Cynthia Aspra, mi querida sobrina, por su dulce y paciente compañía durante el año que fue parte de mi “encierro” mientras escribía este libro; a mi adorado hermano, Jaime Aspra, y a su esposa, Sonia, por su cercanía emocional; a mi hermana, Argentina Alvarado, por su amor y comprensión. A Gerry Palomba por su apoyo y gentil disponibilidad.

Además de mi familia, conté con la ayuda de angelitos terrenales que han estado pendientes de La Casa de los Ángeles y me han apoyado siempre: Lupita Díaz Arroyo, quien, además de tener un espacio cada semana para expresar su gran amor por los ángeles, con enorme entrega me suple todas las veces que por algunas actividades he tenido que ausentarme. A Silvia Casarín. En cuanto a entrega y devoción también tengo que mencionar a Lolita Santos, Sylvia Ibarra, Cristi López, Angelita Romero, Rosalba Reynoso, Josefina Moreno, Miguel Pérez, Graciela Alanís, Angie del Muro, Víctor Manuel García, Víctor Miranda, Carlota García, María de Jesús Camacho, Martha Elba Pimienta, Lidia Meza, Beatriz Reséndiz Mendoza, José Ramón Ramos S., Adriana T. Salas, Víctor Hernández y Jesús San Pablo. A Lidia Stigler y su esposo, José Hernández. A Fernando Gómez Rodríguez y Argelia Álvarez.

Doy gracias especiales a mis queridas amigas Ángeles Ochoa y Corina Verduzco, quienes siempre me dan muestras de su sincera amistad y me apoyan en todo momento. A todos los que además de sus labores están dedicados a despertar conciencias; entre ellos, me siento distinguida de contar con la amistad del general Tomás Ángeles Dauahare, general Mario Fuentes, Mercedes Heredia, Lilia Reyes Spíndola, Yohana García, Claudia Elizondo y Brenda Gómez Lara. También agradezco a los amigos que me enriquecen con su deferencia, en especial a Yola Gómez, Gloria Palafox, Martha Venegas, Beatriz Tamez, Patty Correa, Angélica Sánchez y Enrique, Martita Ortiz y Javier, Lucy Martínez, Leticia Torreblanca, Rocío Balderrama, Paty Merino, María Eugenia Bedoy y su hija Elizabeth, Ana Luisa López, Leticia Viesca y Armando Díaz, Víctor Segarra, Manuel Rico, Carmen de la Selva, María Luisa Cuevas de Domínguez, Blanquita Carranza, Mari de Ayón, Ofelia de Solano, Bety Ortiz, Pedro Pineda, Rocío Vázquez González e Hilda Pola de Ortiz. A Yolimar de Russo, Clara Malca, Luz Marina Bustos y Sonia Pinel.

A mi querida amiga Crystal Pomeroy, otra persistente buscadora, por su ayuda al sugerirme y proporcionarme material para el libro. De igual manera a Fernando Ruiz, su esposo, por sus atenciones. También a Francisco Javier Sánchez Martos. A Pedro Jiménez, gran amigo, a quien admiro profundamente por su don de investigador y también por su disponibilidad para compartir el resultado de sus indagaciones.

Mi agradecimiento especial a María Elena de Parada y a su esposo Rubén por su siempre gentil actitud. A María Elena, Socorrito Blancas de Chi y Arturo Pérez. Debo agradecer sus continuas oraciones en La Casa de los Ángeles, lo cual permite que su vibración sea cada día más elevada.

Gracias a Eduardo Vogel y a su esposa, Luisa, por su constante apoyo y porque siento que son el medio que utilizan los ángeles para alentarme a seguir investigando y escribiendo. A Eduardo debo agradecer el hecho de que me haya puesto en contacto con la editorial Santillana, a cuyo personal también agradezco su paciencia y confianza en el resultado final de este escrito.

A los lectores de mis libros anteriores, quienes me han motivado con sus correos y cartas para persistir en buscar cada vez más información concerniente a los ángeles y su amorosa función. A las personas que asisten a las pláticas y conferencias porque, debido a su inquietud por saber si existe relación entre ángeles y extraterrestres, sentí interés por investigar más sobre el tema.

A los vecinos por su paciencia y tolerancia: Andrea e Ivonne Toussant, Cecilia Gómez, Celia Navarrete y todos los que fueron escogidos por los mismos ángeles para resguardar con amor su casa.

A los grandes comunicadores que me honran con su amistad y demuestran su gran amor y devoción por los ángeles: Irene Moreno, Víctor Tolosa, Karla López, Carlos Gil, Julieta Lujambio, Maxine Woodside, Talina Fernández, Alfredo Adame, Juan Ramón Sáenz, Alfonso Zaragoza, Fabián Lavalle, Mauricio Peña, Mario Córdova y Luisa María, Tere Ocampo, Juan Carlos Torrales, Gabriela López y Tony Aguirre. Mi agradecimiento siempre para mis amigas Marta Susana y Cristina Saralegui.

A todas las personas dedicadas a despertar conciencia de la realidad de los ángeles, no como figuras con funciones esporádicas sino como verdaderos seres que trabajan sin cansancio para conducirnos a determinar el mundo espiritual y a protegernos con amor; entre ellas, Lorena Tassinari, en especial por su bellísima música angelical, Emilio Aodi, Mayra Martínez Zavalza, Eder Pliego y Javier Montiel, Carmen Segura, Georgette Rivera, Alex Slucki y María Elena Carreón. A los sacerdotes que con profunda entrega devocional, comprensión y tolerancia me apoyan en todos los momentos; en particular debo mencionar al padre Amado Segovia. A otro gran ser que, aunque ya trascendió este mundo material, a diario recuerdo con amor: el padre Benito Garza (q.e.p.d.), cuya presencia, como guardián celestial, siento junto a mí continuamente.

Por su disponibilidad para compartir sus conocimientos y sabiduría, agradezco, sin conocerlos, a los múltiples abducidos que han tenido la valentía de exponer sus experiencias. A los investigadores que, a pesar de enfrentarse a la posibilidad de ser ridiculizados y atacados, han persistido en su búsqueda y cuya labor ha hecho cambiar a muchos individuos su percepción del mundo, aprender a leer entre líneas y dilucidar lo que en realidad existe detrás de las noticias. Un libro que cumple de manera extraordinaria con esta función es The biggest secret (El mayor secreto), de David Icke. Lo mismo puede decirse de todos sus libros así como los de reconocidos investigadores como Jim Marrs, Jim Keith, Alex Constantine y muchos otros cuyos títulos aparecen en la bibliografía. Mi admiración y gratitud al doctor Masaru Emoto por su sencillez y disponibilidad para compartir su sabiduría.

También quiero agradecer a los estudiosos del tema de los ovnis, a quienes admiro por su valentía y ardor al profundizar en contenidos que otros no se atreven por temor a ser ridiculizados o no formar parte de lo establecido. Sin su ejemplo y escritos yo no hubiera podido reunir la información necesaria para este libro, cuyo contenido no necesariamente está avalado por su aprobación. Aunque sé que son muchos los que se han adentrado en este tema y que, gracias a su perseverancia, ahora existe un mayor número de personas interesadas en conocer más sobre él, debido al espacio sólo mencionaré a unos pocos para expresarles mi reconocimiento y gratitud: mi admiración a Jaime Maussán (www.ovnis/tv) porque, a pesar de los obstáculos, ha persistido y gracias a él un asunto como los ovnis, cuyo enfoque antes provocaba sonrisas burlonas, ahora se percibe con mayor interés. En este rubro debo agregar también a mis amigos Luis Ramírez Reyes, Johannan Díaz, Adrián Moscoso y a todas las personas y grupos que amablemente me envían información a través de Internet, con datos que nos mantienen actualizados de las noticias recientes sobre muchos de los temas que aquí se exponen. Gracias a Ricardo G. Ocampo, redanahuac@cablevision.net.mx; Guillermo Herrera, guillermo@a2000.es; Dante Franch (www.dantefranc.com.ar), David Piedra, davidpietroboni@hotmail.com; Boletín de la Renovación Carismática Católica hjho@infovia.com.ar; Secretaría RCC San Roque secretaria@sanroquercc.com; y Ana Isadora Adam Martínez amaksi@hotmail.com.

Debido a la naturaleza controversial de los temas tratados en este libro, pido disculpas a quien pudiera sentirse ofendido por mi enfoque y conclusiones.

Finalmente, quiero agradecer a los mismos ángeles por traernos las bendiciones de Dios, por permitir que pueda sentir su presencia en todos los momentos de la vida y por llegar continuamente al corazón de todos para transmitirnos el mensaje principal para los momentos que vivimos: “No están solos, tienen asistencia divina. Búsquennos porque estamos tocando la puerta de su corazón y esperamos tomarlos en nuestros angelicales brazos porque los amamos profundamente”.

Ruego al Espíritu Santo que cubra con su resplandor de sabiduría y discernimiento a los lectores de este libro. Que Dios los bendiga y los ángeles los envuelvan en sus alas de amor.

Lucy Aspra

PRESENTACIÓN

Image

En la presentación de otros libros he escrito que, desde que recuerdo, siempre he tenido una tendencia a buscar el significado de las cosas: ¿por qué estamos aquí?, ¿cuál es nuestra verdadera función en la vida?, ¿adónde va nuestra conciencia cuando morimos?, etcétera, y he vivido algunas experiencias místicas muy agradables, aunque también otras desagradables.

Una de las vivencias más bellas que he tenido sucedió cuando tenía alrededor de ocho años y caminaba de la escuela a la casa. De pronto comencé a ver todo color de rosa: el cielo, los árboles, las casas, las personas; todo lo veía como dentro de una especie de nube color de rosa. Pero lo más hermoso es que me invadió una sensación de amor como nunca he sentido. Sentí que no caminaba; tenía la impresión de flotar o deslizarme sobre nubes y el amor era algo muy tangible que me envolvía y me trasladaba a otro mundo, aunque todo el tiempo estuve consciente mientras avanzaba en dirección a mi casa. Esta sensación de amor profundo fue tan grande que nunca he encontrado las palabras apropiadas para explicarla: yo sentí amor; yo me sentí amada profundamente. Era un amor fuera de este mundo. Sentí amor hacia todo, todo era amor: las plantas, las flores, las personas, las casas, la calle; todo era amor y todo estaba unido, compenetrado en amor. Me sentía suspendida en el tiempo y el tiempo era Amor. No sé cómo explicarlo porque no era el amor que puede recibirse de un ser querido aquí en la Tierra; fue algo, en verdad, fuera de este mundo. Este sentimiento me duró el resto del día. Al amanecer del día siguiente todo volvió a la normalidad, pero desde entonces he recordado esta experiencia como algo extraordinario.

Experimenté esto de nuevo una mañana al salir de mi departamento mientras vivía en Nueva Orleans. La sensación me duró sólo unas horas pero sí sentí el amor profundo, como cuando tenía ocho años. Esta experiencia fue tan importante para mí que la primera vez que escuché el título de la canción “La vida en rosa” comprendí que yo no era la única persona que había tenido esa vivencia, porque es seguro que el compositor, al elegir el título, vivió algo similar. Cuando vi la película Sabrina, protagonizada por Audrey Hepburn y Humphrey Bogart, quedé fascinada porque el tema musical era justo “La vida en rosa”. En ese momento decidí que, al casarme, a mi primera hija le pondría el nombre de Sabrina, y así fue.

La experiencia color de rosa me sucedió por tercera vez cuando ya vivía en México. Una mañana, al despertarme, vi que era un día gris, contaminado, y amenazaba lluvia; el cielo estaba oscurecido y, mientras yo miraba por la ventana, de inmediato todo se volvió color de ro ...