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NIETZSCHE PARA ESTRESADOS (GENIOS PARA LA VIDA COTIDIANA)

Allan Percy  

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Fragmento

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Aquel que tiene un por qué vivir puede enfrentarse a cualquier «cómo»

El estrés y la desorientación hacen presa de nosotros cuando perdemos de vista nuestros objetivos vitales. La sensación de «trabajar mucho para nada», el agotamiento que produce la dispersión tienen su antídoto en una meta clara que dé sentido a lo que estamos haciendo, con sus buenos y malos momentos.

Sobre esto, Viktor Frankl consideraba que basta con que el individuo encuentre un sentido a su vida para superar la mayoría de los problemas que le aquejan. La logoterapia busca justamente eso: en lugar de escarbar en el pasado del paciente, se explora qué puede hacer con lo que tiene aquí y ahora. Dicho de un modo más sencillo: encontrar un motivo para levantarse cada día de la cama.

El drama de muchas personas insatisfechas con su existencia es que tampoco se plantean cuál es la vida que desearían vivir. Y la primera condición para dejar de estar perdido es saber, al menos, adónde se quiere llegar.

Al igual que Frankl medio siglo después, Nietzsche señala la importancia de encontrar un «por qué vivir». Cuando nuestra vida se llena de sentido, de repente los esfuerzos ya no son fatigas, sino pasos necesarios hacia la meta que nos hemos fijado.

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El destino de los seres humanos está hecho de momentos felices, toda la vida los tiene, pero no de épocas felices

La felicidad es frágil y volátil porque solo puede vivirse en determinados momentos. De hecho, si pudiéramos experimentarla ininterrumpidamente perdería todo su valor, ya que únicamente podemos percibirla por contraste.

Tras una semana de cielo cubierto, el día soleado nos parece un milagro de la Creación. Del mismo modo, sentimos la alegría más radiante al salir del pozo de la tristeza. Ambas emociones se complementan y necesitan, porque ni la melancolía es eterna ni podríamos soportar cien años de felicidad.

Este es uno de los factores de estrés de la sociedad moderna: creer que tenemos la obligación de ser felices en todo momento y lugar. La negación de la tristeza hace que se dispare el consumo de antidepresivos, las terapias y el derroche en cosas que no necesitamos. Parece como si no esgrimir una sonrisa permanente fuera motivo de vergüenza.

Contra esta perspectiva falsa

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