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NOCHIXTLáN

Emma Landeros Martínez  

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Fragmento


PRESENTACIÓN

¿Qué hubo detrás del Domingo Negro de Nochixtlán? ¿Cuáles fueron los propósitos del gobierno? ¿Cuál fue el papel de la Comisión Nacional de Derechos Humanos? ¿Por qué hubo resistencia al diálogo? ¿Por qué ninguna autoridad se pronunció durante las varias horas que duró el ataque?

El 19 de junio de 2016, poco después de las 8:30 de la mañana, algunos medios de comunicación nacionales comenzaron a enviar informaciones breves sobre “un enfrentamiento” entre policías y maestros. La idea era disolver un bloqueo en la carretera que conecta la Ciudad de México con Oaxaca, el cual llevaba varios días sin permitir el paso principalmente a transportes de empresas transnacionales, pero sí a sociedad civil en ciertos horarios durante el día.

Para los medios ya se había hablado de muertos durante los hechos violentos, el seguimiento se dio en tiempo real, pero a lo largo de esas más de ocho horas no hubo ningún pronunciamiento por parte de alguna autoridad, pese a que toda esta violencia sucedió en un camino federal, la autopista Oaxaca-Cuacnopalan-México.

Los policías herían y mataban en despoblado, los habitantes combatían con piedras, palos, cuetes y machetes. Aquel había sido el bloqueo más importante del país en ese momento. Dos elementos sostienen esta afirmación: “Se ubicó en la puerta de la región Mixteca y a los maestros se habían unido los padres.” No los apoyaban, sino que también protestaban por sus intereses y los de sus hijos, argumentaron.

Es posible que el caso Nochixtlán se gestara —sin saberlo— el día que el legislativo votó la Reforma Educativa. Si no era el principal motivo, pudo servir para excusa de todos los actos represivos que a partir del 2013 comenzaron a perpetrarse no solamente en contra del magisterio, sino de la sociedad civil que en muchos casos no tuvo nada que ver con los movimientos sociales.

Porque, como la mayoría de las grandes decisiones (económicas, políticas y sociales) en este país, se han tomado sin el pueblo. Una acción que, así lo muestra la historia de México, siempre trae consigo el derramamiento de sangre de los de abajo cuando éstos han alzado la voz.

Con aciertos o cuestionamientos en la Reforma Educativa, lo cierto es que el diálogo fue constantemente negado. En las calles también se vio salir a padres de familia para protestar contra el magisterio, exigiendo que las clases se reanudaran, quizá eran pocos pero ejercían presión. Sin embargo, para 2016 en regiones como Chiapas, Michoacán, Guerrero y Oaxaca fueron los padres quienes se acercaron a los maestros para unirse a la protesta.

El bloqueo de Nochixtlán fue uno de los grandes reflejos que convirtió la lucha magisterial en una civil por la educación, pero también por el bienestar social de uno de los pueblos, dentro de uno de los estados más golpeados por la pobreza.

Aquel plantón era resguardado por pobladores de distintas comunidades de la Mixteca. La idea era que se reabrieran mesas de diálogo; esta vez incluyendo a los padres de familia. Sin embargo, la re

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