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SATáN EN GORAY

Isaac Bashevis Singer  

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Fragmento

PRÓLOGO A LA EDICIÓN INGLESA

El ambiente de esta novela es medieval, el estilo clásico y arcaico en ocasiones, la estructura épica, el tono muy objetivo, la imagen notablemente concreta y evocativa a la vez. Isaac Bashevis Singer ha creado, con su Satán en Goray, una obra maestra del idioma yiddish, y yo me consideraré satisfecho si parte, al menos, de la magnífica calidad del original aparece al lector en esta traducción inglesa.

Satán en Goray constituye una narración de un periodo de histeria religiosa en Polonia a mediados del siglo XVII. Goray es una ciudad pequeña, un shtetel, situada en la provincia de Lublin, y habitada casi en su totalidad por judíos, que vivían de traficar entre sí y con los campesinos de las aldeas y casas de labranza de los contornos, bajo el benévolo y no siempre muy digno patrocinio del señor feudal de Goray.

La acción transcurre entre los años 1665 y 1666, cuando las esperanzas judaicas en el advenimiento de su Mesías habían llegado a su ápice. Aquél era el año que los cabalistas, a través de sus cálculos numéricos, basados en los textos esotéricos de la Biblia, habían designado como el del esperado «fin de los días». Además, los tiempos parecían extraordinariamente propicios para la redención de los dispersos hijos de Israel, que anhelaban librarse de los sufrimientos de su exilio (circunstancia que se repitió en los tiempos napoleónicos). Dieciséis años atrás el atamán cosaco Bogdan Chmielnicki había conducido un ejército de tropas haidamaks, sublevados contra los terratenientes polacos. De camino habían atacado otro objetivo de su venganza: los judíos de las ciudades y los administradores de los boyardos. Se calcula que unos cien mil judíos perecieron entre los años 1648 y 1658. Las sublevaciones campesinas de la época y las sangrientas represalias por los magnates polacos eran juzgadas por los judíos de 1665 como presagio de la decisiva batalla de Armagedón, al final de la cual (deshechas por agotamiento ambas huestes) la tradición aseguraba que debía aparecer el verdadero Mesías.

En efecto, en aquel fatídico momento surgió en el Este un pretendiente mesiánico, llamado Sabbatai Zevi, judío oriental, cuyo magnético carácter (que, según las denominaciones modernas, hubiésemos llamado esquizofrénico) le granjeó los indispensables servicios de un apóstol: Nathan de Gaza. Nathan dio publicidad a las pretensiones de Sabbatai Zevi y lo empujó, viéndolo todavía inseguro de su destino, al mismo centro del escenario mesiánico. Sabbatai Zevi se ganó rápidamente el apasionado apoyo de las vastas masas de las comunidades judías de Europa y del Cercano Oriente. Todos se prepararon a seguir sin reservas a su Mesías, abandonando sus hogares en el destierro por la utopía de la tierra de Israel. Pero Sabbatai Zevi resultó ser un falso Mesías, es decir, un hombre falto de espíritu. Al darle el sultán a elegir entre la muerte y el poder secular, decidió, sin titubear, no aceptar la divina inmortalidad del martirio. Sabbatai se convirtió. Al hacerlo se llevó consigo a muchos de sus partidarios, dejando a la judería a merced de disensiones internas sin precedentes hasta entonces. Porque, aun cuando Sabbatai Zevi, el hombre, traicionó a su pueblo, el movimiento centrado en su persona se negó a someterse. Había servido como foco de importantes fuerzas radicales, que tendían a la liberación de las limitaciones de la ley interior judía, así como de los vínculos de la sociedad feudal que constituyen sus ghettos. La larga tradición del mesianismo judío, asociada desde los tiempos de los discípulos de Jesús con una universal repudiación de la ley, ha persistido hasta el siglo xx, encontrando su final expresión en la cosmopolítica personalidad del periodista Theodor Herzl. Creo innegable que, para muchos judíos, el sionismo representa un movimiento mesianístico secularizado, cuya culminación en el establecimiento del Estado de Israel, en el histórico momento en que la judería europea experimentaba un fin catastrófico bajo el poder de Hitler, constituye un limitado cumplimiento del mesianismo temporal.

Éste es el fondo histórico de Satán en Goray, pero su primer plano es totalmente artístico y más profundamente humano que ideológico. Porque la historia de Satán en Goray no es meramente un relato de la herejía sabbataiana en una remota localidad judía de Polonia; lo más importante es la cruda descripción de las convulsiones que acongojaron a los seres humanos cuando la contextura de una sociedad estable queda hecha pedazos por un impulso revolucionario ha

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