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SOMBRA PERFECTA (E-ORIGINAL)

Brent Weeks  

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Fragmento

Se supone que el castillo Shayon es inexpugnable. Me encanta que digan eso. Sus murallas, que aplastan bajo su peso una roca desnuda muy cercana a la costa, rodean la isla entera y en algunos puntos hasta quedan suspendidas sobre las aguas del lago Shayon.

Iba a ser mi primer muerto por encargo. Es bueno empezar con lo imposible. Labrarse una reputación. Pisar fuerte.

Al salir a la superficie provoqué poco más que una onda. Las murallas se alzaban ante mí, por encima de mí. No había ningún punto donde pudiera hacer pie. En los pocos lugares donde antes se podía, algún señor del castillo había enviado picapedreros para que rebajaran la roca hasta una profundidad de tres pasos por debajo de la superficie. Yo iba desnudo de cintura para arriba y me había untado la piel de grasa y ceniza como aislante y camuflaje. La ropa no habría hecho más que llenarse de agua y entorpecerme.

Ya sangraba de un corte en la mejilla y varios en los antebrazos. Heridas defensivas. No quería permanecer en el agua ni un instante más de lo necesario. Había más bichos asquerosos de esos.

Pero esperé. Agarrado a las rocas, zarandeado por las olas, estudiando la muralla. Había maneras más sencillas de hacerlo, por supuesto. El ka’kari podía hacer que casi todo resultara fácil. «Salvo aquello que el cabrón vuelve casi imposible.»

—No quieres hacer esto, Acaelus. ¿Asesino a sueldo? ¿Tú?

«No me vengas con esas. Ese no es mi nombre. Hace mucho que dejó de serlo.»

El saliente de la muralla estaba cubierto de matacanes para tirar piedras, troneras para disparar flechas y caños para verter fuego candente. Distinguí a dos centinelas por encima de mí, vestidos con cota de malla y prendas de lana, que charlaban y miraban hacia el lago de vez en cuando. Era una noche despejada, iluminada por una luna llena, de las que no exigen mucha vigilancia. Vi a otros seis hombres

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