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TóMALE UNA SELFIE A TU ALMA

Marcelo Rittner  

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Fragmento

Mi cariño y sincero agradecimiento a quienes, por sus ideas y escritos, sus palabras y enseñanzas, su creatividad y estímulo, su generosidad, su música y melodía, su amistad, por estar y ser, me han permitido día a día nutrirme, creer y crecer, aprender, transmitir y compartir, amar la vida y tratar de ser un buen socio de Dios dedicándome a hacer de este mundo un lugar mejor para todos.

Abraham Joshua Heschel. Al Jolson. Albert Camus. Albert Einstein. Albert Schweitzer. Alfred Dreyfus. Andrew Weber. Baal Shem Tov. Billy Cristal. Billy Joel. Charlie Chaplin. Daniel Rabinovich. Danny Kaye. David Ben Gurión. David Grossman. Dios, por cada una y todas sus bendiciones. Elie Wiesel. Elizabeth Kübler-Ross. Emmanuel Levinas. Erich Fromm. Ernesto Sábato. Franz Kafka. Gabriel García Márquez. Hannah Szenes. Hermanos Marx. Hillel y Shamai. Isaac Asimov. Isaac Bashevis Singer. Isaac Stern. Itzjak Rabin. Jackie Mason. Jafetz Jaim. Jerry Lewis. Jerusalén eterna. Joan Manuel Serrat. Jorge Luis Borges. José el Soñador. Kotzker Rebbe. Ludwig van Beethoven. Los Anónimos. Los ofendidos por mi omisión involuntaria. Leonard Cohen. Les Luthiers. Los Beatles. Los profetas bíblicos. Louis Armstrong. Maguid de Dubno. Mahatma Gandhi. Maimónides. Marcelo Rittner (mi otro yo). Mario Benedetti. Martin Buber. Mercedes Sosa. Moisés. Mordejai Kaplan. Murphy, el de las leyes. Najshón ben Aminadav. Naomi Levy. Oscar Wilde. Papa Francisco. Primo Levy. Rabí Akiba. RabíFritz Pinkuss. Rabí Harold Kushner. Rabí Najman de Bratzlav. Rabí Shlomó Carlebaj. Rabino Marshall T. Meyer. Rashi. Robin Williams. Samuel Agnon. Shel Silverstein. Shimon Peres. Sholem Aleijem. Sigmund Freud. Simon Wiesenthal. Steven Spielberg. Theodor Hertzl. Viktor Frankl. Vinicius de Moraes. W. A. Mozart. Yo-Yo Ma.

Recibe antes que nadie historias como ésta

A mis padres, Bernardo y Paulina, mi mente todavía habla con ustedes,

mi corazón todavía los busca.

A mi rabino, Marshall T. Meyer, por contagiarme su pasión por la vida y la justicia social.

A la Familia Bet El, mi comunidad, gracias por permitirme ser su rabino tantos años, su amigo, su confidente; por estar juntos y poder ser parte de su historia personal y familiar, de sus alegrías y tristezas.

A Ruth, mi compañera en el viaje de la vida.

A Sharon, Suri, Karen, Gabriel, Sonia, mis hijos, los amo.

Gracias Estre, Moi, Pau, Ber, Natush, Ber y Vic, Sam, Linda, mis nietos, por permitirme soñar con la continuidad de la vida.

A mis amigos y amigas que al partir dejaron una cicatriz en mi corazón.

A Roberto Banchik, director de PRH, y Ariel Rosales, editor.

A Amalia Ángeles y David Velázquez, por su ayuda en la publicación de este libro.

A Alejandra Llamas, por las amables palabras del prólogo.

A mi asistente Mónica Somerstein por su dedicación.

Y naturalmente a cada uno y todos ustedes, mis lectores, amigos, con quienes en cada uno de sus correos y comentarios se han construido puentes de presencia virtual por los que circulamos continuamente. Gracias por tantas manifestaciones de cariño. Ustedes son la fuente de inspiración donde encuentro las lecciones y los mensajes a los que trato de dar forma. Mi mayor deseo es que con este nuevo título continuemos dialogando y creciendo, siendo mejores seres humanos. Bendiciones.

Ciudad de México, abril de 2018

A los que buscan

aunque no encuentren,

a los que avanzan

aunque se pierdan,

a los que viven

aunque se mueran.

MARIO BENEDETTI

—¡Qué lejos estamos! —suspiró.

—¿De qué?

—De nosotros mismos.

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ,

Del amor y otros demonios

PRÓLOGO

Las conversaciones empapadas de sabiduría, los relatos, las metáforas o las leyendas urbanas impregnadas de aprendizajes de la vida son una joya que no debemos dejar de contar. A lo largo de la historia los seres humanos hemos aprendido cómo vivir la vida al escuchar relatos que en el pasado eran transmitidos por personas queya sea por su edad o por su experiencia tenían el don de establecer enseñanzas a través del diálogo. Así, perlas de sabiduría se transmitían de generación en generación, y el arte de vivir se lograba por medio de narrativas que se heredaban a las generaciones venideras.

Pero la manera de comunicarnos ha cambiado mucho y muchos relatos de gran valor corren el riesgo de quedarse en el olvido.

Con una pluma clara y cargada de inspiración, este libro nos invita a la reflexión y resume enseñanzas humanas, y hasta diría que clásicas y necesarias, que deben permanecer en nuestra conversación familiar y social, pero sobre todo personal. En él, Marcelo Rittner nos hace una propuesta que me parece indispensable en este momento de la humanidad: cuestionarnos.

Nos propone hacernos las preguntas correctas, ir a nuestro interior, revisar nuestras virtudes, tener claros nuestros valores, aclarar nuestros sueños y trascender los miedos que pueden distraernos con facilidad de vivir la vida que conduce al propósito fundamental de nuestro gran destino: la vida misma, que está anclada a los grandes deseos de nuestro corazón.

En lo personal, desde muy joven la vida me llevó a emprender una nueva ruta en un país ajeno; en el mismo año que me divorcié, murió mi padre y comencé con un empleo nuevo. Era una vida totalmente desconocida para mí. Me encontré, a mis 28 años, viendo de frente a un futuro que se convertía en terreno fértil. Extraída de mi familia, de mi sociedad, de mi cultura, tuve la oportunidad de replantear en ese momento quién quería ser. Sin nada que perder, decidí sanar, reinventar mi autoimagen, proponerme una vida totalmente fuera de lo esperado, pero sobre todo una vida que delineara lo que para mí valía la pena experimentar. En ese momento no tenía claros cuáles eran estos deseos, pero sí sabía que iba a usar mi vida para comunicar un mensaje que tuviera valor para mí, que iba a actuar a pesar de mis miedos, que lo económico nunca iba a ser una justificación para alejarme de mis anhelos y que iba a convertirme en un vehículo de contribución. Siempre quise hacer una vida que dejara un sendero de luz a su paso.

Como una página en blanco decidí emprender. Al dejar atrás lo que me ataba, resolví mis dudas y cuestioné durante años todas las creencias que tenía sobre no ser suficiente y no ser capaz; solté las inseguridades que me gobernaban y construí una idea de mí que me sostuviera a la altura de la vida que quería manifestar.

Hoy, a mis 48 años y al terminar de leer este maravilloso libro, aplaudo la invitación que nos hace Marcelo Rittner. Nos pide tener la valentía de dar vuelo a nuestra gran vida; que seamos honestos con nosotros mismos y que vivamos siguiendo el camino hacia la gran misión de nuestra alma.

Me quedo con la pregunta que Marcelo nos hace a lo largo del libro: ¿te conoces?, ¿estás constantemente en busca de que otros te acepten?, ¿inviertes tu energía en cómo te ven los demás para sentir reconocimiento?

La invitación es a dejar las excusas, las justificaciones, dar un salto al interior, nos pide que nos adueñemos de nuestra vida desde el lugar auténtico, pero sólo tú sabes qué significa esto para ti.

Volviendo atrás, nada valdrá más la pena en esta vida que la invitación que nos hace en este libro Marcelo Rittner. Nos insiste en vivir atentos a la vida, porque fácilmente podemos perdernos en las apariencias ilusorias de una existencia sin mayor sentido.

Al terminar esta gran lectura me quedo con la paz que da el tener una gran conversación con una persona colmada de conocimientos, una cuyas palabras transmiten la experiencia de vida y comunican lo que todos debemos aprender. Gracias.

ALEJANDRA LLAMAS

A MODO DE INTRODUCCIÓN

Una de mis mayores inquietudes ha sido la de estar permanentemente a la búsqueda del sentido de la vida. Poder alcanzar la plenitud y el significado. Poder reflejarme en un espejo y verme a mí mismo, no al Marcelo que yo imagino, sino al Marcelo que soy. Poder llegar a detectar cuál es la misión para la que fui creado. Cuál es el propósito de mi existencia. Cómo poder asimilar la urgencia del tiempo, la conciencia de que somos finitos y que por lo tanto tú, yo, todos, tenemos una fecha de caducidad.

Claro que lo maravilloso del viaje es que, como no sabemos cuál será esa fecha, deberíamos vivir cada día como si fuera el último. Algo que no te planteo como una reflexión trágica, por el contrario, me refiero a poder aprovechar cada día, cada momento. Y especialmente, a tomar conciencia de ello.

Cada uno de nosotros ha sido creado o concebido como un ser único. Imagínate que, entre miles de millones de seres humanos que habitamos el planeta, ¡no hay otro u otra como tú! Como lo escribiera Aaron Burr: “Soy lo único que puedo controlar en la vida. Soy inimitable. Soy original”. Y, sin embargo, la triste realidad nos confronta con el hecho de que vivimos imaginándonos y esforzándonos en ser otro u otros.

En lugar de ser tú mismo, recorres el viaje alejando tus sueños personales para vivir los de otras personas o personajes que tocan tu vida de las formas más diversas. Y así pasan los días, los soles y las lunas, hasta que comienzas a tomar conciencia de las palabras del poeta Pablo Neruda: “Algún día, en cualquier parte, en cualquier lugar, indefectiblemente, te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas”.

La hora que no tiene engaño, porque estarás frente a ti mismo. ¿Qué verás? ¿A quién verás? ¿Reconocerás la figura, la persona, reconocerás el interior de ese ser? ¿Podrás sonreírle, o te alejarás? ¿Estarás a gusto contigo mismo o buscarás ser otro? ¿Serás una voz o un eco? ¿Serás un original o serás una copia? ¿Serás un mago o serás la magia de tu vida?

Un relato del folclor judío cuenta sobre un renombrado sabio, Zusya, que yacía en su lecho de muerte rodeado de sus discípulos. Ellos vieron que los ojos de su maestro estaban llenos de lágrimas. Se dirigieron a él: “Maestro, ¿por qué está llorando? Usted ha vivido una buena vida, llena de buenas acciones, deja muchos estudiantes, ¿por qué llora?”. Y el maestro les respondió: “Cuando me presente frente al Creador, nadie me preguntará por qué no fui el patriarca Abraham, o el profeta Jeremías. No se espera que yo sea Abraham o Jeremías. Me preguntarán: ‘¿Por qué no fuiste Zusya?’ Por ello estoy llorando. Porque deberé responder por qué no fui Zusya”.

Y esta pregunta tan sencilla y a la vez dramática es el propósito de esta nueva publicación: ¿Por qué no fuiste o no eres tú mismo?

Compartirles herramientas que nos ayuden a responder esa pregunta con la que cada uno nos enfrentaremos en algún momento de nuestra vida para alcanzar el verdadero y más completo sentido y significado. Para recuperar y reencontrarte con el ser único que eres. Para que cuando ocurra la hora del encuentro sea una hora feliz.

Lo hago a partir de textos que en su mayoría utilicé como mensajes a las familias de mi propia comunidad, o que en forma de conferencias transmití en muchos lugares. De estos mensajes me permití seleccionar aquellos con los que más me identifiqué o que interpreto serán de mayor ayuda en el objetivo de lo que les propongo como tarea personal. Me apoyo también en textos y autores que menciono a lo largo de estas páginas y a quienes les agradezco. Tampoco faltan algunos pensamientos que he recibido de lectores de mis libros anteriores y otros que circularon anónimamente por internet.

Casi todos ellos te hablan en primera persona, es mi forma de sentir que te hablo a ti de manera directa. No son textos sobre religión, sino sobre la fe, sobre la vida, sobre el alimento espiritual que tantas veces dejamos olvidado. Son mensajes universales, escritos por un rabino que trata de ver el mundo como una gran hermandad con valores compartidos y el compromiso de hacer de nuestro mundo un lugar mejor, una sociedad más justa, y especialmente hacernos más sensibles sobre el compromiso de hacerlo juntos.

Seguramente recordarán el relato de la inundación que se avecinaba y el aviso para que todos los residentes evacuaran sus hogares. “No se preocupen por mí —dijo un hombre—. Dios me salvará.” El caudal de aguas aumentaba y él se fue al segundo piso de su casa. Pasó un bote con policías que lo llamaban. “Gracias, estoy bien. Dios me salvará.” Finalmente, el hombre estaba en el techo y pasó un helicóptero para rescatarlo. Le arrojaron una escalera, pero él respondió: “Gracias, estoy esperando a que Dios me salve”. La siguiente escena es la del hombre quejándose ante Dios:

—Yo he vivido con fe perfecta. ¡Cómo pudiste haberme abandonado!

—¿Qué te pasa? —respondió Dios—. Te mandé un aviso de evacuación, un bote y hasta un helicóptero. ¿Qué más esperabas que hiciera?

El hombre murió esperando una señal. Quería que Dios se manifestara precisamente como él lo imaginaba.

La moraleja de la historia nos dice que Dios se manifiesta de mil maneras, pero no necesariamente como nosotros lo esperaríamos.

Se trata, pues, de vivir con los ojos abiertos y el cerebro conectado, sin por ello perder nuestra fe. Vivir como si todo dependiera de Dios y actuar como si todo dependiera de nosotros.

Bien, yo quisiera pedir a cada uno de quienes les tocó vivir el terremoto de septiembre de 2017 (me encantaría poder escribir el último) que durante unos instantes reflexione para responder a mi pregunta: Durante el temblor, ¿qué pensamientos pasaron por tu mente?

Me animo a decir —y me incluyo— que pensamos en nuestros seres queridos —en quienes amamos—, nos comunicamos con ellos, rezamos, pensamos en lo precario de la vida y pensamos en la muerte. Y, al mismo tiempo, estoy seguro de que nadie pensó en aquellas cosas que a diario nos llenan de tristeza y enojo.

Abraham Joshua Heschel escribió en uno de sus libros: “El hecho de ser mortales debe ser un factor importante en nuestra comprensión de la vida”.

En otras palabras, si hoy les menciono la muerte, no es porque estemos obsesionados con ella, sino porque lo estamos con la vida. Y el hecho de que estemos compartiendo esta lectura se debe a que anhelamos una nueva oportunidad. Por lo tanto, este día debe ser un recordatorio que resalte cómo es esencial y urgente que dejemos de esperar y comencemos a vivir.

Ahora bien, si realmente queremos aferrarnos a la vida, necesitamos transitar por nuestra memoria, nuestros recuerdos y encontrar las minas que nosotros mismos sembramos a lo largo de nuestro camino personal al postergar, esconder, desenlazar nuestro ser interior de nuestro ser exterior, las cuales ponen en peligro que logremos una vida más significativa.

Cuando nos tomamos tiempo para observar el funcionamiento de nuestro ser, podemos descubrir que hay algo profundamente escondido dentro de nosotros, y que, si lo permitimos, nos ayudará a acercar nuestro ser verdadero a nuestro ser ideal.

Ésta es nuestra tarea. Acercarnos a nosotros mismos, a nuestro ser espiritual. El alma, como la brújula que reside dentro de nosotros, que siempre señala hacia las cosas y valores eternos, y que tiene un sentido misterioso de dirección. Hay cosas que ella sabe y que tú has olvidado. Si permitimos que nuestra vida y nuestro corazón dejen mezclarse por nuestra alma, nos hacemos acreedores de pequeñas revelaciones, vestigios de déjà vu. Aprendemos algo nuevo y reconocemos lo que siempre hemos sabido. Por ello, creo que acercarnos a nosotros mismos, a nuestro ser interior, podría ser una de las claves de una vida de significado y realización. Y de ahí la razón del título de este libro. Si bien a lo largo de nuestra vida nos tomamos incontables selfies, que representan nuestro ser exterior, te invito a que dediques ahora un tiempo para tomarte una selfie, un retrato del alma, de tu ser interior, y que la interpretes.

Los invito a que cada uno abra su corazón, a que nos conectemos con nuestro pasado personal y colectivo, y que hagamos un esfuerzo por cambiar la selfie, lo exterior, lo superficial, lo mundano, por la posibilidad de reconocer nuestra propia espiritualidad, valores e ideales.

Cuando comiences la tarea de revelar e interpretar tu selfie interior, deberás recorrer recuerdos personales, visitar el almacén de las buenas intenciones, eliminar las minas que nos amenazan y que nosotros mismos colocamos.

Y cuando veas tu ser interior, ¿qué verás? ¿A quién verás? ¿Reconocerás a la persona, el interior de ese ser? ¿Podrás sonreírle o te alejarás? ¿Estarás a gusto contigo mismo o buscarás ser otro? ¿Serás una voz o un eco? ¿Serás un original o serás una copia? ¿Serás un mago o serás la magia de tu vida?

¿Qué reflejos verás? ¿Puedes ver las lágrimas en la mejilla de alguien más? ¿Puedes oír el sollozo de alguien más? ¿Puedes sentir el temblor en la mano de otra persona? ¿Puedes sentir el dolor de tu gente, de tu país? ¿Puedes sensibilizarte con quienes perdieron seres queridos, su techo? ¿Con aquellos que no tienen comida ni agua? ¿Con los que viven el ayuno a diario? ¿Qué estás dispuesto a hacer para sanarlo? ¿Puedes dejar de quejarte de lo que te falta, y contar tus bendiciones?

El alma es un espejo de Dios dentro de nosotros. El alma llena el cuerpo, así como Dios llena el mundo. Tu ser interior te está llamando, así como Dios te está llamando.

Hay una hermosa parábola que cuenta que cuando Dios creó el mundo les contó un secreto a los ángeles: “Los seres humanos serán creados a Mi imagen”.

Los ángeles estaban celosos. ¿Por qué se debe confiar a los seres humanos un don tan precioso cuando ellos son imperfectos? Así, los ángeles decidieron tomar la imagen de Dios y escogieron un lugar para ocultarla para que el hombre nunca la encontrara. El ángel Gabriel sugirió que la escondieran en lo alto del pico más alto de la montaña más alta. “No. Un día los humanos aprenderán a escalar y la encontrarán ahí”, le respondieron. El ángel Mijael dijo: “Vamos a esconderla en el fondo del mar”. “No —se quejaron los otros ángeles—. Ellos encontrarán una manera de zambullirse al fondo del mar y la encontrarán.” Todas las ideas fueron rechazadas. Entonces Uriel, el ángel más sabio, dio un paso adelante y dijo: “Conozco un lugar donde el hombre nunca la buscará”. Ocultaron la preciosa imagen de Dios dentro del alma humana.

Yo creo que tenemos la posibilidad de probar que los ángeles estaban equivocados. Así podremos saber qué ha estado tratando de decirnos nuestra alma y que hemos estado ignorando.

¿Qué es lo que quiero reparar de mi ser interior, y no puedo porque tengo miedo?

Dejemos de esperar, acerquemos nuestro ser interior con nuestro ser exterior y comencemos a vivir. Ten claro que no puedes volver atrás y crear un nuevo comienzo, pero puedes comenzar ahora y crear un nuevo final a tu vida.

Ésa es mi propuesta, la tarea para crecer y ser mejores, más completos, más cerca de nuestro ser ideal, más auténticos, más nosotros mismos.

Siempre recuerdo la historia de los dos amigos y compañeros de salón Chucho y Pepe. Casualmente es Pepe quien se sienta en la banca de atrás de su amigo. Cuando llega el final del curso, el maestro entrega a cada alumno una hoja para responder el examen. Todos reciben la hoja y trabajan en silencio. Cuando termina el tiempo establecido, entregan el papel con las respuestas. Una semana después el profesor entrega las calificaciones. Chucho 9. Feliz, agradece. Pepe 0.

—Pero, maestro, ¿por qué mi calificación es cero si tuve las mismas respuestas que Chucho?

A lo que el profesor respondió:

—Porque le copiaste. En la pregunta 10, Chucho respondió: “No sé la respuesta”, y tú respondiste: “Yo tampoco”.

Cada quien vive su vida, cada quien tiene sus ideas. No puedes vivir tu vida “copiando” las respuestas, los gestos, las palabras, la vestimenta, en fin, la vida de otra persona. Justamente cuando vivimos el auge de la globalización, más que nunca debemos esforzarnos por ser nosotros mismos; recuperar nuestra individualidad, nuestra esencia, acercarnos a nuestro propio ser interior.

Eso es lo que pretendo transmitirte en este libro. Un libro que he construido con la inspiración de pensadores, poetas, filósofos, maestros de la vida y de la fe que dejaron su huella al expresar y tratar este delicado y desafiante tema.

Antes de concluir este texto quiero contar una historia. El rabí Simja Bunam de Psihska era un maestro inusual. Se enorgullecía de ser mundano e intelectual. Había sido comerciante de madera y farmacéutico. Frecuentaba el teatro y era conocedor de la música popular de finales del siglo XVIII. Se acercó al jasidismo relativamente tarde en su vida. Pero atrajo a muchos estudiantes por el énfasis que daba a sus pensamientos. Uno de ellos se volvió un clásico: “Cada persona debería tener dos bolsillos. En uno debería haber una nota que dijera: ‘Es por mí que el mundo se ha creado’ (Talmud, Sanedrín, 37a). Y en el otro debería haber una nota diciendo: ‘Yo soy polvo y cenizas’ ”.

Cuando te sientas triste, deprimido, derrotado, deberías pensar: “Es por mí que el mundo se ha creado”. Pero cuando en la euforia creas que eres lo máximo, deberías leer: “Yo soy polvo y ceniza”. El desafío es tener la sabiduría de cuál de las notas usar, cuándo, cómo y dónde.

En cualquier tiempo y en cualquier lugar del mundo hacia donde te dirijas, tienes un propósito, una razón. Nadie puede decir cuál es ese propósito, esa misión, pero ésa es la razón para vivir con una intención. El mundo ha estado esperando mi llegada porque sin mí no estaría completo. Y cuando dedico mis acciones a cumplir con el propósito para el que fui creado, justifico mi existencia. Pero si no lo hago, vuelvo al estado de no tener valor ni “ser” propio.

Muchos olvidan “es por mí que el mundo se ha creado”, porque viven persiguiendo el sueño de otro, tratando de vivir la vida de otro, tratando de ser otro, y cada vez que lo hacemos dejamos el mundo incompleto. Otros se esconden e indiferentes a la vida declaran: “Yo soy polvo y cenizas”, dejando de asumir su misión y su razón en la vida.

Tu vida no es un accidente, tiene un motivo para ocurrir. Naciste para hacer alguna diferencia, porque el mundo estaría incompleto sin ti. Por ello cuando sientes que no importas, que eres pequeño, que no podrás lograrlo, recuerda: “Es por mí que el mundo se ha creado”.

Hay un pensamiento popular africano que confirma esto: “Si crees que eres demasiado pequeño como para hacerte notar, es que nunca pasaste la noche con un mosquito”.

Cada día el mundo es recreado. Y ante ti la posibilidad de renacer y entender que fuiste creado porque eras necesario, porque el mundo estaba incompleto sin ti. Pero al mismo tiempo cada día nos recuerda que la fama es efímera, que ninguno se hizo solo, que todos somos mortales.

Deja que se encienda en ti la pasión que te ayude a encontrar la misión de tu existencia, porque eres el centro del universo. Pero cuando celebres tus éxitos, recuerda también: “Yo soy polvo y cenizas”, y busca entonces traer a tu vida el equilibrio entre ambas recomendaciones.

El profeta Jeremías lo expresó con profunda belleza: “No se vanaglorie el sabio por su sabiduría, ni se alabe ...