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UNA VIDA SIN LíMITES

Nick Vujicic  

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Fragmento



Índice

Portadilla

Índice

Dedicatoria

Introducción

Uno. Si no puedes obtener un milagro, conviértete en él

Dos. Sin brazos, sin piernas, sin límites

Tres. Confianza total en el corazón

Cuatro. Ama tu perfecta imperfección

Cinco. La actitud es altitud

Seis. Sin brazos pero peligroso

Siete. Al caer no eches raíces en el suelo

Ocho. El chico nuevo del vecindario

Nueve. Confía en los otros, más o menos

Diez. Buscador de oportunidades iguales

Once. Las reglas ridículas

Doce. Que la generosidad se convierta en tu misión

Agradecimientos

Fuentes

Nota

Créditos

Recibe antes que nadie historias como ésta

Grupo Santillana

A Dios: El padre, el hijo y el espíritu santo.

También me gustaría dedicar este libro a la familia

Toth, de San Diego, California: nunca olvidaré la piedra

de fe que colocó Phil en mi vida.

Su contagiosa llama evangélica encendió la mía.

Introducción

Me llamo Nick Vujicic (mi apellido se pronuncia: “voy-achich”). Tengo veintisiete años y nací sin extremidades. Sin embargo, mis circunstancias no me han limitado. Me dedico a viajar por el mundo para motivar a millones de personas a sobreponerse a la adversidad: a que lo hagan con fe, esperanza, amor y valor para que puedan alcanzar sus sueños. En este libro compartiré contigo la forma en que he lidiado con el infortunio y los obstáculos. Algunos de estos obstáculos son inherentes a mi condición, pero, en su mayoría, son universales y nos afectan a todos. Mi objetivo es motivarte a vencer tus propios desafíos y dificultades para que puedas encontrar tu propósito personal, así como el camino hacia una vida completamente buena.

Es muy común sentir que la vida es injusta; las circunstancias y los momentos difíciles pueden detonar la duda y la desesperación, lo sé bien. Pero la Biblia dice: “Siempre que enfrentes tribulaciones, recíbelas como si fueran alegría pura”. Me costó muchos años aprender este tipo de lección. Finalmente pude entenderlo, y ahora, a través de mis experiencias, puedo ayudarte a ver que la mayoría de los problemas que enfrentamos nos ofrecen la oportunidad de descubrir quiénes debemos ser y cuáles de nuestros dones podemos compartir para beneficiar a otros.

Mis padres son cristianos devotos, sin embargo, cuando nací sin brazos ni piernas se preguntaron qué era lo que Dios había planeado al crearme. Al principio asumieron que no habría esperanza ni futuro para alguien en mis condiciones, que nunca podría tener una vida normal o productiva.

No obstante, hoy mi vida es mucho más grande de lo que pude haber imaginado. Todos los días conozco a gente nueva a través del teléfono, el correo electrónico, los mensajes de texto y de Twitter. La gente se me acerca en los aeropuertos, hoteles y restaurantes. Me abrazan, me dicen que, de alguna manera, he tocado sus vidas. He sido profundamente bendecido. Soy espectacularmente feliz.

Mi familia y yo nunca previmos que mi discapacidad —mi “carga”— también podría ser una bendición, que me ofrecería oportunidades inigualables de contactar a otros, de desarrollar empatía con ellos, de comprender su dolor y ofrecerles consuelo. Por supuesto, yo tengo desafíos particulares, pero también cuento con una familia amorosa, una mente muy alerta y con una fe profunda y perdurable. A lo largo de este libro seré honesto, compartiré contigo el hecho de que mi fe y mis propósitos se fortalecieron sólo después de haber atravesado momentos bastante aterradores.

Verás, cuando entré en los difíciles años de la adolescencia, el tiempo en que todos nos preguntamos cuál es nuestro sitio, mis circunstancias me causaron desesperación, la sensación de que nunca sería “normal”. No había manera de ocultar que mi cuerpo era diferente al de mis compañeros de clase. Aunque traté de realizar actividades ordinarias como nadar y andar en patineta, sólo lograba darme cuenta, cada vez más, de que sencillamente había cosas que nunca podría hacer.

Claro que tampoco fue de gran ayuda que algunos chicos crueles me llamaran “fenómeno” y “alienígena”. Por supuesto, soy demasiado humano y deseaba ser como los demás a pesar de que no tenía gran oportunidad de lograrlo. Quería que me aceptaran, pero sentía el rechazo. Quería pertenecer, pero no parecía ser posible. Al final, me había topado con un muro.

Me dolía el corazón, estaba deprimido y los pensamientos negativos me abrumaban; no le encontraba ningún sentido a mi existencia. Incluso cuando estaba rodeado por mi familia y amigos, me sentía solo. Me preocupaba ser siempre una carga para aquellos a quienes amaba.

Pero estaba muy, muy equivocado. Podría llenar un libro enumerando todo lo que ignoraba en aquellos días o ...