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UNIVERSO

Gerardo Herrera Corral  

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Fragmento

AGRADECIMIENTOS

De acuerdo con las tradiciones de muchos pueblos, el destino es una sucesión ineludible de acontecimientos que determina la vida de las personas. Para los griegos, las Moiras eran divinidades que hilaban la hebra de la vida. Aparecían poco después del alumbramiento de un niño para acordar y disponer el curso de su existencia. Hay quien dice que la tradición japonesa del hilo rojo del destino (Yînyuán hóngxiàn) podría ser de origen chino, aunque para unos, el hilo va unido a los tobillos, mientras que para otros el hilo está atado al dedo meñique. Según esta tradición, un hilo rojo vincula a las personas que de manera irrevocable deben unir sus vidas.

Aunque la palabra destino proviene del latín, algunos creen que su origen se remonta al griego histano, que originalmente significaba atar o sujetar. Una y otra vez, las culturas del mundo relacionan al destino con hilos que nos mueven o nos paralizan, nos unen o nos separan, nos conducen o nos delimitan. Resulta curioso que el estudio de la vida a través de la biología nos haya mostrado que nuestra información genética está cifrada entre dos hilos que se tuercen en espiral como en un tejido donde se encuentra urdida una parte de lo que somos y lo que seremos. No es la primera vez que una antigua metáfora encuentra su confirmación científica en la naturaleza de las cosas.

El destino que me llevó a escribir estas líneas se asentó hace mucho tiempo en un código genético que sufrió incontables modificaciones en

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