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USOS RUDIMENTARIOS DE LA SELVA

Jordi Soler  

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Fragmento

El globo

Liberto, el hijo de la cocinera, entró en mi habitación y, después de sacudirme para que despertara, anunció, el caporal dice que el globo está listo. En lo que me desperezaba y trataba de localizar mis botas y los pantalones del día anterior, pensé que el caporal había ido demasiado lejos. Un día me había dicho que, en lugar de recorrer la propiedad a caballo, como hacíamos todos los días, podríamos hacerlo en un artefacto que, con un mínimo de capital y mi consentimiento, se sentía capaz de fabricar. ¿Un artefacto?, le pregunté. Un globo aerostático, puntualizó. Yo me había echado a reír y luego le había dicho que hiciera lo que creyera conveniente, siempre que no me costara mucho dinero. También le había dicho, lo recordé mientras me calzaba las botas, que no era mala idea, que la mejor forma de mantener el cafetal a raya era sobrevolándolo, a vista de pájaro. Y después de decir eso me había vuelto a reír, porque me parecía un proyecto excéntrico, inviable, casi una broma. ¿De qué se ríe?, me preguntó Liberto, que esperaba impaciente a que terminara de vestirme. De nada importante, le dije, y añadí, vamos a ver ese globo que construyó el caporal.

El sol acababa de salir. Un rayo nuevo, que pasaba entre las ramas del mangle, fue a dar a la cara de Liberto, que sonreía lleno de luz, apretando mucho los ojos. Detrás del árbol, a lo lejos, se elevaba un globo rojo, enorme, una pieza extraña que dejaba al descubierto el hastío, la pesadez, la estruendosa monotonía de la selva.

Caminé detrás de Liberto, escuchando un ruido sordo cada vez que el caporal alimentaba el globo con aire caliente. Iba a decirle que estaba loco, que yo no iba a subirme a su invento y que, frente a esa pieza roja y estentórea, pensaba que recorrer el cafetal a caballo no era, después de todo, tan mala opción. Pero la alegría de Liberto, que volteaba a verme todo el tiempo con esa cara llena de luz, me hizo dudar de lo que iba a decirle. El caporal me esperaba a la sombra de su globo, con una sonrisa apenas contenida y su sombrero bien atado con un lazo al cuello para e

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