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VIDA DIGITAL

Fabrizio Mejía Madrid  

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Fragmento

Una computadora apagada es, si acaso, un mal espejo. En la pantalla veo mi reflejo. Es el de un hombre en sus cuarentas, ligeramente calvo, algo pasado de peso, con la mirada distante; con esos ojos de quien ha visto pasar algo demasiado rápido y todavía no sabe qué fue lo que vio. Luego, relajo la expresión y sobreviene el reflejo de un hombre con la cara como un costal de papas mal acomodado en un rincón del almacén. Si tuviera que resumir mi vida lo haría en una sola frase: lo que no se me hizo un trauma, se me convirtió en un vicio. Ahora soy ese lío de heridas, miedos, inconexiones de las que no pude deshacerme y de pequeños excesos que me ayudan a soportarlas, es decir, a barrerlas bajo la alfombra. No sé cuál de ellos acabará por matarme, aunque sospecho que será, como todo, una combinación de ambos. No sé si ese lío, ese enredo, que no tiene ni mucho menos la estructura de una telaraña, ha sido triste o feliz, inútil o provechoso. No soy quién para encontrar por dónde podría desamarrarse. Las autobiografías las deberían escribir los demás, toda la gente que te conoció, que te vio pasar demasiado rápido, dentro de un laberinto irresoluble, un hombre de Escher al que unos vieron subiendo, otros bajando y, en mi caso, rodando por la escalera.

Pero sospecho que no me voy a morir hoy. Que me quedan más años de vida y acaso debería comenzar a pensar en qué haré con ellos. Cambiar de nombre, irme de esta ciudad, de este país, de este mundo. No tengo dinero. Podría venderle mi nombre a alguien. En la red se comercia con los nombres, con los dominios. Pero, ¿quién estaría interesado en (Escriba cualquier nombre en el espacio) comprar un ------------------------.com? ¿Quién querría comprar a mis padres, mi infancia, mis novias, mis tres divorcios, mis libros fuera de imprenta, mi calvicie, mi papada, mis ansias por haber dejado el cigarro, mis traumas, mis vicios? En la red es sólo un nombre que podría ser un apuesto actor de cine, un magnate de los mercados globales o un travesti brasileño. Uno puede ser lo que quiera en la red. Hasta que es descubierto.

Facebook, 2 de la mañana

Voy a encender esta pantalla para no pensar más. Prefiero ver, otra vez, la foto de Maikita del Villar con una raqueta en la mano y una faldita de tenista con tablas azules y blancas naturalmente levantada, si saben a lo que me refiero. Sonríe a todos, a sus dos mil amigos, al mundo: “Soy apasionada. Estudio La Filosofía y me gusta el tenis. Me gustan los hombres mayores con cabello. Conóseme” (sic). Estatus de “relaciones”: “es complicado”. Fecha de nacimiento: suspiro. Le llevo veinte años. Hace diecinueve horas le he pedido ser su amigo, pero no me ha respondido. Puse una foto mía de hace quince años y mentí un poco: “Kantiano de cantina. Creo que la ontología es la que se pregunta: “¿On toy?” Si me conoces, sabrás que te conocerás a ti misma”. He revisado todas sus fotos cientos de veces: con una cerveza en la mano en un karaoke con su amiga La Gusana —la típica gorda que se junta con la guapa para usarla de telaraña—, en traje de baño —ts, ts, tsssss— en una alberca de una casa de campo, abrazada a un tipo de copete tan elaborado que no podría querer a nadie más que su cuero cabelludo, luego, sus fotos artísticas de sus pies, una oreja, la mitad de la boca. He visto al perro, un tapete mugriento. He visto, vamos a ver, sus fiestas, la escenografía de su casa —se toma fotos en el espejo; de fondo, un cartel de un cantante adolescente que no reconozco—, ella de niña, un pastel de cumpleaños, con sus tías —copetonas, igual que su pretendiente o “relación complicada”—, delante de la Torre Eiffel, con bufanda y guantes en Nueva York. No me ha aceptado como “amigo”. Quizás intuye que, en mi foto de hace quince años, ya tenía propensión a la caída del cabello. No me quiere por calvo. La dejo un momento y voy al baño. Son las dos y diez de la madrugada.

Estoy a punto de rociarme el Rogaine para la calvicie cuando veo una mosca parada sobre el espejo. Abro el grifo para espantarla con agua, pero de la tubería sólo emerge un eructo. Tenemos ya varios días en los que el agua se va durante hora

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