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Noticia

Plaza & Janés publicó el año pasado sus memorias, Yo seré la última. Historia de mi cautiverio y mi lucha contra el Estado Islámico


Madrid, 5 de octubre de 2018. 

Nadia Murad, la activista de los derechos humanos que se ha convertido en portavoz de las víctimas del Estado Islámico, acaba de recibir el Premio Nobel de la Paz 2018 junto con el médico Denis Mukwege por su lucha contra la violencia sexual. El Comité Nobel  ha recordado que Nadia es «una de las cerca de 3.000 niñas y mujeres que han sufrido abusos sexuales como parte de la estrategia militar de Estado Islámico que usaban ese tipo de violencia como un arma contra los yazidíes y otras minorías religiosas». Además, ha destacado que «tras tres meses de cautiverio logró escapar y empezó a denunciar los abusos que habían sufrido ella y otras mujeres. Tuvo el extraordinario coraje de contar su propio sufrimiento y de ayudar a otras víctimas».

Yo seré la última. Historia de mi cautiverio y mi lucha contra el Estado Islámico, es el título de sus memorias, que publicó Plaza & Janés el año pasado, en lo que fue un gran lanzamiento internacional en 25 idiomas, con prólogo de su abogada Amal Clooney. La historia de su cautiverio como esclava sexual del Estado Islámico ha dado la vuelta al mundo. La joven se ha convertido en portavoz de todos aquellos que han sufrido la violencia del Estado Islámico, en el rostro del genocidio yazidí y en una de las líderes de un movimiento que busca liberar a las aproximadamente 3.500 mujeres y niñas que todavía viven como esclavas, lo que le ha valido la amenaza de muerte del grupo terrorista. 

Nom­brada embajadora de Buena Voluntad de las Na­ciones Unidas por la Dignidad de los Supervi­vientes de la Trata de Personas y distinguida con el premio Václav Havel de Derechos Humanos y el premio Sájarov a la Libertad de Conciencia, Nadia Murad vive actualmente en Alemania.

Junto con Yazda, organización defensora de los derechos de los yazidíes, trabaja por llevar el Es­tado Islámico ante la Corte Penal Internacional por cargos de genocidio y crímenes contra la hu­manidad. A finales de septiembre de este año, la ONU apro­bó una resolución histórica en la lucha contra el Estado Islámico, por la que un equipo de investi­gadores analizará los crímenes de guerra y el ge­nocidio aplicado en Irak, especialmente contra la minoría yazidí. La resolución se puede calificar de histórica, porque es la primera que sirve como herramienta para castigar a los yihadistas y pro­teger a sus víctimas. Y si alguien ha peleado para que se apruebe es Amal Clooney. Reputada abo­gada especializada en Derecho Internacional, ha representado durante el último año a Nadia Murad, y firma el prólogo del libro. Actualmente, más de 3.000 mujeres y niños yazi­díes siguen secuestrados en países bajo control del Estado Islámico -se estima que llegaron a ser 100.000 los que se encontraban en esta situa­ción-, que en los últimos tres años ha asesinado a unos 10.000 miembros de esta minoría, mien­tras unos 400.000 han sido desplazados.

«Ahora nos aseguramos de que quien per­petró estos crímenes acabe ante la justicia. Lo más triste era ver que se iban a salir con la suya, con total impunidad, y eso no va a pasar», ha declarado Nadia Murad en la BBC.

El 15 de agosto de 2014, la vida de Nadia Mu­rad cambió para siempre. Las tropas del Estado Islámico irrumpieron en su pequeña aldea del norte de Irak, donde la minoría yazidí llevaba una vida tranquila, y cometieron una masacre. Ejecutaron a hombres y mujeres, entre ellos a su madre y seis de sus hermanos, y los amonto­naron en fosas comunes. A Nadia, que tenía veintiún años, la secuestraron, junto a otras mi­les de jóvenes y niñas, y la vendieron como es­clava sexual. Los soldados la torturaron y viola­ron repetidamente durante meses, hasta que una noche logró huir de milagro por las calles de Mosul y una familia musulmana la cobijó. Se refugió en su casa durante quince días antes de huir a uno de los muchos campos de refugia­dos atestados que hay a las afueras de Duhok, en Kurdistán. Acogiéndose a un proyecto ale­mán de ayuda a los refugiados consiguió esca­par a Alemania. Una vez allí, se propuso contar su historia para que no fuera olvidada, exhortando a líderes de todo el mundo a detener los críme­nes del Estado Islámico y el genocidio de su pueblo. Ahora, por primera vez, cuenta cómo fue su peligroso viaje hacia la libertad. 

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